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Subsample analysis and heterogeneity check

1.3 Data and empirical results

1.3.5 Subsample analysis and heterogeneity check

- En la tabla y figura N° 01, se demuestra que del total de los usuarios encuestados del Centro del Adulto Mayor Guadalupe, Provincia de Pacasmayo; el 61 % consideran que predomina deficientes relaciones interpersonales entre pares. De estas cifras se puede inferir que la mayoría de estas personas no confían entre ellos y tienen problemas de comunicación para desarrollar un buen clima social dentro de esta institución.

Estas cifras se pueden respaldar con el siguiente testimonio:

“Señorita, a muchos de mis compañeros no los conozco por eso que no les tengo confianza y mejor prefiero estar alejado de ellos…” (Arturo, 85 años de edad).

La forma y el significado de estas relaciones en el seno de los albergues varían de una sociedad a otra, según los antecedentes culturales, sociales y económicos, pero siguen siendo esenciales para el mantenimiento de la asistencia, la comunicación y la prestación de servicios en diferentes generaciones. Naturalmente, estos intercambios funcionan en ambos sentidos: el contacto personal entre los hijos y sus mayores son para unos y otros un medio de realización individual de educación y actividad creadora.

Se reconoce pues unánimemente que el respeto mutuo entre las generaciones, necesario para reafirmar la solidaridad familiar, se basa en los valores morales y filosóficos de las sociedades y las culturas del mundo.

Nuestra sociedad tiene la responsabilidad de preocuparse desde el punto de vista preventivo, terapéutico y rehabilitorio de la persona de edad

avanzada y tratar de romper con el tradicional estereotipo de considerar al adulto mayor desamparado e inútil. Para ello debe realizar una serie de acciones encaminadas a utilizar las capacidades y potencialidades de aquel en el desempeño de una función activa en la sociedad.

De acuerdo con el papel que deben ocupar los adultos mayores en nuestro país y al lugar insustituible que ocupa la familia en la formación y educación del hombre nuevo y en las relaciones intergeneracional futuras, realizamos esta investigación con el objetivo de determinar las peculiaridades de la interrelación entre el adulto mayor y los más jóvenes de la familia. (NÚÑEZ DE VILLAVICENCIO, F.; 2012).

Las relaciones sociales son importantes a lo largo de toda la vida, fortalecen física y mentalmente, se relacionan directamente con la sensación de bienestar y la calidad de vida, por eso mantenerlas y hacer nuevas amistades es importante para transitar un proceso de envejecimiento activo.

Los intereses y expectativas expresadas reflejen la percepción de los problemas de soledad, depresión, ausencia de diálogo, reclusión y la búsqueda de ambiente social para reencuentro, comunicación, convivencia, ocio y desarrollo de las actividades que valoren su vida. Estos aspectos pueden ser evidenciados en las declaraciones “para no quedar clausurados en casa y no envejecer más rápido”, o en otras como: “es estar con otras personas, expandirse más, es importante para la salud, cuidarse mejor, aprender más en la vida”. Otro todavía cuenta que es bueno “tener ideas nuevas, nuevas amistades y conocimiento”. En cuanto

a la participación de los jubilados, relatan que necesitan de nuevos aprendizajes, relacionamientos e incentivo al ambiente social.

El alistamiento en la institución lleva al adulto mayor a perder sus valores personales de estima, imagen, demostrando a través de relacionamientos en el grupo algunas pérdidas de convivencia en la sociedad.

- En la tabla y figura N° 02, se demuestra que del total de los usuarios encuestados del Centro del Adulto Mayor Guadalupe, Provincia de Pacasmayo; el 66 % opinaron que predomina deficiente calidad de comunicación entre compañeros del programa.

Estas cifras se pueden respaldar con el siguiente testimonio:

“Señorita, las personas que participan en el grupo son poco expresivas, tienen temor a comunicarse abiertamente sin miedo y prefieren callar lo que sienten…” (Tomás, 80 años de edad).

