3. Research Design and Methods
3.3. Study methods
3.3.1. Study methods part I
De los 3.000 metros en adelante faltan las habitaciones y cultivos, aunque las tierras son feraces por la buena irrigación y estructura geológica. Los pastales del cerro de Las Sabanas, impropiamente llamado Frontino, ascienden hasta 4.100 metros, y nutren ventajosamente gran número de vacunos. Los venados se refugian en estas alturas, en verdaderos rebaños, huyendo del cazador que persigue con avidez esa carne insípida, de piel algo valiosa. La selva domina en estas alturas, ricas además en especies medicinales, como el frailejón, el romero, mosquita, valeriana y muchas otras que la ignorancia general oculta, como tantos otros dones de la naturaleza. Lo notable de esta zona es el cerro mencionado, estudiado por ingenieros y sabios eminentes cono Scheibe. Ningún lugar más ameno presenta la orografía colombiana para el turista; dilatadas llanuras que pueden recorrerse en bueyes de silla, lagunas numerosas, extensos frailejones y rocas
formidables ceñidas de vistosas orquídeas. Desde esa atalaya se divisan los dos océanos y el Atrato, el río más navegable de la República.
Las cimas del Plateado y San José completan el trío montañoso que da a Urrao su peculiar situación y fresco ambiente.
Los treinta ríos que riegan el Municipio, formado por millares de corrientes secundarias, aseguran un amplio desarrollo a la industria pecuaria. Entre tantas fuentes teje la cordillera occidental una red que permite llegar por terrenos altos hasta las márgenes del imponderable Atrato.
El suelo urraeño es propicio para las flores gemelas, del alma femenina y artista. Las especies exóticas prenden como en su propio solar, y las nativas lucen inusitada brillantez y tamaño. Los bosques abundan en orquídeas y helechos, que al ser conocidos, enriquecerán la gallarda flora de ornato.
Los frutales no son abundantes, y la rutina o incuria impiden que esta industria aporte la riqueza que en todo tiempo genera. Es digno de observación que los frutales producen bien en el Distrito en alturas considerables. El dominico se acerca a los 2.000 metros con vigoroso racimo, y el aguacate se carga de frutos más grandes y de sabor más grato que el producto en las vegas bajas.
La naranja urraeña merece párrafo especial, sobre todo las del sitio llamado La Loma; tienen sabor combinado de piña, naranja y miel; sin parte blanca leñosa, son un a esfera maciza del más rico jugo. Se usa en buena cantidad, pero se centuplicaría su cultivo cuando los dirigentes del pueblo cumplan el deber de enseñar las benéficas propiedades del fruto, verdadero sol por sus colores y virtudes. Hace falta un organismo encargado de llevar hasta el más remoto bohío las enseñanzas de la ciencia y selecciones literarias encaminadas a hacer más amables la vida humana y la de cada ser, planta, animal, mineral, o fenómeno que nos rodea. El campesino necesita apoyo pecuniario, ideas libertarias y la estética del agro que todos ensalzamos al mismo tiempo que lo rehuimos para incorporarnos a la asfixiada multitud de las capitales; contradicción muy explicable en la actualidad.
El hombre que se sitúa en La Campana (cerro de las Sabanas) se da cuenta de la ventajosa posición geográfica de Antioquia para el comercio universal; pero jamás se explica el que un pueblo llamado vigoroso deje pasar más de cuatro centurias sin conectarse al Pacífico, que asfixia como el pollo incapaz de romper el
cascarón que lo separa del aire y del sol. Las tres cimas andinas que enmarcan el valle del Penderisco son el trípode sobre el cual la pitonisa ha enunciado venturosas profecías que diez generaciones no han querido realizar. Pensamos que la ignorancia geográfica ha vendado a nuestros legisladores, aunque no pocas achacan tal descuido al odio por el rojo que borbota sobre el verde tapiz de la meseta promisoria. El andesismo debiera fomentarse, porque el individuo colocado en las alturas asimila par su cerebro la diáfana inmensidad de los horizontes sin límites.
