4.1. Si Jesús tuvo
algú
n motivo para permanecer célibe, no fueron los tradicionalesLas motivaciones de Jesús no fueron ni la misoginia de los esenios, ni la sospecha del cuerpo de los terapeutas y gnósticos, ni reemplazar las condiciones de santidad del templo, como propu- sieron los documentos de Qumrán, y mucho menos sustraerse a las emociones humanas como un filósofo estoico. A. Miranda20
ha clasificado los verbos griegos que los evangelistas han apli- cado a Jesús y que expresan riqueza de emociones y afectos: thelō (desear), synechomai (angustiarse), epithumeō (desear ardiente- mente), paschō (padecer), klaiō (llorar), tarassomai (turbarse),
thaumazō (admirarse), orgizomai (encolerizarse), agapaō y phileō
(amar), pisteuō (creer), aganakteō (indignarse), epaischunomai (avergonzarse), chairō (alegrarse). Tampoco una visión negativa de la corporeidad, que debe ser domesticada por el ascetismo –la ima- gen de Jesús es muy diferente de la descripción de Juan Bautista y de Banus–, puede citarse como razón para la soltería de Jesús.
Dale Allison postula que Jesús fue célibe por cinco razones21:
1. Por su dedicación a una misión escatológica y por cohe- rencia con la predicación de abandonar a la familia. 2. Por el ascetismo que le apartó del orden social del mundo,
generalmente visto como corrupto.
3. Por la certeza de que Dios asumiría todas sus necesida- des en una vida de predicación.
4. Porque Jesús y sus discípulos comprendieron su renun- cia como una acusación contra los que preferían llevar una vida de lujo y confort.
5. Por la convicción de que la sociedad escatológica había empezado ya a través de nuevas acciones.
20A. Miranda, I sentimenti di Gesù. I verba affectum dei Vangeli nel loro con-
testo lessicale, Studi Biblici 49, Dehoniane, Bolonia 2006.
21D. Allison, Jesus of Nazareth: Millenarian Prophet, Fortress Press, Mineápolis 1998.
Sin embargo, los inicios del movimiento de Jesús no tuvie- ron la característica de un grupo ascético; el término enkrateia está ausente en la tradición evangélica. Jesús fue acusado de glotón y de beber en malas compañías (Lc 7,34), algo que la comunidad cristiana difícilmente hubiera inventado. El celi- bato de Jesús y de algunos de los predicadores itinerantes no era por motivos ascéticos. Pedro llevaba una compañera de via- jes, situación que recuerda Pablo para precisar que él también poseía derecho a tenerla (1 Cor 9,5).
Vermes ha dirigido la atención al espíritu escatológico que animó la enseñanza y vida de Jesús que no compartió con los
hasidim22 y su peculiar comprensión de la vocación profética.
En la misma línea, Meier recurre al ejemplo de Jeremías. El celibato de Jesús fue más bien una parábola en acción, un men- saje perturbador y provocativo para obligar a pensar en su radi- cal opción. Aun así, habría una motivación común entre Qumrán y Jesús sobre el destino final de Israel, la conversión de los pecadores y una entrega radical a la salvación de Israel. Lo cierto es que, en una etapa de crisis social y religiosa, un número de factores convergieron para crear una atmósfera favorable para la práctica del celibato entre ciertos grupos mar- ginales judíos. La opción célibe de Jesús se ubica en ese hori- zonte escatológico y tiene mucho que ver con la noción de marginalidad y signo del Reino, contraria a la sociedad patriarcal o a la dimensión temporal a punto de terminar.
4.2. Cuando habló de celibato, Jesús empleó una imagen muy radical: “Algunos se hicieron eunucos a sí mismos por el Reino de los Cielos...” (Mt 19,12)
“Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, hay eunu- cos que fueron hechos por los hombres y hay eunucos que se hicie- ron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda enten- der, que entienda”.
