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Study 3a: Comparing the effectiveness of a multi-component weight

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5.2 Study 3a: Comparing the effectiveness of a multi-component weight

3.2.1. Características y problemática

Como ya hemos apuntado al inicio de este capítulo, aparte de la numerosa información aportada por las fuentes de carácter textual, para el estudio de las acciones llevadas a cabo por Alejandro Magno contamos también con una importante aportación de datos provenientes de los testimonios de carácter material que han llegado a nosotros gracias a la práctica arqueológica. Aunque todavía presentan hoy en día una gran dificultad para llevar a cabo una datación e interpretación fiable, su hallazgo y análisis nos permiten cotejar si la información aportada por los textos antiguos se corresponde verdaderamente con lo que ocurrió, permitiéndonos así realizar un seguimiento de las posibles ciudades atribuidas a la labor fundadora de Alejandro o de si sus acciones tuvieron toda la repercusión para el mundo antiguo como parecen sugerir sus historiadores contemporáneos.

Lo cierto es que la arqueología del período helenístico es más difícil de caracterizar que la del período clásico, debido no en poca medida a la enorme área geográfica implicada. Los restos arqueológicos que se han podido hallar a lo largo de todos los territorios que llegó a abarcar el vasto imperio fundado por Alejandro Magno nos aportan testimonios acerca del nuevo mundo surgido a raíz de su expedición panhelénica a tierras tan lejanas como las controladas por el Imperio persa e, incluso, la India. A pesar de su importancia manifiesta, los descubrimientos arqueológicos que se han podido datar y estudiar hasta el momento no llegan a darnos, en la actualidad, un número suficiente de aclaraciones como precisamos si queremos arrojar algo más de luz sobre el tema que nos ocupa.67

El principal problema que nos encontramos a la hora de intentar estudiar la mayor parte de las ciudades fundadas por Alejandro es que éstas no han podido ser identificadas con seguridad y, en las raras ocasiones en las que se conoce a ciencia cierta su ubicación verdadera, coincide con que la urbe moderna se alza sobre la antigua ciudad de época helenística, impidiendo así la gran mayoría de los trabajos arqueológicos, como sucede en la Alejandría de Egipto. En ésta ciudad también existen otros problemas, como veremos más adelante, relacionados con el cambio que ha sufrido el litoral costero quedando enterrada una importante parte de la topografía antigua de la ciudad. Otro problema es la inestabilidad política que se vive actualmente

en estos países y que hace que sea extremadamente difícil y peligroso el intentar dar con algunas ciudades que es muy probable que se hallen en territorios comprendidos en la región de Asia Central o en el Afganistán (como en las actuales ciudades de Merv, Herat o Kandahar).

A pesar de estos numerosos problemas, si se conocen algunos yacimientos como el de Ai-Khanoum, en Afganistán (en lo que fue el Asia central soviética) y que se sabe que se corresponde con una antigua ciudad helena del siglo IV a.C. Como apuntaremos con más detalle en capítulos posteriores de este trabajo, se cree casi con toda seguridad que esta ciudad fue una de las Alejandrías fundadas por Alejandro Magno durante su expedición y, sin duda, ofrece un sólido testimonio del grado que alcanzó la transformación cultural del paisaje de Oriente Próximo a causa de las conquistas del macedonio.68

Con respecto a la cultura material de las distintas partes del imperio de Alejandro queda todavía mucho por aprender. Posiblemente, el número de artefactos que se conocen acerca del período helenístico supere ampliamente a los de época clásica, sin embargo, los estudios acerca de estos materiales se encuentran hoy en día en un estado fluctuante, ya que muchos de ellos, que se encuentran a buen recaudo en diversos museos, carecen de un registro fiable acerca de donde fueron

hallados o desenterrados.69 Por ejemplo, la gran mayoría de estatuas de bronce de Alejandro o de los sucesivos soberanos helenísticos se han perdido y sólo sabemos de ellas a raíz de copias romanas posteriores.

3.2.2. Textos epigráficos

En cuanto a las inscripciones, éstas consisten sobre todo a dedicatorias ofrecidas por el propio Alejandro o por miembros de su entorno a diferentes templos, en edictos dirigidos por el rey a algunas ciudades griegas, o en concesiones de honores divinos otorgados hacia su persona por parte de aquellas ciudades. Las halladas hasta ahora se concentran, sobre todo, en Macedonia y en el ámbito de las ciudades del Asia Menor. Sin embargo, hay un desesperante silencio en cuanto al hallazgo de documentación epigráfica en el resto de territorios que compusieron el imperio alejandrino.70 Desde las costas de Siria hasta la India no se han hallado apenas ninguna inscripción. A este respecto, cabe destacar los edictos bilingües de Asoka, hallados en pleno siglo XIX en

68 Cartledge, 2008: 307. 69

Shipley, 2000: 54.

70 Gómez, 2007: 78.

Figura 4. Anillo con inscripción griega. Egipto, s. III- I a.C. (Dandamayeva, 2010: 179, fig. 177)

la zona de Kandahar, y que dan a intuir que las conquistas de Alejandro no llegaron a influir tanto en la población autóctona del lugar como en un principio se cree y que la idea de Alejandro como “gran civilizador” de los bárbaros bactro-sogdianos no fuese tan así como nos han dicho siempre las fuentes griegas antiguas.71