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2 Developing a Logical Framework for Evaluation Capacity Building in the Romanian Higher Education

2.3 Stage 3: Training Evaluation Skills

Resulta digno de mención el hecho de que el tema iniciático del regreso al estado embrional también aparezca en niveles superiores de cultura, como, por ejemplo, en las técnicas taoístas de fisiología mística. Efectivamente, la "respiración embrional" (t'ai-si), que desempeña un papel considerable en el neotaoísmo, es imaginada como respirar en un circuito cerrado, a la manera de un feto; el adepto trata de imitar la circulación de la sangre y el flujo respiratorio de la madre al niño y del niño a la madre. El prefacio del Tai-si k'eou kiue ("Fórmulas orales de respiración embrional") expresa claramente en una frase el objeto de la técnica: «Al regresar a la base, al regresar al origen, se ahuyenta a la vejez, se regresa al estado fetal».53 Un texto taoísta de la moderna escuela

sincretista lo dice de la manera siguiente: «Por eso el (Buda) Ju-Lai (Tathagata), merced a su gran compasión, reveló el método de trabajo (alquimista) del fuego y enseñó a los hombres a entrar de

El mismo tema aparece documentado entre los alquimistas occidentales: el adepto debe regresar al pecho de su madre, o incluso cohabitar con ella. Según Paracelso: «Quien quiera entrar en el Reino de Dios, deberá entrar primero con su cuerpo en su madre y morir allí».55 A veces,

regresar al útero se presenta en forma de incesto con la madre. Michael Maier nos habla de que: «Definas, un filósofo anónimo, en su tratado Secretas Maximus, habla con mucha claridad de la madre, que, por necesidad natural, debe unirse con su hijo» (cum filio ex necessitate naturae

conjungenda).56Evidentemente, la madre simboliza la naturaleza en el estado primordial, la prima

materia de los alquimistas. Eso prueba la polivalencia del regreso al útero, y que permite que sea constantemente revalorizada en situaciones espirituales y contextos culturales diversos.

También podría citarse otra serie de ritos y mitos iniciáticos, relativos a cuevas y grietas montañosas como símbolos del útero de la Madre Tierra. Me limitaré a decir que las cuevas desempeñaron un papel en la iniciaciones prehistóricas, y que la sacralidad primordial de la cueva todavía puede descifrarse en sus modificaciones semánticas. El término chino tong, "cueva", acabó finalmente teniendo el significado de "misterioso, profundo, trascendente"; es decir, se convirtió en un equivalente a los arcanos revelados en las iniciaciones.57

Aunque resulta arriesgado comparar documentos religiosos pertenecientes a eras y culturas tan diferentes, he corrido con el riesgo porque todos esos hechos religiosos encajan en una pauta, las iniciaciones de regreso al útero tienen como principal objetivo que el novicio recupere la situación embrionaria. A partir de esta situación primordial, las diversas formas de iniciaciones que hemos repasado se desarrollan en diferentes direcciones, porque persiguen fines distintos. Es decir, habiendo regresado simbólicamente al estado de "semen" o "embrión", el novicio puede elegir entre cuatro cosas. Puede reanudar la existencia, con todas sus posibilidades intactas (éste es el objeto de las ceremonias hiran-yagarbha y de "respiración embrional", y el mismo tema aparece ampliamente documentado en terapias arcaicas).58 También puede volver a sumergirse en la sacralidad cósmica

regida por la Gran Madre (como, por ejemplo, en las ceremonias kunapipi). O bien puede alcanzar un estado de existencia más elevado, el del espíritu (que es el objeto de la ceremonia upanayana), o prepararse para participar en lo sagrado (el objetivo del diksha). O, finalmente, puede empezar un modo de existencia trascendente, totalmente diferente, homologable al de los dioses (la aspiración del budismo). De todo ello emerge una característica común: el acceso a lo sagrado y al espíritu siempre es descrito como una gestación embrional y un nuevo nacimiento. Todo iniciado en esta categoría ha nacido en dos ocasiones, e incluso -en el caso de la ceremonia kunapipi y el diksha- nace en unas cuantas ocasiones. Sacralidad, espiritualidad e inmortalidad son expresadas en imágenes que, de una forma y otra, significan el comienzo de la vida.

Los primitivos, claro está, siempre piensan en el comienzo de la vida en un contexto cosmológico. La creación del mundo constituye el modelo ejemplar de toda creación viva. Una vida que empieza en sentido absoluto equivale al nacimiento de un mundo, El sol, hundiéndose cada noche en una oscuridad de muerte y en las aguas primordiales, símbolo de lo increado y lo virtual, se parece mucho al embrión en el útero y al neófito escondido en la cabana iniciática. Cuando el sol se alza por la mañana, renace el mundo, al igual que cuando el iniciado emerge de su cabana. Con toda probabilidad, la práctica de los entierros en postura embrional puede explicarse a través de la interrelación mística entre muerte, iniciación y regreso al útero. En algunas culturas, esta relación íntima dará finalmente lugar a la asimilación de la muerte con la iniciación: se considera que el hombre agonizante atraviesa una iniciación. Pero los entierros en postura fetal subrayan principalmente la esperanza de un nuevo comienzo de la vida, que no significa una existencia reducida a sus meras dimensiones biológicas. Para los primitivos, vivir es compartir la sacralidad del cosmos. Y eso será suficiente para evitar que caigamos en el error de explicar todos los ritos y símbolos iniciáticos como un regreso al útero a causa del deseo de prolongar una existencia meramente biológica. Una existencia de ese tipo es un descubrimiento bastante reciente en la historia de la humanidad: un descubrimiento que ha sido posible precisamente por una radical desacralización de la naturaleza. Al nivel al que realizamos nuestro estudio, la vida sigue siendo una realidad sagrada. Y eso, creo yo, explica, por una parte, la continuidad entre los ritos y símbolos

arcaicos de "nueva vida" iniciática, y, por otra, las técnicas de longevidad, de renacimiento espiritual, de divinización, • e incluso ideas tales como la inmortalidad y la libertad absoluta que encontramos, en el período histórico, en India y China.

Los ejemplos citados anteriormente demuestran cómo un escenario iniciático que originalmente determinó ritos de la pubertad fue utilizado en ceremonias que perseguían otros fines. Esta polivalencia es fácil de comprender. En definitiva, lo que tiene lugar es una aplicación cada vez mayor de un método paradigmático, sobre todo del empleado para "generar" un hombre. Como el muchacho se hace un hombre mediante una iniciación que implica regresar al útero, se esperan obtener resultados similares cuando se buscan otras cosas, por ejemplo, cuando el objetivo es generar (es decir, obtener) una vida más larga o la inmortalidad. En definitiva, todas las maneras de generar están homologadas al ser identificadas con el ejemplo supremo de lo "generado", la cosmogonía. Alcanzar otro modo de ser -el del espíritu— es equivalente a nacer por segunda vez, a convertirse en un hombre nuevo. La expresión más contundente de novedad es nacer. El descubrimiento del espíritu es asimilado a la aparición de la vida, y la aparición de la vida a la aparición del mundo, a la cosmogonía.

En la dialéctica que ha hecho posibles todas esas homologías percibimos la emoción del hombre primitivo al descubrir la vida del espíritu. La novedad de la vida espiritual, su autonomía, no puede hallar mejor expresión que en las imágenes de un "absoluto comienzo", unas imágenes cuya estructura es antropocósmica, provenientes al mismo tiempo de la embriología y la cosmogo- nía.

IV. INICIACIONES INDIVIDUALES Y

SOCIEDADES SECRETAS

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