140 JESÚS, EL VARÓN
El dicho es inquietante, y la imagen, realmente grotesca para los oídos contemporáneos. Está en tal contraste con el contexto inmediato del evangelio de Mateo, en tal disconti- nuidad con la enseñanza de Jesús y con la práctica de la Igle- sia, y colocó a esta en una postura tan embarazosa respecto a una enseñanza del Maestro, que hay muy pocas dudas de que provenga del mismo Jesús histórico23.
Para probar su naturaleza de dicho suelto al que con difi- cultad el evangelista le ha encontrado un lugar después de la perícopa del divorcio son suficientes pruebas estas: que los ver- sículos 10 y 11 son redaccionales24, que el vocabulario del
dicho es extraño al resto del evangelio25, que el uso de dia más el
acusativo basileian no se encuentra atestiguado en ninguna otra parte del evangelio de Mateo, además del inútil esfuerzo de acomodarlo al pensamiento del primer evangelio26. Por
otro lado, son válidas las explicaciones de que hay interés por parte del autor en presentar en estos capítulos temas relacio- nados con una revisión de sus instituciones patriarcales27. Lo
23La posibilidad de que sea un dicho de la etapa oral de la predicación de Jesús también se justifica en que se encuentra en una versión ligeramente diferente, por lo tanto independiente de la última redacción de Mateo: en Justino, 1 Apol. 15, 4.
24También es redaccional la frase “el que pueda comprender que comprenda”, exclusiva del primer evangelista. El uso de chōreō, “recibir”, “comprender”, antes y después, enmarca el dicho (v. 11). Hay una deliberada precaución en la enmarca- ción del logion para advertir al lector de la dificultad de su lectura. La conclusión tradicional de Mateo heredada de Q y Mc es: “El que tenga ojos que vea” (11,15; 13,9 y 13,43).
25La palabra “eunuco” aparece en el Segundo Testamento solo en este versículo y en Hch 8,27-39, donde pudo haber adquirido el significado técnico de “fun- cionario”. El verbo eunochizō es un hápax legomenon y su uso está documentado por Flavio Josefo (A.J. 10, 33).
26Dos aproximaciones diferentes llegan a la misma conclusión: S. H. Brooks,
Matthew´s Community. The Evidence of His Special sayings Material, JSNTSup 16,
JSOT, Sheffield 1987, y F. Marín, “Un recurso obligado a la tradición presinóptica”,
EstBíb 36 (1977) 205-16.
27C. Bernabé, “De eunucos y depredadores”, en J. Campos y V. Pastor (eds.),
Biblia, memoria histórica y encrucijada de culturas, Asociación Bíblica Española,
cierto es que el dicho está allí como caído del cielo, para sacu- dir nuestra imaginación y perturbar cualquier modelo estereo- tipado de masculinidad.
Algunos postulan que el dicho pudo encontrar su lugar en el evangelio para proteger de burlas y sospechas contra la mas- culinidad a algunos miembros de la Iglesia que habían elegido el estado celibatario; aunque sea razonable este Sitz im Leben, no tiene que ser excluyente con el del propio Jesús, quien pudo recibir las mismas críticas. Si la violenta imagen pudo derivar de la respuesta de Jesús a cuestionamientos sobre su celibato y el de algunos de sus seguidores, no hay duda de que posterior- mente el dicho fundamentó la iniciativa de algunos de sus seguidores de permanecer célibes, como lo han seguido haciendo las iglesias que recomiendan el celibato para algunos de sus miembros. Se propone en este estudio que, aunque el dicho haya sido una justificación para el celibato de Jesús o de los primeros cristianos, la imagen del eunuco es tan perturbadora que apunta más allá de la opción celibataria: nos coloca en el umbral de una sexualidad diferente de la propuesta por el mundo mediterráneo. El carácter de marginalidad social al que conduce el dicho es el mismo que aparece en el dicho en el que Jesús retoma una crítica a su conducta y la reafirma con razones válidas para el Reino, como esa en la que le acusan de tener por compañeros a pecadores y cobradores de impuestos (Mt 21,31; Lc 15,1-2).
