Durante el proceso terapéutico con la paciente las actividades como los juegos, los dibujos y las figuras de plastilinas eran las que se constituían como el centro de las sesiones. Estas permitían conocer sobre lo que ella pensaba, sentía o sabía sobre ella misma. Esta necesidad de elaborar psíquicamente algo que causó dolor significa que se puede dominar lo ocurrido. En Jimena los juegos mostraban la gran angustia a la separación, a perder a sus objetos que constantemente la inundaba y afectaba.
El contenido de sus juegos variaba desde la necesidad de controlar a sus objetos y no perderlos, la necesidad de controlar el tiempo en sesión para no perder a la terapeuta y a Bobby; en ocasiones también repetía contenidos de su historia familiar, de ella y de los abandonos que ha vivido.
La necesidad de controlar el tiempo en sesión se presentó a lo largo de todo el trabajo terapéutico, se evidenciaba con mayor intensidad cuando había vuelto a sentirse abandonada por otra persona o cuando la angustia en sesión aumentaba. El siguiente fragmento ejemplifica lo anterior:
SESIÓN #3
“J: Ya se está acabando el tiempo y falta harto, falta hartísimo para que terminemos esto, Mami! Espérate un rato… Es que ella siempre está apura y apura. Falta mucho […] Ya se va a acabar el tiempo
pero no importa ya casi terminamos la tortuga, ya sólo falta el perro y ya, ya terminamos la casa, ya casi
[…] Me puedes llevar a mi casita?
M: no yo me tengo que quedar aquí pero tú te vas con tu mami.
J: si menos mal. Ay mi mamá me está llamando.”
En otras circunstancias también era evidente el deseo de la niña de poder ser grande para lograr controlar lo que a su edad no controla y poder hacer lo que hacen los mayores, pero sobretodo para no ser regañada que es algo que le causaba gran ansiedad en momentos en los que
creía que había hecho algo mal y sería regañada por mí. Era en esos momentos donde la terapeuta e incluso Bobby venían a representar todos los objetos que en la realidad (externa e interna) la han regañado. En el siguiente fragmento, correspondiente a la mitad del proceso terapéutico se puede observar lo anterior:
SESIÓN #7
“M: y entonces en el juego de pronto te gusta ser profesora para tener el poder? Te gusta sentirte
grande?
J: si pero… Uy! Este no sé cómo ponerlo (hablando de los animales que está organizando en la mesa).
M: y de pronto preferirías ser profesora y no estudiante para que no te regañaran? J: si.
M: te regañan mucho? J: pues si.
M: en tu casa también?
J: a no tanto pero sí”
De acuerdo a lo planteado por Freud (1920) sobre el desarrollo del Yo, se debe recordar que éste es una parte del Ello que se modifica con la influencia del mundo exterior. Por consiguiente, el Yo entonces representa la percepción, la razón y el Ello por su parte representa al instinto, las pasiones. Debido a su ubicación, el Yo se encuentra amenazado y sometido a tres instancias (Al Ello, al Superyó y al mundo externo). Freud va a plantear que el Superyó además de ser un residuo de los primeros objetos elegidos del Ello, va a significar una formación reactiva contra esto mismo. En este sentido la relación con el Yo es de advertencia y de prohibición. Conserva el carácter del padre y de esto dependerá la intensidad de su poder sobre el Yo. Finalmente, para el Ello, el Yo es un mediador y sumiso servidor que busca el amor de su dueño. Por ende, se podría decir que Jimena era una niña que desde el primer momento se planteaba como sumisa, con un Yo muy débil que al mismo tiempo poseía un Superyó muy estricto que la hacía considerarse como torpe, insuficientemente buena; todo esto se evidenciaba en sus
acciones y en su discurso. Aquí podría incluirse la teoría planteada por Winnicott alrededor del Falso Self que se caracteriza por presentarse como sumiso ante el mundo para poder lograr y obtener el amor del objeto.
