Como ya se abordó anteriormente, y de acuerdo a lo que relatan los códices cuicatecos, el pueblo iñ bakuu se estableció en este territorio aproximadamen- te desde los años 350 a 400 d.C., a partir de cruentas batallas con los chinan- tecos (Doesburg, 2001: 165), como lo relata la imagen 4.
Lograr un lugar implicó la disputa territorial con unos otros, sean chinantecos, zapotecos, mixtecos, nahuas, u otros; estos son también nombrados en lengua d’bakuu como: iñguées, íñnúus, iñdibєs o iñ ndikñá’as; esto nos lleva a mirar que siempre ha tenido que interactuar con otros pueblos, esa relación e interacción pudo ser comercial o más que comercial, de complementariedad simétrica y asi- métrica; también violenta y de confrontación como se evidencia en los códices cuicatecos; lo que es indudable, es que hubo desde entonces la presencia de unos otros que generaron la posibilidad de un proceso de configuración identitaria y de pertenencia.
Entonces, esos otros incidieron e inciden en la configuración de la noción de lo propio de los iñ bakuu, la alteridad entra así en juego; en la construcción de la noción de un nosotros, en la configuración de una mirada distinta sobre lo que está presente material y espiritualmente en un decir y sentir el nosotros.
A decir de Ubaldo Ojeda104:
[Como cuicatecos, ¿qué otra forma tenemos para diferenciarnos de los otros?] Sa’a ildíi ibε níi, a b’iir saa míi, a b’ii ndud ñe’er saaq b’aa, dn’áaillsaa sn- dí’i, bε ndaa t’aka ngε bí’i ñé’er s’úu, dnd’állsaa llibε, chεnε, chií k’nduchii ndukñá’a ñé’ell. [Los mixtecos son unos otros, es otra su palabra, su decir; ellos manufac- turan sombreros, petates, sopladores para avivar nuestro fuego, nos llevamos bien, también con esos objetos nos complementamos con ellos.
Entonces, no son nuestros enemigos… si vamos a Cuicatlán, ¿con quié- nes nos encontramos?]
Ndukuu illnúu ra, ill gué’e ra. [Con los zapotecos y chinantecos también] [¿Y cómo es nuestra relación con ellos?]
Llεbε ra. Ngε n’guíirsaa bεd k’abba s’ú’u, t’ikan túu níi illnd’íikuisaa ll’áall nachii nguíill ngaad ndúu, bεr bé’e u ñá’á ñé’es ñé’e ll’áall. [Es una relación muy buena, no nos conflictuamos, también nos venden sus productos como la jícara para beber nuestro tepache, ellos tienen el árbol que produ- ce la jícara] (Entrevista, 12/03/13).
En este diálogo, es obvia nuestra relación complementaria, aun en estos años, con otros pueblos originarios que habitan en las proximidades del territorio iñ bakuu.
En el mapa siguiente (Matadamas, 2007: 393), se muestra la presencia de otros pueblos cercanos al territorio de los iñ bakuu (la imagen 5), pueden localizarse los espacios de los pueblos mencionados: cuicateco, mazateco, chocholteca-popoluca, mixteco y zapoteco (no aparece el chinanteco por la naturaleza del mapa).
104 Ubaldo Ojeda Palacios, es fue agente municipal de Lldεkε en el año 2013.
A partir de la Conquista, la relación con los otros pueblos de la demar- cación que se conoce como La Cañada, se siguió manteniendo como hasta ahora, la diferencia estriba, en que los territorios, la cultura y las formas de interacción cambiaron en su manifestación; así, la posesión del territorio se pasó de propiedad con sentido comunal mancomunado –dado que los ca- ciques de entonces ejercían una autoridad a base de convencimiento, y bajo acuerdos cedían los terrenos para que se cultivaran– a propiedad particular de los núcleos de población, según el caso (Doesburg, 1996: 128).
Con la dominación española, se transgrede esa forma de propiedad terri- torial e inician los conflictos por la posesión de distintos predios (Doesburg, 2002, 113), específicamente de la parte baja; la dominación española –y con- secuentemente la visión indoeuropea respecto a la tierra–, implicó conflictos intracomunitarios, es decir, en el interior de las propias comunidades, como los que relatan los códices cuicatecos.
La presencia de esos otros muy otros por su concepción de mundo, quienes ve- nían de una matriz cultural distinta, modificaron las prácticas de producción al in- troducir la caña de azúcar para producir alcohol y endulzantes, al cultivar también cítricos y frutales como el mango, con lo que se modificó y diversificó la produc- ción; no obstante, el efecto de las relaciones políticas y de producción mediante la imposición de formas de organización territorial y la explotación brutal ejercida por los españoles, incidió en la población nativa de manera adversa, de hecho, re- presentó un etnocidio. Esto motivó a que en 1542 la Corona española emitiera la disposición de que en toda producción relacionada con la caña de azúcar (Motta, 2011: 6), dejara de ocuparse la fuerza de trabajo local, para ello, conjuntamente con otros imperios europeos que estaban en la conquista de África, se hizo legal el co- mercio de esclavos, esto modificó la presencia humana en Lludu Ingu’a’a, la Cañada cuicateca, y aparecieron otras formas de ser/estar y nombrar el mundo.
