El discurso de los medios
Jensen plantea que la comunicación de masas es la principal institución que produce y hace circular significado en la sociedad, por ello, es el proceso más importante en la cultura de masas contemporánea. Constituye una “forma de reflexividad tecnológica e institucionalizada, que produce y hace circular el significado en las sociedades modernas, la teoría sitúa la comunicación de masas en relación con las otras formas culturales, instituciones sociales y la vida cotidiana de las audiencias.”(Jensen 1997, 95) Según muchos autores de los estudios de recepción, (Lull 1995, Silvertone, Jensen1997, Orozco 2004, etc.) la comunicación de masas refleja la dualidad de estructura en la vida cotidiana, para ilustrar como los medios instrumentan esta dualidad en la vida cotidiana, Jensen utiliza la metáfora del tiempo dentro y tiempo fuera. Esta metáfora tomada de los deportes (como el baloncesto, por ejemplo) muestra como una actividad cultural institucionalizada –como la de los medios— involucra a la audiencia en un nivel distinto, pero a la vez integrado, a la vida cotidiana; es decir, suspende el flujo de la vida diaria, pero sólo para involucrarlo en otro nivel del sistema social. (Jensen 1997; 98)
Por tanto, existiría un tiempo dentro de la cultura, que refiere a la continuidad de la semiosis en las prácticas sociales. Como este proceso es el regulador de la vida diaria, -- de la interacción social— se concibe también como el medio que representa e incorpora la acción y la estructura (de la dualidad de estructura) en el contexto de la acción. Por tanto, la semiosis social situada es una condición necesaria para reproducir las relaciones sociales de significado. (Jensen 1997; 99)
En cambio el tiempo fuera sería una práctica separada (diferente del devenir cotidiano, de la rutina diaria), aunque, a la vez, parte de la semiosis social. Permite a los sujetos mirar desde una forma autorreflexiva la agenda explícita de la realidad, les permite contemplar desde una perspectiva social, existencial o religiosa la
comunicación de masas: “La comunicación de masas constituye un conjunto de productos estéticos y un proceso cotidiano, un reino aparte y también una práctica social, un vehículo potencial de normas culturales, superiores y populares… Entonces, los medios de comunicación de masas son instituciones-industrializadas-para-pensar- en… que la antropología identifica”. (Jensen 1997; 98)
En este sentido, elemento distintivo de la comunicación de masas, es el proceso semiótico y la práctica cultural a través de los cuales los medios de comunicación masiva participan en la articulación de los significados en los que las audiencias actúan, en el contexto de la recepción inmediato y también en el contexto social más amplio. (Jensen 1997, 100)
Los medios de comunicación elaboran un discurso para interactuar con las audiencias, un discurso que “incluye la interacción cotidiana y las formas de conciencia que constituyen el medio de la construcción social de la realidad… Por ello defino el discurso como el uso del lenguaje y otros sistemas semióticos en contextos sociales, incluyendo las prácticas reflexivas tales como la ciencia y el tiempo fuera de la cultura…” (Jensen 1997; 108)
El flujo de la vida cotidiana
El discurso de los medios tiene la forma de un flujo que envuelve a la vida cotidiana: “Los contextos cotidianos de los usos de los medios de comunicación, como se ha señalado, configuran, cada vez más, los entornos de los medios de comunicación. El término sugiere que los medios de comunicación disponibles establecen las condiciones de la práctica cultural, por analogía al medio natural, pero con una forma histórica y social específica… Además el flujo o los discursos interrelacionados pueden ser un elemento distintivo de la moderna comunicación de masas, no sólo de la televisión.” (Jensen 1997; 120)
El flujo mediático se constituye como una continuidad de fragmentos discursivos de diferentes medios, programas, espacios que saturan la vida cotidiana; es un flujo interminable, infinito por el interminable proceso de significación de los consumidores. Los medios no suelen ofrecer “obras” completas sino fragmentadas, secuencias de telenovelas, programas de radio, noticias publicadas que refieren a otras noticias, etc. Entre todos los medios, programas, espacios… se constituye un flujo intertextual que tiene coherencia pero, de igual manera, cada fragmento suele tener una coherencia interna.