La parte final del dicho, “quien pueda entender, que entienda”, es probablemente un añadido mateano. La propuesta de Amy-Jill Levine de entenderlo como “el que pueda acep- tarlo, que lo acepte” conduce a la interpretación de que es un dicho solo para algunos miembros dentro del movimiento, no un mandato evangélico ineludible. También aduce que otro dicho en contra de la procreación o la estructura familiar tra- dicional es esta respuesta de Jesús: “Benditos los pechos que te amamantaron” (Lc 11,27), ya que coloca un valor familiar tra- dicional por debajo de la autoridad de la Palabra; de hecho,
Jesús bendijo los pechos que no amamantaron y los vientres que no fueron fértiles (Lc 23,29)28.
4.3. La castración simbólica
Carmen Bernabé ha llamado la atención sobre “eunuco” como término derogatorio empleado contra los cristianos por su actitud opuesta al divorcio y su respeto del principio de equidad de género propuesto en el Génesis: “¿No han leído que los hizo hombre y mujer desde el principio?”, frase a la que alude Jesús en Mt 19,5. Del mismo modo que el lenguaje popular castra simbólicamente a quienes no responden al modelo hegemónico de masculinidad aludiendo al tamaño del pene o de los testículos o a la ausencia de estos, un eunuco voluntario significaría convertirse en un hombre que escapa a la matriz agresiva y excluyente de género masculino en favor de un patrón nuevo y en sintonía con el proyecto de la creación29. Sin excluir esta significación y su origen en la
ofensa a la masculinidad de los primeros cristianos –insi- nuando la pérdida de su realidad física más distintiva–, una castración simbólica como humillación tiene sentido sola- mente en la segunda parte del dicho: hay eunucos que fueron
hechos por los hombres.
Como el dicho tiene tres partes bien definidas, cada una ofrece trasfondos de significación diferentes30:
A. Hay eunucos que nacieron así del seno materno. Incapaci- tados biológicamente. Desgracia.
28A. Levine, “The Word becomes Flesh: Jesus, Gender and Sexuality”, en J. Dunn y S. McKnight, The Historical Jesus in Recent Research, Sources for Biblical and Theological Study, Eisenbrauns, Winona Lake (IN) 2005, pp. 509-23.
29C. Bernabé, “Redefiniendo el patrón de la masculinidad y las relaciones matrimoniales de la casa-familia en la comunidad mateana (Mt 19,1-12)”, Qol 50 (2009) 3-42.
30Orígenes (Comm. Matt. 15, 1) colocó el problema de la incompatibilidad de que dos partes del dicho fueran literales y una figurativa.
B. Hay eunucos que fueron hechos por los hombres. Castrados físicamente, castrados simbólicamente por medio del escarnio. Deshonor.
C. Hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino
de los Cielos. Autocastrados simbólicamente como ima-
gen de transformación de su masculinidad. Honor para Dios.
Dentro de los parámetros de honor y vergüenza, C asume que la violencia31 es autoinfligida (eunouchisan heautois) en un
acto de libertad y coloca en un lugar honorífico a quienes son capaces de asumirlo. El coraje como característica esencial de la masculinidad tradicional queda en pie. No es la primera vez que la autoviolencia es una condición para el Reino: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan” (Mt 11,12); “Todos se esfuerzan con violencia por entrar en él” (Lc 16,16). Además de combatir el patriarcalismo de varias formas, de dejar la familia y ser marginado por estar fuera de la estructura fami- liar, el discípulo se inflige una violenta autoestigmatización al ser incluido entre los eunucos, con la consecuencia del deshonor social por el imperativo del Reino, es decir, un gran honor para Dios.
Lamentablemente, la recepción del texto fue muy influen- ciada por la creciente práctica del celibato en la Iglesia, y así el eunuco se convirtió en ejemplo para quienes renuncian a la genitalidad y preludian un modelo de ascesis como símbolo de castidad, quedando desdibujado el eunuco real. Esta “lectura alegórica” del dicho sobre los eunucos fue la débil piedra sobre la que se sostenía la progresiva tendencia ascética en la Iglesia.