La riqueza mineral corre parejas con la flora y la fauna; el oro abunda, pero se esconde en lugares apartados, por lo cual es preciso esperar el desarrollo vial que manifestará la cantidad fabulosa de minerales tan dilatada que encierra tan dilatada comarca. Los hábiles ingenieros White Uribe conocen palmo a palmo el terreno y poseen datos sobre su importancia minera.
La carretera Bolombolo –Urrao – Solano sería para el Departamento una revelación, una fuente maciza de riquezas y un vuelco a los prejuicios montañeses tan notorio como el que conmovió al espíritu humano con la primera circunnavegación del planeta por el intrépido portugués Fernando de Magallanes.
A nadie se oculta la variedad de climas que encierra la escala de 22 a 4.100 metros sobre el nivel marino en que se extiende el suelo urraeño. Los productos íntegros del universo hallarían en esos lindes la temperatura de origen. Las ascendencias megatermas, templadas o glaciales, tienen aquí su representación y prosperan admirables.
La suerte nos colocó bajo un cielo que cambia con frecuencia el azul quemante por el plomizo y albo de las nubes genitoras de prados y arboledas. No comprendemos la belleza sin abundancia, y por eso no envidiamos las regiones en que el sol hace de la tierra sedientos arenales. Las lluvias frecuentes pueden ser incómodas, pero siempre se traducen en frutos y combustible. Las nubes electrizadas forman en repetidas ocasiones fantásticos paisajes vespertinos hacia el N. W., del poblado; no faltan viajeros que afirman ver en esos dibujos retratada la Heroica Ciudad de Cartagena. Meca del patriotismo nacional, cuya gloria rebasa los linderos del mar que la ciñe para ostentarse, simbólica, en los océanos celestes.
Fray Pedro Simón reivindica para Urrao al héroe máximo contra la barbarie conquistadora, a Tomé, al jefe indio, que contestaba así a las fanfarronadas de una bala pontificia declamada por los fantásticos invasores: “Allegáos un poco más, cristianos, y llevaréis el tributo que llevó Pedro de Frías y sus compañeros;
dejaremos las armas de las manos para ponéroslas en las cabezas, y yo os cortaré pieza por pieza vivos, para que queden las amistades más fijas”. Si las plumas maestras de Botero Saldarriaga o Efe Gómez hicieran la presentación de ese adalid indígena, la gratitud nacional pondría el nombre de Toné entre sus héroes excelsos, en las calles más suntuosas de las capitales, en las páginas mejores de nuestra deficiente historia, en el mármol y en el bronce que perpetúan las hazañas memorables.
Entresaco del mismo autor dos párrafos concordes con nuestras afirmaciones respecto a riquezas minerales:
“El Chocó, tierra montañosa, siempre empantanada por sus continuas aguas y que parece la mira de mala gana el sol, según siempre está sombría; defensas todas a que sea habitada de muchas gentes que le devuelven sus entrañas buscándole las muchas venas de oro que oculta en ellas.
“El Padre Fray Todoco, de nuestra sagrada religión, andando por las tierras de la Gobernación de Popayán, por el gran conocimiento que tenía de la astrología, dijo muchas veces que sobre estas Provincias del Chocó, Chancos, Noanamas y Cirambiraes predominan e influían astros tan benévolos que criaban en ellas las mayores riquezas de oro, plata, perlas y otras piedras... los que ha echado de ver la experiencia por todos los que han entrado en ellas.”
