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Los profesionales tratados, tuvieron una buena aceptación social, una confian- za en su buen hacer en las delegaciones que recibieron como las acciones testifi- cales, nombramiento de albaceas testamentarios, de tutores y curadores, hermanos de cofradías, etc. Los armeros Alonso Pérez, hijo de Alonso Pérez, y juan Alonso, hijo de juan Alonso, sirvieron de testigos en el alquiler de las casas-mesón que se dicen de la Catalana (mesón del Potro), cuyo propietario era la Iglesia Mayor107.

También los espaderos juan Garrido y Benito Fernández, vecinos de San Nicolás de la Axerquía, fueron testigos en el testamento de Leonor Fernández, esposa del dorador juan Pérez, vecina de la misma collación108.

En ocasiones actuaron a la vez como testigos y albaceas como el adarguero Miguel Ruiz, que lo fue de Inés Fernández Merina, esposa del platero juan Daza, vecina de la collación de Santa María109. Otro ejemplo fue el del adarguero Al-

fonso Martínez, que fue albaceas y testigo en el testamento de su compadre john Rodríguez, sillero, por la gran relación que existía entre ellos110. El mismo adar-

guero, fue igualmente compadre de otro sillero, Francisco Martínez, vecino de San Nicolás de la Axerquía, que lo nombró albaceas en su testamento111. La relación

del adarguero con los silleros es más que evidente, pero no solo con ellos, pues vuelve a actuar como albaceas, junto con el correero Ruy García, en el testamento de María Rodríguez, esposa del herrador juan Rodríguez, vecina de San Nicolás de la Axerquía112. Pero Alfonso Martínez estuvo más implicado en la vida cordo-

besa por ser hermano de la cofradía del Hospital de la Santa Caridad de jesucristo,

107. AHPCO, PN 13669P (Escribanía 18), ff. 603v-604r, 1494-03-11. Así mismo fueron tes- tigos: el armero juan Rodríguez, hijo del también armero Diego Alonso, en el documento AHPCO, PN 13665P (Escribanía 18), cuad. 4, f. 29r, 1473-07-23; el armero Fernando, hijo del también armero Antón Ruiz, en AHPCO, PN 13665P (Escribanía 18), cuad. 27, s. f., 1495-05-12; Antón Rodríguez, ar- mero, hijo de Fernando Rodríguez, en un arrendamiento de lagar, en AHPCO, PN 14104P (Escribanía 14), ff. 3v-4r, 1460-02-10; Alfonso Rodríguez, armero, hijo del también armero Alfonso Rodríguez, en la modificación de un testamento, en AHPCO, PN 13665P (Escribanía 18), cuad. 10, f. 6v, 1478-02- 21; ambos, padre e hijo, actuaron de testigos en el testamento del sastre Enrique Alemán –su apellido delata su origen–, vecino de la collación de San Pedro, en AHPCO, PN 14104P (Escribanía 14), ff. 9v- 11r, 1464-06-02; este mismo hijo lo fue también en el testamento de la esposa del citado sastre, Mencía Díaz, en AHPCO, PN 14104P (Escribanía 14), ff. 4r-5v, 1464-05-29; Luís, armero, hijo del también armero Sebastián Ruiz, en el alquiler de unas piedras de aceña en la parada de aceñas de don Tello, en el Guadalquivir, propiedad compartida por la Iglesia Mayor, el señor de Fernán Núñez y otros señores de la oligarquía urbana, en AHPCO, PN 14104P (Escribanía 14), ff. 27r-28v, 1464-06-25. Igualmente se encuentran más armeros ejerciendo como testigos en los documentos AHPCO, PN 14104P (Escribanía 14), f. 18v, 1461-10-04; AHPCO, PN 13665P (Escribanía 18), cuad. 4, ff. 8r-v, 1474-10-02; AHPCO, PN 13665P (Escribanía 18), cuad. 9, ff. 4r-v, 1477-05-31 y AHPCO, PN 13665P (Escribanía 18), cuad. 12, f. 7v, 1480-01-31.