En unión con esto, debido a que en la niña puede que no se haya presentado un proceso transitorio de las posiciones PS y D se ha desarrollado en ella un círculo caracterizado por sentimientos persecutorios muy intensos lo que le impide colocarse en la posición depresiva. Esta perturbación refuerza los temores persecutorios que en Jimena son muy evidentes sobretodo con las personas que representan para ella la autoridad. En los siguientes fragmentos que corresponden a la mitad del proceso terapéutico se puede observar lo expuesto anteriormente: SESIÓN #11
“M: entonces tu mamá y PIPS pelearon. Tu peleas con alguien?
J: con mis amigas cuando quiero jugar con alguien me dicen “Yo no soy tu amiga”
M: y eso como te hace sentir? Que tus amigos no quieren jugar contigo? J: que me odian que me detestan.
M: y esas palabras tan fuertes? Sabes lo que significa eso? J: que no quieren oír que no quieren nada de mí.
M: y cuando tu mamá está así de brava porque tiene hambre tú cómo te sientes?
J: me tengo que apurar”
SESIÓN #13
“J: la… siento haber perdido el tiempo.
M: donde sientes que perdiste el tiempo?
J: porque es que siento que te estás molestando, duramos mucho tiempo haciendo esta tarea M: crees que yo puedo ser una mamá regañona como tu mamá cuando las cosas no salen bien. J: si.
M: pero yo también puedo ser una mamá que ayuda, una mamá que cuida… estás triste. J: es que… yo siempre pienso ojalá no tuviera esta mamá tan regañona.
M: te gustaría una mamá que no regañe… te regaña mucho entonces.
J: y además me regañó la profe. M: cuándo te regañó la profe?
J: me puso en una silla sola.”
En la paciente se repitió en varias oportunidades la situación en la que se tiraba gases y eructaba. Esto ocurría en momentos donde el tiempo y espacio en el que se había suspendido el
proceso había sido muy largo para que ella pudiera manejarlo y tolerarlo; igual en momentos en los que la angustia la invadía en su realidad externa y en la interna. Podría también considerarse que ocurría cuando necesitaba expresar su enojo y rabia por las separaciones. Esto podría relacionarse con lo planteado por Bion (1962) cuando el niño es incapaz de tolerar la frustración lo que lo lleva a constituir objetos malos que sólo son adecuados para ser evacuados. Como resultado se perturba el desarrollo de un aparato para pensar y en su lugar se produce un aparato para la identificación proyectiva. Aquí se plantea una psiquis que se basará en el principio de que la evacuación del pecho malo es igual a la obtención de satisfacciones del pecho bueno. Como consecuencia se sentirá que no se posee un aparato para pensar sino uno para librar a la psiquis de los objetos malos internos. Cuando la intolerancia a la frustración es lo que domina el desarrollo, se llevarán a cabo ataques destructivos con el objetivo de evadir la percepción de la realización. En Jimena estos ataques se caracterizaban por la necesidad corporal de expulsar gases y eructos que le incomodaban y que se relacionaban con las largas separaciones con la terapeuta las cuales era evidente que no sabía cómo manejar. Esto se unía a la angustia que la niña sentía que el tiempo en sesión se acabara y que además la terapeuta se molestara con ella por lo ocurrido en sesión. Estos “ataques” con eructos y gases se presentaron con mayor frecuencia hacia el final del tratamiento debido a que en ese momento las ausencias y separaciones con la terapeuta habían aumentado en duración y frecuencia. Los dos fragmentos siguientes, que se ubican hacia el final del tratamiento, ejemplifican lo anterior:
SESIÓN #9
“M: Jimena y ese gas que te acabas de echar?
J: pues es que es que es que es que ayyyy es que me cayó algo mal.
M: entonces lo que te cae mal me lo dejas aquí como la otra vez, me quisieras dejar todas las cosas que te caen mal y que no te gustan.
SESIÓN #16
“J: (eructa).
M: y eso Jimena? J: lo siento.
M: volviste a necesitar dejarme tus cosas malas aquí? Como eructos? J: lo siento.
