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CHAPTER 5: DATA AND METHODOLOGY

5.4 Specification tests and model diagnostics

El aristotelismo no llegó solo a Occidente, sino acompañado por los comentarios del filósofo, médico, jurista y astrónomo cordobés Ibn Rushd, más conocido como Averroes. De este modo, los primeros pensadores cristianos que se acercaron al clásico griego lo hicieron a través de la lectura que de él hizo el árabe, muchos de cuyos pre­ supuestos eran difícilmente conciliables con los defendidos por la Iglesia. Es por ello que santo Tomás, en su propósito de reivindicar al pagano Aristóteles, se volcó en refutar al musulmán. Entre los te­ mas que los separaban se hallaba el de la concepción del mundo, la materia, que Averroes consideraba que era eterno, lo que chocaba con la idea de la creación por parte de Dios. Igualmente, la tesis aris- totélico-averroísta de que el alma individual es mortal, mientras que lo inmortal es un entendimiento común que poseen todos los seres humanos, fue rechazada por santo Tomás: la inmortalidadcorrespon- de al alma individual de cada persona, que es la que puede salvarse o perderse, lo que también chocaba con la idea de Averroes de que quien se salva es la especie humana en su conjunto y no el individuo.

solo es posible armonizar la filosofía aristotélica con la fe, sino que es imprescindible. La filosofía cristiana había sido, a lo largo de toda la Edad Media, platónica. Por ello, aunque en formulaciones bien distintas, siempre acusaba el mismo déficit, connatural al platonismo: no apreciar suficiente la naturaleza, no ser capaz de reconocer el valor y la dignidad de la realidad material. Tal y como lo veía santo Tomás, la fi­ losofía de Platón proponía deshacernos del mundo sensible y elevarnos hacia formas inmateriales. Pero esta tendencia hacia la utopía se realizaba a costa de minusvalorar la ma­ teria. Era una deserción del mundo real. Y era una pérdida que el cristianismo no podía permitirse.

Desde sus tiempos de estudiante en Colonia, santo Tomás estaba convencido de que, en cualquier orden, el despre­ cio hacia lo inferior minimizaba la perfección de lo supe­ rior. La alabanza al Creador no pasaba por empequeñecer o desvalorizar su obra sino todo lo contrario. Es por ello que la opción por la naturaleza material que representaba el aristotelismo fue asumida, casi, como una exigencia de su condición de teólogo. En este sentido, el novelista británico G. K. Chesterton llegó a sostener que «santo Tomás hizo al cristianismo más cristiano haciéndolo más aristotélico». N o puede perderse de vista que el cristianismo, para escándalo de musulmanes y judíos, es la religión de un Dios que se hizo hombre, que asumió la naturaleza material.

Por ello, justamente por su condición de teólogo cris­ tiano, santo Tomás asumió la filosofía de la naturaleza de Aristóteles prácticamente al completo, tomando los con­ ceptos físicos que halló en ella como herramientas válidas para adentrarse en los ámbitos de la metafísica y la teología. Potencia y acto, sustancia y accidentes, materia y forma: conceptos nacidos en la Física del pensador griego que se convirtieron en piezas claves de la teología de santo Tomás.

Tomó, también, tic Aristóteles, la explicación del cambio, la teoría tic las categorías o modos de ser, la teoría de las cuatro causas, el carácter teleológico de la naturaleza y muy buena parte de su teoría del conocimiento. Pero se trató de un aristotelismo quizá más instrumental que real, pues santo Tomás introdujo en su síntesis algunos elementos fun­ damentales totalmente ajenos al pensamiento aristotélico, algunos tomados de san Agustín y de los neoplatónicos de los siglos V-VI (Proclo y Dionisio Areopagita), como el con­ cepto de participación y los grados de ser; otros de Avice- na (980-1037), como la distinción de esencia y existencia, y otros totalmente originales, como su teoría del ser como actus essendi (todos estos temas serán tratados en detalle en los capítulos siguientes).

Sirviéndose de la terminología aristotélica, santo Tomás sostuvo que el ser es a la sustancia lo mismo que el acto a la potencia. Como se verá en el capítulo tercero, la incorpora­ ción de tales principios le permitió abrir los esquemas físi­ cos aristotélicos a problemas absolutamente nuevos, como la creación y el carácter contingente del ente creado. De este modo, la teología cristiana encontró una teoría filosófica so­ bre la realidad más acorde con su naturaleza.

El mundo es creado y, por ello, es contingente. Existe, pero podría no existir. El cristiano sabe que la existencia es un regalo de Dios. Por eso, la contingencia es, justamente, el rasgo que mejor define la condición de lo creado: el ser no le pertenece naturalmente, sino que lo posee como presta­ do; para santo Tomás, intentamos aferrarnos a la existencia, conscientes de que existimos, pero podríamos no existir. Aristóteles había considerado que la ciencia debía tratar de lo que es universal y necesario. La gran novedad de santo Tomás fue que quiso llevar a cabo algo aristotélicamente in­ concebible: hacer ciencia de la contingencia.