4 Analysing Institutional Behaviour in Regard to Equity 4.1 General Remarks
4.3 Student Dormitories
Pero como hemos visto, todas las formas de iniciación de la pubertad, incluso las más elementales, implican la revelación de un secreto y de conocimientos sagrados. Algunos pueblos
llaman "los conocedores" a sus iniciados.84 Además de las tradiciones tribales, los novicios
aprenden una nueva lengua, que utilizarán más tarde para comunicarse entre ellos.
Una lengua especial —o al menos un vocabulario inaccesible para las mujeres y los no iniciados- es la muestra de un fenómeno cultural que se desarrollará totalmente en las sociedades secretas. Tiene lugar una progresiva transformación de la comunidad de iniciados en una hermandad todavía más cerrada, con nuevos ritos de admisión y muchos grados de iniciación. No obstante, este fenómeno ya se encuentra presente de forma rudimentaria en las culturas más arcaicas. Para limitar nuestros ejemplos a Australia, en algunas tribus la iniciación de la pubertad consiste en una serie de rituales a veces separados por un intervalo de varios años85 y -todavía más
significativo- no todos los novicios son autorizados a tomar parte en ellas. Donde se acostumbra a realizar la subincisión, ésta tiene lugar varios años después de la circuncisión, y representa un nuevo grado de iniciación. Por ejemplo, entre los dieiri, la subincisión es el último de los cinco ritos iniciáticos principales, y no está abierta a todos los iniciados.86 Entre los los karadjeri, los ritos se
suceden unos a otros a lo largo de un período que puede prolongarse durante diez años. La razón de estos largos intervalos es religiosa. Tal y como lo expresa Tindale: «Muchas de las partes más importantes del ritual sólo le son reveladas [al aspirante] al cabo de muchos años; depende de su prestigio y su capacidad de aprendizaje».87 En otras palabras, el acceso a las tradiciones religiosas
de la tribu también depende de los poderes espirituales del candidato, de su capacidad de experimentar lo sagrado y de su comprensión de los misterios.
Aquí encontramos la explicación no sólo de la aparición de las sociedades secretas, sino también de la organización de hermandades de hechiceros, chamanes y místicos de todo tipo. La idea subyacente es simple y fundamental: aunque lo sagrado es accesible a todos los seres humanos, incluidas las mujeres, no por ello queda exhausto tras las primeras revelaciones. La experiencia y el conocimiento religioso tienen grados, y planos más y más elevados, que, por su propia naturaleza, no pueden ser alcanzados por todos. La experiencia y el conocimiento religioso profundos requieren de una especial vocación, una fuerza de voluntad y una inteligencia excepcionales. Al igual que un hombre no puede convertirse en chamán o en místico simplemente queriéndolo, tampoco puede alcanzar ciertos grados iniciáticos a menos que demuestre que posee cualidades espirituales. En algunas sociedades secretas también se pueden alcanzar grados elevados mediante regalos espléndidos. Pero no debemos olvidar que para el mundo primitivo, la riqueza es un prestigio de naturaleza mágico-religiosa.
Los sucesivos grupos de hechos que he revisado en este capítulo nos han permitido comprender la complejidad de los ritos de la pubertad. Vemos cómo el ser supremo o su hijo es sustituido como director de la iniciación por los antepasados o los dioses animales, convirtiéndose ésta en algo más dramático, y que su patrón fundamental -muerte y resurrección- se desarrolla en escenarios muy detallados y a menudo aterradores. También hemos visto que las pruebas iniciáticas elementales (extracción de un diente incisivo, circuncisión) son aumentadas mediante un mayor número de torturas, cuyo propósito, no obstante, sigue siendo el mismo: proporcionar la experiencia de la muerte ritual. Hay un elemento que cobra una mayor importancia: la revelación de la sacralidad de la sangre y de la sexualidad. El misterio de la sangre suele estar unido al misterio de la comida. Los incontables tabúes dietéticos realizan una función dual, económica pero también espiritual. Porque, en los ritos de la pubertad, los novicios se tornan conscientes del valor sagrado de los alimentos y asumen la condición adulta; es decir, ya no siguen dependiendo de sus madres y del trabajo de otros para su alimentación. Así pues, la iniciación equivale a una revelación de lo sagrado, de la muerte, de la sexualidad, y de la lucha por los alimentos. Sólo tras haber adquirido esas dimensiones de la existencia humana se convierte uno en un auténtico hombre.