108. AHPCO, PN 13669P (Escribanía 18), ff. 525r-526r, 1494-02-13. 109. AHPCO, PN 13665P (Escribanía 18), cuad. 30, ff. 44r-45v, 1488-05-15.

110. AHPCO, PN 13665P (Escribanía 18), cuad. 16, ff. 7r-v, 1484-01-08. Este adarguero era hijo del también adarguero del mismo nombre, Alfonso Martínez.

111. AHPCO, PN 13667P (Escribanía 18), ff. 162r-v, 1489-04-06.

112. AHPCO, PN 13667P (Escribanía 18), ff. 557r-558r, 1490-01-15. En este caso, el adarguero era primo de la testadora.

una cofradía importante, a la que llegaban bastantes donaciones de la ciudadanía a través de los testamentos principalmente113.

El armero juan Martínez, tío del testador Garci Ferrández, espartero, vecino de la collación de San Pedro, fue nombrado albaceas por éste, y recibió poder para cumplir todo lo dicho en el testamento, lo que supone un vínculo familiar de con- fianza y solidaridad114. Los asteros debieron alcanzar una muy buena valoración

social y económica, ya que estuvieron presentes en testamentos de otras personas que confiaron en ellos como para designarlos albaceas y tutores, como el astero Tomás González de Torquemada, vecino de San Nicolás de la Axerquía, que fue nombrado albaceas por juana García en su testamento, y como tal tenía que encar- garse de cumplir lo expuesto por la testadora. En este caso entregó al yerno de la misma, Pedro Callado, morador en Córdoba, un florín de oro y seis reales de plata, que la dicha juana García había recibido en guarda115.

Indudablemente su actuación como tutores y curadores vino derivada de su reputación o por el conocimiento que tuvieron de ellos, que iba a influir en dicha designación, que se efectuaba a través de los testamentos y que también se ponen de manifiesto en los finiquitos, que a tales tutores otorgaban los tutelados, infor- mando de la buena cuenta de las herencias, cuando éstos ya llegaban a la mayoría de edad. Se dieron casos de mal uso de las herencias de tales menores que llegados a su mayoría se vieron obligados a reclamar judicialmente. Estos tutores y cura- dores no solo tenían que mantener las herencias, sino que debían hacer buenas inversiones de ellas a fin de ampliarlas, lo que no siempre fue fácil en unos tiem- pos en que la menor circunstancia adversa podía ocasionar una caída económica de la inversión realizada. Un ejemplo de buena administración es la realizada por el cuchillero Pedro Ruiz, hijo de Pascual Sánchez, vecino de la collación de San Lorenzo, que dio buena cuenta de todos los bienes raíces y muebles, que a Andrés García de Córdoba, hijo de Antón Ruiz de Lora, vecino de la Magdalena, le perte- necieron heredar de sus padres y también después del finamiento de sus hermanos Marcos y Nicolás. Andrés García le otorgó finiquito116.

En todos los aspectos se concluye que hay una solidaridad familiar de carácter económico, a través de las fiadurías y el pago de deudas entre los diversos fami- liares, incluidos suegros, cuñados, etc., como también en las tutorías para velar por los intereses de los menores de las familias cuando el padre faltaba. En esta solidaridad se puede incluir la transmisión del oficio de padres a hijos y así suce- sivamente. En algunos casos como el de los escribanos públicos117, se observa una

especie de constitución de linajes del oficio, pero en la mayoría de las profesiones no es tan fácil evidenciarlo, no obstante sí que en todas se encuentra una cier-

113. AHPCO, PN 13667P (Escribanía 18), ff. 263r-v, 1489-06-24. El citado adarguero, junto con el hermano mayor juan Sánchez, espartero, y los también hermanos Antón García y Pedro Díaz, co- rreero, compran para dicho hospital unas casas en la collación de Santa Marina, a Bartolomé Rodríguez Guerrero, alforjero y espartero, vecino de la collación de San Pedro, por 8.000 mrs.