El flujo es especialmente visible en la programación televisiva. La mayoría de los programas que se observan en la barra cotidiana sólo son fragmentos de una serie, a su vez, una serie es parte de un género… Muchos estudios señalan que una muestra de las tendencias homogeneizantes de la televisión es que la mayoría de programas televisivos se presentan en sólo unos cuantos formatos, lo cual es particularmente cierto para la televisión mexicana, en este sentido los megarelatos contemporáneos son: noticiarios- documentales de la vida real; melodramas-reality shows y; programas deportivos. Esta escasa diversidad está marcada por la histórica estrategia mercadológica de las compañías televisivas para captar a las mayores audiencias. Se ha establecido un círculo vicioso: los medios sólo producen estos géneros y los consumidores privilegian estos megarelatos, en general los productos diferentes, innovadores, suelen tener poco éxito y los medios optan por no producirlos.
En las teorías de la recepción, los géneros, más que propuestas estéticas constituyen estrategias de interpretación. Son como macroestructuras que sugieren al lector un sentido para la interpretación. En gran medida, se constituyen como recursos de los medios para incitar a las audiencias a tomar determinadas posturas.
La estrategia de los géneros textuales
Nuestra investigación plantea a manera de hipótesis que el megarelato que tiene un mayor impacto en la formación y las prácticas políticas de la población es el género de los noticiarios-documentales. Aunque habría que señalar que si bien en países europeos los noticiarios constituyen el principal medio para la formación política de las audiencias, en México, --nuestro caso de estudio--, las audiencias habían roto su pacto de credibilidad con los medios durante el periodo del autoritarismo.13 En este sentido, quizá en nuestro caso de estudio los noticiarios tengan menos importancia que en los países europeos o en los Estados Unidos.
Sin embargo, muchos investigadores señalan que si los medios no tienen capacidad para determinar la forma de pensar de la gente, si la tienen para determinar los temas de la discusión pública, es decir, el llamado efecto “agenda setting”.
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Como la mayoría de medios en México, especialmente los más importantes como las televisoras, se asociaron al régimen autoritario en la fase en que este tenía mayor descrédito, por lo cual, los medios perdieron mucha legitimidad ante el público. Para corroborar esto, en los próximos capitulos expondremos como desde 1988 hasta el 2000, la gente comenzó a votar por la oposición a pesar de que los medios mantenían un apoyo absoluto al régimen autoritario. Además mostraremos muchos casos particulares en los que se observaba el descrédito de los principales medios.
Esto coincidiría con la apreciación de Wolton, según la cual, los medios prácticamente son casi el único canal que usa la gente para informarse en el corto plazo, es decir, para conocer la realidad social de su entorno y su época. Sin embargo, en el mediano y largo plazo, en la forma de evaluar las noticias y de integrarlas a su bagaje cultural, el espectador ya tiene mayores recursos para reinterpretar el discurso mediático. Para hacer estas interpretaciones de mediano y largo plazo, el individuo ya tiene muchos otros filtros, valores, experiencias, ideologías, identidad, etc.
En nuestro caso de estudio, la principal capacidad de los noticiarios y las televisoras, para influir en la población es su gran capacidad de penetración en la audiencia. Según encuestas, casi el 60% de la población mexicana se informaba de política a través de los noticiarios de las dos principales televisoras durante la década de los noventas.14 Otro
gran segmento se informaba a través de la radio (17%) y solo la élite se informaba a través de periódicos y revistas. Las Encuestas de Cultura Política realizadas por la Secretaría de Gobernación en todo el país en los años 2001 y 2005 confirman los datos, el 60% de la población se informa de política por la televisión; un porcentaje menor al 20% por la radio y; menos del 10% por periódicos. (Secretaría de Gobernación 2001 y 2005)
En este sentido, México es un país de analfabetas funcionales, donde la mayoría de la gente no lee ni libros ni periódicos ni revistas, solo consumen televisión abierta (no de pago) y radio.
Aparentemente estas grandes audiencias de la televisión permitiría que éste medio, manejara la “agenda setting”. Sobre todo si se tiene en cuenta que, además, las grandes cadenas de radio pertenecen a los mismos corporativos de la televisión. Entonces, quizá las televisoras no puedan influenciar a la población para que piense como ellas quieren, pero si, por lo menos, que piensen en los temas que ellas plantean.
