UEGO de haber introducido la noción de maniobra estratégica entre la razonabilidad y la efectividad en el capítulo 2, he relacionado la razonabilidad con una perspectiva dialéctica del discurso argumen- tativo y la efectividad con una perspectiva retórica.1 Para responder a la
pregunta acerca de cómo estas perspectivas pueden resultar beneficiosas para el estudio de las maniobras estratégicas, es necesesario aclarar primero lo que cada una de ellas involucra. La perspectiva dialéctica y el significado de razonabilidad dialéctica ya se han explicado en la exposición del enfo- que pragma-dialéctico del discurso argumentativo en el capítulo 1 —al menos, un punto de vista particular sobre la dialéctica—. La perspectiva retórica, sin embargo, aún necesita ser dilucidada, junto con otros puntos
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1 Concuerdo con Foss, Foss y Trapp en que hablar de «perspectivas», en este caso, es
preferible a hablar de «teorías», porque una perspectiva «puede sugerir tanto un cuerpo de conocimientos organizado y coherente, como uno que está menos organizado» (1985: p. 13). Puesto que una perspectiva concierne a un modo particular de interpretar un fenóme- no, una perspectiva se transforma, como ellos dicen, en «un conjunto de lentes conceptua- les».
de vista sobre la perspectiva dialéctica, a fin de aclarar qué significa efecti- vidad retórica y cómo pueden combinarse de manera fructífera los estudios sobre la razonabilidad dialéctica y la efectividad retórica.
Como cabe esperar de un manual, en Fundamentals of Argumentation
Theory (Van Eemeren et al., 1996), se da una explicación estándar de am-
bas, la perspectiva dialéctica clásica y la perspectiva retórica clásica del dis- curso argumentativo (cf. Tindale, 2004: p. 38). De acuerdo con la versión estándar, la dialéctica está prototípicamente interesada en intercambios crí- ticos regulados entre las partes involucradas en una diferencia de opinión, y la retórica está por lo general interesada en influenciar a la gente median- te la comunicación —en el caso del discurso argumentativo, a través de medios argumentativos—. Como Foss y Griffin confirman en su propuesta para una retórica que vaya más allá de la persuasión, «hasta donde ha sido explorada la disciplina retórica, se ha definido en términos de persuasión» (1995: p. 2).2 Cuando se examina con mayor precisión la manera en que
la retórica es vista por eruditos específicos de la misma, sin embargo, las complejidades de la perspectiva retórica salen a la luz. Debido a que, por lo general, en la educación contemporánea se enseña y explica una ver- sión estandarizada de la teoría retórica clásica, las diferencias entre los re- tóricos respecto a la definición de la misma quedan, a menudo, ocultas a la vista.
Leff observa, reflexionando acerca de las relaciones entre retórica y dialéctica, que «el registro histórico es uno de los casi constantes cambios que demuestran en qué medida la identidad, la función, la estructura y la
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2 Cherwitz (1990: p. 1) señala que, a pesar de las diversas definiciones de la retórica que
él considera «son indicativas de los variados efectos, funciones, procesos y fines de la co- municación, todas ellas ponen de relieve la centralidad de la “persuasión” en la retórica». De acuerdo con Bitzer, «la retórica, como disciplina filosófica, se justifica en la medida en que establece los principios, conceptos y procedimientos mediante los cuales podemos efec- tuar cambios importantes en la realidad. Así, la retórica se distingue del mero oficio de la persuasión que, a pesar de ser un objeto legítimo de investigación científica, carece de or- den filosófico, como una disciplina práctica» (1968: p. 14). La retórica es «siempre persua- siva», sin embargo, en el sentido de que «el retórico altera la realidad trayendo a la existen- cia un discurso de un personaje que para el público, en el pensamiento y la acción, está tan comprometido que se convierte en mediador del cambio» (p. 4).
relación mutua [de las artes de la dialéctica y la retórica, Frans H. van Ee- meren, en adelante FHvE] se vuelven temas de disputa argumentativa» (2002: p. 53). En Contemporary Perspectives on Rhetoric, Foss, Foss y Trapp esbozan esa diversidad como sigue: «Una persona puede ver la retó- rica como el contar una historia, otra como la creación de una realidad par- ticular, y una tercera como el uso de la persuasión y la argumentación» (1985: p.13). En su «Introduction: Rhetorics and Roadmaps», la cual abre la primera parte del recientemente publicado The Sage Handbook of Rheto-
rical Studies, Lunsford, Wilson y Eberly (2009: p. xix) ilustran la variedad
de aproximaciones a la retórica de esta manera: «La retórica ha sido con- cebida como la “contraparte” de la dialéctica (Aristóteles), como el arte de hablar bien (Quintiliano), como el ámbito de la elocución y la pronuncia- ción solamente (Ramus), como el estudio de los malentendidos (Richards), como el medio “simbólico” de inducir cooperación en seres que por natu- raleza responden a “símbolos” (Burke, 1945/1969a: p. 43), y como “pala- brería” [hot air] o prácticas engañosas (Platón, Chaucer, Locke y un mon- tón mas)». «Como un arte plástica que se moldea a sí misma a distintos tiempos, lugares y situaciones», concluyen, «la retórica es notoriamente di- fícil de definir, y discusiones sobre cómo definirla y cuál debería ser su al- cance caracterizan la larga historia de la retórica occidental» (2009: p. xix).
