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Moreno también impulsó en 1903 el salvamento de la expedición sueca de Otto Nordenskjold a la Antárti- da, y en 1904 el establecimiento de la primera estafeta de correos y Oficina Meteorológica en las islas Orcadas.

En 1908 visitó el país Lord Robert Baden Powell, fundador en Londres de la institución de los Boy Scouts. Durante su visita mantuvo conversaciones con Moreno, quien interesó a un grupo de personas para que formasen “patrullas” y él mismo lo hace en el Parque de los Patricios. Finalmente, el 4 de julio de 1912 se fundó, en su domicilio, el Instituto Nacional del Scoutismo Argentino (INSA), como una continuidad de las

Victoria Aguirre (1860-1927), colaboradora y

amiga de Moreno en los últimos años de su vida.

actividades de la Obra de la Patria. Fue designado presidente de la primera Comisión Directiva que integra- ban, entre otros, los generales Rosendo Fraga, Luis Dellepiane y Pablo Ricchieri, Motheit Drysdale, Jose Juan Biedma, Tomas Santa Coloma, su viejo amigo y colaborador Clemente Onelli y el botánico y paisajista Carlos Thays. Sus objetivos eran “estimular en los niños y en la juventud el gusto por las excursiones al aire libre, las observaciones de la naturaleza, el culto del honor, la lealtad y la honradez, el dominio y respeto por sí mismo y por los demás, y el amor al prójimo, a la familia, a la patria y a la humanidad”.

Moreno fue también miembro de la Comisión Popular del Centenario de Sarmiento y participó también en las actividades iniciales de la aviación nacional. Esta tuvo su origen en la creación del Aero Club, el 13 de enero de 1908, por iniciativa de Jorge Newbery y de A. de Anchorena, el cual impulsaría posteriormente la constitución de una rama aérea en el Ejército. Para ello, y debido a que en un principio se alegó la carencia de fondos oficiales, se promovió la creación de una Comisión Recolectora de fondos pro Flotilla Aero Militar Argentina, que debía obtener dinero de instituciones, empresas y particulares. Moreno fue uno de los inte- grantes de esa comisión, y en tal calidad participó, en la obtención de dinero, especialmente mediante la venta de postales, para lo cual ofreció dibujos de pintores argentinos alusivos a la independencia y motivos aero- náuticos, las que fueron impresas en los talleres del Arsenal Principal de Guerra. Con los fondos y donaciones obtenidos por la comisión, se pudieron comprar seis aviones y un globo, lo que dio lugar a que el 10 de agosto de 1912 el Presidente Roque Sáenz Peña firmase el decreto de creación de la Escuela de Aviación Militar.

La inmortalidad

Moreno murió en la pobreza en la madrugada del 22 de noviembre de 1919. Dos días antes le había escrito a Emilio Frey: “… porque me voy al sur, me estoy procurando recursos míos para hacer lo que tantas veces hemos hablado. Quiero volver a ver al decano de los lagos, al Nahuel Huapi (...) aun cuando deje los huesos allá”. Para poder costear este viaje vendió unos cuadros de valor que aún le quedaban.

En la Argentina su muerte pasa inadvertida, pero numerosos países e instituciones le rindieron homenaje. Un año después se llevó a cabo el remate judicial de todas sus pertenencias, pues durante sus últimos años, agotada su fortuna en las obras relatadas, había contraído deudas con instituciones bancarias, entre ellas el Banco de la Nación Argentina. Algunos de estos objetos los compró su hijo Eduardo Moreno y hoy se encuentran en el museo Doctor Francisco P. Moreno en Bariloche; otros fueron comprados por Victoria Aguirre y junto con los que donaron sus familiares di- rectos y el entonces director del museo, Luis María Torres, hoy se en- cuentran en custodia en la Sala Moreno del MLP, tal como está regis- trado en la placa allí existente y en los archivos institucionales.

