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Stage 2: Implementation into Deep Thought

Chapter 6 STUDY THREE DATA-DRIVEN PROFICIENCY PROFILING

6.6.2 Stage 2: Implementation into Deep Thought

¿Qué hacer frente a la violencia en la relación de pareja?

Un gran número de mujeres y hombres se han vuelto vulnerables ante el aumento de los casos de violencia, pues en vez de denunciar las acciones violentas de las que son víctimas, prefieren callar en nombre del amor que une a una relación enfermiza. 

Es por ello que esta realidad permite suponer que la violencia es una condición que se ha vuelto normal para la sociedad; situación que obliga a instituciones involucradas a hacer un llamado a las mujeres y hombres que son víctimas por sus parejas, para que no permitan que la agresión se vuelva parte de sus vidas.

Es posible que el temor sea una de las principales causas para que una persona no se atreva a denunciar un maltrato físico, verbal o psicológico; no obstante, en la actualidad existen muchos organismos encargados de velar por la seguridad de los individuos.

La violencia en la relación de pareja puede ser enfrentada de diversas maneras. Lo primero es reconocer que se vive una relación violenta y asumir las responsabilidades de agredir o dejarse agredir por el otro.

La mayor parte de las veces el hacer la denuncia por violencia intrafamiliar es determinante en el inicio de un proceso de solución. Porque la violencia no se resuelve de la noche a la mañana es un proceso que puede durar años, y que a veces se viven recaídas.

La investigación en torno al problema de la violencia en la pareja ha puesto en duda el valor de los modelos tradicionales de tratamiento psicológico, por eso se han desarrollado en los últimos veinte años alternativas de abordaje específicas, que incluyen como componente común la grupalidad, apoyándose esencialmente en el uso de técnicas vivenciales y cognitivo-conductuales.

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intervenciones de sensibilización y toma de conciencia, grupos de autoayuda para hombres y mujeres, redes de sostén social, solo por citar algunos ejemplos.

En una primera etapa de denuncia pública de la violencia las acciones interventivas estuvieron dirigidas hacia las víctimas, centradas en elevar su autoestima, desarrollar habilidades comunicativas y para la solución de problemas en sentido general. Posteriormente se abren nuevas perspectivas para el estudio de la otra parte del problema: el agente victimizador, a través de intervenciones psicoeducativas dirigidas a entrenar el control de la ira, la solución de problemas, así como, a modificar creencias distorsionadas sobre el control y la autoridad.

De esta forma son reconocidas las experiencias de Corsi (2004);Corsi, Dohmen y Sotés (1995); Matud, Padilla y Gutiérrez (2005); Walker (1994); Sonkin y Durphy (1997), entre otras, siendo frecuente el trabajo de los terapeutas con grupos de un mismo género y coincidentes con el suyo.

También experiencias cercanas a la problemática desde el punto de vista interventivo, han sido los entrenamientos en asertividad y habilidades sociales (Caballo, 1983; Pelechano, 1996) y, especialmente, el enfoque sistémico por abordar numerosas problemáticas relacionales en el espacio familiar (Satir, 1995; Zuluaga, 2007; Coddou, 2000; Perrone y Nannini, citados en Coddou, 2000).

Desde este último se propone el análisis de los patrones de relación recurrentes involucrados en los episodios de violencia, enfatizando en el carácter bidireccional de la misma y en la necesidad de profundizar en las principales áreas de conflicto familiar y de pareja, para educar a estas instancias relacionalmente.

Una de las acciones que permite que la situación se minimice más fácilmente es poder pedir apoyo profesional (social, psicológico y/o legal) para ambos, como terapias de apoyo para cada uno por separado o terapia de pareja cuando la relación no lleva mucho tiempo siendo violenta, y la agresión no ha sido muy destructiva. La terapia de pareja puede ser muy útil en casos de violencia cruzada o de agresiones mutuas. En cambio la terapia individual es más recomendable cuando uno es el agredido y el otro el agresor.