Los adultos mayores tienen una característica que marca; la mayoría participa del grupo para ser ayudado y otras veces para ayudar. Han ocurrido varias situaciones que ejemplifican los efectos del grupo.

En general, el proceso de comunicación es complejo y puede ser más complicado aún por la edad. Uno de los problemas más importantes para tratar con los adultos mayores, es que son más heterogéneos que las personas jóvenes.

La amplia gama de experiencias vividas y antecedentes culturales que poseen suelen influir sobre la percepción de la enfermedad, la voluntad para adherir al tratamiento y la capacidad para comunicarse con eficacia con los prestadores de salud.

La comunicación también puede estar entorpecida por el proceso de envejecimiento normal, el cual trae alteraciones sensoriales, disminución de la memoria, retardo del proceso de información y pérdida de poder y de influencia sobre las vidas de los otros, la jubilación y, la separación de la familia y los amigos.

La comunicación es un intercambio de mensajes entre dos personas, mensajes transmitidos a través de códigos, oral, mediante la palabra, escrito por medio de letras, números y también de forma corporal, a través de mímicas o gestos. La comunicación puede ser: directa, de persona a persona o indirecta cuando se produce a través de los medios de comunicación de masas, como el periódico, la radio, y la televisión, entre otros.

La primera preocupación que debe imperar a la hora de comunicarse con los Adultos Mayores, no es ir en su busca para ayudarlos sino más bien permitirles entrar al centro de nuestras vidas, crear un espacio en donde ellos puedan ser escuchados con cuidadosa atención. Esto significa abrir las puertas de nuestra intimidad, tanto personal, familiar y social.

Es importante tener en cuenta que la comunicación efectiva en la etapa de la vejez, juegan un papel importante las actitudes personales, ya que indican hasta qué punto estamos preparados para escuchar lo que los demás tienen que decir y la interpretación que hacemos de lo que hemos oído. Sin embargo, la comunicación efectiva con los adultos mayores se alcanza en la medida en que se construyan espacios donde la prisa no sea el determinante de la acción; La confianza y el respeto por los

mayores sean los elementos que propician el actuar de buena fe. (ARAUJO PRETEL; Sofía; 2013).

- En la tabla y figura N° 03, se demuestra que del total de los usuarios encuestados del Centro del Adulto Mayor Guadalupe, Provincia de Pacasmayo; el 59 % consideran tener bajo nivel de confianza entre compañeros de esta institución. De estas cifras, se puede inferir que estas personas tienen deficiente confianza interpersonal, situación que afecta la participación en las actividades que se organización en su propio beneficio. La desconfianza es pues entendida como un instinto básico de protección y conservación del individuo frente a lo desconocido, o no controlable

Estas cifras se pueden respaldar con el siguiente testimonio:

“Señorita, aquí nos reúnen a todos los que hemos sido considerados en el programa, pero la mayoría no nos conocemos bien, por eso yo no les tengo confianza, no sé quiénes son…” (Alejandrina, 84 años de edad).

La confianza puede ser personal, cuando una persona cree y confía en sí misma, lo que le permite tomar iniciativas y riesgos. Puede ser interpersonal, cuando se confía en otras personas, lo que permite tener amigos, participar en organizaciones y asociaciones, pertenecer a la sociedad civil y crear empresas. Finalmente, puede ser impersonal o institucional, lo que permite que la equidad, imparcialidad y eficiencia de las instituciones sociales.

A la desconfianza la podemos considerar como una emoción humana negativa porque implica inseguridad sobre las acciones que pueda desplegar alguien en el futuro.

Además se trata de una actitud absolutamente consciente y voluntaria que surge de quien la sostiene y que no depende del otro de ningún modo. La confianza es la seguridad plena o esperanza firme que alguien siente o le tiene a otro individuo, o a alguna cuestión, por ejemplo, un proyecto o plan que se tiene plena certeza que va a funcionar.

