2.3 Multi-variate pattern analysis and matrix decompositions
3.1.4 Statistical connectivity baseline caused by component selection
(IIL) y un continuum de publicaciones nacionales y extranjeras en aras de mantener actualizada la temática y contribuir a su difusión68. Las bases documentales de este capítulo -
al igual que los precedentes-, se apoyan en documentos oficiales como: Tratados y Convenios Constitutivos, Documentos de Cumbres Presidenciales, y autores que -por haber estudiado o participado en la gestación de las instituciones- han escrito sobre el tema.
3. 1. El contexto regional y mundial
Los nuevos mecanismos financieros surgieron en medio de los trascedentes acontecimientos financieros ocurridos en 2007-2008 que hicieron visibles las fisuras del régimen de acumulación concentrado en pocas manos; generador de profundas desigualdades y vulnerabilidades sociales. Las desigualdades, se manifestaron en la distribución desigual de poder y la desigual posibilidad de participar en el diseño de políticas públicas. Efectivamente, un puñado de ciudadanos locales y mundiales tiene la posibilidad de cercenar los espacios de deliberación y de participación; generando aquello que García Linera (2015) denomina “procesos de ciudadanización neoliberales”. Es también, lo que De Sousa Santos llamó “fascismo social”, es decir, “un régimen social que combina la democracia de muy baja intensidad con dictaduras plurales en las relaciones sociales, económicas y culturales” (…) donde “los grupos sociales dominantes adquieren un derecho de veto sobre la vida y las expectativas de grupos sociales oprimidos”, (…) “no es un régimen político sino un régimen social y civilizatorio; promueve la democracia representativa al mismo tiempo que destruye
68 Entre las investigaciones cabe señalar:
1)“Mercosur y Comunidad Sudamericana de Naciones: ¿hacia dónde van?”. Directora: Noemí Mellado. Acreditado por la Secretaría de Ciencia y Técnica, U.N.L.P. (Código 11-J084) - Periodo 2006-2009.
2)“Regionalismo sudamericano: viejas y nuevas problemáticas en clave de mejorar la gobernabilidad regional”. Red de Formación de Postgrado e investigación en integración regional (Tercera Parte) REDFIRE III -. Directora: Noemí Mellado. Periodo 2012.
3)“Regionalismo sudamericano: inclusión social, asimetrías y medioambiente en clave de mejorar la gobernabilidad”. Directora: Noemí Mellado. Acreditado por la Secretaría de Ciencia y Técnica, U.N.L.P. (Código 11J119) - Periodo 2012-2014.
4) Fuerzas centrífugas y centrípetas en el proceso de integración MERCOSUR”. Directora: Noemí Mellado. Acreditado por la Secretaría de Ciencia y Técnica, U.N.L.P. (Código 11J153) - Periodo 2016-2017.
Entre los trabajos científicos y de divulgación se destacan: Schaposnik y Pardo (2008; 2009; 2011a, b y c; 2013 a, b, c y d); Pardo y Schaposnik (2012; 2013 a y b); Pardo (2017 a y b).
82 las condiciones de ejercicio efectivo de los derechos democráticos de la gran mayoría” (Schijman, 2011, p. 4).
Ello provoca, sin dudas, un deterioro de las condiciones sociales, educativas, de salud, laborales, de hombres, mujeres y niños; arrastrándolos a situaciones de riesgo e indefensión propios de la vulnerabilidad social. De manera que la trata; la prostitución; la persistencia del patriarcado en las relaciones laborales y familiares; las migraciones riesgosas o forzadas; son la consecuencia de un modelo de mundo excluyente, que no tiene en cuenta al ser humano y lo lleva a vivir en la indignidad. Si bien existen derechos humanos consagrados como universales; su existencia no garantiza por sí sola su disfrute, convirtiéndolos en abstractos, generales e ideales. Esto ha sido puesto de manifiesto, como se verá en el capítulo siguiente, por los movimientos sociales feministas, campesinos, los sin tierra, o, los que luchan por la anulación de la deuda en el tercer mundo, visibilizando que otros derechos son posibles, y que otro mundo es necesario y posible.