144 JESÚS, EL VARÓN
31La traducción “hacerse eunuco” en realidad sigue de cerca el original griego; sin embargo, la Vulgata acentuó el carácter de violencia: Et sunt eunuchi qui se
ipsos castraverunt propter regnum caelorum, aunque algunas lecturas solo transcri-
bieron el verbo griego (eunuchizauerunt y eunuchaverunt) y así, como afirma Moxnes, debilitan la idea de castración.
Esa interpretación de la imagen domesticada del eunuco se ha mantenido inalterable, fortaleciendo la hegemonía masculina célibe dentro de la Iglesia. El dicho se convirtió en un texto relacionado con la perícopa inmediata del divorcio: es mejor no casarse, aunque no todos están habilitados para ello32. La
interpretación de los eunucos como hombres que se abstienen del sexo estuvo influenciada por doctrinas médicas del siglo II que indicaban que el exceso de actividad sexual disminuía la capacidad esencial masculina.
Aun preservando la imagen heroica del hombre dispuesto a emprender una castración simbólica por medio de la trans- formación de su masculinidad, no queda excluido el carácter altamente perturbador de la imagen del eunuco, como lo ha comprobado David Hester33. ¿Cómo algo monstruoso se
pudo convertir en algo comparable a los que promueven el Reino? Hay que reconocer en los eunucos un misterioso carácter que linda con la zona más peligrosa de la sexualidad (él fue el símbolo de transgresión del orden sexual por exce- lencia). Además, en la literatura antigua abunda la caracteri- zación de los eunucos como codiciosos y moralmente débiles. En particular, recordaban a la sociedad grecorromana y al cristianismo emergente una opción diferente y deshonrosa, en contraste con la heterosexualidad binaria dominante.
4.4. Eunucos en el mundo mediterráneo
Los estudios sobre diversidad sexual en la antigüedad, eunoquismo, filosofía moral y medicina han demostrado una gran complejidad en la percepción que la antigüedad tuvo de los eunucos34. La interpretación tradicional supone que un
32Esta fue la lectura de Justino Mártir, 1 Apol. 15. 33
J. D. Hester, “Eunuchs and the Postgender Jesus: Matthew 19:12 and Transgressive Sexualities”, JSNT 28 (2005) 13-40.
34M. Kuefler, The Manly Eunuch. Masculinity, Gender Ambiguity, and Christian
eunuco es incapaz de tener actividad sexual, física y psicoló- gica, pero esta es una visión muy dependiente de la sexuali- dad binaria y poco imaginativa. Los eunucos pudieron tener otras expresiones de vida sexual, como la prostitución mas- culina. En efecto, fueron reconocidos por la facilidad, adap- tabilidad y frecuencia con que tenían sexo con hombres y mujeres. Ellos podían dar satisfacción sexual a las mujeres de muchos modos, además de actuar como intermediarios en asuntos amorosos. Más aún, algunas mujeres prefirieron sexo con eunucos para evitar la maternidad, como testimonian Marcial y Petronio. También Filón atestiguó la actuación pública de los castrados, en particular de unos que se habían hecho eunucos para lograr ventajas y representaban el corolario de todos los vicios (Somn. 2, 184; Ebr. 1, 220-224; Ios. 1, 59). Es difícil acomodar esta percepción de los eunucos en la anti- güedad con modelos de castidad o ascesis. Más bien, los eunucos, con su poderosa influencia en el mundo social, con su movilidad entre lo masculino y lo femenino, podían tran- sitar libremente en una variedad de escenarios que no estaban permitidos ni a los hombres ni a las mujeres y obtener así ventajas35.
Pero esto no disminuyó el desprecio del que fueron objeto, porque en la antigüedad no tener genitales masculi- nos representaba no alcanzar la condición sine qua non para triunfar en la sociedad por la adquisición de honor. Ellos no podían participar en el juego masculino que se entabla para adquirir más honor mediante el desafío a otros varones por el tamaño de los órganos sexuales o la capacidad de seducir a mujeres; no podían embarcarse en competiciones físicas ni compartir la gloria de los oradores que articulaban una voz
146 JESÚS, EL VARÓN
35Esta posición de oportunistas permitiría al dicho de Jesús otro campo de interpretaciones. Frente a los eunucos del reino de Herodes o del orden social imperial, hay otros “eunucos” que promueven “el Reino de los Cielos”. Unos son vistos como aduladores y sostenedores del orden burocrático imperial, y otros como administradores de un orden social liminar.
