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Spectrum Access Methods and Authorisation Regimes

1.5 Publications

2.1.1 Spectrum Access Methods and Authorisation Regimes

Con el fin de abordar el estudio relacionado con las representaciones expresadas en el discurso de la moda promocionado en la prensa, en primera instancia, es importante comprender las relaciones conceptuales establecidas entre ideología, imaginarios y

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BARTHES, Op. Cit., pp. 210-211

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representaciones sociales, conceptos que aparentemente han sido considerados sinónimos relacionados con los símbolos, las ideas y los pensamientos vigentes dentro de una sociedad. No obstante, los matices y variantes en sus definiciones en el campo de las ciencias sociales y humanas, han significado la apertura hacia nuevas discusiones teóricas que buscaron contemplar las diferencias y puntos de encuentros entre estos conceptos: los planteamientos propuestos por el teórico alemán Teun van Dijk, que renovó la discusión sobre el concepto de “ideología”; Thomas Luckmann y Peter L. Berger, quienes afirmaron que la realidad objetiva es producto de una construcción derivada de los procesos subjetivos y, Denise Jodelet y Serge Moscovici, teóricos que definieron el carácter productor del conocimiento de la vida cotidiana.

Tradicionalmente, el concepto de ideología ha sido visualizado desde variantes teóricas que definieron peyorativamente su significado. Así se pudo constatar cuando se observaron las perspectivas teóricas que la presentaron como: 1. Contrafigura de la ciencia dado su carácter ilusorio que influye en el pensamiento (Mannheim, Lukács, Popper); 2. Un sistema de creencias legitimadoras de la dominación que se constituyó en una “falsa conciencia” compuesta por un conjunto de falsificaciones elaboradas por el grupo dominante, más o menos deliberadas, de una situación real que contrasta con los intereses de otro (marxismo); 3. Un sistema de creencias convertidas en cuestiones de sentido común en cuanto constituyeron parte de la acción sociopolítica (Gramsci, Althusserm); 4. Un conocimiento social implícito que los miembros de grupo dieron por sentado en sus prácticas sociales diarias y que eran diferentes a las formulaciones o explicaciones teóricas pertenecientes a la elite del conocimiento (Schütz).46

Desde una perspectiva más amplia, Teun van Dijk en su libro Ideología integró la triada “cognición”, “discurso” y “sociedad”, para intentar construir una definición de ideología que la mostrara como un conjunto de construcciones o representaciones mentales (signos, símbolos, creencias), con diferentes grados de racionalización y expresadas en variadas formas discursivas. Su carácter social evidenciado a través de las prácticas discursivas en continua transformación dentro de los grupos sociales, fue la razón suficiente para

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ARIÑO VILLARROYA, Antonio. Ideologías, discursos y dominación. En: Revista Española de Investigaciones sociológicas, Madrid. Julio - Septiembre, 1997. no. 79, pp. 197-243

comenzar a vislumbrarlo como una práctica vital que contiene una dimensión moral, política, cultural y social correlativa con el momento histórico.

Bajo esta percepción, las ideologías fueron definidas como un sistema de creencias abstractas con fundamentos sociales y cognitivos (experiencias personales, conocimiento, valores, criterios de verdad y opiniones de los miembros sociales), que han sido reproducidas, compartidas, utilizadas y modificadas por los grupos sociales. De ahí que fueran catalogadas como creencias fundamentales o axiomas encargados de controlar y organizar las representaciones sociales de un grupo, hasta el punto de constituirse en la base de su identidad, al permitir coordinar los discursos y las prácticas de los miembros sociales individuales que garantizarán la cohesión y la solidaridad en el grupo (representaciones de criterios de pertenencia y acceso al grupo; acciones típicas y objetivos; normas y valores; posición social en relación con otros grupos, así como los recursos sociales especiales del grupo).47