El 19 de noviembre de 1923, por iniciativa de Luis María Torres, se inauguró el busto de Moreno en la rotonda central del museo, el cual fue realizado por el escultor Alberto Lagos y costeado por suscripción pública. Entre los 96 donantes figuraban los nombres de: B. A. Nazar Anchorena, S. Roth, C. Bruch, W. Schiller, C. Ameghino, P. S. Obliga- do, J. León Suárez, J. J. Nágera, M. Doello Jurado, M. Lillo, J. Keidel, E. Boman, V. Aguirre, L. Kraglievich, A. Doering, C. Onelli y de dos de los aborígenes que trabajaban en el museo, D. Coñuel y J. Coñuel.

En 1944, como culminación de una iniciativa del primer Director de Parques Nacionales, Ezequiel Bustillo, y con la aceptación de la familia de Moreno, sus restos fueron trasladados a Bariloche. Y el 22 de enero, 68 años después de que llegara a ese mismo lago llevado por

F. P. Moreno, objetos personales. Archivo Museo Dr. Francisco P. Moreno, San Carlos de Bariloche.

las ilusiones de sus 25 años, sus restos llegaron a Bariloche, cubiertos por el poncho que le regalara su compadre y amigo Sayhueque, que como legado suyo se conservara en el Museo de La Plata por más de cien años. Sus restos fueron finalmente depositados en una isla, cuyo nombre, Centinela, proyecta hasta la actualidad el accionar de quien supo velar por la sociedad a la que dio todo lo que era y tenía, convir- tiendo el imponente escenario de sus mayores glorias en digno monumento a su grandeza.

Moreno recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Córdoba, la Estrella Polar de Sue- cia, la Cruz Olaf de Noruega, la medalla Jorge IV de la Real Sociedad Geográfica de Londres, la Columbus

Medalla de Oro de la Socie- dad Científica Argentina, 6 de agosto de1876. Sala More- no del Museo de La Plata.

Diploma de miembro co- rrespondiente de la Sociedad Geográfica de Berlín, 16 de junio de 1900. Sala Moreno del Museo de La Plata.

Gold Medal de la American Geographical Society, la medalla de oro de la Sociedad de Geografía de París, la medalla Crevaux de la Sociedad de Geografía Comercial de París, y las palmas de la Academia de Francia. Fue socio corresponsal de más de un centenar de instituciones científicas del mundo (cf. Riccardi, 1989: 30).

Fue un autodidacta, humanista, civilizador, explorador, geógrafo, antropólogo, etnógrafo, paleontó- logo, historiador, sociólogo, diplomático, legislador, educador y escritor y poeta de la naturaleza y, por encima de todo, un ser humano que luchó hasta el final de su vida por los ideales de su juventud.

Comenzó como coleccionista, después se dio cuenta de la significación que esas colecciones y un museo podían tener, al igual que un parque nacional, para la educación popular y para la educación de los niños. Finalmente llegó a las Escuelas Patria y a la educación de la infancia, sobre todo de la infancia más necesitada que muchas veces no tiene medios o no tiene recursos, ni siquiera para comer, ni siquiera para educarse. Y es sumamente importante rescatar esto porque cuando se considera una personalidad como la de Moreno, resulta común caer en enfoques parciales. Así, para muchos, Moreno es el perito que tiene que ver con las cuestiones limítrofes, para otros fue quien creó el MLP y para otros fue una persona que se ocupó de otras actividades, entre ellas la creación de los Parques Nacionales, como si se tratase de temas independientes, cuando en realidad son parte de una misma visión integradora que subyace a todo y que le da una unidad. Y detrás de eso está el espíritu de un hombre que tuvo la convicción y el coraje de pelear hasta su último aliento por sus ideales. Dentro de esa visión se inscribe una actitud humana de

Diploma de Miembro Correspondien- te de la Sociedade de Geographia de Lisboa, 8 de noviembre de 1882. Sala Moreno del Museo de La Plata.

proyección universal. Eso explica que en su juventud fuese un colector de restos de aborígenes, luego fue- se amigo de muchos de ellos y finalmente promoviese su incorporación a la sociedad argentina e hiciese gestiones para ayudarlos. Y a ello también se debe que no participase de las luchas políticas de la época en la que le tocó vivir, por más que conociera a los principales actores de estas, a través de los quince gobier- nos que se sucedieron durante su vida; y que tampoco pueda ser identificado con los criterios manejados por los grupos políticos y económicos a los que perteneció la clase dirigente que le fue contemporánea.

