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Chapter 7 Visual search behaviour during laparoscopic training

7.3 Cadaveric Training Experiment

7.3.1 Study Design

Normalmente, las concepciones a priori de la pobreza, la definen por oposición a la riqueza, es decir, se concibe como una “falta” que según diversos enfoques, podría ser: falta de recursos, capacidades, habilidades, oportunidades, etc. La existencia de ciertas capacidades de las personas o grupos de ellas (reconocibles como categorías absolutas y objetivas), ha permitido una nueva comprensión de la pobreza, que permite ir más allá de las nociones utilitaristas difusas y más allá de la (des)posesión de bienes (Sen, citado en Boltvinik, 2003, pp. 414-416). El enfoque de capacidades y realizaciones conduce a una necesaria reflexión sobre el espacio de acción para la decisión, así como a la necesidad de que exista un patrón de referencia o una escala común para medir el cambio. Así, la pobreza como ausencia / privación de capacidades podría ser “medida” en términos de un

conjunto o regla específica de evaluación (Sen & Foster; en Boltvinik, J.; 2003: 417 - 423).

En general, sobre la base de las concepciones clásicas de la pobreza, han sido desarrollados varios métodos que de acuerdo con la tipología hecha por Boltvinik (Op. Cit.; 454 – 455), pueden ser normativos, semi-normativos o no y multidimensionales o no. En el desarrollo de las técnicas para la medición se han combinado métodos directos e indirectos, con lo que el espectro de técnicas varía ampliamente, así como los posibles resultados de su aplicación, haciendo más complejo el tema en cuestión. De las técnicas más usadas, se destacan las variantes mejoradas y la combinación del método de la Línea de Pobreza y de las Necesidades Básicas Insatisfechas. De la interpretación de los resultados, han surgido varias clasificaciones o “tipos” de pobres: grupos vulnerables, indigentes, “verdaderos”, etc. (Boltvinik, J.; 2003: 460).

Quiénes son los pobres y cuántos son, dónde están y cómo viven son cuestiones relevantes; sin embargo, si se quisiera resolver el problema en cuestión, el conocer las causas de la pobreza resulta todavía más importante. De hecho, se suele pensar con mayor certeza en que la pobreza no es “algo que les pasa a las personas” como un accidente o evento fortuito, sino más bien, que la pobreza se produce. Veltmeyer – entre otros – en tono crítico argumenta que la pobreza fue “descubierta” por el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones globales en los años setenta y que a partir de entonces han planteado un conjunto de políticas que eufemísticamente se han denominado estrategias de lucha contra la pobreza (Parpart & Veltmeyer, 2004; Petras & Veltmeyer, 2007; Yusuf et al., 2009).

Las investigaciones y la política económica y social se han concentrado con justa razón en la pobreza en términos absolutos, dejando en segundo plano una concepción distinta pero complementaria: la pobreza relativa, generalmente vista como el problema de la desigualdad (Todaro & Smith, 2003). De todas formas, la

desigualdad en sí misma y los efectos de la desigualdad en las estructuras sociales y económicas han sido estudiadas desde diversas perspectivas (normativas o no y más o menos analíticas) y en algunas ocasiones se ha colocado en el centro de los debates sobre el desarrollo, y una prueba de ello – tal vez paradigmática – es el reporte del Banco Mundial del 2006 (The-World-Bank, 2006).

Se suele discutir si todos los individuos son iguales entre sí o si – por el contrario – existen diferencias naturales pero por otro lado se afirman ambas proposiciones a la vez en términos de la díada isos-homoios (Lummis, 1997). Es decir, existen ciertas dimensiones en las que todos los seres humanos son iguales (fundamentación moral) y otras en las que existen diferencias innatas y adquiridas, aún más, los seres humanos buscan hacer patentes sus diferencias y/o acrecentarlas (Dahrendorf, 1968; Young, 1994). Para Lummis (1997), “La igualdad está presente en cualquier noción de que las personas deberían estar bajo el mismo conjunto de reglas...” (Ibid., 94-95). Así, la Equidad depende de un principio jurídico y hasta moral que si bien puede interpretarse de modos bastante particulares, es en su esencia: único y coherente.

De los debates acerca de la desigualdad es importante rescatar dos cuestiones importantes, una positiva y otra normativa, ambas estrechamente relacionadas entre si:

a) Igualdad de condiciones versus igualdad de oportunidades: Que también podría verse en términos de las oposiciones entre igualdad de recursos o de resultados, igualdad ex ante o ex post (Mach & Wesolowski, 1982, p. 44).

b) Reducción de la desigualdad y mecanismos de reducción: Aunque existen varias perspectivas que reclaman como necesario el reducir las desigualdades (S. Bowles & Gintis, 1998), las motivaciones suelen ser diversas (argumentos morales

o razón práctica en busca de la eficiencia o del orden social)38. Una vez que se acepta la necesidad de igualdad, surge el problema de los mecanismos mediante los cuales será posible esa reducción y los aspectos específicos de la estructura y dinámica social que deberán modificarse para lograr cerrar las brechas sociales, económicas, políticas, etc.

Así, desde el punto de vista normativo todavía no se ha podido encontrar una “fórmula” infalible ni mucho menos de consenso o simplemente operacionalizable. Por ejemplo, frente a la idea del óptimo de Pareto se antepone el teorema de Arrow sobre la imposibilidad de lograr dicho óptimo (Sen, 1970). En términos más generales, aún cuando la propuesta de Rawls trasciende las visiones aristotélica y utilitarista, todavía presenta algunas dificultades para generar estrategias viables y los modelos deben “suponer” que no existe la envidia entre individuos (Young,

1994). El supuesto de no-envidia resulta a todas luces irreal e imposible dado que – como se ha visto – existe un sistema ideológico que opera justamente en el sentido de establecer el éxito como un valor deseable (Tinbergen, 1957 y Foley, 1967, citados en Young, 1994, pp. 11-ss; Zegada, 2001). En un ordenamiento social desigual, es casi inevitable que los individuos evalúen su situación respecto de sus vecinos en la escala social en términos de la carencia o abundancia de las variables con que se mide el éxito, básicamente, riqueza39.

En principio, es preciso suponer que las estructuras sociales son abiertas, o que en todo caso, permitirían procesos de igualación en una magnitud significativa. En segundo lugar es necesario suponer que la tendencia general será de una igualación “hacia arriba” aunque no necesariamente sea lo “deseable” (Kaztman, 2002; Lummis, 1997).

38 Un argumento en contra de las desigualdades proviene de la economía mainstream y en

general, de la ideología liberal que considera que las retribuciones proporcionales al esfuerzo proveen los incentivos y la motivación para el esfuerzo productivo.

39 Un ejemplo clásico es el que cita a Marx cuando expone el caso de la desigualdad: “A house

may be large or small; as long as the surrounding houses are equally small it satisfies all social demands for a dwelling. But let a palace arise beside the little house, and it shrinks from a little house to a hut … the occupant of the relatively small house will feel more and more uncomfortable, dissatisfied and cramped within its four walls” (Marx (1978) [1849] citado en Kingdon & Knight, 2004).