potente36. Los eunucos podían alcanzar cualidades morales,
como la fidelidad a sus patrones, pero el honor pertenecía siempre al padre de familia: las sociedades falocéntricas y patriarcales se rigen por esos principios37. El desprecio que
esconde el humor se percibe bien en esta chreia que relata Diógenes Laercio: “Un eunuco inaguantable (moxtheros) escri- bió en la puerta de su casa estas palabras: ‘Que ningún mal- vado (kakon) entre aquí’. Él preguntó: ‘¿Cómo entrará en ella el dueño de casa?’” (Vit. phil. 6, 39).
Aunque el mundo religioso favoreció la presencia de eunu- cos, porque su indefinición de género los hacía aptos para fun- ciones rituales como las de las celebraciones de distintas diosas y recreaban la imagen mítica del sacerdote eunuco Atis, que se había mutilado los genitales (Minucio Félix, Octavio 24, 12), la literatura clásica retrata a los castrados como una banda de desenfrenados farsantes religiosos. En realidad, hay pocos tes- timonios positivos de eunucos leales y defensores de la integri- dad de las personas encomendadas a su cuidado38. Tal vez, la
peor desgracia para reconstruir la identidad de los eunucos es que solo tenemos de ellos caricaturas. La divertida novela El
asno de oro, de Apuleyo, los presenta mediante el estereotipo de
rufianes devotos de la diosa Cibeles:
“Otro día, vestidos de varios colores y cada uno con su traje, afeita- das las caras, con sus sucios afeites y los ojos enverdecidos, salen muy compuestamente con sus turbantes y túnicas y otras vestiduras encima de lino y algodón; otros llevaban túnicas blancas ceñidas y pintadas de dibujos lanceolados y calzados con zapatos colorados. Yendo ellos de esta manera, pusieron sobre mí a su diosa [el narra-
36Una notable excepción es la del eunuco Favorino (siglo I d.C.), que alcanzó renombre entre los sofistas y llegó a tener una estatua en Corinto. Disfrutaba pre- sentándose con las tres paradojas de su vida: un galo que hablaba griego, un eunuco de inusual libido –hasta el punto de haber sido acusado de adúltero por un marido celoso– y un ciudadano libre que luchó contra el emperador y todavía permanecía vivo (Filóstrato, Vit. soph. 489).
37
Otro nombre para los eunucos era el de semiviri o medio hombres. 38Amiano Marcelino, Res gestae 16, 7; Polibio, Hist. 22, 22,1.
dor es un hombre convertido en asno], cubierta de una vestidura de seda, para que la llevase; y desnudos los brazos hasta los hombros, llevaban cuchillos y hachas en las manos, y como hombres furiosos saltaban, y con el sonido de la trompeta incitaban sus bailes como enloquecidos. Habiendo andado por algunas casas y fincas, llegamos a una casa y posesión de uno que se llamaba Britino; y luego como asomaron, comenzaron a correr hacia allá, haciendo gran ruido con aullidos y desconcertadas y furiosas voces, bajando la cabeza, tor- ciendo a una parte y a otra los pescuezos, colgando los cabellos y rodeándoselos en la cabeza y mordiéndose algunas veces los brazos; finalmente, con unas espadas que traían de dos filos se hacían cortes en los brazos. Entre estos había uno de ellos que con mayor furia, como endemoniado, fingía aquella dañada locura, por parecer que con las preferencias de los dioses suelen los hombres no ser mejores en sí, mas antes hacerse débiles y enfermos. Pues espera y verás qué premio envió la providencia celestial: él comenzó a decir, adivinando a grandes voces y fingiendo mayor mentira, que debía castigar y reprenderse a sí mismo, diciendo que había pecado contra su santa religión; y por esto quería él tomar por sus propias manos la pena que merecía por aquel pecado que había cometido; así que arrebató un azote, el cual es propia insignia de aquellos medio mujeres (semi-