M: sientes que tenías tanto tiempo sin venir para acá que necesitaste atacarme con ese eructo? J: no no te ataco, solamente eructé, me tomé una Pony Malta.
M: pero creo que eso si fue un ataque porque teníamos mucho tiempo sin vernos, como si fuera un regaño porque teníamos mucho tiempo sin vernos. Como tu hámster te mordió porque tenías mucho tiempo sin sacarlo a jugar.
J: como se te ocurre que voy a regañar a una señora mayor de mi edad. Porque tu si eres mayor y me
puedes dar cachetadas”
En contraposición con lo anterior, había momentos en los que necesitaba reparar el daño que creía había causado al objeto, de alguna forma la culpa que podía sentir con lo sucedido, la llevaba a reparar mediante dibujos o actividades que aseguraba “impresionarían a la terapeuta”. Los siguientes fragmentos se ubican hacia la mitad del proceso terapéutico y ejemplifican los deseos de la niña de reparar daños o impresionar a la terapeuta:
SESIÓN #8
“J: Pero primero tú vas a ver lo que hay en mi mochila, hay ese es para mí? (Pregunta por el dibujo que
estoy haciendo). Tú vas a ver lo que traje, puedes averiguar todo lo que quieras pero no me lo dañes.
Traje onces”
SESIÓN #10
“J: tengo ese, los que a ti te gustan. Voy a hacer algo que a ti te va a impresionar en serio. M: es como si me quisieras impresionar con todo lo que haces”
SESIÓN #12
“M: qué vas a dibujar?
J: es una sorpresa. Y tú dibujas algo para mí?
M: entonces hoy quieres dejarme algo tuyo para recordarte y tenerte cerca y necesitas algo mío para
sentirme cerca”
Frente a la angustia que le significaba a la niña ser abandonada y separarse de los objetos buenos que conservaba en su mundo interno y externo, se veía en la necesidad de controlarlos,
de protegerlos y de mantenerlos. En ella la angustia a la separación era muy intensa y se repitió durante todo el proceso terapéutico. Esto era evidente en su discurso y en las actividades que realizaba en sesión, lo que más llamaba la atención frente a esto es su necesidad de controlar a la terapeuta (persona en la que proyectaba los objetos que podían abandonarla), controlar el tiempo que pasaba en sesión y la necesidad de poder estar más tiempo o más cerca de la terapeuta y de Bobby para aplacar la angustia que sentía de perder todos sus objetos.
Con la madre también estableció una relación dependiente que se ha definido de esta manera desde que la niña nació. Frente a esto, Winnicott plantea que un indicio de salud mental en el niño es la capacidad de poder progresar de la dependencia a la independencia, debido a esto es necesario estudiar y entender las necesidades del niño y cómo estas van cambiando durante este proceso. En Jimena podría observarse una dependencia que la lleva a necesitar con mucha intensidad a su madre y a cualquier objeto que pueda representar para ella una figura materna e incluso paterna.
Otro aspecto que llamaba la atención era el hecho de que las explicaciones que proporcionaba sobre lo que ocurría a su alrededor se caracterizaban por ser cuentos de hadas, historias, fantasías o su propia versión de lo ocurrido; esto hacía evidente la confusión que la niña tenía frente al tema del padre y en general, de las figuras paternas. Esto se originó por la decisión de su madre de explicarle de esta manera todo lo que había ocurrido en su familia con relación a su padre y todo lo relacionado a esto. Esto podría edificarse como la necesidad de defenderse, con la fantasía, de lo doloroso que resultaba la realidad de su historia. De acuerdo a lo referido por la madre en las entrevistas realizadas, la niña tiene su versión de los hechos que se caracterizan por ser explicaciones con príncipes, princesas y castillos. Frente a esto se ubica una
madre que se presenta como incapaz de poder presentar una explicación alterna, una explicación más real de la que la niña posee.
5.2.5 Jimena y su necesidad de defenderse de la realidad externa y el dolor