De lo anterior se deduce que las ideologías no deben ser entendidas como sistemas inalterables o inmutables que coaccionan el modo de pensar y de actuar de los individuos dentro de un grupo (“falsa conciencia”), un planteamiento aceptado por algunos teóricos sociales influenciados por la corriente marxista. Así, es necesario tener presente que existen elaboraciones o versiones personales de la ideología, adaptadas y reproducidas por los individuos en sus prácticas sociales específicas. Incluso, en los grupos sociales donde sus miembros se caracterizan por expresar opiniones e ideas similares, se pueden presentar variaciones y contradicciones que son producto de las adaptaciones e intereses personales de sus actores.48

Aunque las ideologías, según el planteamiento de van Dijk, se desarrollaron para coordinar las representaciones socialmente compartidas, lo anterior no significó que fueran comparables con una forma de sentido común, en el cual se agruparon un conjunto

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VAN DIJK Teun. Ideología: Una aproximación multidisciplinaria. Barcelona: Ed. Gedisa, 2001, p. 156

48 Si la ideología ha constituido la interfase entre la “mente social” compartida por los miembros de un grupo,

también es necesario reconocer un elemento que vincula lo social y lo personal, lo general y lo particular, lo macro y lo micro, conocido con el nombre de modelo ideológicamente controlado. Aunque este último representa los acontecimientos y acciones específicas, simultáneamente encarna versiones del conocimiento social, las opiniones derivadas del conocimiento y las actitudes, que pudieron ser producidas a nivel micro por los miembros sociales y a nivel macro por la base experimental para la generalización de las creencias personales dentro del conocimiento, las actitudes e ideologías del grupo. IBID. pp. 120-123

de creencias o actitudes culturalmente compartidas y aceptadas, que contienen en su esencia un conocimiento directo, inmediato, irreflexivo, no teórico ni científico, basado en la observación o las experiencias diarias. Las ideologías al ser más generales y abstractas que las representaciones, reflejan idealmente los intereses del grupo y se encargan de organizar las actitudes que controlan aquellas prácticas sociales relacionadas con los criterios de pertenencia (inclusión y exclusión), las actividades colectivas, los objetivos, los valores, la relación con otros grupos y los recursos. Cuando las ideologías comienzan a ser actitudes generalmente aceptadas por una sociedad entera, pierden su naturaleza ideológica como mecanismo de identificación del grupo y se convierten en parte del ideario común social. En este sentido, la ideología está relacionada con el término representación social para explicar el conocimiento dado por sentado, en el cual se incluyen otras creencias u opiniones socialmente compartidas y versiones simplificadas del conocimiento erudito.49

Si las ideologías fueron concebidas como representaciones mentales generales, abstractas, compartidas por un grupo, también es posible relacionarlas con el concepto adoptado por Peter Berger y Thomas Luckmann de “universos simbólicos”, expresión con la cual hicieron referencia al cuarto nivel de legitimación, donde se integraron la totalidad de los procesos simbólicos propios de las realidades experimentadas en la vida cotidiana. De esta forma, su carácter universal y abstracto permitió concebirlo como la matriz de los significados objetivados socialmente en la historia, encargada de aportar el orden para la aprehensión e integración de las diferentes esferas de la realidad, incluyendo los procesos institucionales aislados y los significados discrepantes, dentro de un conjunto universal de significados legítimos en los cuales se conjugaron el pasado expresado a través de una memoria colectiva y, un futuro, marco de referencia común para la proyección de las acciones individuales.50

En concordancia con los mecanismos conceptuales utilizados para la vigencia de los universos simbólicos como expresión de la realidad social, Berger y Luckmann incluyeron todas las formas de legitimación establecidas mediante el poder, las cuales se constituyeron en una parte ligada a las demás actividades desarrolladas dentro de la

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IBID. p. 9

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BERGER, Peter L. y LUCKMANN, Thomas. La construcción social de la realidad. 15ª ed. Buenos Aires: Amorrortu editores, 1998, p. 129

colectividad. Por ende, la validez del universo simbólico dentro de una colectividad puede entrar en un enfrentamiento con otros universos simbólicos alternativos o pertenecientes a otros grupos sociales, cuando se presentan dificultades en el reconocimiento de los mecanismos de legitimación, una situación que en el trasfondo revela un problema de poder.