Esta desconfianza constante hará que pensemos mal de todos los demás, más allá de haber tenido o no mala experiencia en este sentido, o sea desconfiaremos de todo y todos con sustento o sin él, bastará una frase, una mirada o cualquier acción para que sintamos en carne propia la desconfianza sobre algo o una persona.

Por supuesto esta cuestión resulta ser un gran enemigo a la hora de la interacción social, de hacer amigos, formar una pareja, entre otros, porque todo el tiempo se sucederán pensamientos que harán pensar que si nos acercamos a alguien y le contamos una intimidad podrá usarla en nuestra contra. Y esto, claramente, a la larga o a la corta, terminará por complicar cualquier relación en la cual nos hayamos embarcado.

Entonces, cuando una persona tiene una tendencia a la desconfianza, le resultará difícil mantener relaciones sociales y asimismo construir nuevas, básicamente, porque se desconfía de todo y todos.

La desconfianza nos hará ver lo que probablemente no exista y obviamente nos retraerá socialmente y esto tendrá como principal consecuencia el aislamiento social.

Es sin dudas la gran enemiga a la hora de la concreción y del mantenimiento de relaciones de amistad y de pareja.

Sin la existencia de la confianza en el otro, especialmente cuando no existe algo que nos remita duda, será muy complejo ser felices con nuestros amigos, nuestra pareja, nuestros familiares.

Si bien esto puede modificarse a partir de las experiencias vividas por cada persona, es corriente que si disponemos de una personalidad segura, nuestra autoestima será alta y por caso no habrá espacio para sentirse constantemente amenazados por el presunto engaño del otro, o sea la desconfianza.

Muchos pueden utilizarla como mecanismo de defensa, en los casos en los que hayan sufrido reiteradas faltas a su confianza y suelen vivir con un alerta permanente ante la eventualidad de ser engañados.

Es recomendable que estemos alertas en un nivel normal y no pasarnos al otro lado de la absoluta y total confianza de todos, siempre es mejor el término medio en todas las actitudes de la vida. (SENNETT, R.; 2013).

Hablar pues de “falta de confianza”, como si fuera la perdida de algo normalmente preexistente (la confianza) no ayuda a entender una fenomenología que precisa de un enfoque terminológico-conceptual distinto. Es como hablar de sonido y silencio. El silencio es ausencia de sonido, de manera similar a como la confianza es ausencia de desconfianza (o quizás dicho más realistamente: igual que llamamos silencio en realidad a la ausencia de un nivel de sonido detectable por un receptor concreto, quizás se debería denominar como confianza a la escasa o baja desconfianza).

- En la tabla y figura N° 04, se demuestra que del total de los usuarios encuestados del Centro del Adulto Mayor Guadalupe, Provincia de Pacasmayo; el 64 % consideran que presentan bajo nivel de liderazgo entre los compañeros y señalan que estas es una de las principales causales que genera la escasa participación en la actividades programadas por su organización.

Estas cifras se pueden respaldar con el siguiente testimonio:

“Señorita, nos hace falta quien nos oriente, quien nos hable sobre la importancia de nuestra presencia en esta organización…” (Raúl, 80 años de edad).

Desde el nivel más importante, las personas (nivel micro de liderazgo), liderar implica cambiar; en este sentido, es necesario impulsar un cambio de paradigma desde las propias personas mayores y sus organizaciones, pasar del concepto de personas mayores como grupo social que recibe prestaciones “necesito, pido, espero”, a personas mayores como líderes activos, que aportan y generan oportunidades en la sociedad “propongo, decido, lidero”.

El liderazgo está relacionado con los valores de compromiso, empatía, integridad y proactividad. Un buen líder debe aportar y recibir de los demás, inspirar una visión positiva, movilizar, implicar y crear oportunidades y tiene la responsabilidad de cambiar las estructuras que generan discriminación para promover una mejora en la calidad de vida de las personas y una mejor organización.

