Cómo debería hacer la clase la maestra. Comparación con los sistemas tradicionales.
Las lecciones que inician al niño hacia la educación de los sentidos son individuales. La maestra realiza un intento de acercamiento al niño, que debe suponerse que está dispuesto a recibir la lección. Se sienta a su lado y coge un objeto que a ella le parece que le podrá interesar al niño.
La preparación de la maestra consiste en esto. Debería estar preparada para probar experimentos únicamente. La respuesta que ella espera del niño es que surja en él una actividad que le impulse a utilizar el material que le ha sido presentado.
La lección es para llamar su atención. Si el objeto responde a los deseos íntimos del niño y representa algo que le satisface, incita al niño a una actividad prolongada, ya que se siente el dueño y continúa utilizándolo.
No siempre se necesitan las palabras. A menudo basta con que muestre cómo se utiliza el objeto. Pero si es necesario hablar e iniciar al niño en el uso del material de crecimiento y cultura. La perfección consiste en la búsqueda del mínimo necesario y suficiente.
Una lección será más perfecta cuantas más palabras se ahorren. Y en la preparación de la lección se debe poner una atención especial en contar y medir las palabras que se deberán pronunciar.
La segunda característica de la lección es la simplicidad. Debe estar despojada de todo aquello que no sea verdad absoluta. La maestra no debe utilizar palabras sin sentido. Esta segunda característica es un aspecto de la primera, es decir, las palabras utilizadas deben ser también las más simples y deben referirse a la verdad exacta.
La tercera cualidad de la lección es la objetividad; de manera que la personalidad de la maestra debe desaparecer en beneficio de la evidencia del objeto sobre el que se pretende llamar la atención del niño. La maestra observará si el niño se interesa por el objeto, cómo se interesa, cuanto tiempo, etc., y tendrá precaución en no forzar al niño al niño que no muestre interés por aquello que se le ofrece. Si después de preparar rigurosamente la lección en su concisión, simplicidad y verdad, el niño no entiende la explicación del objeto, la maestra debe tener en cuenta dos cosas: primero, no insistir repitiendo la lección y, segundo no debe convencer al niño de que se ha equivocado o no lo ha entendido, porque esto podría paralizar durante mucho tiempo el impulso para actuar, y este impulso es toda la base del progreso.
Cómo iniciar al niño en los ejercicios con el material sensorial.
Se debe comenzar el procedimiento con pocos estímulos que contrasten entre ellos para poder establecer después una cantidad de objetos parecidos, pero con una gradación diferente cada vez más fina e imperceptible. Así, por ejemplo, reconociendo las diferencias táctiles, empezaremos con dos superficies, una perfectamente lisa, y otra muy rasposa; si tenemos que experimentar el peso de los objetos, presentaremos primero unas maderas muy ligeras y otras que sean las más pesadas; para los sonidos ofreceremos los dos extremos de la serie graduada; con los colores, escogeremos las tintas más vivas y contrastadas, como el rojo y el amarillo; para las formas, un círculo y un triángulo, y así sucesivamente.
Para dar una idea todavía más completa de las diferencias, es conveniente mezclar con los contrastes fuertes las “identidades” ( que precisamente contrastan con las grandes diferencias) colocando dobles series de objetos; por ejemplo: buscar las cosas iguales, de dos en dos, con un revoltijo de objetos que se deben emparejar; dos sonidos igual de fuertes, y dos igualmente leves; dos objetos del mismo color rojo; el ejercicio de buscar las igualdades entre los contrastes precisa notablemente las diferencias, haciéndolas evidentes.
El ejercicio final, es decir el de las gradaciones, consiste en poner en orden de gradación un sistema de objetos mezclados de forma confusa, por ejemplo, una serie de cubos del mismo color pero de
dimensión distinta; con la diferencia graduada sistemáticamente (por ejemplo, con la diferencia de un centímetro de arista, en cada cubo). Será semejante la presentación de una serie de objetos de color amarillo, pero que la tinta sea más clara con una gradación del más oscuro al más claro; o bien una serie de rectángulos que tienen uno de los lados igual, y el otro sistemáticamente decreciente. Estos objetos se deben colocar uno al lado del otro, según el lugar que su cualidad establece en la gradación.
Procedimiento técnico para iniciar en los ejercicios táctiles
El sentido del tacto está repartido por toda la piel, pero los ejercicios que realizan los niños quedan limitados a las yemas de los dedos, y sobre todo los dedos de la mano derecha.
La práctica ha hecho necesaria esta limitación y también es una necesidad educativa, ya que el hombre ejercita y utiliza el sentido del tacto por medio de estas zonas.
