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SECTION III OPERATIONALISING THEORY

8.3 Structural modifications to the basic model

El entrenamiento continuo e interválico son métodos de entrenamiento empleados tanto en casos de rehabilitación de pacientes con enfermedades crónicas como en la preparación de atletas de élite. Existe un debate intenso acerca de cuál es el método que tiene mayor efecto sobre el rendimiento aeróbico (114,164). Mientras que tanto el elevado volumen como la elevada intensidad son componentes importantes en el programa de entrenamiento de un atleta, todavía no está claro cómo deben manipularse con el fin de conseguir un rendimiento óptimo en esfuerzos de elevada intensidad en atletas entrenados (157).

El entrenamiento continuo y submáximo se caracteriza por mantener consumos de O2

submáximos mientras que el HIT alterna periodos de bajo consumo con alto consumo con lo que el VO2 fluctúa (114). Entrenamientos de mayor intensidad (HIT) se suelen

emplear una vez que el deportista ha desarrollado una resistencia base sólida (1). Incluso, en atletas entrenados, parece que llega un momento en que el aumento del rendimiento o mejoras de factores fisiológicos como el VO2max, U.Anae, la EC o las

enzimas oxidativas musculares no dependen de un mayor incremento del volumen sino que se debe recurrir a incrementar la intensidad (147). Wenger y Bell (165)

observaron tras el análisis de la interacción entre frecuencia, volumen e intensidad de entrenamiento que la intensidad, con un volumen y frecuencia de entrenamiento mínimo, era el factor clave para aumentar el VO2max, sobre todo en sujetos con

mayores niveles de fitness cardiorrespiratorio. Tras el análisis de 34 estudios, Londeree (166) observó que, para sujetos previamente desentrenados, entrenar a una intensidad próxima al U.Láctico supone suficiente estímulo para aumentar los umbrales pero se necesitó mayor intensidad para producir dichas adaptaciones en los que ya tenían un cierto nivel de rendimiento en resistencia. Otros apoyan esta idea de la intensidad como factor clave en la mejora de los parámetros fisiológicos y del rendimiento en resistencia (167-169). Billat (170) observó que los atletas keniatas que tenían una mayor distancia semanal recorrida a la intensidad asociada al VO2max o

superior mostraban un VO2max más alto y eran más exitosos en 10 km en comparación

con los atletas que entrenaban a velocidades inferiores y dependían más del volumen semanal. El volumen de entrenamiento semanal realizado a esa intensidad explicó el 59% de la VAM y ésta el 52% de la varianza en el tiempo de 10 km.

Existen hipótesis que intentan justificar los posibles efectos fisiológicos diferenciadores entre el método continuo y el HIT. Así, algunos autores (171,172) asocian el entrenamiento continuo (70-80% del VO2max) con una mejora principalmente a nivel

central, y el HIT (100% del VO2max) con una mejora principalmente a nivel periférico.

Pero también hay argumentos a favor de lo contrario (114,173,174)

Macdougall y Sale (159) llegan a esa conclusión basándose en estudios en los que se observaba que el GC era el limitante principal del rendimiento en pruebas de resistencia. El factor clave en la mejora del GC era el VS, el cual mostraba un aplanamiento en test incrementales a una intensidad en torno al 50% del VO2max. A

partir de estos datos, la hipótesis sostenida fue que intensidades no superiores al 75% del VO2max estimularían al máximo el GC y que intensidades superiores afectarían más

a otros componentes (p. ej. la capacidad anaeróbica). Sin embargo, se ha observado que en atletas entrenados el VS alcanza su máximo a intensidades próximas al VO2max

(175-177). Para Daussin et al. (174), ambos métodos de entrenamiento inciden de diferente manera en las adaptaciones centrales y periféricas. En el HIT hay una

variación de la demanda de O2 y requiere de adaptaciones para mantener el aporte

adecuado de O2 y del GC en cada momento (componente central). Por el contrario, el

entrenamiento continuo se asocia con una demanda de O2 constante siempre y

cuando la intensidad del esfuerzo sea inferior a la aparición del componente lento del O2. En esas circunstancias el GC permanece por debajo de su máximo y los beneficios

del entrenamiento continuo irían más encaminados a adaptaciones periféricas, que permiten una mayor extracción de O2 (componente periférico). Para estos autores, la

variación en la demanda de O2 durante el HIT es un factor de estimulación en sí mismo

que genera adaptaciones periféricas (114).

Al comparar los efectos de métodos submáximos y máximos en las adaptaciones fisiológicas, hay estudios en los que no se observaron diferencias (178-182). Debido a esto, una de las hipótesis planteadas es que lo más importante es la carga de trabajo total por encima del tipo de entrenamiento (178,180,183,184). Otros autores basa estas similitudes en la posibilidad de que ambos métodos logren producir adaptaciones beneficiosas aunque a través de diferentes mecanismos (114,157,174). Por otro lado, Midgley et al. (3) recuerdan que se ha llegado al razonamiento de que intensidades máximas estimularán al máximo factores limitantes del VO2max (p. ej. VS) a

través de la observación de la respuesta cardiovascular en pruebas incrementales. Puesto que para entrenar a intensidades aeróbicas máximas se suelen escoger métodos de entrenamiento intermitentes, es posible que aplicar este razonamiento fisiológico a este tipo de métodos de entrenamiento sea una medida cuestionable. Sin embargo, otros estudios han encontrado evidencias de ciertas diferencias (114,173,174,185-187).

Todos estos resultados llevan a un panorama donde todavía no está claro qué adaptaciones producen cada uno de los dos métodos de entrenamiento y cuál aumenta de forma más eficaz el rendimiento en resistencia. Posiblemente se deba a que cada método produce similares adaptaciones fisiológicas beneficiosas para el rendimiento en resistencia pero a través de diferentes mecanismos (114,157,188). En general, se puede interpretar que la clave del mayor efecto del entrenamiento interválico es que es capaz de producir adaptaciones tanto centrales como periféricas

(114,174,186,189) y dirigidas a la mejora de las vías energéticas aeróbica y anaeróbica (162,190-194). Así, se ha observado que los beneficios asociados al aumento de la intensidad de entrenamiento van dirigidos a la mejora del VO2max (174,187,191-

193,195-199) de los umbrales ventilatorios (183,186,193-195), de la resistencia a la fatiga (200), cambios en el metabolismo muscular (114,184,192,201,202) y aumento del rendimiento (171,174,183,191-195,199,200,201,203-206).

Por último, cabe destacar que el HIT se ha erigido como un método eficaz para la promoción y adherencia a la actividad física y la práctica deportiva (207), demonstrando mejorar la condición cardiorrespiratoria en poblaciones con problemas cardíacos (208-211), síndrome metabólico (212-214), de sobrepeso u obesidad (215,216) e incluso con enfermedad arterial periférica (217) .