Al lado de la historia debemos colocar dos leyendas: el tesoro de Dabeibe, que tantas vidas y fatigas costó a los insaciables conquistadores, está situado en un peñasco vertical, junto a un charco profundísimo del Penderisco, poblado de animales feroces. A grande altura sobre el nivel del río se ve en la peña una abertura ovalada. Quien lograra llegar a tal orificio hallaría la entrada guardada por un tigre corpulento que inmediatamente asalta al aventurero. Este debe aguardar a pie firme la arremetida, que resulta inocua. Despejada la vía, puede seguir hasta unos blancos salones repletos de oro, hasta el punto de saciar la avaricia más extremada. El cuento éste ha originado expediciones de muchos paisanos, que han conseguido los que logra todo el que cree en leyendas.
De índole semejante es el tesoro del Barroso, situado con toda exactitud en el cerro Plateado. Durante nueve lunas cien cargueros indios transportaron el oro del cacique Barros; al terminar la tarea todos los indios fueron exterminados por una tropa que los esperaba con tal consigna, para sepultar para siempre el secreto de tan rico depósito. Hoy se afirma que el tesoro se halla en un espacio circular, plantado de piñas
silvestre únicamente, cuidado con esmero por manos invisibles. Hasta mapas tienen de tan interesante región; y conozco muchos con los pies heridos y la espalda inflamada por la carga de víveres necesaria para descubrimientos tan prodigiosos.
Otros engaños peores conocemos que dejan sangrando el cuerpo y la conciencia.
Una de las calles de Urrao lleva el simpático nombre de Codazzi, ingeniero excelente y valerosos militar, cuya memoria se honra en la Ley 124 de 1896. Ese incansable geógrafo escribe lo siguiente:
“Preséntase desde luego un valle hermoso por su altura sobre el nivel del mar, por sus ricos pastales, por los variados picos de las cordilleras que parecen encerrarlo por todas partes, y de las cuales salen algunos ríos y quebradas, en medio de una vegetación siempre en primavera. Los diversos cerros realzan la hermosura del ancho y prolongado valle por el cual corre mansamente el río Penderisco, a cuyos bordes está el pueblo de Urrao, llamado a representar un papel importante por su posición topográfica en esta serranía todavía salvaje. De aquí tomará Antioquia nuevos refuerzos para emprender especulaciones comerciales, explotaciones de nuevas minas y empresas agrícolas de más considerable magnitud.
“Este será el punto de sus depósitos de comercio, y en donde se fomentará una ciudad populosa, porque vendrá a quedar en el camino que conduzca al Atrato, tan abundante en oro. No está lejano el día de esta transformación, la cual depende sólo de la apertura del canal interoceánico por el istmo; y ya hoy los ingenieros ingleses han visitado los lugares, resultando de sus exploraciones que el terreno de mayor altura entre el Pacífico y el Atlántico alcanza solo a 150 pies ingleses, equivalentes a poco más de 47 metros o 56 varas granadinas...”
La vecina Provincia del Chocó, del lado que toca a ese punto, tomará un incremento inmenso, incremento que no será sólo de las poblaciones de dicho istmo, sino también del Chocó y de la parte de serranía perteneciente a esta Provincia (Antioquia) que confina con aquél por las vertientes hacia el Atrato. Las ricas minas de oro que poseen Antioquia y el Chocó son un gran aliciente para atraer pobladores, los que no sólo explotarán los ricos veneros de estas comarcas sino que emprenderán los desmontes de las antiguas selvas para aprovechar sus terrenos sanos y feraces para el cultivo de los frutos que pueda necesitar el minero y todos aquellos que son apetecibles en los mercados extranjeros, pudiendo embarcarlos con facilidad y conducirlos al canal por donde pasarán los buques mercantes de todo el mundo! Qué