Políticamente en la región, Toussaint (2010, p. 137) evidenciaba por entonces, la presencia de gobiernos aliados a Washington como Colombia, Perú y México; también, la de presuntos gobiernos de izquierda que llevaban a cabo una política neoliberal y apoyaban a la burguesía nacional o regional en sus proyectos, como Brasil, Uruguay, Chile, Nicaragua o Argentina; y otros que intentaron mantener buena relación con EE. UU., como Chile o Brasil, con su voluntad de firmar acuerdos bilaterales. Por último, países como Venezuela, Bolivia y Ecuador enfrentados con EE. UU. y la posición de importantes sectores de las élites capitalistas locales. Por su parte, Briceño Ruiz (2010) observaba un proceso de reconfiguración del hemisferio en torno a una fragmentación en tres ejes: por un lado, el “eje del regionalismo abierto-TLC” ampliado a América Central, parte del Caribe y Sudamérica centrado exclusivamente en el comercio; por otro, dos que eran críticos a este último: el “eje revisionista” cuya expresión la constituía UNASUR, y el “eje anti-sistémico” representado por el ALBA-TCP (p. 44 y 45).
En tanto Serbín (2010, p. 7), advertía una tendencia que rescataba “el capital acumulado de las experiencias comercialistas desarrolladas en el marco del Consenso de Washington en función de una visión productivista y, fundamentalmente, política, que permite incrementar los niveles de autonomía de los países de la región frente a EE. UU. y diversificar sus vínculos a nivel internacional, como lo ilustra el caso de Brasil y UNASUR”. La otra, “con
83 una visión distintiva de carácter ideológico y geopolítico, en franca contestación con EE. UU.” como Venezuela y el ALBA-TCP. En su opinión, las dos visiones, “coinciden en un marcado retorno al estatismo y en su aspiración a una mayor autonomía o al rechazo del rol hegemónico de EE. UU.”, (…) “pero se diferencian en sus contenidos”.
Mellado (2013, p. 308) identificaba también, “una declinación del peso de EE. UU. en la región, el ascenso de nuevos polos dinámicos de crecimiento como China, India, Rusia y Sudáfrica, un tinte político más progresista en los gobiernos regionales y un mayor protagonismo político y económico de Brasil”. En ese escenario, ciertos procesos de integración regional -CELAC, ALADI-, y subregional -CAN, MERCOSUR, ALBA-TCP-, UNASUR-, podían considerarse manifestación de un regionalismo que la literatura empezaba a llamar como “nuevo”, “en construcción”, “en transición” o “posliberal”. Más allá de los matices, ponían “al descubierto un regionalismo con diferentes velocidades y a la vez asimétrico”; buscaban “una mayor autonomía regional enmarcada en nuevos consensos”; se extendían “a otras dimensiones como la social, medioambiental y política” yendo más allá de lo estrictamente comercial; y presentaban “pertenencias múltiples que persiguen distintos objetivos y valoraciones”.
Sin dudas, tanto el ALBA-TCP como la UNASUR se caracterizaron por incorporar dimensiones superadoras de las económicas o comerciales, que permitía englobarlos en una categoría general de 'nuevos regionalismos'; aunque, no se originaran en los mismos presupuestos ideológicos ni tuvieran los mismos objetivos (Schaposnik y Pardo, 2013b). Se plantearon como alternativas de aquel modelo de integración neoliberal que, para Schaposnik E. (1992) alentaba “la copia del modelo clásico de desarrollo capitalista avanzado, sin pensar en las diferencias existentes, tanto históricas como estructurales, entre Europa, Estados Unidos de Norte América y América Latina” (p. 29). Además, contaron con el apoyo de organizaciones y movimientos sociales por considerarlas alternativas al capitalismo y a la globalización financiera; capaces de construir una identidad regional en un escenario complejo con esquemas de integración heterogéneos cuyos propósitos, a veces, eran contradictorios entre sí (Schaposnik y Pardo, 2013b).
De manera que, revertir las situaciones de deterioro social apuntadas, cerrar esa “vena abierta” de América Latina no era una tarea sencilla porque presuponía enfrentar la lógica del capital financiero especulativo (Rivas Alvarado, 2007); e indudablemente, requería poner en
84 discusión, entre otras cuestiones, el sistema financiero internacional diseñado en los acuerdos de Bretton Woods; así como, el BID y la CAF. Parte de este debate se dio en espacios multilaterales como en la reunión del G20 realizada en abril de 2009, donde se reconoció que “una crisis global exige una solución global”; sin embargo, los países sólo se comprometieron a reparar el sistema para restaurar el crédito, reforzar su regulación y aportar fondos a las instituciones financieras internacionales; descartando el nudo central del problema69.
También, se dio en iniciativas regionales tales como la UNASUR y el ALBA-TCP-, ya que difícil resultaba, negar u ocultar la necesidad de un sistema financiero previsible y no discriminatorio para superar las desigualdades y vulnerabilidades sociales.
3. 2. Las iniciativas de integración y los nuevos instrumentos monetarios y financieros