México como espacio en el que la industria editorial adquiere dimensiones y características específicas, ha sido objeto de estudio desde diversas líneas de investigación con una abundante diversidad temática en la que destacan las prácticas de lectura, las políticas públicas, revisiones históricas de industria, la influencia de agentes institucionales y su producción desde la visión histórico social, cultural y educativa, así como mapas y revisiones de las configuraciones del mercado.
Néstor García Canclini, en Lectores, espectadores e internautas (2007) ayuda a configurar los diversos planos del contexto amplio y denso en el que se desarrolla nuestra industria editorial, ubicándola como parte de las industrias culturales, y coloca el acento analítico en las nuevas formas de interacción y consumo. Otro de sus libros, éste en coautoría con Ernesto Piedras Feria, dedicado a las industrias culturales y en el que describe periféricamente a la industria editorial es Las industrias culturales y el desarrollo
de México (2006), un estudio general sobre el aporte económico y cultural de estas
industrias y los principales problemas a los que se enfrentan en México. Reconocemos que la producción de García Canclini es mucho más extensa, los mencionados son los trabajos que consideramos presentan un acercamiento más directo a la industria editorial desde las prácticas de consumo y desde la perspectiva socioeconómica del país. Ambos ayudan a la
58
configuración tanto del campo editorial mexicano como de la situación de las industrias culturales en el país.
El análisis de Fernando Escalante Gonzalbo A la sombra de los libros. Lectura,
mercado y vida pública (2007) expone las relaciones entre las prácticas de lectura y la
industria editorial con incidencia en el espacio público mediatizado. Desde la propuesta de Pierre Bourdieu, Escalante retoma los postulados de Gustave Flaubert con respecto al campo literario para formular una minuciosa contextualización del campo editorial mexicano desde sus líneas de contacto con el espacio anglosajón y español, principalmente; plantea como entorno las prácticas de lectura y la constante lucha de los escritores por mantenerse en el espacio público. Con ello analiza los simbolismos tanto del libro como del escritor en un mundo mediatizado. Este análisis se vuelve relevante para nuestra investigación como antecedente tanto de la conformación de la industria editorial en México como de las características de los “lectores-consumidores” y de la conformación del campo intelectual.
En esta misma línea incluimos a Gabriel Zaid con Los demasiados libros (1996), libro que se centra principalmente en la problemática de lectura que enfrenta el país. Este panorama da cuenta de la sobreproducción de libros que en la mayoría de los casos no llegan a ser leídos, mucho menos comprados ante la carencia de los servicios básicos de aproximadamente la mitad de la población en el país y donde el libro ni por asomo es un artículo de primera necesidad. Al respecto, Zaid resalta los pocos espacios de venta y la cultura de la no lectura, frente al excedente de escritores, quienes en muchos casos obvian la lectura, esta práctica incide en la propia industria y su desarrollo, con espacios muy cerrados o acotados, especialmente para los “pequeños editores”. Del trabajo de Gabriel Zaid rescatamos su abordaje de las posibilidades de producción de los editores autodenominados “independientes” a partir de la impresión digital como potenciadora de una práctica de producción alternativa.
Como aportaciones a la investigación sociocultural sobre prácticas de lectura en México los textos: La lectura masiva en México: apuntes y reflexiones sobre la situación
que presenta esta práctica social (2005), Prácticas de lectura en México y El libro como producto cultural (2002), de María Guadalupe Chávez Méndez, reconstruyen prácticas
59
muy bajos– dan cuenta de las condiciones en que se gestan. En estas propuestas de revisión del estatuto del libro como producto cultural, su uso y consumo, no sólo están imbricadas las diversas aprehensiones de la lectura sino la valoración del libro como un objeto cargado de simbolismo. Ambas perspectivas ayudan a conformar una idea de sentido y objeto de doble significación.
Con respecto a la historia del libro y la lectura en México varios son los acercamientos que se han realizado, entre ellos destaca específicamente Carmen Castañeda con su obra Del autor al lector: historia del libro en México (2002), quien lograreconstruir el camino que siguen las publicaciones impresas del productor al lector como destino; pasando por el traductor, el impresor, el comerciante y el librero. Examina las prácticas de lectura y el análisis de textos para entender las formas de apropiación de los libros.