Lo que también sobresale de los hechos analizados en este capítulo es el papel cada vez más importante desempeñado por los ancestros o antepasados, normalmente representados mediante máscaras. Al igual que las iniciaciones de la pubertad de Australia se representan bajo la dirección del hechicero, en Nueva Guinea, África o en Norteamérica los ritos son dirigidos por sacerdotes u hombres enmascarados. Muy a menudo, son los representantes de las sociedades secretas -y, por
tanto, representantes de los antepasados- los que dirigen las ceremonias. Las iniciaciones de la pubertad se llevan a cabo contando con el padrinazgo de especialistas en lo sagrado, que descienden para decir que están controlados por hombres con una cierta vocación religiosa. A los novicios no sólo les enseñan los ancianos, sino también, cada vez más, los sacerdotes y miembros de las socie- dades secretas. Los aspectos más importantes de la religión de la tribu -técnicas de éxtasis, los secretos y milagros del hechicero, las relaciones con los antepasados, por ejemplo- les son reveladas a los novicios por hombres que poseen una profunda experiencia religiosa, obtenida como resultado de una vocación especial o tras un largo aprendizaje. De ello se desprende que las iniciaciones de la pubertad se irán adecuando a una pauta que cada vez dependerá más y más de la tradición mística de los hechiceros y de las sociedades enmascaradas. Y todo ello se manifestará en una dirección, con un aumento de la confidencialidad, y en otra mediante la multiplicación de grados iniciáticos y por la predominancia espiritual, social e incluso política de una minoría compuesta por iniciados de alta graduación, los únicos depositarios de la doctrina transmitida por los antepasados.
Bajo esta perspectiva religiosa, la iniciación es equivalente a introducir al novicio en la historia mítica de la tribu. En otras palabras, el que está siendo iniciado se entera de los hechos de los seres sobrenaturales, que, en el tiempo soñado, establecieron la presente condición humana y todas las instituciones religiosas, sociales y culturales de la tribu. En definitiva, tener acceso a todo este conocimiento tradicional significa estar enterado de las aventuras de los antepasados y de otros seres sobrenaturales cuando éstos vivieron en la tierra. En Australia, estas aventuras significan poco más que largos viajes durante los que los seres del tiempo soñado se cree que realizaron un cierto número de actos. Como hemos visto, los novicios se ven obligados a evocar esos míticos periplos durante su iniciación. De esa manera reviven los sucesos del tiempo soñado. Para los australianos, esos sucesos primigenios representan una especie de cosmogonía, aunque, en general, la obra del tiempo soñado es de consumación y perfección: los antepasados míticos no crearon el mundo, pero io transformaron otorgándole su forma presente; tampoco crearon al hombre, pero lo civilizaron. A menudo, la existencia terrenal de esos seres primigenios finalizó en una muerte trágica o con su desaparición bajo la tierra o en el cielo. Eso significa que su existencia contiene un elemento dramático, que no estaba presente en los mitos de los seres supremos celestiales del sudeste de Australia. Lo que se comunica es, por tanto, una historia mítica bastante azarosa, y cada vez menos la revelación de los actos creativos de los seres supremos. La doctrina transmitida a través de la ini- ciación se circunscribe cada vez más a la historia de los hechos de los antepasados, es decir, a una serie de acontecimientos dramáticos que tuvieron lugar en los tiempos imaginarios. Ser iniciado equivale a saber qué pasó en los tiempos primordiales, y no a saber quiénes son los dioses y cómo fueron creados el mundo y el hombre. El conocimiento sagrado y secreto ya no depende de los dioses, sino de los antepasados míticos. Fueron los antepasados míticos los que vivieron el drama primigenio que estableció el mundo en su forma presente, y, en consecuencia, son ellos quienes conocen y pueden transmitir sus conocimientos. En términos modernos, podríamos decir que este conocimiento sagrado deja de pertenecer a la ontología y pasa a convertirse en una historia mítica.