Estamos viviendo un cambio de época y esto hace que las organizaciones de la sociedad civil deban asumir más responsabilidades. Es necesario

que las mejores organizaciones y las mejores personas aporten conocimiento, propuestas y trabajo para la mejora y sostenibilidad del Estado de bienestar. Debemos ser una sociedad civil más organizada, participativa y proactiva. (BOHÓRQUEZ, Alfredo; 2016).

En general, el liderazgo organizacional es definido como un proceso de influencia social que está determinado por los objetivos de la organización, que promueve conductas en pro del alcance de dichos objetivos, influenciando a la vez el mantenimiento de la cultura y del grupo en sí (ERKUTLU, H.; 2015).

El líder, se le conoce como el comunicador, motivador y facilitador de desarrollo de los miembros de su grupo, en el cual se incluye él mismo. Además de esto, menciona el autor, el líder debe tener la función de integrar la información que emite y recibe por parte de los subordinados, superiores y colegas, con el fin de que las dinámicas organizacionales sean un todo coordinado.

El mundo actual se encuentra en un proceso de permanente cambio y creación de nuevos contextos, por lo tanto, los líderes de la nueva era deben tener presente la importancia de ser conscientes de todos los posibles factores que intervienen en su ejecución. (PAUCHANT, T.; 2015).

Dichos factores son tenidos en cuenta en el modelo integral –fundamento del liderazgo integral–, en el que se reconoce la existencia de una dinámica de cambio y factores sociales, objetivos, subjetivos y transaccionales que intervienen en la ejecución del rol del líder y en la organización como tal.

- En la tabla y figura N° 05, se demuestra que del total de los usuarios encuestados del Centro del Adulto Mayor Guadalupe, Provincia de Pacasmayo; el 55 % consideran que presentan bajo nivel de motivación dentro de la organización. Esta situación emocional negativa dificulta la participación activa y consiente en las actividades que se promueve en esta organización.

Estas cifras se pueden respaldar con el siguiente testimonio:

“Señorita, nos falta conocer los beneficios que nos va generar participar en las actividades, por eso estamos desmotivados…” (Celia, 79 años de edad).

Es un fenómeno complejo y al decir de BERRIEL, F y LLADÓ, M. (2014), resulta imposible establecer lo que sería un “buen participar” para cada sujeto, es decir, no es algo que se pueda recetar como si fuera la medicación pura y perfecta para todos los adultos mayores. Sin embargo, es posible sostener que la participación social es un elemento clave en la configuración de las condiciones de vida de las personas. Por otro lado, el concepto de motivación ha sido muy estudiado dentro del campo de la psicología debido a la importancia que el mismo tiene a la hora de explicar las causas de nuestros comportamientos.

Para MASLOW, A. (1991). La motivación es constante, inacabable, fluctuante y compleja, y casi es una característica universal de prácticamente cualquier situación del organismo.

STREJILEVICH, Leonardo (2011) sostiene que la motivación es toda condición interna en el individuo que le impulsa a la acción o al pensamiento; ésta influye sobre la voluntad para trabajar y hacer. Se trata

de intereses, deseos, aspiraciones y procesos internos de la persona que despiertan, dirigen y sostienen una actividad determinada. La concreción del motivo tiene su efecto en la estimulación, la necesidad, que hace que el adulto mayor participe activamente, donde se renueva, se transforma, inventa y se reconstruye. Desde ambas visiones, es posible entender la motivación cómo la fuerza que influye en nuestra conducta llevándonos a realizar ciertos actos para conseguir un determinado fin.

Las actividades que requieran tareas de solidaridad y ayuda social, proporcionan en muchos de los casos una nueva visión de sí mismo, alguien que puede dar al otro, alguien que es útil y de esta manera se construyen nuevos proyectos y objetivos. Se genera así un doble beneficio: para la autoestima de los adultos mayores y para los que se benefician de la actividad que pueda realizar esa persona mayor.

