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Et cuánto revuelto queda tu mordiscado bocado, porque tu rica presa ya mañana, tarde, noche, cómo te compara cruel con campal, aerio, acuático, et mustio quedas después como feo pastorcico. (13-16)

Con el regreso al cuarteto de dieciséis sílabas la interacción entre el bolo y la presa cobra renovado protagonismo. El primer verso del cuarteto, que inicia con la conjunción latina et, catapulta nuevamente el sentido con el término revuelto. En la palabra ciertamente no hay ambivalencia, pero sí polisemia. Así, “revuelto” puede aludir a la alteración estomacal („es- tar con el estómago revuelto‟), con lo que el “mordiscado bocado”, es decir, el resto de ali- mentos que sí se ha convertido en bolo alimenticio se halla alterado en el sentido de daña- do, por tener que esperar que el resto del bolo empiece a deglutir a la presa faltante. En esa línea, revuelto puede entenderse también como alboroto, por lo que los otros alimentos que ya conforman el bolo no estarían muy contentos por la espera.

Luego, la voz poética ahonda en la valoración negativa que el bolo alimenticio le merece a la presa de carne: “porque tu rica presa ya mañana, tarde, noche, / cómo te compara cruel con campal, aerio, acuático” (14-15). La presa es “rica”, cualidad que previamente la voz poética le había concedido cuando la llamó “sabrosa”, y ello insinúa la igualdad de condi- ciones que existe entre el bolo y la presa en este microcosmos donde se está a la espera de la formación de un cuerpo colectivo inclusivo. El reconocimiento de las cualidades de la presa de carne no supone la declaración de que esta sea superior, sino que motiva la invita- ción a que participe en el bolo alimenticio de las “otras presas” igual de “ricas” y “sabro- sas”.

De otro lado, y dentro de la topografía de lo alto y lo bajo, “rica” y “pobre” denotan una diferencia en términos de jerarquía social. De manera que la oposición entre “alto” y “bajo” se ve también reflejada en una sugerida división de orden estamental. El bolo tiene la carac- terística fundamental de los postergados por el orden social y económico; por contraposi- ción, la “pulpa” se presenta como la entidad opresora, emplazada por encima del “pobre” moho. La sugerencia de las divisiones jerárquicas del orden oficial establecidas ahora desde una jerarquización de tipo social refuerza la hipótesis de situar al bolo alimenticio como representante de lo “bajo” dentro de un esquema topográfico análogo al del realismo gro- tesco. Se trata de lo postergado y avasallado enfrentado cómicamente con las entidades dominantes del microcosmos79.

La referencia a los tres momentos del día (mañana, tarde, noche) se alinea con la acep- ción más común de descontentadiza, que es la de „difícil de contentarse‟, que puede inter- pretarse como equivalente a andar sin contento. De este modo, la presa se presenta como digna representante del orden oficial serio que se opone a la alegría y el contento de la fies- ta popular. Asimismo, la comparación con “campal, aerio, acuático” (15), que es “cruel” porque es injusta, puede interpretarse como una comparación con tres de los cuatro elemen- tos que forman la vida: “campal” alude al campo y por extensión a la tierra; “aerio” remite al aire; y acuático alude al agua. Lo interesante es que no se trata de elementos químicos, sino de los que el conocimiento humano se valía antes de la ciencia moderna para explicar los cambios y la formación de la materia: los elementos primordiales.

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Esta idea tiene fuertes conexiones con la primera poesía de Belli, sobre todo con poemarios como Dentro & Fuera, El pie sobre el cuello y Por el monte abajo. La figura de la “pulpa” funciona como analogía grotesca de personajes como el Fisco o “los de arriba”, mientras que el “bolo” es análogo a los postergados: al amanuen- se, a los lisiados “ab initio”, a todos aquellos relegados del banquete de la vida.

A este respecto, cabe anotar que los alquimistas80 medievales heredaron la idea helenís- tica de la transmutación de los metales, basada en una concepción aristotélica según la cual “la materia más elemental que se formó estaba constituida por cuatro elementos primarios (fuego, aire, agua, tierra) que surgían por combinación de las cuatro cualidades (calor, frío, sequedad, humedad)” (Martín Reyes 17-8). Así que la mención, aunque sea indirecta, a la ciencia de los elementos busca situar al poema, una vez más, dentro de la apariencia de desenvolverse al interior de las coordenadas del lenguaje y la cultura medieval. Sin duda, la alusión a los elementos, y a su marco de referencia propio de una concepción pre-moderna, es muy útil para los fines de un texto con pretensiones arcaizantes.

El cuarteto termina con el verso “et mustio quedas después como feo pastorcico” (16). Nuevamente, se presenta la conjunción latina „et‟ que había dado inicio a este mismo cuar- teto. Como en el caso precedente, el uso de „et‟ apunta al afianzamiento de un simulacro de texto medieval, a la intención de aparentar lúdicamente que se trata de un poema del siglo XIV.

El hecho de que el cuarteto inicie y termine con la palabra latina dota a la estrofa de una marcada apariencia de texto medieval; sin embargo, la tradición culta a la que pertenecen la prosa y lírica alfonsíes y la literatura producida en el contexto de las cortes en el siglo si- guiente (como la del canciller López de Ayala), cuyos giros lingüísticos imita el poema, se ve subvertida por la naturaleza del sujeto poético al cual la estrofa se refiere: el bolo ali- menticio.

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Belli ha manifestado en algunas entrevistas la filiación que siente, biográfica y poéticamente, con los al- quimistas medievales: “„como todos en la Tierra, poseo también una alcurnia: mis padres eran farmacéuticos y nací en los altos de una botica; y en consecuencia, en cierta manera creo entroncarme con los alquimistas medievales” (“Página autobiográfica” 249).

La solemnidad de los temas de la literatura alfonsí, aludida por el uso de “et” es cierta- mente desmantelada. Lo mismo se cumple para toda la literatura de tradición culta cuya apariencia quiere imitar el poema fundamentalmente para trastocarla con la figura del bolo alimenticio y sus connotaciones no solo a un sistema de imágenes ajeno a dichos textos, sino también a la época contemporánea. Contraponer un verídico esquema métrico de fines de la Edad Media –con el evidente afán de darle apariencia de texto medieval serio– a imá- genes no solo herederas de la literatura cómica grotesca sino también modernamente gro- tescas produce un desmantelamiento de un simulacro serio e instala lo lúdico-paródico en la composición81.

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