114. AHPCO, PN 14104P (Escribanía 14), ff. 59v-61v, 1460-07-07. 115. AHPCO, PN 13666P (Escribanía 18), f. 337r, 1483-11-18. 116. AHPCO, PN 13666P (Escribanía 18), ff. 719r-v, 1487-05-30. 117. Leva Cuevas 2009, pp. 63-93.

ta continuidad como en los oficios del armamento se ha constatado. Así mismo también se ha evidenciado una interrelación entre los oficios más afines o com- plementarios. Se dio una solidaridad profesional visible a través de la formación de compañías laborales y mercantiles, más allá de los propios negocios y aquí se incluirían igualmente las fiadurías entre miembros de la profesión u oficios afines. Se ha observado la actuación de artesanos como intermediarios en la venta de las materias primas necesarias al oficio, como los asteros con la compra y venta del metal obtenido de mercaderes vascos, no solo para su propia actividad, sino como negocio subsidiario en las ventas a otros artesanos. Participantes en el cobro de deudas por delegación de otros profesionales, como en la recepción u otorgamiento de préstamos o las procuraciones entre ellos, de carácter económico, en pleitos, etc.

Otras solidaridades son las gremiales y religiosas o aportadas por las cofradías, incluso la creación de hospitales por éstas. En realidad no dejaban de suponer, en muchos aspectos, una especie de corporativismo, pues en el siglo XV suelen ir unidas al oficio. Puñal Fernández, llega a señalar que la presencia de artesanos en las cofradías podía enmascarar cofradías de oficio convertidas en hermandades de tipo benéfico-asistencial, dado que la legislación castellana, desde el siglo XIII, prohibía la formación de ligas y monipodios, versus cofradías, si no era con fines benéficos o religiosos118.

10. Conclusiones

La idiosincrasia de la sociedad bajomedieval, belicista y conflictiva, basada en los principios de jerarquía y desigualdad, donde la nobleza imponía sus ansias de poder y de dominio, la dividió en distintos frentes, llegando incluso a las guerras civiles, unida también a los siglos de guerra contra los musulmanes, la llevó hacia una fuerte mentalidad guerrera.

Por otra parte estaba la milicia ciudadana, que iba con los reyes a combatir en guerras y conflictos, compuesta por caballeros y los peones u hombres a pie, donde se incluían pequeños burgueses y pecheros, artesanos y campesinos, que conformaban los cuerpos de lanceros, ballesteros y espingarderos. Los caballeros se entrenaban en las palestras, en la caza mayor y en los torneos119.

Existía igualmente una violencia cotidiana en esta sociedad, y para su estu- dio son muy importantes las cartas de perdón, que se encuentran en los Proto- colos Notariales de esta ciudad, consecuencia de la violencia, presente entre la población cordobesa en este caso, e igual en toda la península. Por una cuantía monetaria podían ser perdonados los agresores, incluso en casos de muerte. Esta violencia abarcaba a todas las capas sociales y artesanales. Bajo fórmulas hipócri- tas de que se perdonaba por bien de paz y de concordia o por amor a Jesucristo o

118. Puñal Fernández 2000, p. 144.

119. Las justas y torneos eran violencia ritualizada, donde los contendientes podían morir o ser heridos gravemente o mutilados. Pero recibían la sanción del estado y de la iglesia, caos controlado. Ruiz 2002, pp. 179-180.

por reverencia a Dios, etc., y después todo se resolvía como un negocio más. Des-

igual justicia, no solo entre los privilegiados y clases bajas, sino entre el mismo pueblo, pues aquellos que podían pagar tenían la posibilidad de ser perdonados y no recibir castigo. Incluso la violencia y la marginación llevaron a emigrar a otros lugares a causa de persecuciones judiciales y posibles venganzas a individuos que participaron en actos violentos, y algunos con tan buena suerte como aquellos que conformaron familias de mercaderes muy importantes, caso de Burgos a finales del siglo XV120.

