Chapter 4 – Fishing with a Licence: an Empirical Search for Asset Pricing Factors
4.2. Methodology
4.2.1. Stochastic Search Variable Selection
El Cine de los Comienzos
La historia del cine en Chile comienza sólo ocho meses después de que los hermanos Lumière hayan comercializado el cinematógrafo. La eficiencia en la distribución se debió principalmente a las intenciones de Edison de extender el mercado del kinetoscopio fuera de Estados Unidos. De este modo, el 19 de Febrero de 1896 se realizó en Santiago la primera función pública de cine.
El cine en sus comienzos fue considerado una fotografía en movimiento, no se le consideró un arte distinto hasta que en 1913 Riccioto Canudo escribe el “Manifiesto de las Siete Artes”, en el cual denomina al cine como el séptimo arte. En esta época el cine era considerado sólo para las clases populares, las clases altas no se sentían partidarias, e incluso los intelectuales lo rechazaban. Luego con el auge del cine mudo esto cambia, superándose las diferencias.
“En nuestro país se puede esbozar una historia del cine, sin embargo no se observa en la forma de filmar una continuidad ni una tradición. Existe sólo una sucesión de intentos agrupados por dos tendencias principales: al adoptar y el asumir” (Vera-Meiggs, 1980, 1981: 57).
En el año 1902 se estrena lo que podríamos considerar la primera película nacional, la cual consistió en un cortometraje de tres minutos de duración en el cual se daba cuenta de un ejercicio de Bomberos en Valparaíso. Ese mismo año llega a Chile el cine norteamericano. En esta época, el cine era llamado biógrafo, denominación que perdurará hasta los años cuarenta.
Es en la época del cine mudo que este arte cobra vigor en nuestro país, se filmaban paisajes, fiestas típicas y folklóricas, documentales, hechos históricos y actualidades. Los temas eran variados, sin embargo en los años veinte debido a las revueltas sociales propias del período cobran importancia los temas de corte social y los noticieros.
Como en todas partes del mundo, el cine Chileno parte creando documentales, pero deviene en la narración de historias lo que creó en un principio cierta complejidad. Es así como en el año 1910 se estrena la primera película argumental filmada en Chile llamada “Manuel Rodríguez”, su director fue Adolfo Urzúa Rosas, quien es considerado el primer director nacional.
En 1914 llega a Chile el italiano Salvador Giambastiani quien forma la primera productora nacional. Él le brinda a la filmografía nacional una calidad y un profesionalismo no conocidos antes, él formará técnicos que le darán una gran importancia a la disciplina en los siguientes años.
De este modo, en los años veinte comienza una basta producción de filmes nacionales, cuyos directores más destacados van a ser el propio Giambastiani, Pedro Sienna, Carlos Cariola, José Bohr, entre otros. Comienzan también los escritores a escribir guiones nacionales que se llevaran a la pantalla grande.
En 1922 se realiza la primera emisión radial en Chile en las oficinas del Diario El Mercurio.
En 1925 se crea el Consejo de Censura Cinematográfica a partir del Decreto Ley N°558. La censura provocará gran revuelo social en los años siguientes, será un tema de debate en la población.
Ya en esta época el cine comienza a ser una de las principales actividades para los chilenos, las salas congregaban a un gran número de personas, y año tras año se inauguraban nuevas salas y nuevas tecnologías para ellas. En el año 1925, año más prolífico para las producciones nacionales, se estrenan dieciséis largometrajes, entre ellas “El Húsar de la Muerte” considerada por su calidad estética y cinematográfica una de las mejores películas de la historia del cine chileno. Su trama giraba en torno a las aventuras de Manuel Rodríguez, su vida y su ideología. Su realizador fue Pedro Sienna, quien no sólo era director de sus películas sino también actor.
“Durante el cine mudo se establecen varias empresas cinematográficas en todo el país, que filman en Iquique, Antofagasta, La Serena, Valparaíso, Santiago, Concepción, Valdivia, Puerto Montt y Punta Arenas” (Vega, 1979: 28). En esta época ya se filmaba en todo el territorio nacional; Iquique, Antofagasta (considerada el Hollywood chileno), Valparaíso, Concepción y Punta Arenas. “Las películas poseían un expedito sistema de
distribución, en el que los productores vendían exhibiciones directamente a los dueños de las salas de las distintas ciudades, permitiendo asegurar así una cierta cantidad de espectadores en poco tiempo. Además la competencia del cine extranjero no era tanta como para ahogar la producción nacional, hacia la que existía una buena demanda que permitía realizar un considerable número de películas” (Vera-Meiggs, 1980, 1981: 59).