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Los centros especializados en violencia intrafamiliar, trabajan con grupos de personas agredidas enseñándoles a desarrollar habilidades, potenciar recursos comunicativos y personológicos en general, y a enfrentar este problema, a través de grupos de autoayuda.

En nuestro país se han institucionalizado espacios para el tratamiento de esta problemática, tal es el caso de las Casas de Orientación a la Mujer y a la Familia de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC.), los Consultorios Médicos de la Familia y consultas de psicología en las diferentes área de salud. No obstante, el rol de los profesionales no puede quedar solo en la intervención; la promoción y prevención de salud, la educación a la población para asumir una convivencia conyugal mas saludable son también tareas de los especialistas, de ahí que se continúen buscando alternativas de ayuda que permitan llevar a vías de hecho el trabajo en la minimización de la expresión de la violencia.

En aras de continuar buscando estas alternativas de ayuda se parte en la presente investigación de las potencialidades de la psicoeducación en el abordaje de esta problemática. Siendo válido aclarar, que ninguna alternativa por si misma puede garantizar la erradicación de la violencia, ni puede asegurar la paz familiar sin separación o la disminución de la necesidad de protección a las mujeres víctimas. Sólo puede ser un complemento y no debe servir para crear falsas expectativas o para des-responsabilizar a los poderes públicos de las acciones judiciales y preventivo-educativas, necesarias para erradicar el problema (Garda y Huerta, 2006). La Guía Psicoeducativa se propone como una alternativa ya que en los último tiempos ha sido empleada, para afrontar algunas problemáticas de salud y que en este caso podría ser efectiva a la hora de minimizar la violencia en la relación de pareja.

Pero ¿Qué se entiende por psicoeducación? ¿Qué es una Guía Psicoeducativa? ¿Cómo podría contribuir una guía psicoeducativa a minimizar la violencia en la relación de pareja?

La divulgación y el desarrollo del término psicoeducación en su forma actual se le atribuye ampliamente al investigador norteamericano C.M. Anderson en 1980 en el

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contexto del tratamiento de la esquizofrenia. Su investigación se concentró en educar a los familiares con respecto a los síntomas y al proceso de la esquizofrenia; desde la consolidación de la autoridad social y en el mejoramiento del manejo que los miembros de la familia le dan a la enfermedad (Treto, 2009).

La psicoeducación es un aprendizaje experiencial acerca de sí mismo, del proceso o trastorno que se padece y la mejor forma de afrontar las consecuencias de dicho trastorno. Busca hacer partícipe al usuario de lo que se sabe científicamente sobre su problema y que este conocimiento lo aplique a la mejora de su vida, de su desarrollo personal y la de su núcleo familiar. Además no es solo educación – es decir, no solo enseña- también apoya.

Según Almendras (2002) la Psicoeducación consiste en un proceso a través del cual el individuo, la familia y la comunidad se informan, se convencen, se fortalecen y se educan acerca de un problema de salud mental, convirtiéndose en protagonistas del proceso de salud (citado en Gallego, 2010), siguiendo objetivos como el proporcionar información de forma comprensible y asequible tomando en cuenta las características individuales de la persona a la que va dirigida; mejorar la autopercepción del paciente y poner énfasis en lo educativo redefiniendo los roles familiares (Rebolledo, 1998; citado en Treto, 2009).

La tarea psicoeducativa, por tanto, promueve que el problema sea afrontado, que la situación sea aceptada, y por ende sea asumida; que la persona pueda posicionarse críticamente frente al problema, para comenzar a pensar en un nuevo proyecto vital (Treto, 2009).

Si partimos de que educar implica proporcionar información, explicar una determinada situación de modo coherente, precisa, sencilla, presentando al educando los elementos necesarios para la comprensión de un tema singular, estimulando conductas adecuadas a la misma (Pérez y Pérez, 2009; citado en Cueto, 2010), entonces comprenderíamos que la psicoeducación no solo tiene aplicación desde un enfoque médico, sino que se extiende a toda una solución de problemáticas sociales que implican el crecimiento y desarrollo armonioso de la familia.