Muy cercano a la noción de ideología y de universos simbólicos está el concepto de “imaginarios sociales”, un referente teórico que ha sido objeto de discusión en la filosofía, la literatura, las artes, la antropología, la sociología y la historia. En el caso particular de esta investigación, la base teórica para definir este concepto se fundamentó en las nociones desarrolladas en la historia y en la sociología, disciplinas que tuvieron presente los pensamientos e ideas que se constituyeron en la base de la identidad y el accionar de los grupos. Al realizarse una revisión de la bibliografía relacionada con el significado de los imaginarios sociales,51 se hallaron puntos de convergencia teóricos que permitieron definirlos como un conjunto complejo de imágenes mentales resultado de una construcción socio-histórica, que han actuado en forma de esquemas de representación de la experiencia social y de las redes de ideas, imágenes, sentimientos, carencias y proyectos disponibles dentro de un grupo social.

Para el historiador Juan Camilo Escobar, esas imágenes mentales son colectivas e independientes de los criterios de verdad, y se han constituido bajo una multiplicidad de ritmos que determinaron sus transformaciones y adaptaciones según los propósitos dominantes en una sociedad. Por esta razón, no pueden ser considerados como arquetipos inmutables, un concepto adoptado a partir de la visión antropológica de Gilbert Durand, sino que deben ser comparables con una serie de imágenes que funcionan

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Según los planteamientos expuestos por el historiador Juan Camilo Escobar, la revisión de una extensa bibliografía relacionada con concepto de imaginario, permitió constatar en el ámbito de la literatura, el arte y la filosofía, un cambio en el uso de la expresión como adjetivo calificativo de otros sustantivos (narraciones imaginarias, sensaciones imaginarias, etc), hacia su utilización como un sustantivo que define un fenómeno constituido por elementos. Aún así, este cambio en la connotación del imaginario no significó un acuerdo interdisciplinario para su definición, sino la aparición de cinco tendencias teóricas relacionadas con su tratamiento: 1. Lo imaginario como la creación de los artistas y escritores; 2. Lo imaginario vislumbrado desde la filosofía como oposición a la realidad (obstáculo epistemológico); 3. Lo imaginario concebido como los arquetipos universales inmutables existentes desde los inicios de la humanidad (antropología) o como conector de toda representación humana (psicología); 3. Lo imaginario como representaciones colectivas (sociología), y 5. Lo imaginario que representa imágenes mentales colectivas históricas que desbordan el límite planteado por la experiencia (Historia). ESCOBAR VILLEGAS, Juan Camilo. Lo imaginario: Entre las ciencias sociales y la Historia. Medellín: Editorial EAFIT, 2000, pp.45-47

durante cierto tiempo como formas de memoria colectiva y prácticas sociales en las cuales se expresan los intereses estéticos, literarios morales, políticos, científicos vigentes en una época determinada.52

De una forma más precisa, José Castillo y José Rubén Naranjo basándose en la propuesta teórica de Cornelius Castoriadis, señalaron que los imaginarios sociales son construcciones socio-históricas y síquicas que se constituyeron en la base de las representaciones sociales, al tener una mayor duración y un carácter más universal y abstracto.53 Los imaginarios también han cumplido con la función de elaborar y distribuir colectivamente las categorías de comprensión de la realidad social, en cuanto hicieron parte de “metacódigo” que tradujo el contenido abstracto de las ideologías a través de significaciones más comprensibles en el mundo cotidiano. En otras palabras, los imaginarios son esquemas adaptables a las circunstancias y a los cambios sociales, en la medida que actúan como mecanismos de percepción de las propuestas alternativas que mantienen abierta la operatividad de las sociedades. De esta forma, los imaginarios establecen una estrecha relación con las ideologías al permitir que estas últimas superen el nivel de abstracción limitado al campo de las ideas, para poder subsistir como sistemas de creencias grupales aceptadas por el colectivo y generadoras de prácticas sociales.54