No se puede hablar de la motivación en abstracto sin haber profundizado en el desarrollo de la psicología del individuo a lo largo de la vida, especialmente en la conformación de las motivaciones, evolución que se puede enriquecer con las nuevas metas que la persona mayor se proponga en esta larga etapa de su existencia, pues continuar sus motivaciones lo ayudarán a prolongar la vida con calidad, aprovechando con utilidad el tiempo libre.

La motivación es considerada como el impulso que conduce a una persona a elegir y realizar una acción entre aquellas alternativas que se presentan en una determinada situación. En efecto, la motivación está relacionada con el impulso, porque éste provee eficacia al esfuerzo colectivo orientado a conseguir sus objetivos, y empuja al individuo a la

búsqueda continua de mejores situaciones a fin de realizarse profesional y personalmente, integrándolo así en la comunidad donde su acción cobra significado. (KORNFELD, Rosita; 2013).

El problema es que los adultos mayores consideran que la vejez les impone limitaciones físicas, mentales, económicas y afectivas; que son aceptadas en mayor o menor caso y a las que se ajustan a través de mecanismos de defensa como la racionalización y/o la compensación, con el objetivo de hacer corresponder la imagen social de la vejez con su autoimagen, como una forma más de atenuar su conflicto interno; se evidencian temores asociados a la proximidad de la muerte, ansiedad de separación por la pérdida de sus seres queridos, sentimientos de nido vacío, malestares relacionados con su ajuste y adaptación a sus limitaciones y en gran medida por la repercusión de una imagen social peyorativa o desfavorable de la vejez en su propia imagen del fenómeno y en su calidad de vida de forma general. Este problema y fenómeno es asociado frecuentemente a conceptos erróneos como: senilidad, inutilidad, estorbo o carga; lo que hace que el anciano llegue a sentirse como tal, afectando su calidad de vida y su propio bienestar subjetivo. La calidad de vida es difícil de medir ya sea para un individuo, un grupo o una nación, porque además del bienestar material, incluye componentes intangibles como la calidad del medio ambiente, la seguridad nacional, la seguridad personal, las libertades políticas y económicas.

La esperanza del adulto mayor no debe depositarse solamente en vivir más, sino en vivir más de la mejor manera posible, no es lo más importante avanzar en el desarrollo de unas técnicas que nos lleven a una

longeva y aburrida vida, sino el aprender a vivir cada año de forma más positiva y placentera. Lo que importa es promover, formar, crear nuevos hábitos de vida, nuevos modelos de comportamiento porque siempre, en todas las edades, se puede aprender a vivir.

- En la tabla y figura N° 06, se demuestra que del total de los usuarios encuestados del Centro del Adulto Mayor Guadalupe, Provincia de Pacasmayo; el 52 % consideran que nunca son comprendidos por sus pares y por eso se sienten excluidos del grupo; esta situación gravita negativamente en la participación de las actividades recreativas que se programan en la institución.

- Estas cifras se pueden respaldar con el siguiente testimonio:

“Señorita, mis compañeras no comprenden mi situación, tengo muchos problemas para llegar a la institución, mis hijos no me ayudan por eso llego tarde y los demás me critican por eso…” (Juan, 86 años de edad).

Los vínculos se sostienen por la comprensión, no por el entendimiento. Es decir, no hace falta entenderlo al otro para comprenderlo. La lógica del mayor muchas veces no es entendida por la lógica del menor. Los hijos muchas veces no entienden las razones de sus padres mayores. Podemos no entenderlos, pero no podemos dejar de comprender sus emociones, sus sentimientos y sus necesidades.

Todos preferimos ser comprendidos y no juzgados. Ciertamente, la comprensión es la virtud humana preferida del costarricense. Le siguen la afabilidad, la humildad y la sencillez.

La regla de oro de las relaciones humanas es decir y hacer las cosas con cariño. Esta regla se vuelve cada vez más necesaria. Cuando se vive a