Se comprende entonces por qué ha sido considerado Héroe Civil de nuestro país (Ygobone, 1979: 398; Hunicken, 1986; Moreno, A., 1988: 51; Fasano, 2002).

Por eso debería llamar la atención que Moreno siga siendo para muchos argentinos un desconocido. Sin embargo, no resulta casual que así lo sea, pues siempre ha habido personajes de segunda línea que

Diploma de Miembro Correspon- diente de la Geological Society of London, 9 de enero de 1895. Sala Moreno del Museo de La Plata.

pretendieron restar importancia a su obra y sepultarla en el olvido. De igual manera siempre ha habido quienes, en función de determinados prejuicios o esquemas ideológicos, se han ocupado de malinterpre- tar los hechos y/o las inevitables discrepancias que tuvo Moreno con otros miembros de su generación, o de calificar inapropiadamente los relatos en los que se han destacado sus logros e ideales.

Es que la vida de Moreno fue una lucha continua. “Era preciso vencer mil obstáculos y él los vencía. Por ello tuvo enemigos, conscientes o inconscientes, y las rivalidades —como dice Enrique de Gandía—, lo persiguieron después de muerto. Solo creció su fama de mal carácter, porque no transigía con la simu- lación” (Bertomeu, 1949: 20).

Moreno no entra dentro de los cánones de los burócratas, ni de los pseudointelectuales que hablan y nunca hacen nada. Porque fue eso, un hombre de acción, y “aun en la hora postrera, Moreno no hizo reserva alguna para recordar lo hecho, sino que conservó un dolorido lamento por aquello que no pudo realizar” (Bertomeu 1949: 22).

Por eso antes de morir, en octubre de 1918, escribía: “No puedo dormir pensando en lo que hay que hacer para la mayor grandeza y defensa del país, y mi falta de fuerzas, de recursos y de vida para hacerlo comprender, en esta Capital tan extranjera para los nativos (...). ¡Qué tristeza me da al pensar en lo que fui y al pensar en lo que soy! (...) ¡Qué duro es saber que la vida se acorta tan ligero! Pero ¿no es más duro vivir sin servir?” (Torres, 1921: 10; Bertomeu 1949: 409).

Solamente se lamenta por no dejar nada a sus hijos: “Yo, que he obtenido mil ochocientas leguas que se nos disputaban y que nadie en aquel tiempo pudo defender, sino yo, y colocarlas bajo la soberanía argentina, no tengo donde se puedan guardar mis cenizas: una cajita de veinte centímetros por lado. Cenizas que, si ocupan tan poco espacio, esparcidas, acaso, cubrirían todo lo que obtuve para mi patria, en una capa tenuísima sí, pero visible para los ojos agradecidos...”.

Curioso sino el suyo que lo llevó a nacer con la caída de Rosas y bajo el signo del Acuerdo de San Ni- colás y a morir durante el primer gobierno elegido bajo la Ley Sáenz Peña, pero en medio de los enfrenta- mientos que produjeron la Semana Trágica (Riccardi, 1995). La transformación y el crecimiento sufridos por la sociedad argentina y la humanidad toda en esos 67 años probablemente fueron los causantes de las numerosas crisis políticas y económicas bajo las que tuvo que vivir Moreno, los que se reflejaron de manera inevitable en los cambios de derrotero que sufrieron su vida y sus planes. Pero a través de todas ellas, su voluntad de servicio y su accionar en pos de sus ideales se mantuvieron incólumes. En cada circunstancia histórica él encontró causas por las que luchar, siempre con un mismo norte, que fue el progreso del país.

Probablemente estos sean los hombres que, al margen de administraciones políticas circunstanciales, resultan fundamentales para el progreso de la sociedad.

La vida de hombres como él constituye entonces un legado de fundamental importancia que debe ser explicado, en función de ideas y convicciones, para inspiración de quienes, al margen de situaciones po- líticas coyunturales, trabajan diariamente al servicio de la sociedad. En tal sentido Moreno es un ejemplo destacado de la historia argentina.

Su mérito fundamental consistió en haber permanecido fiel a los ideales trascendentes de su infancia y de su juventud. No es casual que su autobiografía inconclusa e inédita se titule: Por un ideal.

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