2.5 Leaning Against the Winds
2.5.1 Stabilization through Commitment
La experiencia satori en el centro del Zen, parece ser una introspección que atiende, no a los contenidos de conciencia, sino a sus aspectos formales, la propia conciencia, no es un estado extático y no sé hasta que punto podríamos considerarlo místico. Se trata de ver la realidad sin pasar por los conceptos, pues estos la distorsionan.
En el satori el individuo, intuyendo la totalidad, conoce los objetos más objetivamente que antes, menos distorsionados por motivos personales, por eso formaba parte del entrenamiento samurai en el bushido con vistas a una mejor acción.
El entrenamiento tiene como finalidad apartarse del éxtasis, y funciones psíquicas paranormales que puedan aparecer, fenómenos todos que distraen del objetivo,
que es, repetir la comprensión directa del niño, pero en un nivel adulto. El Zen quiere llegar a una percepción no enajenada de la realidad y el psicoanálisis igual, pero éste lo hace analizando las distorsiones personales e individuales de percepción de la realidad.
Fingarette ha sugerido que los trances y otros fenómenos regresivos parecen pertenecer a una fase anterior de la autoexploración, más que al estado místico en sí.53
La idea del budismo, aunque existen muchos budismos y no entraremos aquí en ellos, es liberar al hombre de todo temor, del dolor. El budismo calla sobre Dios y sobre el mundo, también elimina el sujeto. ¿De qué experiencia mística habla entonces? El budismo se centra en el camino de la experiencia propia, sin confiar en dioses, devociones, escrituras, etc., el camino que conduce a la liberación es la experiencia propia.
Ni Dios, ni yo, ni universo, la experiencia mística del budismo aboca a la experiencia del vacío, todo lo transitorio muestra el vacío.
En el célebre sermón de Benarés, Buda se refiere al camino medio, ni buscar placeres, ni ser asceta, recomienda el camino óctuple que consiste en: recta visión, recta intención, recto discurso, recta conducta, rectos medios de subsistencia, recto esfuerzo, recta memoria y recta concentración, conduce al nirvana o liberación iluminada. La raíz del mal es el deseo, abandonar el deseo es encontrar la paz.
No hay referencia a lo divino, quizá porque lo divino solo puede decirse con silencio y lo demás es cháchara. La necesidad de salvación hace del budismo una religión pues cumple con funciones de religión aunque no se mencione a Dios, no se puede tener experiencia de Dios, eso es idolatría.
Tampoco hay sujeto, el sí mismo no tiene substancia, tan sólo es un sujeto al que atribuir experiencias se opone el budismo, no sólo al brahmanismo, y al jainismo, sino a la experiencia común de considerar la existencia de mi yo permanente al que le ocurren cosas, porque esa es la raíz del sufrimiento.
Llamamos persona y yo a un conjunto de fenómenos sobre los que no tenemos a veces control y que cambian y desaparecen y son el origen del sufrimiento. La
meditación lleva a la comprensión de la caducidad de todo, y de la inexistencia del yo. La experiencia mística consiste en destruir el yo.
Además la comprensión del dharma, si existe una cosa aparece otra y si algo no existe, otra cosa no llega a ser, es la causalidad de los fenómenos, la regla que rige los cambios que el yo percibe como dolorosos. Esta ley, llamada también cadena de doce eslabones o pares de causas, sostiene el devenir de los fenómenos, del samsara. En el mundo del devenir todo es causado forzosamente pero, esto mismo es contingente.
Buda no llega razonando a concluirlo, sino que lo experimenta en lo que es una experiencia mística, el nirvana es el mismo samsara, o rueda de fenómenos infinita experimentada en su contingencia, no tiene objeto un más allá sino la totalidad e interdependencia del más acá contingente.
Es un despertar de la ignorancia, de la falsa visión de la realidad que provoca sufrimiento. Es difícil comprender el nirvana para los propios budistas, el desasimiento de lo que produce dolor es el nirvana, la renuncia al deseo porque el deseo es vacío. Se extinguen los apegos, el odio, la ilusión, el nacimiento, la vejez y la muerte que son las causas del sufrimiento. El nirvana no es aniquilamiento ni nihilismo, más bien deconstrucción suprema, el camino para lograrlo: primero, palabra justa, acción justa, medios justos, es decir, moralidad imprescindible para el recorrido. Segundo: esfuerzo justo, atención justa, concentración justa, para desarrollar el corazón-espíritu en la meditación. Por último: la comprensión justa y la intención justa constituyen la sabiduría. El centro del budismo es meditación para vaciar la mente y hasta esto, tan individual, se hace en comunidad.