No es casual que históricamente, las televisoras mexicanas han planteado que su papel no es educar, sino entretener. Pero para cualquier aprendiz de sociólogo es claro que también se socializa entreteniendo, que también se hace política evadiendo los principales temas de política, sobre todo cuando estos refieren al crecimiento y triunfos de la oposición política como sucedió en la década de los noventas, cuando se verificó
14Para sustentar esta afirmación podemos citar una encuesta realizada en 1996 por el IFE y el Instituto de
Investigaciones Jurídicas de la UNAM, el cual arrojó que el 59% de las personas se informan por la televisión; el 17% por la radio; 10% por la prensa; el 6% por los tres y el 7% restante por otros medios o no les interesa. (Martínez 2000a)
la llamada “transición”.15
En este sentido, algunos autores de estas corrientes críticas, han planteado que la principal influencia de ver televisión durante mucho tiempo (como es el caso de México) no es la llamada “influencia ideológica”. Quizá lo más importante de esta actividad es que, mientras mira televisión, la gente no se compromete en una actividad política más seria. Como diría Eagleton, la televisión “es más una forma de control social que un aparato ideológico... Las consecuencias ideológicas de una cultura del ocio más centrada en el hogar quizá se descubran en la atomización de las prácticas de ocio y en las formas sociales de aislamiento respecto de los grupos más amplios... Es así como la ideología del ocio no debe buscarse en el contenido de los noticiarios televisivos o en la forma en que los ciudadanos los interpretan, sino en el hecho de que la televisión está pensada para ser una actividad pasiva y no muy exigente desde el punto de vista intelectual... para la mayor parte de la audiencia, la mayor parte del tiempo, la cultura moderna se cultiva como una forma de escape...” (En Stevenson 1998, 144-145)
En este sentido, durante el régimen autoritario mexicano, las cadenas de televisión “ni educaban ni hacían política” según sus propias declaraciones públicas, ellas sólo admitían entretener a la población. Sin embargo, para la mayoría de los politólogos, la conclusión era exactamente la contraria: hacían política y socializaban “entreteniendo”, es decir, desmovilizando a la población. También, hay que resaltar que ante la crisis de credibilidad de las instituciones públicas en México (gobierno, partidos, políticos, familia, escuela, religión…) los medios, con su estrategia de entretenimiento se han convertido en poderosas influencias, pues ante la juventud no se presentan como instituciones públicas, sino sólo como compañeros de juegos de jóvenes y niños.
Por todo esto, algunos autores (Golding en Stevenson 1998) sugieren que dentro de un estudio integral de comunicación política también se debe revisar con mucha atención el régimen de propiedad de los medios. En cierta medida estos autores suponen que el régimen de propiedad y las relaciones económicas en gran medida determinarán el perfil
15 A raíz de numerosas protestas de la oposición por la parcialidad de Televisa –en
beneficio del PRI--, finalmente en las elecciones de 1994, Televisa (el principal corporativo mediático televisivo) aceptó cubrir a los candidatos presidenciales de oposición. A raíz de este conflicto, Emilio Azcárraga Milmo se deslindaría del PRI: “nosotros somos soldados del Presidente de la República, no del PRI”. Casi sobra aclarar el sofisma de Azcárraga: si el presidente se constituía como el líder de facto, del PRI, entonces Televisa servía al régimen completo, gobierno y partido oficial.
ideológico de los medios, así como una mayor o menor capacidad de las elites políticas para manipular o incidir en los medios.
En México en particular, el régimen legal de los medios electrónicos (radio y TV) suponía una dependencia absoluta hacia el presidente (lo cual veremos en detalle mas adelante), pues este tenía la capacidad legal de otorgar, negar y quitar concesiones de transmisión (de radio y televisión) a discreción, hasta el año 2006 no había ningún órgano estatal o independiente que supervisara este proceso. En el periodo del autoritarismo, esta subordinación provocaba que los medios fueran complacientes con el presidente y que este, a cambio, dispensara cuantiosos privilegios económicos y políticos a los medios.
Sin embargo, cabe aclarar, fue precisamente contra este ingenioso mecanismo de seducción política que la población se rebeló y con ello se demuestra –como sucedió en muchos otros procesos políticos del mundo—16 que la población aun en las circunstancias más difíciles mantiene su capacidad de agencia. No es posible otra explicación, pues hasta 1997, la televisión mexicana mantuvo un pacto inquebrantable con el régimen autoritario pero la población, durante esta década de los noventas comenzó a votar contra el régimen, la oposición comenzó a ganar las elecciones en varias regiones del país y en la legislatura federal (1997). La conclusión obligada es que la población hacía una lectura opositora de los mensajes mediáticos.
16 James Lull, por ejemplo, cita varios casos: “Los levantamientos sociales ocurridos en la China, en los estados del ex imperio soviético, en la India, en Irán y en Venezuela, por ejemplo, ocurrieron porque las condiciones imperantes alentaron la producción de una ideología subversiva y la construcción de interpretaciones y acciones opositoras por parte de la audiencia…” (Lull 1995, 169)