Swearingen y Schiappa plantean, en el mismo Handbook, «ya no pode- mos asumir o imponer ninguna definicion uniforme de retórica. Por consi- guiente, su propia naturaleza está siendo reconcebida en modos que resul- tan preocupantes para algunos y apasionantes para otros» (2009: p. 10). Es posible observar que en los Estados Unidos el estudio de la retórica ha so- brevivido con mayor fuerza que en Europa durante los siglos XIX y XX,
tanto en el currículo académico como en las contribuciones a nuevas teo- rías y métodos retóricos. En el siglo XX, las teorías estadounidenses de re-
tórica crecieron en alcance «hasta el punto de que todo, o prácticamente todo, puede ser descrito como “retórico”» (Swearingen y Schiappa, 2009: p. 2).3 «Dichas explicaciones», Swearingen y Schiappa añaden, «pueden
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3 Conley (1990) discute la retórica en la tradición europea. Véase también Conley
(2005), que igualmente presta atención a los temas de lenguaje inmanente de Anscombre y Ducrot.
ser llamadas teorías de la “Gran Retórica” y se las acredita mediante la po- pularización o, al menos, la racionalización de lo que Simons (1990) llama el “vuelco retórico” en una variedad de disciplinas» (p. 2).4 «Mientras los
orígenes greco-romanos del término “retórica” limitaban previamente lo que los académicos analizaban en tanto retórica, la Gran Retórica hizo po- sible que los académicos describiesen una gama mucho más amplia de fe- nómenos en tanto retóricos, siempre y cuando descubrimientos o conoci- mientos importantes e interesantes pudiesen ser ganados a través de esas descripciones» (Swearingen y Schiappa, 2009: p. 2). La década de 1960 se ve, a menudo, como un momento decisivo: «las definiciones amplias de la retórica y la popularización de los estudios retóricos se deben en parte a la atención académica iniciada en las prácticas retóricas de los 60, en parte a posiciones específicas defendidas por teóricos influyentes y en parte debi- do al comprensible deseo de los miembros de una disciplina de ver lo que ellos hacen como importante» (Swearingen y Schiappa, 2009: p. 3).
Pese a que ambas, «dialéctica» y «retórica», son palabras también utili- zadas al «nivel objeto» de la conducta argumentativa («un argumento retó- rico»), prefiero usar estos términos al «metanivel» en el cual se refieren a perspectivas teóricas acerca de la argumentación y los distintos tipos de puntos de vista sobre el discurso argumentativo que pueden distinguirse dentro de cada perspectiva. Concuerdo con Tindale (2004: p. 4) en que ló- gica, dialéctica y retórica son «tres maneras distintas de concebir un argu- mento», a pesar de que en el enfoque pragma-dialéctico la perspectiva ló- gica esté incorporada en la perspectiva dialéctica, como es usualmente el caso en los enfoques dialecticos.5 El problema con el que me enfrento aho-
ra reside en el hecho de que, dentro de las perspectivas dialécticas y retóri-
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4 En la introducción a su The Rhetorcal Turn, Simons afirma que «[l]a mayoría de las
veces neutral, tal vez, la retórica es el estudio y la práctica de la persuasión. Sin embargo, es- ta concepción amplia permite varias ampliaciones o estrechamientos: por lo tanto, la retóri- ca puede concebirse como invención, como la argumentación, como la figuración, como la estilística, como el público y la adaptación de la situación, y como un arte de composición o acuerdo» (1990: p. 5).
5 Mediante la adición de un «nivel dialéctico» a su aproximación lógica-informal de la
argumentación, Johnson (2000) deja claro que también puede añadirse el enfoque de una perspectiva dialéctica que no incluya una perspectiva lógica. Véase también la sección 3.3.
cas, pueden distinguirse varios puntos de vista en la literatura académica respecto a lo que supone la elección de una perspectiva dialéctica o una re- tórica sobre el discurso argumentativo. Dado que ningún dialéctico o retó- rico ha sacado la patente para el uso de los términos «dialéctica» y «retóri- ca», puede y debe hacerse una elección libre de los mismos, en vista de las incongruencias entre las diversas definiciones que se han dado.