Es importante considerar que no sólo en Chile el cine mudo llegaba a su apogeo, sino también en el mundo entero con directores como Charles Chaplin, Sergei Einseintein, entre otros. Cabe agregar que se comienzan a crear entidades de educación y difusión de la cinematografía. En Chile en 1929 se funda el Instituto de Cinematografía Educativa de la Universidad de Chile.
El cine mudo marcó un hito muy importante en nuestro país, sin embargo, la llegada del cine sonoro, la competencia de las películas extranjeras, la falta de capitales y las deficiencias técnicas provocaron un deterioro en la producción nacional, reduciéndose ésta en la década siguiente a la mínima expresión.
La Llegada del Cine Sonoro
El cine sonoro se estrenó en Hollywood en el año 1927 con el filme “El Cantante de Jazz”, tuvo un gran éxito en el público que esperaba con ansias escuchar las voces de sus actores y actrices preferidas. Esto impulsó a las compañías cinematográficas a adoptar rápida y masivamente esta modalidad. “No obstante, en términos de lenguaje cinematográfico la medida produce un descontrol, porque el sonido sobra en una estructura narrativa muda; para usarlo es necesario replantear la expresión básica. El público percibe el sonido como un progreso, sin advertir que las “películas habladas” son un retroceso expresivo” (Vega, 1979: 29).
En Chile, en los años treinta no sólo se paraliza la producción debido a la falta de medios para la realización de las películas sonoras, sino también por la fuerte crisis económica en la cual se encuentra el país dada la crisis que existe en Estados Unidos.
En 1930, Carlos Borcosque funda la revista de cine “Ecran”, y Jorge “Coke” Délano viaja mediante una beca del gobierno a Hollywood a aprender el nuevo sistema sonoro. Así entre 1934 y 1944 se filman en Chile veinte largometrajes sonoros, cuyos géneros varían entre lo “rural” y lo “metropolitano”. Es un período en que se imitan las pautas norteamericanas de realización. El más fecundo realizador de la época fue Eugenio de
Liguoro, quien llega a Chile con técnicas estudiadas en Estados Unidos y Europa. Otros directores destacados de la época fueron: Jorge “Coke” Délano, Patricio Kaulen y Jose Bohr. Las películas que se filman durante este período polarizan al público debido a sus bajos niveles técnicos, las clases altas repudian este nuevo cine, mientras que la clase baja elogia la sátira y lo humorístico de los nuevos filmes.
“Durante la década del cuarenta, Argentina y México son los países con la mayor producción cinematográfica de Latinoamérica, crean una gran industria que lleva al gobierno de Aguirre Cerda a crear instancias de apoyo a la producción nacional, de este modo se crea en 1941 “Chile Films” por intermedio de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), bajo el supuesto de que: La industria cinematográfica puede significar para el país un rubro económico de serias proporciones…” (Ossa Coo, 1971: 42).
Chile Films construye monumentales estudios de grabación, se invierte en equipos de última generación traídos desde Estados Unidos y en especialistas técnicos para mejorar las producciones nacionales. Vienen a Chile a filmar en su mayoría directores argentinos. Pese a los esfuerzos realizados la empresa significa un nuevo fracaso para la industria nacional. “El ciclo deja en evidencia la pérdida de recursos nacionales provocada por las desacertadas medidas de Chile Films, entre ellas: 1) Elección de argumentos cinematográficos confusos, supuestamente comerciales; 2) Contratación de siete realizadores argentinos, que si bien algunos manejan con oficio mecánicas de operatividad, distan de ser creativos aún en niveles comerciales; 3) La política de pretender internacionalizar las películas mediante indefiniciones de todo tipo; 4) excesos indebidos de producción, que acumulan deudas insalvables” (Vega, 1979: 32).
En el año 1946 hay en Chile doscientas cincuenta y dos salas de cine.
En 1949 se produce el quiebre de Chile Films, pese al fracaso se insiste en la realización de co-producciones, de las cuales ninguna resulta ser verdaderamente significativa. Las producciones fílmicas independientes doblan el número de realizaciones en comparación con Chile Films.
“En los años cincuenta no se percibe un mejor devenir en las producciones nacionales, el hecho más significativo de la década es el intento de Rafael Sánchez de sistematizar teóricamente el tema del cine, quien crea en 1955 para estos efectos, el Instituto Fílmico de la Universidad Católica de Chile. El mismo año Pedro Chaskel funda el
cine Club de la Universidad de Chile, y se funda también Diprocine, agrupación de productores y directores de cine, que promueve todas las iniciativas y acciones tendientes a desarrollar la industria cinematográfica nacional” (Mouesca, 1998: 234).
En 1957, Pedro Chaskel y Sergio Bravo, auspiciado por la Secretaría General de la Universidad de Chile, fundan el Centro de Cine Experimental, cuyo mayor énfasis estuvo dado en lo creativo.