Desde una perspectiva histórica, Castañeda también colaboró con Luz Elena Galván Lafarga y Lucía Martínez Moctezuma en el libro Lecturas y lectores en la historia de
México (2004), donde a través del recuento e identificación de los libros, pero sobre todo
las prácticas de lectura, hacen un repaso de la cultura contemporánea mexicana. Ambos textos permiten comprender las condiciones socio históricas que componen la industria editorial mexicana, sobre todo desde la incursión del Estado en la producción de libros. Esto nos permite caracterizar un espacio editorial en México a partir de las condicionantes históricas y los agentes reconocibles, para poder comprender las propiedades específicas del campo editorial mexicano.
Pudimos registrar investigaciones que tienen como objeto de estudio las relaciones consistentes y determinantes del Estado con la industria editorial de México, donde un papel preponderante lo tiene la conformación de la Comisión Nacional del Libro de Texto Gratuito (Conaliteg). Esto al margen de la inclusión de políticas públicas articuladas a una visión específica de la cultura y la consolidación del “ser nacional” como dispositivo fundacional que puede ubicarse en la implementación de esfuerzos editoriales encaminados a la educación popular y que en su momento fueron propuestos por José Vasconcelos. El
libro de los que hacen el libro (2009) es un texto que agrupa el testimonio de los
trabajadores de la Conaliteg, editado por la Secretaría de Educación Pública, que reconstruye la historia del organismo a partir de la narrativa oral de quienes han formado
60
parte de ella en los últimos años. Este libro da cuenta de los procesos de producción y la actual situación de la Conaliteg.
Reconocemos asimismo el trabajo de Lorenza Villa Lever con el libro Cincuenta
años de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos: cambios y permanencias en la educación mexicana (2009), así como El libro de texto gratuito en la actualidad (2011) de
Tonatiuh Anzures, ambos con su centro en la producción editorial institucionalizada en la figura de la Conaliteg: las implicaciones de la producción de libros de texto para toda la república como política educativa y al mismo tiempo la figura del Estado como principal inyector económico a la industria editorial en el país. Las características de una institución que a lo largo del tiempo ha consolidado su presencia vinculante y ha desatado un sinfín de consideraciones sobre su influencia. En las interacciones entre el Estado y los diversos agentes en la producción de libros de texto, además de cotos de poder e influencia se incluyen las problemáticas presupuestales y concesionarias.
Caracterizar a la Conaliteg es pertinente para la enunciación, tanto del contexto de la industria editorial nacional, como de la situación del estado de Jalisco, ya que no podemos pensar en la edición en México sin la Conaliteg como un “aparato” que mantiene viva a la industria editorial. Aunque estos textos no son una crítica abierta a la comisión, reconocemos un debate abierto en torno a la influencia de ésta en la creación de cierto tipo de libros, las concesiones a editoriales, su posible privatización y lo que con ello acarrearía para la industria.
Desde la perspectiva económico-social cabe mencionar los reportes de la industria editorial en México a partir del Informe Omniprom 2011 sobre el libro en México13 (2011), coordinado por Marcelino Elosua, en el que destacan la caracterización de espacios de distribución en el país comparativamente con España y la principal problemática en torno a ello, que tiene que ver, no con el establecimiento del precio fijo del libro, sino con la manera en la que previamente se realiza tal acción en atención a las inflaciones en la cadena de distribución. Característica que consideramos central en la descripción de la estructura de distribución y desde la que es posible analizar la Ley de fomento para la lectura y el libro.
13 La empresa distribuidora Omniprom, presente en México, año con año presenta un análisis de la situación de la industria editorial en el país.
61
Particular interés representó la centralidad de la industria editorial y la divulgación científica, específicamente el trabajo que da cuenta de la producción editorial de textos de divulgación como: Divulgación de la ciencia para niños a través de revistas producidas en
México: aproximación a partir de las estrategias editoriales y discursivas (2007), de Luisa
Fernanda González Arribas, en el que coloca de forma periférica la relación entre edición y ciencia dándole más peso a esta última, con lo que tocan tangencialmente el problema de investigación ya enunciado; sin embargo, no establecen una relación concreta y tampoco hay líneas ya trazadas para continuar abonando al respecto. Aquí hay un buen camino para abonar a la línea de investigación.