Los teóricos de la argumentación, frecuentemente, distinguen dos enfo- ques generales acerca de lo que comporta una perspectiva «dialéctica» y una «retórica». Primero, existe un enfoque que tiene fundamentalmente una base empírico-histórica. Aquellos que siguen esta línea hacen la defini- ción de dialéctica y retórica —de una manera descripitiva— dependiente de lo que una cierta fuente histórica afirma que son la dialéctica y la retóri- ca. En el caso de la retórica, la fuente histórica tomada como autoridad, puede ser, por ejemplo, Aristóteles, Cicerón o Quintiliano —una tendencia reciente es ir hacia atrás hasta los sofistas y convertirlos en la fuerza legiti- mante—. Cuando se selecciona cierta fuente de autoridad, el enfoque em- pírico-histórico puede tomar a veces rasgos esencialistas. En tal caso, la de- finición de dialéctica y retórica no sólo se hace dependiente de lo que la fuente histórica ha entendido por dialéctica y retórica, sino que también es- te punto de vista se declara incuestionable («Esto es lo que la retórica es»). Un problema «técnico» asociado al enfoque empírico-histórico radica en que las concepciones de dialéctica y retórica desarrolladas en la Antigüe- dad no siempre son, en la manera en que han sido transmitidas a lo largo de las épocas, completamente claras para la mente moderna, de manera que se necesita una aclaración filológica o incluso una adaptación a la rea- lidad argumentativa moderna. En cualquier caso, es difícil explicar, sobre la base de elementos puramente empírico-históricos, qué elección del en- foque paradigmático dialéctico o retórico, entre otras varias opciones, es la mejor. Esto no impide que algunos académicos hagan elecciones explícitas y promuevan sus preferencias enfáticamente, si bien en muchos casos estas elecciones permanecen implícitas y su razón de ser se explica más bien con cautela.6
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6 Este último es, por ejemplo, en el caso de Battistelli (2009). Al declarar que la con-
Segundo, existe un enfoque que está, en primer lugar, motivado por consideraciones teóricas sistemáticas. Aquellos que siguen esta línea de en- foque hacen las definiciones de dialéctica y de retórica —de un modo esti- pulativo— fundamentalmente dependientes de qué concepción se ajusta mejor a las características del marco teórico del que parten y a la naturaleza del problema que su investigación pretende resolver. Cuando se trata de definir dialéctica y retórica, ellos no seguirán necesariamente una fuente histórica que consideren más autorizada, sino que intentarán desarrollar, por ejemplo, la visión de la retórica que resulte más congruente con su in- vestigación y harán uso de aquellos conocimientos retóricos disponibles en la tradición retórica que sirvan a sus objetivos teóricos de manera sistemá- tica. Cuáles son los conocimientos dialécticos y retóricos que tendrán sen- tido para ellos depende también, por supuesto, del ángulo filosófico que hayan escogido al estudiar el discurso argumentativo —antropológico, geométrico o crítico.7
El enfoque teórico-fundamentado en la dialéctica y la retórica, favoreci- do por los teóricos de la argumentación, tales como yo mismo, está guiado por consideraciones teóricas respecto a qué concepción de la dialéctica y de la retórica es más útil para alcanzar los objetivos analíticos y evaluativos de su programa de investigación. En lugar de ser un filólogo, soy un teórico de la argumentación que intenta hacer buen uso de los conocimientos (his- tóricamente documentados y filológicamente certificados) provenientes de la tradición dialéctica y retórica para enriquecer el marco teórico de la pragma-dialéctica.8 En la actualidad, mi interés teórico se concentra en la
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Jacobs, Rescher y Slob, tiene como inconveniente que «no está en consonancia con la gama completa de la teoría retórica disponible», él implícitamente se muestra a sí mismo como un representante de la aproximación empírico-histórica a la retórica, como lo confirma su refe- rencia a algunas fuentes históricas de autoridad.
7 En la elección de estos nombres para referirse a las diversas filosofías de la razonabili-
dad, adhiero a la terminología discutida en Toulmin (1976), véase la sección 2.2, pero otras opiniones son posibles.
8 Como he explicado en el capítulo 1, la teoría pragma-dialéctica de la argumentación
parte de una concepción crítico-racionalista de la razonabilidad. En el desarrollo de esta teoría, Grootendorst y yo rendimos homenaje (al igual que otros críticos racionalistas hicie- ron antes que nosotros) a las fuentes de inspiración para la consecución de la causa crítica
combinación de razonabilidad y efectividad que caracteriza las maniobras estratégicas en el discurso argumentativo descrito en el capítulo 2. Esto significa que estoy buscando conocimientos de las tradiciones dialéctica y retórica, clásicas y modernas, que puedan ser de ayuda para una implemen- tación sistemática de esta combinación.
3.2. LA RAZONABILIDAD EN EL DISCURSO ARGUMENTATIVO EN EN-