Al efectuarse esta distinción analítica entre ideologías, universos simbólicos e imaginarios sociales, también se debe destacar el concepto de representaciones sociales planteado en el campo de la sociología, para afirmar que el conocimiento de la sociedad se deriva de las representaciones de la realidad producidas a partir de las interrelaciones entre los

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IBID. pp. 113-118

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En este punto es importante no confundir la noción de imaginario con el concepto de ideología, en la medida que sus relaciones muy cercanas hacen difícil establecer unos límites conceptuales claros entre ambos significados. Basándose en los planteamientos expresados por Castillo y Naranjo, es posible definir los imaginarios como esquemas de representación que estructuran en cada instante la experiencia social de los individuos junto con las redes de ideas, imágenes, sentimientos, carencias y proyecciones que se encuentran disponibles en el ámbito social. Al configurar la realidad social con la realidad concreta de los individuos, permiten construir visiones del mundo de una forma previa a cualquier proceso particular de abstracción y de representación. CASTILLO GARCÍA, José y NARANJO GIRALDO, José. La comprensión de los grupos sociales: Imaginarios colectivos y representaciones sociales. En: Ánfora, Manizales. Diciembre, 2003-Julio, 2004. vol. 11, no. 18, p. 147

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Esta posición contrasta con el planteamiento defendido por el historiador Juan Camilo Escobar, quien define la ideología como la encarnación de lo imaginario dentro de un discurso pragmático ligado a una institución. Si se tiene presente la definición de Teun van Dijk sobre ideología, a pesar de la estrecha relación que existe entre el discurso y las ideologías, éstas últimas no pueden ser reducidas a su expresión discursiva, en cuanto el discurso es un medio verbal o escrito en el cual se reproducen, se concretizan y se expresan las ideologías de acuerdo con el contexto social específico en que se desenvuelven los individuos. ESCOBAR, Op. Cit., p. 119. y VAN DIJK, Op. Cit., pp. 244-245.

individuos con los objetos. Según Escobar, la noción de representaciones se convirtió en la forma como algunos sociólogos acogieron la noción de imaginario. Cornelius Castoriadis, en un primer momento, propuso que los fundamentos de las sociedades ya no se encontraban en las condiciones materiales de vida, sino en las representaciones construidas por los diferentes grupos con respecto a éstas. Este planteamiento adoptado posteriormente por Claude Lefort, Dominique Lecourt y Bronislaw Baczko, significó la adopción de un pensamiento donde el imaginario, por antonomasia denominado representación, cumplía la función fundadora en las sociedades, ideas-imágenes que permitieron a los grupos legitimar su poder, generar identidad y elaborar modelos formadores para sus miembros.55 De esta forma, el término de “imaginario” desplazó el sentido o significado de ciertos símbolos disponibles en una sociedad, hacia otros significados acordes con los requerimientos ideológicos de una sociedad en cuestión.

Una variante explicativa similar expuso Émile Durkheim, teórico que designó bajo la noción de representaciones colectivas, el conjunto de entidades universales e inmutables (mitos, religiones y el arte) a partir de los cuales se construyeron las diversas representaciones elaboradas individualmente. Aunque son producciones mentales sociales independientes y externas a las personas, se impusieron con una fuerza constrictiva sobre el modo de pensar y de actuar de los individuos.56

Superando las visiones que compararon las representaciones sociales con imágenes estáticas y universales que imitan una parte de la realidad o, también, con producciones mentales sociales que actúan como modelos objetivos independientes a las personas, se encuentra el planteamiento teórico de Serge Moscovici que definió las representaciones como una modalidad particular de conocimiento con la cual los hombres hacen inteligible la realidad física y social, facilitando a su vez su integración en un grupo o en una relación cotidiana de intercambios.57 En su propuesta teórica, influenciada por los planteamientos de Emile Durkheim, Lucien Lévy-Bruhl, Jean Piaget y Sigmund Freud, tres puntos importantes sobresalieron por su cercanía con este concepto: 1. El carácter productor y no solo reproductor del conocimiento en la vida cotidiana, originado de la relación

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ESCOBAR, Op. Cit., p. 65

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ARAYA UMAÑA, Sandra. Las representaciones sociales: ejes teóricos para su discusión. San José de Costa Rica, FLACSO, 2000, p. 21

