[…] A cada una de las piedras la golpea el agua, Y cada una, piedra y agua, fluyen juntas
Y forman esa que no tiene nombre,
Pues es justo ahí donde se acaban las palabras. Tomás González
Manglares
La problemática del nombre del personaje ha sido estudiado, a propósito, por ejemplo de los rasgos que le son comunes a la novela tradicional o a la novela moderna: “El nombre constituye uno de los factores primarios para la caracterización de los personajes en la novela tradicional- tal como acontece en la vida-; por eso en algunas novelas modernas, el autor se niega a conceder un nombre explícito a sus personajes” (Aguiar, 1972, p. 229).
76
El narrador utiliza diferentes epítetos en el transcurso de la novela para referirse al personaje, los más utilizados son: “El que se pierde entre la vegetación”, “Él”, “El que hoy se pierde entre las plantas”. En la novela van apareciendo otros epítetos que además, describen una situación posterior o presentan rasgos constitutivos del personaje.
En el orden de aparición en la novela, el narrador se refiere al personaje como: “[…] él, el que hoy desaparece entre las plantas” (González, 2012, p.10). “según el que desaparece hoy entre la exuberancia de sus cuatro cuadras” (González, 2012, p.36). “[…] pero él, el que hoy se pierde como fantasma entre árboles y jardines” (González, 2012, p.43). “[…] y de él, el que se movía como un mico por entre la espesura que él mismo
ayudaba a crear” (González, 2012, p. 79). “Cuando él, el que se pierde entre la vegetación”
(González, 2012, p.92). “[…] y de él, el que más tarde sería considerado por algunos, tal vez de manera injusta, como indirectamente culpable de la muerte de sus hermanos” (González, 2012, p 93). “[…] él, el que vive tras sus muros” (González, 2012, p. 135). “El
que se hunde en la espesura que él mismo había ayudado a crear”. (González, 2012, p.152).
La referencia del narrador en los epítetos señala unos rasgos del personaje que se han abordado en el presente estudio. “Él” desaparece en medio de las plantas que ha sembrado, se recalca el carácter exuberante de la naturaleza que habita en la finca. Se encuentra la referencia a “él” como un fantasma, como un mico que se confunde con la vegetación. También se presenta la relación del muro, aspecto determinante en el distanciamiento que el personaje establece con su familia y su contexto social. El último epíteto hace referencia al desenlace de “Aquel” pues termina confundiéndose con la naturaleza.
“Él” aparece en otras novelas de Tomás González, pero en éstas tampoco se
menciona su nombre. En Primero estaba el mar se dice que un hermano de J. fue a recibir
el cadáver al golfo de Urabá. Se sabe que es “el que se pierde entre la vegetación” pero ningún personaje dice su nombre. En La historia de Horacio, el narrador se refiere a los
hermanos como “los de Álvaro” (2011b, p. 13) y a “Él” como: “Él que sabía de árboles”
(González, 2011b, p. 73). Lo cual, indica que hay una construcción de un personaje que trasciende las fronteras de una novela pues el autor poco a poco va configurando en los detalles.
77
La no escogencia de un nombre para el personaje aparecerá en otras novelas de González, pero podría decirse que no es tan frecuente y además se da de distinta forma en cada novela. En Primero estaba el mar J. puede indicarse como la inicial del nombre
correspondiente al personaje. Esa relación se posibilita aún más cuando el lector se da cuenta, por medio de otros textos, que así se llamaba el hermano de González en quien está basada la novela. En Temporal el padre no tiene nombre aparece en el relato como “El rey”,
este epíteto se relaciona con el carácter del personaje, pues es quien decide el destino de otros personajes, como su esposa y sus hijos.
En Los caballitos del diablola mayoría de veces se utiliza el epíteto “él” refiriendo
al pronombre personal, en otras ocasiones se utiliza el pronombre personal acompañado de una descripción del entorno o de la influencia que ejerce el contexto en la configuración del personaje. El uso de la tercera persona puede considerar varias implicaciones. Emile Benveniste indica: “La forma llamada de 3ª persona trae consigo por cierto una indicación de enunciado sobre alguien o algo, mas no referido a una “persona específica” […] la consecuencia debe ser formulada netamente: la “3ª persona no es persona”; es incluso la forma verbal que tiene por función expresar la no-persona” (1979,p.164). En los epítetos
referenciados anteriormente, se indican rasgos que podrían ser constitutivos de cualquier sujeto, lo fantasmagórico, lo animal, hacen parte de esa constitución. De igual forma, se percibe que las referencias a la relación del personaje con el contexto, indican una especie de borramiento del personaje, pues se indica pérdida y desaparición en medio de la exuberancia natural.
En el sujeto, personaje principal, resulta casi inexistente el carácter de unicidad: “En efecto una de las características de las personas “yo” y “tú” es su unicidad específica: el ‘yo’ que enuncia, el ‘tú’ a quien ‘yo’ se dirige son cada vez únicos. Pero ‘él’ puede ser una infinidad de sujetos -o ninguno” (1979, p.166). Solo está determinada en algunos apartados de la novela donde al pronombre le sigue una aclaración sobre la condición o el contexto del personaje.
78