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Artículo Traducido al Español por: Maria Solange Sánchez. Copyright Elsevier 2235470784745

Tìtulo original: I have a dream.

Cossu Raffaello. 2009. Editorial / Waste Management 29: 1465–1466

La basura representa un marcador económico y social palpable sobre nuestro estilo de vida y nuestro ambiente. La composición de los residuos que producimos nos proporciona numerosas pistas respecto a nuestros hábitos, el tipo de trabajo que tenemos, nuestras opiniones políticas, la presencia de niños en la familia y nos cuentan si esposa y esposo disfrutan o no de una relación conyugal saludable.

Mas aún, la basura es un símbolo siempre presente del tiempo en que vivimos, y del grado de estupidez que generalmente prevalece. Estupidez. Una definición bastante interesante del término utilizado por el Dr. Cipolla, ex profesor de la Universidad de California en Berkeley (Cipolla, 1988). En su representación del comportamiento humano, descrito en un plano cartesiano (en el eje x: los daños/ventajas para el mismo, el eje y: daños y ventajas para los demás) las personas irracionales están identificadas en el tercer cuadrante, denotando aquellos que actúan de tal manera que se hacen daño a si mismos y a otras personas. Cipolla demostró además como la estupidez es una peculiaridad generalizada en todas las categorías humanas, sin importar su profesión, clase, nacionalidad, nivel de educación o religión. Dicha estupidez está uniformemente distribuida de acuerdo a una proporción constante e invariablemente subestimada. De hecho, la estupidez, tal como la define Cipolla, es la causa primaria de las guerras, los ataques terroristas, la violencia e injusticia. De acuerdo a la lectura de los hechos claves en el último siglo, pasando por la primera y segunda guerra mundial, la guerra en Vietnam, la discriminación racial y el ataque terrorista en el World Trade Center, hasta los últimos conflictos, es claro que los actos absurdos y estúpidos han liderado dichos actos.

Así, la producción y composición de la basura representa un medio por el cual podemos medir la estupidez humana.

La carrera armamentista es tanto una actividad destructiva como importante generadora de residuos. Tomando el caso de Milán después de la segunda guerra mundial, la cantidad de escombros producidos por los bombardeos era tal, que con ellos se consolidó Montesella, una colina de 45 m de alto (de hecho la única colina en el área urbana), y que hoy hace parte de un parque municipal de 14 has. Los altos volúmenes de residuos peligrosos se disponen generalmente en botaderos o cerca de los ríos aumentando la contaminación originada por la guerra, especialmente cuando la destrucción alcanza áreas industriales. (Mihajlov et al., 2001; Barlaz et al., 2007). En la noche de septiembre 12 de 2001, se dio inicio al transporte de acero deformado y estructuras destrozadas, de lo que alguna vez fue el World Trade Center, desde el Ground Zero hasta el lugar de disposición conocido como Fresh Kills en la isla de Staten. Durante los siguientes diez meses previos a la finalización de dicha labor, 1.8 millones de toneladas de residuos habían sido registradas ante la supervisión de las autoridades federales y locales por la presencia de restos humanos y objetos personales comunes. La historia de esta operación está documentada en una exhibición en el museo de New York.

La composición de los residuos está influenciada considerablemente por la injusticia social. Durante la era de la discriminación racial en Sudáfrica, el llamado “primer mundo” blanco y económicamente desarrollado, era capaz de adquirir calefacción moderna en tanto que el tercer mundo vivía segregado en grandes tugurios, con bajos estándares de vida donde la única calefacción posible para sus viviendas humildes provenía del carbón. Esta diferencia en estilo de vida, estaba reflejada en la cantidad de residuos sólidos producidos: una gran cantidad de cenizas en Soweto y Alexandra, y la ausencia casi completa de las mismas en los residuos producidos en las áreas de Johannesburgo y Capetown. Sin embargo, el ambiente no perdona la estupidez y frecuentemente se rie de las divisiones sociales y geográficas absurdamente impuestas. Así, los vientos dominantes que soplan desde Soweto hacia Johannesburgo, obligan a la población blanca a disfrutar de la contaminación atmosférica producida por la combustión de carbón en Soweto!

La vida continua, incluso en tiempos de guerra. La gente tiene que alimentarse. La producción de basura continúa y por tanto debe ser tratada. Alrededor de 25 años atrás, en la Feria de Milán, estaba modelando la reunión de alcaldes de las ciudades mas grandes del mundo, que se habían reunido para discutir los problemas ambientales que

debían enfrentar las administraciones municipales. Por aquel entonces, la República del Líbano estaba viviendo las angustias de la guerra civil. El alcalde de Beirut empezó su discurso diciendo “En este momento nuestra ciudad enfrenta un grave problema…” y la audiencia asintió en total acuerdo, conmovida por las palabras del alcalde. Pero luego el continúo “Si, en realidad tenemos un grave problema: no sabemos como disponer nuestros residuos. Si los tiramos al mar, contaminarán el agua, si los enterramos, contaminaremos el suelo, si los quemamos, contaminaremos el aire! Y ese era su mayor preocupación!

Aún cuando haya bombardeos la basura debe colectarse diariamente si queremos evitar problemas de salud en la población. Durante los conflictos de la vida moderna, los medios frecuentemente muestran imágenes de los camiones de basura conduciendo en el medio de un campo de batalla entre tanques y las trincheras de los oponentes, y la población civil utilizando los tanques como escudo para aventurarse afuera y hacer sus compras sin que les disparen.

Tengo un sueño!. Deseo que la composición de los residuos pudiera ser la misma alrededor del mundo. Revelando un porcentaje similar de papel, plástico, materiales inertes, sustancias orgánicas y vidrio, permitiendo sin embargo la diversidad de productos: sustancias orgánicas como cuscús, espaguetis, arroz, papa, periódicos como Corriere della sera, El Mundo, Beijing Ri Bao, y el Herald Tribune. El mismo porcentaje de cada fracción revelando una alta diversidad. Además de la desaparición total de residuos de guerra y destrucción. Para lograrlo, este sueño implicaría que el mundo esté en paz, libre de guerra y desequilibrio económico, socialmente justo y sin la globalización cultural.

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