CHAPTER 2 – CONCEPTS OF EXPERIMENTAL TECHNIQUES
2.2 Steady-State Polarization Measurements
E
l tema de los organismos transgénicos y de su aplicación en el sistema alimentario humano suscita temores y es- peranzas que comprometen principalmente el interés macro bioético por sus impactos ecológicos discutidos en biopolítica, donde se ha hecho clásico el Principio de Precaución, del cual hablaremos más adelante. Vale anotar que las biotecnologías transgénicas se ocupan, además del sistema alimentario humano, de otros aspectos muy importantes como: alimentación animal, salud humana, salud ambiental, industria y armamentismo, entre otros. Cada uno de estos temas y sus particularidades ameritan estudios bioéticos ad hoc, tareas que desbordan los propósitos del presente libro.Debo decir inicialmente que mi posición personal ante los avances de la tecnociencia es proactiva, lo que significa que estoy a favor siempre y cuando obtengamos ganancias para el ser humano y el planeta Tierra, minimizando ries- gos para ambos. Riesgo cero no existe y el mero hecho de vivir es una aventura que no podemos dejar de correr sin la debida prudencia. Hay que ver el riesgo no solo como
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peligro, sino también como oportunidad de progreso, calculando ambos a inmediato y largo plazo. Lo más difí- cil de prever es lo que pueda ocurrir a largo plazo, pero el Principio de Precaución nos ofrece una buena ayuda al respecto. En esta perspectiva se inscribe el análisis de las biotecnologías que se ocupan de modificar genéticamente los organismos, sin que a ojos cerrados las endiosemos o las diabolicemos. Tampoco metamos en un mismo saco to- das las bioingenierías, con mayor razón las que se ocupan de hacer modificaciones genéticas, puesto que una juiciosa crí- tica ética tiene que analizar por separado cada una de ellas. Para hacer un debate bioético de los Organismos Modi- ficados Genéticamente (OMG) es muy importante detener- nos previamente en unas consideraciones que nos introduzcan al tema. Primeramente, no podemos hacer jui- cios bioéticos sin los datos de las ciencias, los más objeti- vos, rigurosos y serios, para no caer en conceptos errados, sesgados, o equívocos. La Bioética se mueve en el campo de los saberes científicos, de manera interdisciplinaria, para hacerles compañía en pos de emitir juicios de valor moral, a favor del cuidado responsable de la vida en todas sus manifestaciones.
La mirada bioética al tema de transgénicos que nos con- voca, cuenta con un amplio margen de incertidumbre. Par- te de la incertidumbre proviene de falta de suficientes datos comprobados científicamente, sobre la incidencia del consumo de alimentos transgénicos (o sus deriva- dos) en la salud humana, el impacto negativo en el me- dio ambiente, en los sistemas culturales, en la economía de los países, etc. La opinión pública y las instituciones que normatizan el uso de estos productos viven dicha incertidumbre. En razón de esta incertidumbre se pola- rizan las posiciones a favor o en contra de los OMG, y también se cuenta con los indiferentes, a quienes les da igual cualquier cosa con tal de no fatigar el cerebro con el esfuerzo de pensar. La Bioética ofrece su aporte a sabiendas de que ella tampoco está libre de incertidum- bre y que no puede ser un factor más de perturbación y de enrarecimiento del debate sobre el tema. Con caute- la, hablaremos de posibles riesgos y no de certezas. El sólo hecho de advertir discretamente sobre los riesgos posibles no es hacer afirmaciones calumniosas contra
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los OMG. Tampoco es cerrarse obcecadamente al uso de dichas biotecnologías. Cualquier cosa que se diga en torno a ellas debe partir del uso normal y no de abusos ni de aplicaciones indebidas.
Tenemos que agradecer a los científicos y tecnólogos todas las cosas maravillosas que hacen a favor de la humanidad. Estoy por la tecnociencia, creo que es una de las cosas más maravillosas que la inteligencia humana ha estado producien- do y producirá a favor de la supervivencia y la calidad de vida; estoy con ella y pido que la hagamos con conciencia, buscan- do cómo hacer las cosas bien, por ensayo y error, como es todo proceso humano.
Es cierto que las tecnociencias comportan riesgos, pero no hay que llenarse de temores sino abordarlos con crite- rio ético y esperanzador. Existen muchos tipos de tecnociencias. En el caso que tratamos en este capítulo, nos ubicamos en el debate de aquellas biotecnologías que ofrecen modificar artificialmente los genomas de productos agroalimentarios, tema apasionante para la imaginación creativa de los científicos.
Por los años sesenta, el debate se centró en la llamada revolución verde, a la cual nos comprometimos sin mayor reflexión ética sobre las consecuencias nefastas del uso de abonos, herbicidas e insecticidas químicos en la produc- ción agrícola industrial para alimentar la temida explosión demográfica. Cuarenta años después, no sólo estamos cayen- do en la cuenta de los daños severos al medio ambiente y a la salud humana causados por la revolución verde, además de mayor dependencia económica que nos produjo de los países altamente industrializados, fabricantes de los agroquímicos y de las semillas mejoradas, sino que también observamos una disminución del crecimiento vegetativo de la población huma- na después de llegar a los 6.200 millones de habitantes.
Hoy tenemos otra alternativa para escoger: la agricultu- ra orgánica o ecológica. Pero, no se trata de hacer opciones radicales por una u otra, que se excluyan entre sí. Posi- blemente podemos tomar decisiones eclécticas, escogien- do lo mejor de todas y rechazando lo malo que contengan. Dice AEDENAT, Asociación Ecologista de Defensa de la Naturaleza, institución española que mantiene una oposi- ción radical a los productos transgénicos, posición que no comparto por ser tan radical:
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La nueva tecnología genética se nos vende como la tecnología del futuro, pero se nos impone, Hoy, sin haber dado tiempo al tiempo para evaluar sus peligros, y sin siquiera darnos opción a opinar.
¿Qué hay de cierto en las grandes promesas de la industria sobre cultivos milagrosos, alimentos más sanos, y cuidado del medio?
La cruda realidad es que los alimentos manipulados genéticamente no son más baratos, ni más sanos, ni solucionan los grandes problemas de la humanidad. Muy al contrario, la práctica totalidad de los nuevos cultivos han sido diseñados exclusivamente con el objetivo de aumentar las ganancias y el control del mercado mundial de alimentos por la industria agroquímica transnacional, que controla el gran negocio mundial de los herbicidas y plaguicidas químicos, y que recientemente se ha fusionado con las grandes casas mundiales de semillas1
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