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Stochastic Capacity Estimation Based on Models for Censored Data

CHAPTER 3: METHODOLOGY

3.2. Stochastic Capacity Estimation Based on Models for Censored Data

¿Nos acostumbramos tanto, a veces, a las bendiciones que hemos recibi-do como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que no logramos comprender ple-namente el milagro y la majestuosidad del discipulado en la verdadera Iglesia del Señor? ¿Somos culpables de subes-timar el más grande de los dones que se nos puede ofrecer en esta vida? El Salvador mismo enseñó: “Y si guardas mis mandamientos y perseveras hasta el fin, tendrás la vida eterna, que es el mayor de todos los dones de Dios” 2.

Nosotros creemos que esta Iglesia es más que un buen sitio adonde ir los domingos y aprender a ser una buena persona. Es más que un bonito club social cristiano en el que nos podemos asociar con gente de buenos principios morales. No es tan solo un gran con-junto de ideas que los padres pueden enseñar a sus hijos en casa para que sean personas buenas y responsables. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es infinitamente más que todas esas cosas.

Piensen un momento en las pro-fundas afirmaciones que proclamamos como religión. Creemos que la misma Iglesia que Jesucristo estableció mientra estuvo en la tierra ha sido restaurada por un profeta llamado por Dios en nuestra época y que nuestros líderes poseen el mismo poder y autoridad para actuar en nombre de Dios que poseyeron los Apóstoles de la antigüedad. Se llama el sacerdocio de Dios. Proclamamos que, mediante esa autoridad restaurada,

podemos recibir las ordenanzas salvado-ras, tales como el bautismo, y disfrutar del don purificador y refinador del Espíritu Santo para que siempre esté con nosotros. Tenemos apóstoles y profetas que dirigen y guían esta Iglesia por medio de las llaves del sacerdocio, y creemos que Dios habla a Sus hijos mediante estos profetas.

También creemos que este poder del sacerdocio hace posible que hagamos convenios y recibamos ordenanzas en los santos templos que algún día nos permitirán volver a la presencia de Dios y vivir con Él para siempre. También proclamamos que, por medio de ese poder, las familias pueden estar juntas para siempre cuando las parejas entran en el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio en edificios sagrados que nosotros creemos que literalmente son las Casas de Dios. Creemos que podemos recibir esas ordenanzas sal-vadoras no solo para nosotros mismos sino también para nuestros antepasados que vivieron sobre la tierra sin tener la oportunidad de participar en estas imprescindibles ordenanzas de salva-ción. Creemos que podemos efectuar las ordenanzas a favor de nuestros antepasados de forma vicaria en esos mismos santos templos.

Creemos que, por medio de un pro-feta y el poder de Dios, hemos recibido Escrituras adicionales, agregando su tes-timonio al de la Biblia que declara que Jesucristo es el Salvador del mundo.

Proclamamos que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos

Días es el Reino de Dios y la única Iglesia verdadera sobre la tierra. Se llama la Iglesia de Jesucristo porque Él está a la cabeza; es Su Iglesia, y todas estas cosas son posibles gracias a Su sacrificio expiatorio.

Creemos que estas características distintivas no se encuentran en ningún otro lugar ni organización sobre esta tierra. Por muy buenas y sinceras que sean las demás religiones, ninguna tiene la autoridad de proporcionar las ordenanzas de salvación que están disponibles en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Tenemos un conocimiento de estas cosas, pero ¿las creemos? Si estas cosas son verdaderas, entonces tenemos el mensaje más grandioso de esperanza y ayuda que jamás haya conocido el mundo. Creerlas es una cuestión de importancia eterna para nosotros y para los que amamos.

Para creer, ¡tenemos que llevar el Evangelio de nuestra mente a nuestro corazón! Es posible que simplemente actuemos mecánicamente al vivir el Evangelio porque se espera que lo hagamos, o porque es la cultura en la que nos hemos criado o porque es un hábito. Algunos quizás no hayan expe-rimentado lo que sintió el pueblo del rey Benjamín tras escuchar su sermón tan convincente: “Y todos clamaron a una voz, diciendo: Sí, creemos todas las palabras que nos has hablado; y ade-más, sabemos de su certeza y verdad por el Espíritu del Señor Omnipotente, el cual ha efectuado un potente cambio en nosotros, o sea, en nuestros cora-zones, por lo que ya no tenemos más disposición a obrar mal, sino a hacer lo bueno continuamente” 3.

Todos debemos procurar cambiar nuestro corazón y naturaleza misma para que ya no tengamos el deseo de seguir los caminos del mundo, sino de

complacer a Dios. La verdadera conver-sión es un proceso que se lleva a cabo a lo largo de un tiempo e implica estar dispuestos a ejercer la fe. Viene cuando buscamos en las Escrituras en vez de en internet. Viene cuando somos obe-dientes a los mandamientos de Dios. La conversión viene cuando servimos a los que tenemos a nuestro alrededor. Viene mediante la oración sincera, la asistencia regular al templo y al cumplir fielmente con las responsabilidades que nos ha dado Dios. Requiere cons-tancia y esfuerzo diario.

A menudo me preguntan: “¿Cuál es el mayor desafío que afrontan nues-tros jóvenes en la actualidad?”. Les contesto que creo que es la siempre presente influencia del “edificio grande y espacioso”en sus vidas 4. Si el Libro de Mormón fue escrito específicamente para nuestra época, entonces segura-mente no podemos pasar por alto la relevancia que tiene para todos noso-tros el mensaje en la visión de Lehi del árbol de la vida, ni el efecto de los que

señalaban con el dedo y se burlaban desde el edificio grande y espacioso.