Pero es especialmente útil para el objetivo educativo de la maestra porque los ejercicios de la mano son una preparación indirecta para la escritura.
Por tanto, Montessori hace que el niño se lave bien las manos con jabón, en una palangana, y después se las hace meter un momento en otra palangana de agua caliente. Después se las seca y con el masaje se completa la tarea preparatoria del baño; después se enseña al niño el tacto, es decir, la manera de tocar la superficie: para esto es necesario coger los dedos de los niños y deslizárselos por la superficie de forma muy ligera. Otro aspecto de la técnica es enseñar al niño a que tenga los ojos cerrados mientras toca, diciéndole que lo sentirá mejor y que sin verlo, reconocerá los cambios de
contacto. El niño lo aprende en seguida y le gusta mucho. Realmente ejercitan el sentido del tacto, porque no se cansan nunca de tocar superficies lisas, y son muy hábiles para discernir las diferencias entre los papeles de vidrio.
El material didáctico consiste en:
Una madera rectangular muy larga, dividida en dos rectángulos iguales: en uno hay cartulina muy lisa, y en el otro papel de vidrio.
Otra madera como la anterior con tiras de cartulina lisa y tiras de papel de vidrio, alternadas.
Otra madera como las anteriores donde hay en gradación papeles de vidrio de manera que la textura sea cada vez más fina.
Otra madera donde hay papeles de diversa aspereza y uniformidad, desde el papel rasposo hasta la cartulina lisa de la primera madera.
Estas maderas, que llevan enganchadas objetos que se deben tocar, sirven para preparar a la mano a tocar ligeramente y a percibir las primeras diferencias de una forma sistemática. El niño, con los ojos cerrados, toca uno detrás de otro los rasgos diferentes de la madera y empieza a notar las distancias mediante el movimiento del brazo.
Como en muchos ejercicios sensoriales, el estímulo sensitivo es un medio para determinar movimientos. Después de esta primera serie, Montessori preparó un material “móvil”, donde cada género forma un grupo, es decir, determina un ejercicio separado.
Existen colecciones de: papeles lisos de diferentes tipos; papeles de vidrio graduados; ropas diferentes. Con este material se emplea la misma técnica, es decir, mezclar los objetos de una serie, y después realizar los emparejamientos o reconstruir las series.
Las ropas están también de dos en dos y están guardadas en un armario especial, que contiene lanas, sedas, algodones, linos, velos, etc., y sus nombre pueden ser aprendidos por los niños.
Todos los ejercicios se realizan con los ojos tapados.
Impresiones de temperatura
Para este ejercicio Montessori utilizó pequeños recipientes de metal en forma ovoide y cerrados herméticamente. En cada recipiente puso agua caliente a temperatura constante (75º) en cantidad gradualmente diversa, y llenaba el resto con agua fría a 15º, o bien preparaba recipientes iguales de dos en dos. Aunque las temperaturas varían en el acto, con el uso, la operación sirve para dar una cierta exactitud al ejercicio.
También utilizó una serie de sustancias que difieren en la conducción del calor, como la madera, vidrio, hierro, y que los usó para ejercicios más delicados.
Impresiones de peso
Para educar el sentido bárico, utilizó maderas rectangulares de 6 cm por 8, y de 1/2cm de grosor; son de tres tipos de madera: cedro, nogal y abeto; pesan respectivamente 24 gr, 18 y 12, es decir, existe una diferencia entre ellos de 6 gr.; deben ser bien finas y barnizadas, de modo que no haya astillas y se mantenga el color natural de la madera. El niño, viendo el color, sabe que tienen un peso diferente y, por tanto, puede controlar su ejercicio: coge con las manos dos maderas, las coloca sobre los dedos extendidos y hace un movimiento de abajo a arriba para evaluar el peso: este movimiento poco a poco debe volverse insensible. Es aconsejable que este ejercicio el niño lo haga con los ojos cerrados, porque así actúa por sí mismo con un gran interés para ver “si lo adivina”.
la evaluación de los pesos. En rigor, se debería poner ligeramente el objeto sobre la piel, evitando impresiones de temperatura (por eso se utiliza la madera) para obtener una impresión de peso referente al objeto, verdadera y propia. El movimiento de la mano arriba y abajo altera el peso, porque se altera la presión atmosférica, y provoca que el peso sea más perceptible. De aquí viene que sea instintivo el movimiento de “sopesar”: pero para poder tener una evaluación más exacta del peso del objeto se necesita disminuir estos movimientos tanto como sea posible.
Esta técnica aporta una exactitud que ya de por sí misma es bastante interesante.