57 Este planteamiento fue expuesto, en un primer momento, en su tesis doctoral “La psychanalyse, son imàge

intersubjetiva entre los individuos y el objeto; 2. La naturaleza social del conocimiento, generada a partir de la interacción y comunicación entre los individuos, grupos, instituciones, y 3. La importancia del lenguaje y de la comunicación como mecanismos para crear y trasmitir significados acerca de la realidad.58

En la definición de este fenómeno de índole social y síquica, Moscovici trascendió el esquema diádico tradicional que relacionaba un solo sujeto con el objeto de conocimiento, para incorporar una nueva arista, el Alter (los otros), una noción con la cual se agruparon los sujetos mediadores que interactuaban con el objeto social durante la construcción de significados y conocimiento. De esta forma, el proceso de aprehensión de la realidad no sólo es posible a través del conocimiento erudito y científico, sino también en la interacción y comunicación cotidiana de los individuos. Lo anterior implicó que esta operación no se estableció de forma unidireccional sino bidireccional, en cuanto participan e interactúan varios sujetos como agentes activos y no como receptores pasivos.59

La producción de las Representaciones Sociales en el esquema triádico presentado por Moscovici, comprendió dos mecanismos complementarios para la asignación y actualización de los significados otorgados a los objetos, los cuales definieron un proceso cognoscitivo dinámico y cambiante diferente a lo planteado por Durkheim, quien sugirió la existencia de las representaciones como esquemas inmutables y ajenos a las interacciones establecidas entre los individuos.

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PETRACCI, Mónica y KORNBLIT, Ana Lía. Representaciones sociales: Una teoría metodológicamente pluralista. En: KORNBLIT, Ana Lía (coord.). Metodologías cualitativas en ciencias sociales: Modelos y procedimientos de análisis. 2ª ed. Buenos Aires: Editorial Biblos, 2007, p. 91

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Esta posición que presentó los individuos desarrollando un papel activo en el proceso de generación de conocimiento, también fue defendida por el teórico francés Michel de Certeau, quien criticó la postura defesora

de la efectividad de los sistemas dominantes impuestos en la sociedad. Su propuesta central explícita en La

invención de lo cotidiano, consistió en esbozar una teoría acerca de las prácticas cotidianas aparentemente dominantes en una sociedad y cómo eran asimiladas por los grupos e individuos. Certeau argumentó que el estudio de esas operaciones culturales, ayudaba a percibir cómo la multitud anónima creaba microresistencias o formas de apropiación o “maneras de hacer”, mediante las cuales el ciudadano común expresaba silenciosamente su inconformidad con el orden impuesto actualmente por los modelos de consumo. De esta forma, el orden cultural establecido por los poderosos fue deshecho y burlado por el “arte” de hacer evidente un estilo de intercambios sociales, invenciones técnicas y de resistencia moral, una producción casi invisible que opera a partir de las maneras de emplear los productos impuestos por el orden económico dominante. Los mecanismos de “indisciplina” cotidianos evidentes en la lectura, el lenguaje y las prácticas de apropiación del espacio interior (la vida privada, la cocina) y del espacio exterior (el trabajo, el vecindario, trayectos, centros de comercio), se constituyeron en los procedimientos utilizados por los usuarios contra las prácticas sociales y políticas. DE CERTEAU, Michel. La invención de lo cotidiano, tomos I (El Arte de Hacer) y II (Habitar, cocinar). México: Universidad Iberoamericana, 1999

El primer mecanismo propuesto por Moscovici fue la objetivación, un momento inicial donde se incorporaron las ideas y conocimientos abstractos sobre los objetos, en imágenes comprensibles para los sujetos. Como siguiente paso se encontró el mecanismo del anclaje, con el cual se hizo posible la actualización de los conocimientos sobre un determinado objeto, al permitir inscribir aquellos aspectos innovadores dentro de la red de categorías y significaciones preexistentes.

Siguiendo la línea explicativa propuesta por Moscovici, Denise Jodelet y Robert Farr