Como antes había ocurrido en el teatro, la llegada del cine a las universidades permitió el desarrollo de una reflexión más seria sobre los problemas del cine, de la técnica, del lenguaje, y de sus posibilidades expresivas. “Por primera vez es posible encontrar una voluntad creativa, un deseo de comunicación hasta ahora ausente” (Vera-Meiggs, 1980, 1981: 63).
Mientras el cine era un tema popular, la televisión comenzó sus transmisiones en el año 1953, año en el cual se efectúa la Primera Semana de la Televisión. Ya en esa época se transmitía la televisión Argentina en los cuarenta y cinco receptores que existían en el país instalados en distintos puntos de Santiago. En el año 1959 se inaugura la primera estación de Televisión chilena, construida por la Escuela de Electrónica de la Universidad Católica de Valparaíso. El televisor va a comenzar a ser popular en la década del sesenta, y tendrá su auge con la transmisión del mundial de Fútbol en 1962. Desde ese momento la televisión será un competidor del cine, no sólo en Chile sino también a nivel mundial. “Pocos meses antes de que se iniciara la masificación de la televisión, en Santiago funcionaban ciento cincuenta y un salas de cine. Diez años después, la cifra había caído a cincuenta salas” (Mouesca, 1998: 234).
En las salas se cine en la década del sesenta predominaron las películas extranjeras, ya sea pertenecientes al neorrealismo italiano, los filmes mexicanos cómicos de Cantinflas, cine norteamericano y europeo en general.
El Cine Documental
Desde 1962 los miembros del Grupo de Cine Experimental, y más tarde los integrantes de la Cineteca Nacional, organizaron proyecciones de películas en los barrios y en las fábricas. Así se fue creando un circuito de difusión para el cine documental, de este modo las organizaciones sindicales utilizaron el cine como instrumento de debate político terminando por crear sus propios departamentos de producción cinematográfica.
Dicha época está marcada por un arte con cierta conciencia política, se toma el arte como una manera de hacer política.
Los primeros documentales del Grupo de Cine Experimental son ante todo la producción conjunta de cineastas, escritores y músicos, los cuales se vieron fuertemente influenciados por el neo-realismo italiano de la post-guerra y por la Escuela Británica creada por John Grierson. La integración al cine de las distintas expresiones populares y el acercamiento a una realidad que no había sido explorada por el cine "oficial" convierten a estas películas en aportes valiosos a un movimiento cinematográfico cuyo alcance político se comienza a vislumbrar en 1973 con "La marcha del carbón", el cual es un testimonio de la huelga de los obreros de Lota y del encuentro poético de un pueblo combativo con su entorno. Un año más tarde Sergio Bravo recorre los pueblos del norte salitrero y recoge los testimonios de los obreros que habían participado en la formación del movimiento sindical obrero. "Las banderas del pueblo" fue uno de los primeros documentales basados en la recopilación de testimonios históricos. Sergio Bravo, retirado del Grupo de Cine Experimental, integró en esta película la memoria histórica de Chile y la movilización popular de la campaña electoral de Salvador Allende en 1964. El cine documental no se contentaría ya con sólo recuperar los valores culturales. La dinámica política que vivía el país en ese momento lo llevaría a buscar en la realidad contemporánea del país aquellos elementos históricos que formaban parte de una tradición de lucha.
"La marcha del carbón" y "Las banderas del pueblo" recibieron el apoyo económico de varias organizaciones políticas y de ahí en adelante los cineastas, como otros trabajadores de la cultura, se unieron en el proceso político.
El Comienzo de los Cambios
En 1965 renace “Chile Films” como una propuesta del gobierno de Eduardo Frei, designan como su presidente a Patricio Kaulen. Con un distinto enfoque y tratando de superar la crisis del cine nacional, se proponen en 1967 dos disposiciones que favorecen la producción nacional: primero, la liberación de impuestos a la importación de película virgen de treinta y cinco milímetros, y segundo, la liberación de impuestos a la internación de equipos y a las entradas vendidas de las salas que exhiban cine chileno. Ambas medidas permiten de inmediato la incorporación de nuevos cineastas que traen consigo una valoración de las temáticas propiamente chilenas que exaltan la identidad del pueblo y los
problemas propios del país, dejándose de lado la idea de imitación y copia de modelos extranjeros para la realización de los filmes.
De este modo en 1968 se estrenan cinco largometrajes nacionales bajo el amparo de la nueva legislación. Uno de los cuales es “Tres Tristes Tigres” de Raúl Ruiz, filme que se presenta en el Segundo Festival de Cine Latinoamericano de Valparaíso, el cual se convertirá en una tradición en los años siguientes. “A partir de “Tres Tristes Tigres” surge un nuevo cine chileno argumental representado, además de Ruiz, por Helvio Soto, Aldo Francia y Miguel Littin; se caracteriza por el enfrentamiento a los problemas nacionales - expresado en distintos niveles de lenguaje cinematográfico - y por la disposición política explícita de sus realizadores” (Vega, 1979: 32).