Otras violencias a tener en cuenta: sexual, paternal, contra las mujeres121, la

prostitución organizada, movimientos de resistencia, la picaresca, juegos, etc., sin olvidar la Inquisición. Sociedad, pues, violenta122.

Los artesanos del armamento cobraron un papel destacado en este tipo de so- ciedad y constituyeron un cuerpo muy cualificado, especialmente armeros y espa- deros, pero también hubo asteros que, además tuvieron un papel muy interesante en el comercio del hierro con mercaderes vascos –y es, quizás, donde mejor se observa esa interrelación del artesano comerciante entre estos profesionales del armamento–, y vinieron a Córdoba asteros de dicho origen a trabajar en nuestra ciudad. Continúa la nómina de especialistas con ballesteros, cuchilleros, malleros, vaineros y adargueros –los dos últimos, pertenecientes a la rama del cuero–.

Los armeros fabricaban las piezas de protección del guerrero, armaduras, co- razas, coseletes, etc., así como las armas que utilizaban los caballeros. Fabricaron espadas como los espaderos, el arma noble por excelencia123, por ello gozaron de

prestigio. Las ordenanzas de 1512 exponían que era un oficio de calidad e impor- tante para defender y proteger la vida de los hombres, por cuanto se debía evitar corruptelas, falsificaciones, fraudes e interferencias de otros profesionales de dife- rentes actividades, como caldereros, herreros, etc.

Las armas estuvieron muy presentes en la sociedad del momento, incluso en contratos de aprendizaje de otros oficios como el de bonetero, donde se incluían, entre lo que debía dar el maestro al aprendiz, armas, como una ballesta de acero

con todo su aparejo124. En los inventarios y otros tipos de documentos, se reflejaba

120. Caunedo del Potro 2011, pp. 123-133. 121. Leva Cuevas 2008, pp. 69-90.

122. Curioso ver la cantidad de contratos que se hacen para sustituir al titular de prestar servicio militar por otra persona a la que se contrataba por una mayor o menor cantidad monetaria, según la categoría militar del titular. En una sociedad tan mentalizada en la violencia, no obstante, imperaba la responsabilidad de no dejar desprotegida a la familia si faltaba la actividad laboral de éste durante el período que duraba dicha prestación, ya que se trataba también de una sociedad desprotegida asisten- cialmente. Aunque aquí también jugaba la necesidad del contratado y la posibilidad del contratador de pagar para evitar ir a la guerra.

123. La nobleza y oligarquía urbana llegó a tener sus propios espaderos, como Andrés de Hoces, vecino de la collación de San Andrés, que tenía como su espadero a Diego Alfonso de Clavijo, al cual le daba poder especial para recaudar y dar cartas de pago de lo que le fuere debido, y general en sus pleitos y negocios –confianza plena en tal persona–. AHPCO, PN, 13665P (Escribanía 18), cuad. 6, f. 49v, 1474-07-18.

la posesión de armas: lanzas, espadas, ballestas, etc.125 y así se encuentran casos

como el del mayordomo de los señores deán y cabildo de la catedral de esta ciu- dad, Pedro González, vecino de la collación de Santa María, en cuyo inventario de bienes figuraban un par de corazas, dos espadas, un broquel126.

Dos collaciones tuvieron la primacía en la residencia y lugar de trabajo de los artesanos del armamento, las de San Nicolás de la Axerquía, preferida por arme- ros, espaderos, asteros y adargueros, y San Pedro, elegida por ballesteros, cuchi- lleros y vaineros. En ambas collaciones, todos estos trabajadores se concentraron entre la calle de la Feria y la calle y plaza del Potro, como se ha podido observar a través de los Protocolos Notariales y del Padrón de 1509.

En cuanto a la evolución temporal de estos profesionales en el período analiza- do, se observan pocas variaciones en el número, cualidades y valoración socioeco- nómica de cada uno de los oficios.

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125. AHPCO, PN, 13666P (Escribanía 18), f. 685r, 1487-04-06, es un contrato de servicio mili- tar, donde se entrega espada en propiedad, aparte de la cuantía monetaria por el servicio.

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