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CHAPTER SIX – ‘ACTS OF CITIZENSHIP’: AUTHORITY, AMBIGUITY AND THE POLITICS OF SPACE

3. Space, settlement and substantive access

Nuestras paredes hablan, gritan, cantan y se escuchan con una voz fuerte que no se deja callar, que se hace cada vez más potente. Una voz que nos recuerda el aquí y el ahora, lo incomodo que debe ser transformado, para que el futuro se escriba en hojas más limpias, hojas que se

extiendan por todas partes y nos cuenten historias de una mejor realidad. Dahiana Rodríguez MÁS ALLÁ DE LOS MUROS

Existen en la actualidad diversas técnicas en torno a la práctica del graffitti, desde los tags, writting, hasta las expresiones artísticas con mayor técnica, son tan variadas, que se hace necesario distinguir dentro del graffitti al Street art o arte callejero, sin que sea más o menos importante que las otras expresiones graffiteras que se observan en la ciudad.

En muchos países y particularmente en las principales ciudades se visibilizan graffittis en diversas técnicas, sin embargo, hay ciertas expresiones que se remiten a un estilo particular, por lo que lleva a virar la mirada aguda del transeúnte, capta la atención, y como una máquina fotográfica, queda en la mente del que la vio. Y es que, precisamente, hay un auge del movimiento graffitero en la ciudad, no hay lugar o calle en donde no se hallen dichas expresiones, el arte urbano se ha masificado, y a su vez se ha descentralizado se pueden encontrar en varias localidades de Bogotá.

Según el artículo Street Art: los dueños de la calle (2012, junio):

El Street Art como movimiento empezó en Filadelfia, Estados Unidos, en los años sesenta. Entonces se conocía como ‘Bombing’: un grupo de artistas bombardearon los muros de la ciudad con mensajes de protesta. El movimiento se trasladó rápidamente a Nueva York, específicamente al Bronx, donde los jóvenes empezaron a rayar los muros de las estaciones de metro con todo tipo de imágenes. El boom de esta manifestación, que empezó a conocerse como grafiti, estaba estrechamente relacionado con el nacimiento de géneros musicales como el

rap, el hip hop y el breakdance. (p. 2)

Lo anterior comprueba, como el arte callejero logra insertarse en otras prácticas juveniles, si bien, el rap o el hip hop representan una muestra del entramado de dichas prácticas culturales que construyen los jóvenes, existen otras expresiones estas se pueden relacionar con la música, el deporte, incluso la lucha por el medio ambiente. A lo largo de la historia se comprueba las diferentes transformaciones que ha tenido esta práctica con importantes influencias de la cultura y la sociedad.

Walls (2013), explica que:

Vaughn Bodé, quien gracias a artistas como Dondi y Seen, popularizó su trabajo y para la década de los 80 ya se podía notar su importante influencia en el graffiti que comenzaba a utilizar personajes de caricatura para complementar los 'tags'. Por el lado del esténcil con la llegada de la escuela de arte new wave e influencias punk. Además, en el esténcil podemos observar cómo se incluyen elementos del Pop Art y el Dada, en las que se repiten imágenes de la Cultura popular o de objetos comunes, elemento que contribuyó a la consolidación del estilo de esténcil iconográfico y de logo. (párr. 6)

Según registra la Revista Semana (2012) para los años ochenta, había graffitis por todas partes, fue un estallido, así que:

En ese momento también se empezó a diferenciar entre grafiti y Street Art. El primero es una intervención rápida con pintura de latas de aerosol, mientras que el segundo es una intervención de un espacio urbano en la que se utiliza una técnica y materiales más profesionales. De hecho, para algunos, el Street Art se puede

considerar como el ‘post-grafiti’. Hoy el arte callejero se exhibe incluso en museos y galerías. (p. 4)

Ha sido tanta la expansión del street art o arte callejero, que gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación se pueden encontrar en las redes estas representaciones artísticas en todo el mundo, de ahí su relación con la cultura hibrida y puntualmente con la imagen y la industria audiovisual. En Bogotá son varios los colectivos juveniles que se reúnen en torno a dicha práctica, estos grupos han difundido sus experiencias y piezas comunicativas las cuales han compilado en un libro titulado “Más que muros”. Así mismo, se comprueba cómo estos fenómenos comunicativos se hibridan con las tecnologías, haciendo una expansión de la cultura urbana, y de la comunicación.

