Estas se evidencian en los viajes al futuro que realiza Kispi con la ayuda de la vara mágica y los dioses. Gracias a ello, se puede apreciar:
La vestimenta tradicional de la etnia. La autora manifiesta:
A Kispi Sisa le llamó la atención que todos estaban vestidos de negro. Las mujeres y las niñas vestían un anaku plisado y una lliklla, amarrada delante con un gran tupu de plata sostenido por una cadena. En las orejas lucían aretes de filigrana unidos también con una cadena de plata, enlazada alrededor de la nuca, y en el cuello una wallka, un collar de mullus de colores. Los hombres y los niños vestían pantalones negros cortos, a la altura de las rodillas, cubiertos por unos zamarros blancos, y una kushma, una túnica corta sin mangas, amarrada con un cinturón de cuero con adornos de plata. (Iturralde, Caminantes del sol, 2013, p. 51)
En efecto, el pueblo Saraguro viste de negro, tanto hombres como mujeres y su atuendo es elaborado en ruecas rudimentarias, utilizando como materia prima la lana de las ovejas de sus propios rebaños.
La mujer usa una falda ancha que llega más debajo de la rodilla, con pliegues verticales y en unos casos lleva una abertura al costado. Asegurada a la cintura con una faja de vistosos colores, Complementa su atuendo una blusa, bordada en los puños y pechos, de color blanco, verde, azul, rosa, lila u otro color vistoso. También utiliza un paño que cubre su espalda desde los hombros, llamado reboso asegurado con un prendedor de plata llamado (tupo). Algunas indígenas utilizan collares de plata o de mullo de diversos colores; lucen anillos de plata, aluminio, oro.
El hombre viste una camisa sin mangas, ni cuello, constituida por el poncho doblado sobre los hombros y amarrado a la cintura por una prenda de lana de colores vistosos (faja). Una prenda corta que llega a la altura de las rodillas, está constituido por dos partes, una blanca que cubre la parte interior de las piernas, y una negra que complementa la manga y llegan hasta la cintura, por la parte externa, cubriendo los muslos y glúteos constituyen el pantalón que es asegurado a la cintura por un grueso cinturón de cuero, adornado con botones o remaches de palta u otro metal; esto de acuerdo a su situación económica. Tanto barones como, mujeres usan sombreros; este es de color blanco con negro.
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Visten de negro para conservar mejor la energía solar y mantener el calor corporal, pues la región donde habitan es muy fría; otros sostienen que es debido al luto que mantienen por la muerte de sus antepasados, en palabras de la autora, según la obra visten de negro para protegerse del peligro que representa el kuychi (arco iris).
La celebración de la fiesta de la navidad y Semana Santa. Las costumbres del pueblo Saraguro giran en torno al tema religioso, sus principales celebraciones son la Navidad, Semana Santa, Tres Reyes, Corpus Cristi, irónicamente costumbres llegadas con los españoles, fundamentadas en el catolicismo. Atrás parece haber quedado la religión practicada durante el imperio inka, para dar paso a aquellas inculcadas por los colonizadores.
Caminantes del sol describe dos de estas celebraciones: la Navidad y la Semana Santa. Refiriéndose a la primera de ellas, nos menciona la procesión realizada por los Kurikinkis –como cariñosamente los llama Kispi- un grupo de personas entre los que van disfrazados y al frente de ellos un hombre y una mujer con un niño en brazos: (Markanmama y el Markantayta)
Por las costumbres de aquella época, Kispi cree que se trata del hijo de un Sapa Inka, pero el Puma le hace ver su equivocación, aclarándole que sí se trata del hijo de Dios, cosa que la niña no comprendió. Así mismo explicó quiénes eran y qué representaban el resto de los peregrinos. Refiriéndose a la procesión, Iturralde introduce la presencia de las
Warmisarawis y los Karisarawis:
Las Warmisarawis que recitaban poemas, lucían un azul intenso y su espalda cubierta con pañuelos, collares de mullus y un cintillo en la frente y sus trenzas amarraban con cintas multicolores; y los Karisarawis, quienes iban de rojo y blanco, cargando frutas en sus espaldas y guirnaldas de plumas en sus cabezas. También habían danzantes disfrazados de animales: un puma y un oso que bailan al son del tambor. Estaban también los ajas y los wikis. Delante iban los guiadores, llevan incienso y flores: los anan ayllus y los urin ayllus. En la fiesta realizan el ritual del uchumati –la distribución de la comida. (Iturralde, Caminantes del sol, 2013, pp. 54- 55-56)
La celebración de la Semana Santa también está presente en la obra, nuevamente en una procesión, Kispi observa a sus descendientes vestidos de forma similar a la anterior pero esta vez usando máscaras, unos tocaban los tambores y la gente rezaba. Con cirios encendidos y cargando a dos estatuas: una un hombre sosteniendo una cruz y de una mujer cubierta con un velo. Sin entender lo que sucedía, pensaban que se trataba de la procesión que realizaban los inkas paseando las momias de sus antepasados. Pero el Puma, conocedor de todas las cosas, explicó que se trataba del hijo de Dios y que la fiesta correspondía a la procesión de Semana Santa. Un nuevo rito –según Kispi- de su las
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futuras generaciones. Estos iban en dirección a un templo, entre los caminantes había un niño con dos alas pegadas en sus espaldas. Era la representación de un ángel, figura desconocida para ellos, pues esta llegó con el catolicismo.
Esta procesión corresponde al domingo de resurrección, la cual se la realiza con un Cristo de Caspicara, la Virgen y otros Santos. En esta ceremonia se da el Paso del Ángel, que es quien quita el velo a María al término del evento, ocasionando jubilo en los presentes. Al finalizar en acto, comparten ricas comidas que llaman pinchis.
Apego y respeto a la naturaleza. Los indígenas sienten un profundo amor por la naturaleza. A ella los une la vida, una costumbre ancestral de respeto a la tierra y a los seres que habitan en ella. Esta es una característica de las culturas indígenas. Confían en las bondades que ofrece la tierra, para proveerlos de todo cuanto necesitan.
Además los indígenas tienen gran conocimiento respecto a los elementos de la naturaleza y al tiempo en que pueden realizar diversas actividades como cosechar, podar, cazar, cortar árboles, etc. este conocimiento ha sido adquirido de las generaciones pasadas y de la misma forma se transmite de generaciones en generación.
En la obra, Kusi Waman da testimonio certero de esta cualidad de los pueblos aborígenes. Él, cuidaba con amor su rebaño de llamas, siempre estaba pendiente de ellas y actuaba con responsabilidad en su protección y cuidado. No descuida sus llamas pese a las aventuras que vive con Kispi Sisa, siempre vuelve con sus animales para protegerlos. Luego del eclipse busca sus llamas para cerciorarse que todo está bien, sale inmediatamente también cuando Apu Puma le menciona, al hablar del león, que mucha veces se adueñan de las llamas. Este amor a los animales también está reflejado en Kispi Sisa cuando, amenazada de muerte, se niega a flaquear por amor al Puma agonizante, en el momento culminante de la obra.
Asimismo confían en el poder curativo de las plantas. Ante la ceguera del kuraka, piensan en la posibilidad de ser curado por un chamán usando hierbas medicinales. En todos estos acontecimientos, se plasma esta relación armónica del hombre con la naturaleza.
CAPÍTULO IV
ANÁLISIS DE LOS PERSONAJES DE LA OBRA MITEÉ Y EL CANTAR DE LAS BALLENAS