transformación la que experimentarán estas selvas vírgenes y solitarias de la Provincia de Antioquia, en cuya descripción nos estamos ocupando! Atónito quedará el viandante al descubrir el valle de Urrao bien poblado por los ricos comerciantes y propietarios y en que se disfrutará de una temperatura suave de 20.5° del termómetro centígrado (19°) y del que se podrá pasar en pocos días (horas) en vehículo de ruedas al Atrato, por el camino que ha preparado la naturaleza por el medio de la serranía hoy apenas conocida. Los vapores que surcarán entonces este hermoso río en menos de cuatro jornadas podrán conducir los pasajeros al gran canal, llevándolos así cómodamente del uno al otro mar. Con suprema admiración se reflexionará que este punto comercial era en época remota un gran lago, cuyas aguas se levantaban 495 metros sobre el plano actual del pueblo de Urrao, el cual se halla hoy a 1.855 metros sobre el nivel del mar. Un camino pésimo conduce al Atrato; pero es tal que no pueden los animales transitar por él, teniendo los hombres que hacer uso de sus semejantes, que, como bestias de carga, transportan con sobradas penalidades algunas arrobas de víveres y mercancías. El lago de que hablamos se desecó rompiendo la cordillera que hoy enlaza la serranía de Pavarandó con la de la Horqueta de Abriaquí. Esta ruptura puede haber sido producida por algún terremoto que haya volcado los cerros y dado paso a las aguas para precipitarse sobre otro lago inferior, mucho más espacioso, que es el de Murrí. Hoy todavía las llanuras conocidas con este nombre y con el de Mandé, son una prueba de la existencia de este lago, que se elevaba como a 1.200 metros sobre el nivel del mar. Engrosóse, sin duda con el repentino diluvio que le bajó de Urrao, haciéndolo desbordarse sobre el dique que lo contenía. Opinión es esta que fortalece la presencia de los peñascos destrozados en el punto llamado La Cerrazón. Esta catástrofe ha debido producir una inmensa inundación en el bajo Atrato, el cual, salido de madre, ha tenido que extenderse por las grandes selvas de sus planicies. Este valle, habitado hoy por algunos indígenas apenas, y por una que otra familia criolla, será un punto de la mayor importancia cuando lo pueble la inmigración, porque en él se hermanarán la agricultura y la minería. Si hoy no se goza en este sitio de gran salubridad, bien pronto se sucederá todo lo contrario, cuando hayan sido destruidos sus árboles seculares y cuando se hayan desecado los pantanos que existen todavía como reliquias indicadoras de su antigua inundación. Sólo dista del Atrato 5 leguas, lo que proporcionará llegar a él por un camino fácil, al paso que el Murrí, unidos al Penderisco, ofrecerá por la llanura una vía fluvial de sólo 7 leguas.
Los cerros entre Pavarandó y Ocaidó de los cuales descienden seis ríos y gran número de quebradas, serán poblados también a causa de la bondad de su clima y su proximidad al Atrato; en ellos se podrán cultivar los frutos de las tierras frías, los de las cálidas y los de las templadas. No será menos ventajoso el lecho del antiguo lago, por donde corre hoy el Amparadó, pues que abundan en excelentes minerales y son
sus tierras propias para la agricultura, gozando muchas de ellas de la doble de ventaja de un clima saludable y de la cercanía al Atrato.
Si retrocedemos de Urrao y nos transportamos al alto páramo del Frontino (las Sabanas) adornado de muchos piscos y de grandes peñas totalmnte desnudas, se nos presenta la perspectiva más dilatada que puede desear el observador. Su altura de 3.400 metros sobre el nivel del mar (4.100 según Scheibe) los coloca en situación de dominar todo el país hasta más allá del Atrato. Los ricos pastos de este páramo, en los que se alimentan algunos rebaños de un señor Corrales, de Antioquia (hoy de Jaramillo Villa y Compañía), pueden contener muchísimos más. Podría decirse que se divisa claramente la ramificación de los cerros de la cuenca del antiguo lago del Murrí y la de los que encierran la hoya del Penderisco y dan origen al Arquía. Causa tristeza considerar que todo es un desierto, que sólo osa cruzar por uno u otro punto algún salvaje. No sólo se dilata la vista por donde serpentea el Atrato, sino que se distingue perfectamente un bajo cordón de cerros que se confunden con el abierto horizonte del mar Pacífico. La distancia de 22 leguas que separan este punto y los vapores que levantan el fuerte calor impiden casi siempre divisar las aguas marinas; pero sabiendo que detrás de esa fila de montes se dilata el océano, concluye el observador por convencerse de que esa inmensa llanura, que se une al cielo en el borde del horizonte, está formada por las aguas del Pacífico.”