Lo que es más desgarrador para mí es la descripción de los que ya se han esforzado por avanzar a través de los vapores de tinieblas por el camino estrecho y angosto, se han asido a la barra de hierro, han alcanzado su meta y han empezado a saborear el fruto puro y delicioso del árbol de la vida. Entonces, el pasaje dice que esas per-sonas bien vestidas en el edificio gran-de y espacioso “se hallaban en actitud de estar burlándose y señalando con el dedo a los que habían llegado hasta el fruto y estaban comiendo de él.

“Y después que hubieron probado

del fruto, se avergonzaron a causa

de los que se mofaban de ellos; y cayeron en senderos prohibidos y se perdieron” 5.

Esos versículos describen a los que ya tenemos el evangelio de Jesucristo en nuestra vida. Ya sea que hayamos nacido en él o que hayamos tenido que esforzarnos por avanzar a través de los

vapores de tinieblas para encontrarlo, hemos saboreado ese fruto, el cual es “el más apetecible de todos los frutos” 6

y tiene el potencial de brindarnos la vida eterna, “el más grande de todos los dones de Dios”. Solo tenemos que seguir deleitándonos y no hacer caso a aquellos que se ríen de nuestras creen-cias o a aquellos que se deleitan en crear dudas o a aquellos que encuen-tran fallas en los líderes y en la doctrina de la Iglesia. Es una decisión que toma-mos a diario: elegir la fe por encima de la duda. El élder M. Russell Ballard nos ha exhortado: “permanezcan en el bote, usen sus chalecos salvavidas y sujétense con ambas manos” 7.

Como miembros de la verdadera Iglesia del Señor, ya estamos en el bote. No hace falta que busquemos en las filosofías del mundo para hallar la verdad que nos dará consuelo, ayuda y guía para conducirnos a salvo por las pruebas de la vida; ¡ya la tenemos! Al igual que la madre de Ethan pudo exa-minar sus creencias de tanto tiempo y declarar con confianza en un momento de crisis: “Sí, creo”, ¡nosotros también podemos hacerlo!

Testifico que nuestra membresía en el Reino del Señor es un don de valor inmensurable. Testifico que las bendiciones y la paz que el Señor tiene para los que son obedientes y fieles, exceden cualquier cosa que la mente humana pudiera comprender. Dejo este testimonio con ustedes en el nombre de Jesucristo. Amén. ◼

NOTES

1. Entrada del diario personal, compartida con Bonnie L. Oscarson.

2. Doctrina y Convenios 14:7. 3. Mosíah 5:2.

4. 1 Nefi 8:26.

5. 1 Nefi 8:27–28; cursiva agregada. 6. 1 Nefi 15:36.

7. M. Russell Ballard, “¡Permanezcan en el bote y sujétense!”, Liahona, noviembre de 2014, pág. 92.

La paz mental, de conciencia y de corazón no se ven determinadas por nuestra capacidad de evitar las pruebas, la tristeza o el dolor. Pese a nuestras sinceras súplicas, no toda tormenta cambiará de curso, no toda enfermedad será sanada y quizá no entendamos plenamente toda doctrina, principio o práctica que los profetas, videntes y reveladores enseñen. Sin embargo, se nos ha prometido la paz, con una condición.

En el Evangelio de Juan, el Salvador enseñó que a pesar de las tribulaciones de la vida, podemos confiar; podemos tener esperanza, y no hay necesidad de temer, porque Él declaró: “En mí [tendréis] paz” 3. La fe en Jesucristo y en Su sacrificio expiatorio es, y siempre será, el primer principio del Evangelio y el fundamento sobre el cual se edifica nuestra esperanza en “la paz en este mundo, y la vida eterna en el mundo venidero4.

En nuestra búsqueda de la paz entre los desafíos diarios de la vida, se nos ha dado un simple modelo para mantener el pensamiento centrado en el Salvador, quien dijo: “Aprende de mí y escucha mis palabras; camina en en el camino. El élder Joseph B.

Wirthlin enseñó: “Tarde o temprano, el indicador de la rueda del pesar señala a cada uno de nosotros. En un momento u otro, todos debemos sen-tir pesar. Nadie está exento” 1. “En Su sabiduría, el Señor no protege a nadie del dolor ni de la tristeza” 2. Sin embar-go, nuestra capacidad para recorrer este camino con paz o no dependerá en gran parte de si se nos facilita o dificulta pensar en Jesús.

Por el obispo W. Christopher Waddell Segundo Consejero del Obispado Presidente

H

ace unos años, a nuestra hija y a nuestro yerno se les pidió que fueran maestros de una clase de la Primaria de cinco niños activos de cuatro años de edad. Nuestra hija era la maestra asignada y nuestro yerno estaba encargado de que hubiera buen comportamiento, ambos esforzándose por mantener una sensación de calma en medio del esporádico caos a fin de enseñar principios del Evangelio a los niños.

Durante una clase especialmente difícil, tras varias advertencias a un niño energético, nuestro yerno condujo al pequeño de cuatro años fuera del salón. Una vez fuera y estando a punto de hablar con el niño sobre su compor-tamiento y la necesidad de ir a buscar a sus padres, el niño detuvo a nuestro yerno antes de que pudiera pronunciar palabra y, con la mano en alto y gran emotividad, dijo: “¡A veces simplemente me es difícil pensar en Jesús!”.

En nuestra jornada por la vida terrenal, por glorioso que nuestro destino previsto sea y por emocionan-te que la jornada pruebe ser, todos estaremos sujetos a pruebas y pesar

Un modelo

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