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Summary of Controls for Organic Peroxides (Class 5.2 Substances) 98

3.   Oxidising substances and organic peroxides 92

3.3.   Summary of Controls for Organic Peroxides (Class 5.2 Substances) 98

«Si el grano de trigo no muere queda solo, pero si muere da mucho fruto».

– Jn 12,24

Lo que sigue viene en primera persona. Todo lo que ahora está escrito lleva un «para mi» detrás.

Por tanto, «para mí»...

Cerrar y abrir, entrar y salir, empezar y terminar. Que el duelo da paso a otra vida distinta siempre es una de las cosas que los dolientes dicen con más frecuencia y claridad: «no volverá a ser lo mismo, ya nada será igual». Tenemos que cerrar este libro y el proceso de escribirlo con el que comienza el rito de leerlo y, tal vez, de pensarlo, de enriquecerlo con las propias experiencias de pérdida del que lo lee y ponerle otras palabras a las que a mí se me han ocurrido, otros ejemplos y otros textos. Es un proceso de vida y de muerte, de paso del tiempo y de lo que hacemos con él.

Al terminar estas páginas, soy consciente de haber renunciado a algunas cosas que no he dicho, y tal vez crezca la sensación de haber repetido las que he dicho. Tenía el propósito de aportar algo en la línea de dar el espacio necesario a la dimensión espiritual del duelo, por un lado; y, por otro, el de conceder el lugar que le corresponde a dicha dimensión.

Llenar las páginas que hicieran falta para hablar sobre ello, y que el resultado fuera comprender que las dimensiones de la persona no son un sumatorio y que abordar esta dimensión no es abordar «la que faltaba», sino descubrir, desde lo que movilizan los ritos, que desde la dimensión espiritual captamos el sentido del duelo y, más allá de él, el hilo de sentido de nuestra existencia. Es decir, que la que faltaba es la que organiza al resto de las dimensiones.

He optado, pues, por hablar de lo que he hablado, y comprendo que puedan extrañar algunas omisiones. En cualquier caso, de lo que he dejado de hablar se han ocupado, y muy bien, otras personas.

José Carlos Bermejo trata en «Duelo y Espiritualidad» el papel de la dimensión religiosa en la elaboración del duelo. Entra en una tradición y un contexto determinados. Él lo dice: «soy religioso camilo y estoy en Europa». Su interés es dejarnos beber de lo

que desde la tradición cristiana nos sacia y nos alivia en el duelo y lo que le da un sentido nuevo.

Me he centrado solamente en una mirada ritual sobre la pérdida que nos ayude a comprender más el duelo y, sobre todo, la dimensión espiritual de este y una forma de dotar de sentido a la pérdida desde el rito. He querido responder de modo principal a lo que Ken Doka denomina la «quinta tarea de Worden».

Ha supuesto un esfuerzo el no recoger aquí el rico panorama de rituales religiosos que dan sentido y acompañan procesos de duelo marcando no solo el comienzo de este, sino jalonando los momentos posteriores. Las personas en duelo, a menudo ven que sus pasos los llevan a la iglesia.

La eucaristía, que es el memorial de la muerte y resurrección de Jesús, se alza como uno de los ritos más ricos en canto a posibilidad de procesar una pérdida que necesitaría el coraje de ser personalizada para responder a las diferentes personas. Insistir en la rigidez del rito que solo permite creatividad e introducción de símbolos en momentos muy puntuales quita sentido al sacramento, pero, sobre todo, le quita significado para las personas.

Cuando me disponía a escribir estas páginas, fruto de la sugerencia y el estímulo de José Carlos Bermejo, me encontré en Internet con un provocativo testimonio que se titulaba «yo no tengo dimensión espiritual». Me parecía que daba sentido a lo que en el curso del acompañamiento me he encontrado a veces. Muchas personas no terminan de saber leer en clave espiritual sus duelos, dado que no han sabido leer en clave espiritual sus dichas. Lo que pretendí con el libro es que las personas encuentren una forma de sentirse seguras en la exploración de su yo profundo, su sentido, su alma, o como se la quiera llamar, a través de la toma de conciencia del papel de los rituales en sus vidas.

En el testimonio mencionado, nos dice un alumno de unas clases de logoterapia cómo su punto de partida era estar convencido de que: «Yo no tenía una parte

espiritual. Al menos, eso es algo de lo que estaba plenamente convencido. De la misma manera, tenía la convicción de que los temas espirituales eran una estratagema más de las religiones para mantener a la gente ilusionada con un sentido de la vida puramente artificial. ¿Qué es eso de que hay que tener fe en algo que no se ve y no se puede comprobar de ninguna manera?»[1].

Pero nos dice también que, al cabo de ponerse a trabajar en el descubrimiento de su persona, fue descubriendo por un lado una intuición, que yo definiría como la capacidad de comprender las cosas y saber lo que es mejor en cada momento, sin pensarlo.