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A partir de aquí, se considera entonces, que toda práctica en estos campos constituye una práctica educativa y orientadora, en tanto se trata de un trabajo intelectual mediatizado por diversos protagonistas, cuyo accionar está enfocado a la relación de ayuda en función de favorecer el proceso de toma de decisiones conservando el estado de equilibrio entre el sujeto y el medio en el que se desarrolla (Arévalo y Maldonado, 2003, citado en Pérez y Pérez, 2009).

Es así que, la intención de unificar salud y educación en una guía, permite inferir el valor asistencial terapéutico y orientacional de esta en el campo de la Psicología Educativa y de la Salud.

Las Guías Psicoeducativas, entonces, constituyen materiales educativos, que parten del diagnóstico de las necesidades educativas de las parejas en este caso, para orientar y educarlas sobre maneras más eficaces de actuar ante determinadas problemáticas, es decir para llevar a vías de hecho la psicoeducación.

La guía psicoeducativa no solo suministra conocimientos, sino que ayuda a argumentar opiniones, contribuye al desarrollo de actitudes y convicciones en la familia; aportando a las parejas la posibilidad de entenderse y tener buena comunicación.

Su función orientadora y educativa se dirige fundamentalmente a ayudar a pensar y actuar en parejas y familia; su valor radica principalmente en el aporte de información, recursos y habilidades para el cambio de actitudes positivas (Cueto,2010), en nuestro caso, para el cambio de las actitudes que sostienen y reproducen la violencia de las parejas al interior de la familia.

Los objetivos de la psicoeducación a nivel individual, familiar o grupal son:

ƒ Promover su compromiso con el cuidado de la salud.

ƒ Promover la búsqueda de comportamientos saludables.

ƒ Promover su protagonismo en el proceso de salud.

El logro de estos objetivos está en relación a la capacidad del psicoeducador de promover, desarrollar y fortalecer en los individuos o grupos la autoestima, la responsabilidad por el autocuidado y la autonomía creciente, ellas constituyen una verdadera fuente de desarrollo y superación del ser humano aún en las situaciones

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consideradas más difíciles o penosas y deben ser consideradas primordiales para alcanzar los objetivos de la psicoeducación (Treto, 2009)

Este tipo de material, realizado con fines educativos para la familia actual, promueve que el problema sea afrontado, que la situación sea aceptada, y por ende sea asumida, que la familia pueda posicionarse críticamente frente al problema abordado, para comenzar a pensar de una manera más racional en cuanto a la situación concreta por la que está atravesando.

Luego de un estudio realizado a partir de la revisión de diferentes guías y programas similares (Díaz, Gómez, Romeu y otros, 2006; Valdebenito y Larraín, 2007; Treto, 2009; Soto, 2010; Gallego, 2010; Hernández, 2010; y Cueto, 2010), la autora asume que la Guía Psicoeducativa constituye un material, cuyo contenido pretende, entre los diferentes miembros de la familia, estimular en dirección positiva la dinámica del hogar mediante la reflexión y la sensibilización; así como la asunción responsable de los roles, propiciando efectos y aportes que canalicen necesidades básicas de aprendizaje de las parejas y de su descendencia en materia de educación para el logro de una convivencia armónica y saludable.

Queda demostrado en las investigaciones realizadas hasta el momento en nuestro país, la enorme necesidad de información que tiene la familia cubana en torno a la relación de pareja, al manejo de diferentes situaciones educativas para evitar la adopción de conductas de violencia, así como la necesidad de una instrucción general a las pareja y familia, que rebase los grupos puntuales e incluya a los profesionales de la salud; que permita identificar las manifestaciones de violencia más allá de su naturalización e invizibilización, fomentando la crítica y la sensibilización con esta problemática.

Se considera que la Guía Psicoeducativa pudiera ser un recurso valioso para estos fines, de ahí que como parte de esta investigación se proponga la elaboración de una, dirigida a las parejas heterosexuales que contribuya, como alternativa de apoyo, a minimizar las expresiones de la violencia en las mismas.

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