El doctor Suzuki y también Shituzeru Ueda, de la escuela de Tokio, han hablado de una superación de la mística en el zen porque el zen renuncia a todo discurso sobre lo inefable. La nada que el zen responde a la pregunta por Dios es distinta a la nada como la entiende Eckhart, nada de todas las determinaciones. La paradoja del budismo zen se da en que las preguntas por la budidad no se pueden responder más que de una forma no verbal. Siempre al comunicar o hablar algo se esta como observador y el satori es ausencia de diferencia, es unidad, por lo que no es comunicable.54
54 UEDA, Shizuteru, “Der Zen-Buddhismus als “Nicht-Mystik” unter besonderer
c) Tao
Por último el Tao. En China que no tiene una palabra para designar la religión, es la filosofía la que ocupa un lugar comparable al de la religión en otras civilizaciones, sin embargo el taoismo tiene rasgos que le asimilan a las religiones místicas. En China junto con la religión tradicional o campesina, la religión feudal urbana y jerarquizada y la oficial que gira en torno a las enseñanzas de Confucio, se encuentran movimientos de reforma que son el taoismo y el budismo.
El taoísmo clásico o filosófico aparece en los siglos IV y III a C. y se contiene en las obras de Laotzé y de ChuangTzu y es bastante diferente del taoísmo popular que se desarrolla a partir del siglo II y III de nuestra era y que consiste en un totum revolutum de magia y religión para obtener inmortalidad y poderes sobrenaturales.
La noción de Tao aparece en el “Tao-te-King”55 de Laotzé y se traduce por
“camino” pero también significa logos, o “palabra”. Es el orden que domina la realidad aparente pero que se hurta a ser conocido. El sistema místico de Laotzé se funda en este principio eterno que no tiene atributos y una suprema unidad. Es transcendente y no puede ser captado ni expresado; pero actúa en todos los seres, es inmanente al mundo al que ordena y anima. El Tao se considera principio femenino, vacío del que nace todo. Se contacta con el Tao a través de un nuevo nivel de consciencia, que requiere el dominio de los sentidos en equilibrio más que negándolos y el olvido de todo lo demás. Es haciendo vacío como se capta la realidad. El corazón órgano de la inteligencia del espíritu para los chinos, debe ayunar, quedar vacío, para comprender. No es el corazón contrito antes de los sacrificios en la religión profética, o los ayunos rituales del islamismo. A eso llama Chiang Tze “sentarse y olvidarlo todo”.
Por ahora parece una experiencia similar a la del Absoluto, Uno, Misterio, Brahman de los sistemas monistas, lo peculiar es la inacción que no es no hacer, sino más bien adaptarse al Tao, algo así como dejarse llevar que las cosas ya suceden por sí mismas. Es adaptarse a la naturaleza de las cosas, lo mejor es coincidir con la marcha del universo por eso, el sabio es sereno.
“Quien intenta darle forma al mundo modelarlo a su capricho difícilmente lo logrará. El mundo es un vaso espiritual que no se puede manipular.” Alegoría de vaso común con la cábala pero de significado distinto. Chiang Tzú si ofrece la descripción de etapas para lograr el éxtasis, el retiro es la primera, la experiencia de éxtasis se distingue por una disolución o abandono del cuerpo, como si se cabalgase en el viento, y una identificación con la virtud primordial. El sujeto participa de alguna manera en la inmortalidad pues se identifica con las fuerzas naturales. Aunque el taoismo es una liberación personal también en el hay rasgos de servicio a los demás y de vida cotidiana pues la comunión con el Tao, expresada en serenidad, puede realizarse en las más sencillas tareas, parece que este rasgo es universal.
Ahora veremos la experiencia mística en las religiones monoteístas que comparten un origen común en los escritos conocidos como Libro o Biblia.