Por otro lado, los relatos que se tejen a través del Arte callejero no siempre equivalen a un mismo fin, tantas riquezas visuales se desplazan por las calles de la ciudad llamando la atención de diferentes formas: políticas, jocosas, abstractas si se quiere, vemos entonces nuevas formas de hacer política, de vivir lo político a partir de las manifestaciones del arte callejero. Entonces, ¿por qué no hay un reconocimiento de dichas prácticas?, ¿cómo asume la escuela el papel del joven que se expresa a través de este medio? A partir de esto, se podría pensar que el Street art es la posibilidad de contar historias y narrar todas las experiencias de los sujetos, y que además cuenta con la capacidad de explorar los relatos y las maneras de comprender las ideologías y manifestaciones de la ciudad, de ahí la importancia de potenciar los espacios narrativos que circundan en la ciudad y sus colectivos como maneras de acercamiento a los intereses y necesidades, y a partir de estos elementos narratológicos permitir la comprensión y construcción democrática de estas prácticas.

objetivo es la conservación de determinados modos de vida, en parte para salvaguardar esos espacios de libertad, podemos remitirnos a Foucault, citado por Aguilera (2010, p. ), ya que en su teoría de la gobernabilidad o tecnología del poder, expone varios factores que hacen que las relaciones de poder sean en diferentes estancias y desde varios mecanismos, comprendiendo las luchas sociales que constituyen una reflexión lúcida, centrada en los mecanismos y escenarios de aquellos dispositivos de control como la “cárcel, manicomio, cuartel, hospital, fábrica, escuela, correccional, universidad, etc. Lugares en los que se entra para ser clasificado, vigilado, medido, normalizado, curado, reprendido, formado, conformado, reformado, castigado, convertido en miembro forzoso o aquiescente de una institución racionalmente codificada.”

Para Aguileras (2010):

El poder, por tanto, circula a través de las prácticas institucionales y los discursos de la vida cotidiana. El poder no encarna el mal, sino que constituye una fuerza generadora, una fuerza creadora y productiva. En este caso la producción de la verdad como ocurre con el Street art develando y visibilizando lo que los medios cohíben. (pp. 35-36)

El Arte urbano o arte callejero se bifurca en diferentes corrientes, aquellas que se conciben dentro de lo legal, lo reinvidicativo, las ideológicas culturales y a su vez lo político, pero también en el marco de la clandestinidad, de lo ilegal, pero que en definitiva es un fenómeno de comunicación, que no se radicaliza en un solo sentido, se constituye como subcultura y a la vez como contracultura.

Herrera y Olaya (2011) aborda el arte urbano desde la perspectiva de cómo esta práctica: Configura formas de la memoria y agenciamientos políticos en las culturas visuales contemporáneas, a partir de dos interrogantes: ¿cómo posibilitan las

expresiones y estéticas del arte callejero la reconstrucción de memorias? y ¿de qué manera estas expresiones artísticas agencian formas de lo político? (p. 99) En su trabajo realiza un recorrido por las calles de la Candelaria en donde analiza algunas piezas gráficas desde su estética hasta su sentido semántico, creando así una serie de cuestionamientos en torno a la memoria, pero más importante aún a la construcción de comprender los modos de participación de lo político. Llegando a unas importantes conclusiones, estos autores señalan que “esta perspectiva de lo cultural se vuelve una madeja importante en el entramado que teje y desteje lo político, en donde lo individual y lo colectivo hacen presencia con sus múltiples posibilidades”. También mencionan que:

Estas expresiones frotan y tatúan las calles, quebrando las rutinas, evidenciando una presencia, casi fantasmagórica, de otro ausente, desconocido, que se devela ante los transeúntes, los caminantes, que buscan en el curso de sus recorridos horizontes de sentido, y algún tipo de seguridad en el caos de la urbe. (p. 34) Para comprender un poco más éste fenómeno y siguiendo con lo expuesto, Herrera y Olaya (2011) expresan que “la fugitiva presencia del Arte callejero en las rutas y muros de nuestras ciudades transforma, por lo menos en dos dimensiones, las maneras como entendemos y practicamos lo social”. Comprendiendo así, cómo estas imágenes son provocadoras de sensaciones y conjeturas que dejan emerger una racionalidad otra, que surge más desde lo visto y lo sentido; estas ubican en el escenario de lo público aquello que no es comprobable y en muchas oportunidades comunicable, irrumpen en lo social más allá de la representación, las cuales generan memorias, desde la emocionalidad y se definen como nuevas formas de existir.

Los conceptos básicos que se abordaron dentro del presente proceso de investigación lograron visibilizar algunas tensiones, y generar nuevos interrogantes frente a la pregunta

problema, los cuales se fueron planteando. No obstante, al revisar la literatura y cada una de las fuentes, tanto primarias como secundarias, se hallan nuevos caminos para pensar cómo se articulan las prácticas del Arte callejero al escenario escolar y fuera de este, la participación de los jóvenes, específicamente de las culturas juveniles. Se visibilizó una escuela en la que se debe replantear no solo sus prácticas de enseñanza aprendizaje, sino la intervención y el reconocimiento de ese ecosistema comunicativo, de las manifestaciones y expresiones juveniles, así de su incidencia en el plano de lo político y reivindicativo. De igual manera, el presente ejercicio recurre para una interpretación de los datos, que permitirá seguir los demás pasos del proceso.

5. Marco metodológico