En la geografía iñ bakuu, aparece entonces la población traída de África; ésta se ubicó en las haciendas de Tecomaxtlahuaca, Güendolain y La Iberia, donde se producía la caña de azúcar; los ritmos de producción que se le exigía, así como las limitantes en la procreación y la asignación de espacios para habitar, muestran la intención de los europeos hacia esta población: la extinción; no obstante, aún en la adversidad, la población africana-ñ’a kuañ105 sobrevivió y se
reprodujo en condiciones infrahumanas; dadas las normas poblacionales que se impusieron por la Corona española a los esclavos de origen africano (Motta,
2011: 3), la sobrevivencia de la población Afro-Abya Yala, constituyó un verda- dero logro biológico y cultural.
Así, la geografía de la Cañada tuvo un nuevo actor involuntario, sólo en lo económico en sus inicios, pero con sus prácticas culturales, en lo mate- rial, simbólico y político-social e incluso territorial; un ejemplo palpable es el nombre de una presa derivadora de las aguas del Río Grande cuyo distrito de riego se llama Matamba, nombre de una mujer luchadora del continente africano106; lo que diversifica aún más la mixtura que se presenta en el siglo
xxi, que hoy se presenta como autor y actor de los discursos y las tramas que envuelven a la población de la región Cañada de Oaxaca.
Como es evidente, la presencia europea alteró e incidió en la geografía, tanto en la modificación de la población como en los referentes para la con- figuración de mundo; por ejemplo, otorgó cédulas reales a las comunidades y caciques, de acuerdo con su conveniencia; estos documentos se conocen hoy como títulos primordiales de las comunidades, como el de Tepeuxila107. Estas
cédulas reales, de una u otra forma, reconocen una particular manera de propie- dad colectiva del territorio –además del reconocimiento individual de la propie- dad privada de la tierra en la región iñ bakuu–; basada en las características de estos territorios: en la parte alta, donde los territorios son agrestes, prevalecieron
105 Nombrar a la población de origen africano en el territorio iñ baakuu, se tornó más en adje-
tivo. La enunciación n’a kuañ, proviene de dos palabras: n’a es rostro y kuañ-negro; así, a esta población se le denominó, por su apariencia, como “los de rostro negro”; lo que nos remite a la intención de los iñ bakuu de marcar la diferencia por la apariencia física, no de origen histórico político como los iñ d’ibє, que tiene otro sentido.
106 Para mayor referencia, puede consultarse la página: http://www.nuevatribuna.es/articulo/
cultura---ocio/la-reina-de-angola-nzinga/20120305100526071406.html
107 Título expedido por Carlos v en 1548 que reza así: “Título del pueblo de Tepeusila, año, 1548
Señor don Carlos Quinto, por la gracia de Dios. Rey de Castillo de León de Aragón, de las dos Cicilias de Jerusalén de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia y de Mayorca (…) Capitán General de esta Nueva España y presidente de su Real Audiencia Chansellerrería. He recibido la Real Cédula de su Majestad y para su debido cumplimiento al Juez privativo para que se sirva extenderlo por todos estos dominios de esta Nueva España para que se cumplan las reales disposiciones de su Majestad dando cuenta con todo lo que practicare México, Octubre 28 de 1548 (…) su oidor más antiguo esta Real Audiencia, Juez Privativo de Ventas de Tierra Indul- tos por la presente, ya los que tocare perteneciere en el distrito y jurisdicción de esta Nueva Es- paña Que Dios fue por su Real Cédula, que expidió en Madrid a quince agosto del año de 1547, refrendada por don Josep de Sarnoano secretario fue servido de dar comisión al señor licenciado Don Francisco Ramírez de su concepto en el Real y Supremo de los Indios de la Real Corona de la Tierras de la segunda cabecera de Tepeuxila, Sitios, aguas, ríos, cerros y montes que pertenece en estas indias…” (Oficina de Bienes Comunales de Tepeuxila).
los títulos primordiales, mientras que en los terrenos de planicie de la parte baja, la posesión fue más ambigua, lo que permitió su posterior privatización.