Otra manera de hablar de esta dimensión espiritual es como esa voz interior que nos va alejando de las cosas que nos dañan y nos va acercando a las que nos hacen bien,

tanto a nosotros mismos como a los demás, a través de nuestros propios actos... En suma, fue trabajando y descubriendo que su dimensión espiritual siempre había estado allí.

El duelo, mirado desde tantos ojos como he querido permitir en el curso de nuestra reflexión, es aquella realidad que nos hace conscientes de que sí tenemos una dimensión espiritual y de que, como las otras dimensiones de nuestro ser (física, emocional, social, mental), sufre con la pérdida. Sufre con el matiz que le es propio de cada dimensión, y así el tipo de sufrimiento que llamamos «espiritual» es lo que podemos llamar «sufrimiento profundo», porque afecta a los cimientos de mi propio sentido.

En el momento de cerrar este libro, vuelvo mis ojos sobre lo que aprendo de las personas en duelo, las muchas oportunidades que tengo yo y tenemos el resto de voluntarios de acompañar en San Camilo y en el Centro de Escucha. Algunas de ellas pasan a través de estas páginas, se asoman dejando parte de sus historias y se desvanecen tratando de seguir encontrando nuevo sentido a sus respectivas historias. Aprendo que, en lo profundo, habita un dolor puro lleno de amor por lo que yo he perdido, a la vez que contaminado, por causa de mis necesidades, y que así se hace parte de mí y me construye.

En este momento de convocar miradas, descubro que el aprendizaje esencial de estas páginas lo he recibido yo porque he podido dejar resonar palabras de muchas personas y porque comprendo que en el caos, en el poder de desordenar la vida, nace el orden de una nueva forma de hacerse humano; y que, por tanto, reconocer el destrozo que puede provocar la pérdida y el dolor, y mirar el duelo, humaniza. Que el caos es el origen de toda creación y que en él todo empieza desde que se hace un poco la luz (cf. Gn 1).

En la hora de recoger aprendizajes, traigo a la luz con respeto lo que aprendo de los

compañeros que acompañan conmigo y en otros muchos sitios del mundo y que van

dejando retazos de sus aprendizajes en blog, webs, libros o testimonios. Lo que más en concreto aprendo cuando nos reunimos, hablamos y nos preguntamos si estamos siendo suficientemente buenos, escuchas que no matan lo que nos quieren decir ni lo suplen, sino que dan cuenta de ello y lo acogen desde la humanidad capaz de ser empática por ser encarnada.

Miro lo que aprendo de mis pérdidas, que cada vez contemplo con más ternura y acogida, haciendo que sean parte de mi proceso de humano y que, al compartirlas contigo, que lees esto, puedas sentir que no me guía un interés de estudio erudito, sino que me da luz para seguir pensando en todo esto mi propio espíritu, que quiere crecer y cambiar. Lo que aprendo de mis muertes tempranas, que hoy se revelan como más importantes en mi historia de vida de lo que yo podía sospechar. Lo que yo aprendo de las más dolorosas, que me hablan de dolores de parto, sabiendo que me quedan muchas

por seguir viviendo, y secretamente las temo, pero no las rehuyo.

Valoro lo que aprendo del valor de mi fe, de mi dimensión espiritual, que se desnuda cada año que pasa dejando más preguntas cada vez o incluso dejándome con la pura sed que no pregunta.

Descubro lo que aprendo acerca de la forma de terminar mis pérdidas, en el sentido de cómo he querido seguir ligado a vidas mías, a relaciones, a espacios significativos, y cómo esa continuidad no me ha producido estancamiento todas las veces, sino que me ayuda a comprender que todas mis pérdidas son ambiguas, porque en todas hay algo que he de dejar atrás y algo que debo llevar conmigo, comprendiendo desde ahí aquello de que se puede entrar tuerto en la vida eterna, y que la alternativa de conservar los dos ojos es, en ocasiones, ser arrojado a la basura, como decía el maestro Jesús.

En suma, cerrar este libro supone para mí el final de un parto que, más que un libro, ha dado a luz un grado más de comprensión y un modo de ritualizar las pérdidas del que escribe esto. Descubrir que aunque, en mi caso, yo sí tuviera dimensión espiritual, ahora puedo reconocerla más mía, más parte profunda de mi ser humano. Desde aquí veo que «llevar más corazón en las manos» significa llevar más corazón en la forma de mirar, de escuchar, de acoger. Así, desde una mirada profunda, espiritual, recibir el dolor que las manos alivian y acogen. Tras la pérdida, descubro un sentido en los gemidos de parto del espíritu que me dan sentido.

[1]. http://www.logoforo.com/%C2%A1-yo-no-tengo-una-dimension- espiritual- testimonio-de-un-alumno-del-diplomado-en-logoterapia/

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