B. Effects of attention on the processing of invisible faces
1) The spatial attention experiment
Las hortalizas componen una parte importante en la cadena productiva de alimentos a nivel mundial, desde el punto de vista económico, social y nutricional. En Argentina, en 2011, la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estimó que la producción total fue de 10.500.000 toneladas, incluidos los cultivos de Solanáceas (papa, tomate, pimiento, berenjena), Cucurbitáceas (zapallito, zapallo, sandía, melón), Crucíferas (repollo, brócoli, coliflor), Fabáceas (poroto, chaucha), Convolvuláceas (batata), Umbelíferas (zanahoria), Liliáceas (cebolla, ajo), Chenopodiáceas (acelga), Compuestas (lechuga) y Gramíneas (maíz).
Dada la diversidad de climas que tiene la Argentina, la producción hortícola se extiende a lo largo del año entre los 22º y los 46º de L.S. (Fig. 3).
Fig. 3. Distribución geográfica del cultivo de especies hortícolas en Argentina Fuente: Informe del Mercado Central, 2012.
Los factores que determinan la producción regional son: climáticos, edáficos y socioeconómicos. Entre los climáticos, la temperatura es el factor más importante ya que limita el cultivo de algunas especies. Éste, en conjunto con la humedad del ambiente, determina la aparición de enfermedades. El fotoperíodo regula el crecimiento y desarrollo de algunas plantas sensibles a la duración del día y por lo tanto determina la estacionalidad de estos cultivos. En cuanto a las características edáficas, la composición química y física del suelo, define la fertilidad actual y potencial, la estructura del suelo y la calidad del agua para riego, que pueden ser
limitantes para el establecimiento de algunos cultivos. Los factores socioeconómicos hacen que la concentración de la producción se ubique en torno a los grandes centros urbanos, con la formación de “Cinturones verdes”. Éstos son áreas productivas ocupadas por quintas o huertas familiares y comerciales, donde se producen hortalizas para abastecer mayormente a la población urbana. Fueron la primera manifestación de la horticultura en la Argentina a fines del siglo XIX, desarrollada, principalmente, por inmigrantes europeos. Actualmente se destaca en su desarrollo la contribución de familias trabajadoras del NOA y de países limítrofes.
A partir de la década del 90, con la incorporación de tecnologías, como el uso de variedades e híbridos, el empleo de fertilizantes de acción específica, la sistematización del riego y la difusión del cultivo bajo cubierta, se produjo un incremento en los rendimientos de los cultivos hortícolas. Sin embargo el grado de avance fue diferente en cada zona de producción (Benencia et al., 2009).
Las familias Solanáceas y Cucurbitáceas son consideradas las familias botánicas con mayor número de hospedantes hortícolas de importancia económica (Erwin & Ribeiro, 1996). Los que se han difundido principalmente en tres regiones productoras: Buenos Aires (cinturón hortícola de Buenos Aires), Cuyo (Mendoza) y Noreste (Corrientes) (Mercado Central de Buenos Aires, 2012). Esto se debe a su versatilidad para el consumo en fresco o en conserva y su adaptabilidad a distintos climas y suelos.
Algunas características agroclimáticas que permiten diferenciar estos tres sitios de producción hortícola son:
El cinturón hortícola de Buenos Aires que rodea al conglomerado urbano integrado por C.A.B.A. y ciudades próximas, se extiende desde Escobar hasta la Plata. El clima es templado sin estación seca, con veranos calurosos e inviernos benignos. El período libre de heladas es de 220 días (desde el 20 de octubre hasta el 10 de mayo). Las precipitaciones rondan los 900 a 1000 mm anuales. Presenta suelos argiudoles típicos y argiudoles vérticos que poseen un horizonte A rico en materia orgánica y un B textural, la textura es franco limosa (Ferratto et al., 2010).
En la región hortícola de la provincia de Mendoza el clima es desértico. Las precipitaciones son inferiores al límite de sequía, entre 100 y 300 mm anuales. En este caso, el clima está determinado por la altitud sobre el nivel del mar y la latitud
geográfica, la lejanía al océano Atlántico y la presencia de la Cordillera de Los Andes, que actúa como barrera frente a los vientos húmedos provenientes del océano Pacífico. El período libre de heladas es de 180 a 240 días, dependiendo de la zona. Los suelos son de textura gruesa y de pobre contenido de materia orgánica (Ferratto et al., 2010).
En Corrientes la horticultura se ha desarrollado especialmente en la zona de Bella Vista. El clima es subtropical húmedo, con precipitaciones que rondan los 1000 mm anuales y un período libre de heladas que solo abarca junio y julio. Los suelos que la caracterizan son Entisoles, Molisoles, Alfisoles Histosoles, Ultisoles, Vertisoles e Inceptisoles (Ferratto et al., 2010).
La familia Solanáceas está integrada por plantas herbáceas o leñosas. Comprende al menos 98 géneros que están distribuidos en todo el mundo. La mayor diversidad se presenta en América del Sur y América Central (Olmstead & Bohs, 2007). Incluye a especies alimenticias tan importantes como la papa (Solanum tuberosum), el tomate (Solanum lycopersicum), la berenjena (Solanum melongena) y los ajíes o pimientos (Capsicum annuum).
La familia Cucurbitáceas comprende plantas normalmente herbáceas, rastreras o trepadoras. Comprende aproximadamente 95 géneros distribuidos en regiones tropicales y subtropicales, con mayor diversidad en el Sudeste Asiático, Oeste de África, Madagascar y México (Schaefer & Renner, 2011). Incluye a algunos de los cultivos vegetales más importantes del mundo como: los zapallos y los zapallitos (Cucurbita spp.), el melón (Cucumis melo), el pepino (Cucumis sativus) y la sandía (Citrullus lanatus).
Varias especies de estas familias son anuales, bianuales o perennes, pero los cultivos se conducen como anuales y durante la estación estival o bajo cubierta, ampliando de este modo su período de producción. Esto se debe a la susceptibilidad de las especies a las heladas y a la dependencia del fotoperíodo.
Dentro de las Solanáceas, las especies de interés para el presente estudio, la berenjena, el pimiento, son plantas erectas y ramificadas, mientras que el tomate, si bien es erecto, es conducido por tutores, con un único tallo, por desbrotado.
Entre las Cucurbitáceas, las especies de interés son el zapallito de tronco (Cucurbita máxima spp.) y el zucchini (Cucurbita pepo var. Medullosa). El tallo del primero forma una roseta, mientras que el segundo desarrolla guías rastreras.
En la mayoría de los casos, estos cultivos se inician con el transplante de plantines producidos en viveros. Se ubican en camellones separados 0,70 m - 1,5 m y con una distancia entre plantas de 0,20 m - 0,60 m, dependiendo de la especie. En el caso de las Solanáceas existen variedades de cultivo temprano y tardío. La ventana de producción es limitada por la presencia de heladas y se amplía cuando la producción se realiza bajo cubierta, una práctica que se realiza con una tendencia positiva año a año. El control de malezas es un problema recurrente en la zona y su importancia radica en la función que cumplen como hospedantes alternativos de los patógenos biótrofos y hemibiótrofos, como es el caso de P. capsici.
Se han identificado algunas fuentes de resistencia completa a P. capsici en la familia Solanáceas, en pimiento y en tomate, pero en el caso de las Cucurbitáceas la resistencia no es común entre las especies (Granke et al., 2012). P. capsici junto con Pseudoperonospora cubensis (oídio) constituyen las amenazas más severas para su cultivo (Burkhardt & Day, 2013).
I.9.2. La expresión de los síntomas de las enfermedades causadas por