Instaurada la dominación española en los terrenos de mayor productividad y aptos para producción extensiva, la otra parte del territorio iñ bakuu no fue afec- tada sino hasta después de la Independencia; las Leyes de Reforma, al iniciarse la desamortización de las propiedades de la iglesia, también abarcan la propiedad comunal de los pueblos indios, que en ese entonces se les llamó tierras baldías y ociosas (Suprema Corte de Justicia: 90); esto, porque la manera de vivir y estar en la naturaleza desde la mirada europea, era totalmente diferente a la forma de entenderla por el pueblo iñ bakuu. Para los europeos, la tierra es un espacio para producir bienes de consumo necesarios para la vida humana, su explotación es condición de existencia y enriquecimiento de la especie humana, por lo que re- quiere estar en producción constante mediante su fertilización y la rotación de cultivos. Como contraparte, para los campesinos nativos, la tierra merece des- cansar-ntab tuunúu108, tener un tiempo para reponerse del agotamiento que le
produce el cultivo constante; los ancianos y aun las personas mayores de las co- munidades de este pueblo, normalmente trabajan dos, tres y quizá cuatro años consecutivos en una extensión, posteriormente, se trasladan a otro sitio para pre- parar la tierra e iniciar un nuevo ciclo productivo en otro lugar, lo que les permite no agotar el suelo y seguir produciendo en otro momento en la misma extensión sin recurrir a la fertilización con agroquímicos cada día más potentes.
Precisamente por esa concepción que se tiene a la tierra como ser vivo, ningún espacio es considerado excedente, sino que es complemento necesa- rio para la vida en un espacio rural.
En las décadas de los años 50 a 90 del siglo xix (Robles, 2004: 416), gran- des extensiones de territorio pasaron de ser propiedad comunal a propiedad individual; en las zonas planas y tropicales, potencialmente productivas para
cultivos de exportación como el café, se afectó así el territorio de los iñ bakuu; es el caso de la Cañada y fracciones de territorios ubicados en zona tropical y subtropical, en estos últimos, se cultivó el café y varios tipos de té.
Este proceso de desposesión territorial que impactó en comunidades como San Juan Teponaxtla y San Pedro Teutila, trajo además, modificaciones tanto en la producción agrícola y campesina, como en la propiedad de la tierra, es decir, en la cultura en general; en las fincas cafetaleras que se denominaron: El Faro, Unión Francesa y Moctezuma, para la producción se contrató a personas de lugares cercanos y también de lugares distantes, generalmente no nativos, pero de procedencia indígena en su mayoría. Así, las fincas cafetaleras y de cultivo de té fueron espacios de concentración multiculturales, lo que modi- ficó nuevamente la geografía y concepción de vida en los lugares cercanos a las fincas. En el caso de las fincas Unión Francesa y Moctezuma, directamente impactaron en la comunidad de San Juan Teponaxtla, debido a que quienes de- cidían no continuar trabajando en ellas, radicaron o se refugiaron en los cen- tros de población más cercanos, insertándose así en dicha comunidad, estas personas, en su interacción con los nativos, iniciaron un proceso de inserción que significó una relación multi e intercultural.
Las distintas sociedades humanas, en sus diferentes momentos y perio- dos sociohistóricos, siempre han construido sus imágenes de mundo a través de los instrumentos, artefactos y dispositivos sociales, los que a partir de las estrategias enunciativas específicas arriban a determinadas prácticas discur- sivas como sujetos y sociedades. La lógica de desarrollo y progreso que Porfi- rio Díaz instauró durante sus sucesivos periodos presidenciales, introdujo el ferrocarril como medio de comunicación y transporte (Reina, 1998: 15); esto apuntaló la producción agrícola y frutícola de carácter comercial, que a su vez modificó los calendarios productivos de la zona, así como su diversificación.
Como consecuencia de la práctica gubernamental de poner en marcha procesos de desarrollo desde la perspectiva del porfirismo, el desplazamiento territorial y otras formas de despojo, generaron la lucha de los pueblos y co- munidades originarias y mestizas; muchas de estas resistencias se organizaron, en el caso de la Cañada oaxaqueña, en torno al Partido Liberal Mexicano,
108 Esta expresión ntabtuunúu, no tiene un equivalente exacto en lengua castellana, sin embar-
go, se le entiende como dejar que la tierra descanse, cuidarla para que se reponga del agota- miento; es una enunciación un tanto biológica, ya que se dice de la misma manera la necesi- dad humana de reposar y dejar que el cuerpo tenga nuevas energías para continuar la tarea.
encabezado por los Hermanos Flores Magón, el cual ejerce cierta influencia en diversos aspectos de la política regional en los años previos a la revolución y durante ésta; en lo político social, se incita a la insubordinación al poder de los gobiernos estatal y federal (Regeneración, 15/12/1900); el club liberal también influye en la situación religiosa al propagar ideas anticlericales y una moral laica; por otra parte, se da cobertura a la expresión política del sexo femenino (Regeneración, 28/02/1901), una práctica periodística cercana a lo que hoy se propone como “equidad de género”.
Lo anterior prepara las condiciones para la modificación del escenario social del entorno de los iñ bakuu, que posteriormente, una vez avanzada la Revolución, repercute en la repartición de las tierras de los hacendados, fundándose los ejidos tanto en la parte baja como en algunos parajes de las tierras serranas.