Esto se escribió por un sabio hace ochenta años, y aún “causa tristeza considerar que todo es un desierto...” Los salvajes desnudos han desaparecido; supervive la legislación del mismo apellido; los montañeses urraeños han descuajado una milésima de la selva fecunda, sin más apoyo que la sublime inspiración de las estrofas libertarias de Epifanio Mejía.
EL HOMBRE
Si es cierto que nuestro ser actual es una especie de libro en que cada centuria tiene su página, y que obramos repitiendo ocasionalmente las prácticas de nuestros abuelos más remotos, la índole de los aborígenes a quienes tocó la época de la Conquista de be influir de modo decisivo en la idiosincrasia urraeña.
La etnografía vacila aún para fijar el origen de los pobladores de América; las diferencias que presentaron las diversas tribus colombianas duplican las dificultades. Sin atrevernos a ninguna hipótesis, recalcamos el hecho de que los pobladores del Atrato y Costa Atlántica presentaron una resistencia
admirable, armada de flechas y macanas contra el invasor abroquelado y omnipotente por disponer del acero, la pólvora y los caballos.
Fray Pedro Simón dice de los indígenas pobladores del valle del Penderisco: escogen antes que la paz el ser consumidos por las llamas y si acaso sus hijos y sus mujeres procuran huir del peligro, los vuelven al fuego, donde se consumen todos. Esta fiera nación tiene por afrenta mostrar alguna apariencia de sentimiento (dolor) cuando los matan. Cuando les cortan las manos, meten el brazo en el fuego, con aspecto más que bestial, como gente más indomable que fieras, pues así castigados escapan diciendo a los españoles mil blasfemias, vituperios, afrentas y amenazas; tienen la pertinacia de Faraón. Al perro que los devoraba decían iracundos: ¡aprisa, come come!
Esa genealogía nos llena de legítimo orgullo, pues bien sabemos que bien teme la muerte no ama la libertad. El Faraón se llenó de terror y cedió ante los alaridos; nuestros abuelos arrojaron a las llamas al hijo o a la mujer cobarde que las esquivaban para someterse al yugo. Piensen lo que quieran los seudomoralistas, siempre creemos que la vida sólo es digna cuando se gasta íntegra en acrecentar la libertad de que se disfruta, o en recuperar la libertad perdida. El que es hombre ofrece a Dios amor, nunca temor; necesita al Sér Supremo para darle gracias por sus triunfos, jamás para implorarle remedio a sus dolores. Dios debe serlo para la alabanza, el hombre debe ser el amo absoluto de sus miserias.
La raza o conglomerado social que algo teme es infeliz y cualquiera la hace esclava. No conocemos en nuestra historia un reto más varonil contra la muerte que el lanzado por esos bárbaros del Penderisco, nuestros gloriosos antecesores.
Un latigazo dado a su sirviente, niño todavía, culminó en la sangrienta venganza en que murió el bachiller Lozano con su familia. La mansedumbre incita la crueldad, y esa es la razón por la cual cada vecino mira al semejante con la cabeza erguida y el gesto que a un tiempo expresa la benevolencia y la amenaza.
Las murallas andinas y la distancia han hecho de Urrao una sociedad diversa por varios aspectos. Domina un individualismo cerrado, por el cual cada montañés construye su casa en el sitio más aislado, ojalá no vea el humo del hogar vecino; quiere para él solo el agua de cada fuente y enuncia complacido la