Por otra parte, en 1970 se abre la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica de Santiago, en la cual se brinda una amplia formación teórica y práctica en las disciplinas de teatro, cine y televisión.
Miguel Littin es nombrado en 1971 director de Chile Films, el cual recupera su condición de organismo estatal. “El ascenso de la Unidad Popular al poder significó la acentuación del compromiso político del nuevo cine chileno, con resultados que cinematográficamente no significaron un gran avance; sin embargo, la producción aumentó considerablemente, más allá de lo que la infraestructura era capaz de sostener” (Vera- Meiggs, 1980, 1981: 63).
Pese al auge generado en este período, los acontecimientos del 11 de Septiembre de 1973 detienen la producción del cine nacional, generando en la mayoría de los realizadores el exilio. Sumado a esto se derogan los decretos que favorecían la industria nacional produciéndose el retiro de los profesionales del cine, quienes se dedican al género publicitario o a la realización de documentales turísticos. “A partir de 1974 se inicia el cine chileno del exilio. Algunos largometrajes filmados en Chile son terminados por sus realizadores en el extranjero, pero la gran mayoría son producidos totalmente afuera en condiciones y sistemas totalmente distintos a los nacionales” (Vega, 1979: 45).
En 1978 se cierra la Escuela de Artes de la Comunicación de la Universidad Católica.
En este período, década del setenta, se realizan sólo tres filmes nacionales. El más importante de ellos se titula “Julio Comienza en Julio”, dirigida por Silvio Caiozzi, quien
fue el director más importante de este período. El resto de la producción nacional se basa en cortometrajes experimentales realizados por los alumnos de las distintas escuelas del país.
En el año 1980, gracias a la iniciativa de organismos como ECO, Proceso, Canelo de Nos, Ictus, Vitel y la Vicaría de la Pastoral Obrera, se desarrolla el video como una forma de cine alternativo. Las salas de cine son remodeladas, los grandes recintos se dividen en salas más pequeñas, sigue la progresiva disminución de salas en Santiago, donde se contabilizan sólo cuarenta y nueve, contra setenta y cinco que funcionaban en 1970.
Con los cambios políticos de mediados de los ochenta finaliza el llamado “cine del exilio”, sin embargo tanto el cine chileno producido en Chile, como en el extranjero, toma como temática la dictadura y cómo esta fue vivida por los chilenos.
Es importante destacar que a fines de los años ochenta, y a pesar de las condiciones adversas, los cineastas se muestran altamente activos, con un cine que se producía a partir de subsidios de países extranjeros y de fuentes externas de financiamiento.
La Década de los Noventa
Al restaurarse el régimen democrático en Chile, muchas de las fuentes externas de financiamiento se cerraron, esto debido a los motivos políticos por una parte, y al aumento del ingreso per cápita en Chile por otra. Esto llevó a que el gobierno de Patricio Aylwin lanzará un proyecto de “créditos blandos” auspiciado por la CORFO y administrado por el Banco del Estado, lo cual llevó a que se produjeran un número significativo de proyectos avalados por una organización formada por los propios cineastas llamada Cine Chile.
De esta manera, en 1990 se realiza en Viña del Mar el Tercer Festival Latinoamericano de cine, también llamado el Festival del reencuentro. En él se exhiben películas nunca antes vistas, ya sea producidas en el país o en el exilio. “No obstante, también el evento desnuda las bondades y limitaciones del propio sector audiovisual, con el surgimiento de un movimiento cortometrajista, la demostración de talentos y capacidades por medio de la película La Frontera, como así también presencia de sectores con miradas distintas sobre la actividad, lo que genera dificultades para aunar acciones conjuntas en beneficio del cine nacional” (Aliaga, 2006: 203).
Sin embargo, y pese a los esfuerzos realizados, las acciones no tuvieron frutos a futuro. “Un sinnúmero de circunstancias –menguados canales de distribución, políticas de marketing pobres, baja receptividad del público– determinó que este impulso se desplomara
en apenas tres años. En 1993, la única cinta chilena estrenada fue Johnny Cien Pesos” (Cavallo, Douzet, Rodríguez, 1999: 16). A estos problemas se les sumó el alto grado de endeudamiento que alcanzaron los cineastas en ese momento, dado que las películas no lograban recuperar la inversión a través de la exhibición, deudas que no pudieron sostener, produciéndose tal morosidad que llevó al cierre del sistema crediticio y de muchas de las