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Summary of Generic Assessment Procedure of Corrosion Data And Structure Reliability

CHAPTER 5 DISCUSSION

5.1 Summary of Generic Assessment Procedure of Corrosion Data And Structure Reliability

El cuestionario 1 del Método Delphi arrojó que con mayor frecuencia fue evocado en orden jerárquico para la definición de la violencia psicológica: su manifestación por acción u omisión y la comunicación como vía de expresión de la misma, quedando visiblemente asumido que tanto de forma activa como pasiva puede mostrarse este tipo de violencia, además de reafirmarse el proceso de comunicación como medio para su manifestación y como objeto de intervención para minimizar la expresión de esta.

Otro elemento abordado fue el uso de la fuerza, el desequilibrio de poder como factores desencadenantes de la violencia, refiriéndose no solo a los poderes formalmente instituidos sino a los que se generan espontáneamente en las relaciones entre iguales.

Un aspecto a considerar y expresado con frecuencia fue el efecto psicológico de la violencia en diferentes niveles de análisis, desde el daño en lo procesual y el desarrollo de actividades concretas hasta llegar al bienestar en general, demostrándose de esta forma que a pesar del alcance diferente en las consideraciones de los jueces es un criterio a tener en cuenta.

Fueron expresados también con menos frecuencia pero en un orden jerarquizado elementos descriptivos como el carácter intencional de la violencia psicológica, su extensión a todos los contextos y relaciones humanas desmitificando de esta forma su presencia solo en grupos exclusivos, su expresión invisible y sutil, elemento este que, por un lado queda justificado por su coexistencia con otras tipologías de violencia y su fin no explícito y, por otro, genera contradicciones en tanto la naturalización de la violencia psicológica niega su carácter intencional desde el criterio de algunos jueces.

De manera indirecta con la pregunta 3 se obtuvo información sobre otros elementos esenciales para su definición: el carácter relacional, que reafirma el vínculo comunicación-expresión de la violencia psicológica, las múltiples dimensiones que abarca que corrobora la coexistencia con otras modalidades de violencia, y su carácter subjetivo, aspecto este que entorpece en gran medida el reconocimiento del

fenómeno al ser relativa la percepción de daño que pueda tener quien recibe la violencia producto del mismo proceso de naturalización.

Como otros elementos significativos se reiteraron los disímiles efectos psicológicos de la violencia, haciendo alusión a importantes formaciones motivacionales que se asocian a la expresión de la misma y que sufren modificaciones importantes al recibir una acción de este tipo, tal es el caso de la autovaloración.

En la definición de violencia psicológica desde la perspectiva de género igualmente fueron destacados los aspectos anteriores ganando mayor jerarquía el desequilibrio de poder representado en opinión de los jueces por la mujer como víctima e incorporándose, junto al reconocimiento de su carácter relacional y la comunicación como medio de expresión, numerosas manifestaciones conductuales ilustrativas de la violencia junto a la consideración de que es propia del contexto familiar, doméstico, “privado”.

Los jueces coincidieron en los efectos y en el receptor, siendo el daño psicológico y la mujer como víctima, elementos distintivos de la violencia psicológica en la pareja. En las respuestas a las preguntas 1 y 3 fueron evocadas conductas concretas de esta forma de violencia en torno a las cuales existió un total acuerdo: ofensas, gritos, humillación, indiferencia, limitación de derechos y funciones y omisión como formas de expresión de la misma; amenazas, culpar y calumniar como otras modalidades menos compartidas.

Consenso general existió con relación a las dimensiones del fenómeno de la violencia psicológica en parejasquedando enunciado que es un fenómeno extendido y enraizado en nuestra realidad, además de naturalizado, incalculable e invisible, lo que trae consigo en opinión de los jueces, una aceptación acrítica de la misma o solo parcial, siendo frecuente su externalización. Fue expresada también, como parte de otras inquietudes, la necesidad de visualización del fenómeno y la búsqueda de estrategias para minimizarlo.

Las principales contradicciones expresadas en el cuestionario 1 se movieron en torno a la intencionalidad de la violencia psicológica, la necesidad de concientización o no de la misma para avalar su existencia y su precisión conceptual con relación a la violencia emocional.

Con el cuestionario 2 se logró una mayor profundización en la definición de la violencia psicológica al coincidir el 57,1% de los jueces en que el acto violento pasa por diferentes niveles de concientización, precisamente por los procesos de invisibilización y naturalización a que está sometido, de ahí que se genere una nueva interrogante referida a cómo enfrentar su proceso de evaluación.

Un mayor número de jueces (71,4%) coincidieron en que no existen elementos conceptuales para diferenciar la agresión y la violencia, no precisándose los argumentos al respecto, lo que requirió de mayor profundización.

El 42,8% de los jueces se debatió entre admitir como análogas las categorías violencia emocional y psicológica, no quedando claros los elementos diferenciadores.

