CHAPTER 4. JUDAIC/JEWISH TEXTS FROM ca.300 TO ca.150 BCE
4.1 Section 1 I Enoch Book of Watchers
4.1.3 Seminal Concepts in the Book of Watchers
4.1.3.1 The Sons of God and the Daughters of Men: the Theme of Opposites
72. “El deber y el derecho del seglar al apostolado deriva de su misma unión con Cristo Cabeza; ya que, insertos por el bautismo en el Cuerpo místico de Cristo, robustecidos por la confirmación con la fortaleza del Espíritu Santo son destinados al apostolado por el Señor mismo” (AA 3).
73. San Antonio María Claret fue, desde los comienzos de su ministerio sacerdotal hasta su muerte, un incansable promotor del apostolado seglar. Confiando a los seglares la organización y dirección de las bibliotecas populares, escribió estas palabras proféticas: “En estos últimos tiempos parece que Dios quiere que los seglares tengan una parte en la salvación de las almas” (“Las Bibliotecas populares y parroquiales”, Madrid, 1864, pág. 18). Los Sumos Pontífices Pío XI y Pío XII han presentado a nuestro Fundador como precursor del apostolado seglar actual.
74. Para vivir hoy la intuición apostólica de su Fundador, la Congregación acoge la doctrina del Vaticano II acerca del origen, sentido y ámbito propios del apostolado de los seglares que va desde el testimonio de vida de los mismos hasta su obligación característica de instaurar cristianamente el orden temporal (cf. AA 6 y 7).
75. La promoción del apostolado seglar por parte de nuestros misioneros ha de estar orientada a fomentar el desarrollo de la propia vocación eclesial de los seglares y a acrecentar la obra evangelizadora de la santa Iglesia (cf. LG 33).
76. En la común vocación cristiana y en esta obra eclesial común, los seglares colaboran con nosotros, y nosotros colaboramos fraternalmente con ellos aportando a su sacerdocio común y a su consagración bautismal el don de nuestro sacerdocio ministerial y el de la consagración religiosa y apostólica de nuestros Padres, Hermanos y Seminaristas.
77. Al mismo tiempo, la Congregación no puede menos de aceptar, con alegría y gratitud, la ayuda de aquellos seglares - aislados o en grupo - que quieran voluntariamente servir a la Iglesia dentro de nuestro carisma, participando en las obras propias del Instituto. 78. La promoción del apostolado seglar por parte de la Congregación se realiza, por consiguiente, de tres maneras: a) con la formación espiritual de los fieles - pertenezcan o no a una asociación - hasta llevarlos a su madurez apostólica; b) con la participación de nuestros sacerdotes como asistentes y consiliarios en los movimientos generales de Apostolado seglar y la colaboración en los mismos de nuestros Hermanos y Estudiantes; c) con la fundación o cultivo de alguna obra propia del Instituto, allí donde pueda ella tener vigencia dentro de la Pastoral de conjunto (CD 17). 79. Nuestra Congregación, que tiene como rasgo propio la colaboración con los Obispos que el Espíritu Santo ha puesto para regir la Iglesia (He. 20, 28), exhorta a sus miembros- particularmente a aquellos que están consagrados a la cura de almas, a los educadores y a los que tengan especiales dotes para ser consiliarios o asistentes— a participar activa y desinteresadamente en los movimientos nacionales e internacionales de Apostolado Seglar recomendados por la Jerarquía: Movimientos especializados de A. C., JOC., Cursillos de Cristiandad, Legión de María, Movimiento familiar cristiano, Scouts, agrupaciones de Doctrina cristiana.
En todas estas obras procuren los nuestros fomentar «las características peculiares de la espiritualidad propia de tales asociaciones» (AA. 4)
80. En el apostolado en la Juventud,, nuestros misioneros pueden llevar a cabo un extraordinario servicio al reino de Dios. Para ello dedíquense a cultivar preferentemente grupos reducidos de jóvenes con alma de dirigentes; dénles un claro testimonio personal de entrega al Señor y a su Iglesia; fomenten intensamente la conciencia cristiana en ellos y su vocación eclesial y--sin determinismos prematuros -lánzenlos un apostolado comprometido, verdaderamente sobrenatural y llevado en grupo; pongamos en contacto con personas e instituciones que encarnen ejemplarmente la misión de la Iglesia; y organicen con ellos retiros, marchas, vigilias, etc., de cálida convivencia cristiana y apostólica.
En estos núcleos de Juventud se podrán despertar muy buenas vocaciones religiosas y sacerdotales y, especialmente, vocaciones claretianas; y aquellos que no se sientan llamados con una especial vocación, serán, en todo caso, magníficos apóstoles seglares.
81. En la conservación y desarrollo de las Obras propias-Consagración cordimariana, Juventudes, Colaboración claretiana...—debemos seguir con generosa obediencia la voluntad de la Iglesia manifestada en el Vaticano II: atender *a la utilidad de la Iglesia universal y de las diócesis +; acomodar dichas Obras *a las necesidades de tiempos y lugares, empleando los medios oportunos y hasta nuevos, pero abandonando aquellas obras que correspondan hoy menos al genuino espíritu y carácter del Instituto (PC. 20).
82. Conscientes de la crisis general de las asociaciones piadosas, el Capítulo urge a los misioneros responsables de nuestras asociaciones que desarrollen el patrimonio espiritual de las mismas y que las enrolen en una verdadera actividad apostólica laical, según el espíritu del Concilio y dentro de las necesidades misioneras de las iglesias locales.
83. Un modo eficacísimo de conjugar el apostolado laical con el apostolado propio del Instituto será la utilización de grupos seglares en nuestras diversas campañas misioneras en los países
cristianos y la incorporación de apóstoles seglares—extranjeros o nativos- a nuestras Misiones entre no cristianos.
84. Para responder a los deseos de muchos seglares—antiguos alumnos, ex-seminaristas claretianos, familiares de los nuestros y ciertos miembros de nuestras asociaciones—el Capítulo afirma, en principio, la oportunidad de un ala claretiana seglar en la línea misionera de nuestro carisma, marcada con nuestra consagración cordimariana y abierta incluso a la configuración de un verdadero Instituto secular.