En el caso de la pregunta 2, utilizando el coeficiente de concordancia de Kendall, se obtuvo una lista jerarquizada de aspectos esenciales para la definición de la violencia psicológica y la corroboración de la concordancia en el criterio de los jueces al obtenerse un resultado de 0.58 y rechazarse la hipótesis nula. Del análisis de los elementos para su definición se destacaron, corroborándose también en la violencia psicológica desde la perspectiva de género con el acuerdo del 100% de los jueces: el desequilibrio de poder como aspecto que condiciona la existencia de la violencia psicológica; en segundo lugar, la existencia de un daño psicológico como efecto de la conducta violenta (aspecto en el que los jueces destacaron que no es único de la violencia psicológica) y con igualdad de significación, el carácter relacional de la violencia psicológica y la existencia de la comunicación como vía para expresarla, quedando jerarquizadas en los próximos lugares características que se mueven más a un nivel descriptivo como: la sistematicidad y su carácter imperceptible.

Estos aspectos, sin bien continuaron siendo corroborados a lo largo de la aplicación del Delphi, desde los inicios evidenciaron la necesidad de estudiar la violencia psicológica desde la óptica de la comunicación y las relaciones interpersonales, y, por tanto, la orientación de cualquier entrenamiento para minimizarla sobre esta misma base.

Buscando profundizar en los resultados mencionados se aplicó el cuestionario 3 en el que se logró mayor unidad de criterios. En el caso de la intencionalidad de la violencia psicológica el 60% de los jueces planteó estar de acuerdo a la hora de considerarla como una conducta intencional, aclarándose que la misma podía ser consciente o no en cuanto a sus efectos precisamente por el propio proceso de naturalización que sufre, de ahí que la totalidad de los jueces considerara que no es necesaria la crítica de los implicados en el acto violento para su reconocimiento.

Estos aspectos avalaron la complejidad a la hora de explorar la violencia psicológica, ante la cual se impuso por unanimidad la sugerencia de trabajar esencialmente con métodos como la entrevista en diferentes modalidades y técnicas indirectas y proyectivas.

Con relación a la diferenciación de la violencia y la agresión, la totalidad de los jueces estuvieron de acuerdo en no defender esta postura, el 83,3% de los especialistas coincidió en que se han abordado en la literatura científica indistintamente y en el plano ontológico ambas se superponen.

Un aumento se apreció también en el porciento de especialistas (60%) que se opusieron a la diferencia conceptual entre la violencia psicológica y la emocional, argumentando que tal distinción se hace compleja si se considera que dentro de la actividad psíquica los procesos afectivos son solo un elemento

y que cualquier modificación de los mismos puede traer consecuencias no solo en el plano emocional sino a un nivel personológico general.

En cuanto a los factores que condicionan la expresión de la violencia psicológica fueron mencionados tanto sociales como individuales. La jerarquía en función de su significación no pudo ser precisada con exactitud por la diversidad de respuestas, para lo cual se estructuró otro cuestionario.

Con la aplicación del cuestionario 4 se obtuvo una lista jerarquizada de los factores condicionantes de la violencia psicológica más significativos según la opinión de los jueces, además de corroborarse un alto nivel de consistencia en el criterio de los mismos. Para ello fue necesario apoyarse en el coeficiente de concordancia de Kendall, cuyo resultado fue de 0.66.

Finalmente los cuatro aspectos destacados según su importancia fueron:

1. La cultura patriarcal en que nos socializamos (creencias estereotipadas asumidas sobre los roles de género).

2. Creencias erróneas sobre autoridad y poder.

3. Comunicación poco efectiva, carencia de habilidades para manejar conflictos. 4. Dificultades en la expresión y regulación de las emociones.

En los dos lugares siguientes con una puntuación muy similar quedaron las carencias económicas y la baja capacidad reflexiva.

Después de analizar los resultados obtenidos y las búsquedas realizadas en torno a la violencia psicológica se procedió en el cuestionario 5 a ofrecer una propuesta de definición de la misma y valorarla. Los criterios en general de los jueces se movieron entre de acuerdo (42,8%) y parcialmente de acuerdo (57,1 %), quedando los principales señalamientos en:

- necesidad de destacar la intencionalidad de la violencia psicológica a pesar de la legitimación de la

misma (14,3 %)

- necesidad de destacar la connotación de violencia psicológica no solo por el efecto del daño sino

también por la vía utilizada para producirlo (14,3%).

- necesidad de destacar como características de la violencia el ser ilegítima (no aceptada, no

contemplada dentro de las normas morales y éticas de un medio determinado) e inapropiada (desmedida, no adecuada a las circunstancias).

La propuesta final de definición fue la siguiente: conjunto heterogéneo de manifestaciones conductuales, aprendidas y utilizadas de forma consciente o no, en los marcos de una estructura relacional jerarquizada (real o simbólica), para mantener el poder mediante la producción de un daño a la integridad psicológica de otros usando como vía la comunicación, pudiendo estar determinada la diferencia de poder

culturalmente u obtenida mediante acciones interpersonales de control de la relación, adoptando habitualmente la forma de roles que se complementan y apareciendo de modo permanente o cíclico.

3.2 Caracterización de la violencia psicológica en parejas rurales y suburbanas.

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