• No results found

La virtud intelectual de ciencia la define Canals Vidal, si- guiendo a Tomás de Aquino, como: “un conjunto sistemático y demostrativo de juicios sobre una determinada región de la reali- dad, que en aquel sistema de conceptos y juicios es definido en su esencia, articulado en clasificaciones coherentes, y demos-

trado por sus causas”27

. La virtud de ciencia es, por tanto, un hábito demostrativo, es decir, que concluye yendo de unas verdades a otras por medio de raciocinios. Ahora bien, al ser un hábito demostrativo, se define como ordenación de las especies

inteligibles, de aquéllas que actúan en el entendimiento y le

capacitan para aquellas enunciaciones28

. Por eso, el Angélico

afirma: “las especies inteligibles permanecen en el entendi- miento posible después de la actual consideración; y su ordena-

ción constituye el hábito de ciencia”29

.

La sabiduría también es ciencia, ya que conoce lo que se con-

cluye a partir de los principios30

. Ahora bien, lo específico del hábito de sabiduría como ciencia consiste en el juicio que ejerce sobre las conclusiones de la ciencia, y esto se da por medio de la

resolución de dichas conclusiones en los principios31

. La sabidu- ría conoce los primeros principios del ser a partir de los cuales

27 CANALS VIDAL F., Sobre la esencia del conocimiento, p. 664. 28 Ibid., p. 665.

29 “Species intelligibiles in intellectu possibili remanent post actualem

considerationem, et harum ordinatio est habitus scientiae”. De Veritate. q.10, a. 2, c.

30 "I-II q.57, a.2, ad.1.

31 “Unde convenienter iudicat et ordinat de omnibus, quia iudicium perfectum

et universale haberi non potest nisi per resolutionem ad primas causas”. S.

II. 3. Hábito de la razón teórica: sabiduría 163

se juzgan, finalmente, los principios de los que, a su vez, se si- guen las conclusiones de la ciencia.

La sabiduría es ciencia en cuanto procede al modo de la cien- cia, es decir, discursivamente. En efecto, el sabio discurre por-

que demuestra, como las causas primeras de los entes32

, pues nada se demuestra sino discurriendo. Sin embargo, las ciencias particulares discurren deductivamente para conocer algún gé- nero específico de entes cognoscibles. Así, de acuerdo a la canti- dad de géneros de seres científicamente cognoscibles, se dan diversos hábitos de ciencia. Mientras que, por tener la sabiduría a la causa altísima como objeto, se sigue que la sabiduría es sólo

una33

. Por eso, la sabiduría se encuentra en un nivel superior, en cuanto virtud, a la ciencia, ya que su proceder y su objeto es más elevado:

“Todas las ciencias y artes se ordenan hacia una única cosa, esto es, hacia la perfección del hombre, que es su felicidad. Por lo cual es necesario que una de ellas sea rectora de todas las de- más, la cual reclama con justicia el nombre de sabiduría. Pues lo

propio del sabio es ordenar a otros”34

. Esta sentencia contiene tres afirmaciones que hay que explicar. En primer lugar, señala que toda ciencia está ordenada hacia la perfección humana, pues, el hombre, como dice Aristóteles al comienzo de la Metafísica, por naturaleza desea conocer. Todos los conocimien- tos, como los de la química, física, matemáticas, filosofía, etc., son deseados por el hombre, porque simplemente son conoci- mientos. Como desea el saber, todo saber será captado como un

32 S. L. Ethic. L. 6, l. 5, n. 3. 33 S. Theol. I-II q. 57, a. 2, c.

34 “Omnes autem scientiae et artes ordinantur in unum, scilicet ad hominis

perfectionem, quae est eius beatitudo.Unde necesse est, quod una earum sit aliarum omnium rectrix, quae nomen sapientiae recte vindicat. Nam sapientis est alios ordinare”. In Metaph., Prooemium.

bien para él; un bien que deberá ser ordenado a la perfección de la persona humana.

En segundo lugar, sentencia que una ciencia debe ser la rec-

tora de las demás35

. Pues, como el fin del hombre es uno, a sa- ber, el bien último (Dios), todos los demás bienes de la natura- leza (incluidos los conocimientos) serán más o menos buenos en cuanto más acercan al hombre a la posesión del bien último. De modo que aquella ciencia que se ocupe del conocimiento del bien último será la rectora de todas las demás ciencias y con justicia llevará el nombre de sabiduría.

Y, en tercer lugar, dice que lo propio del sabio es ordenar36

. Como es la ciencia más alta y conoce cuál es el fin hacia lo cual todo debe ordenarse (sobre todo el hombre), el deber propio de aquél que posee este conocimiento sea el de mostrar dicho ca- mino, juzgando y ordenando a las demás ciencias que se orde- nan a la felicidad del hombre, según se dijo antes. Así como los contramaestres de un barco deben someterse a las normas dicta- das por el capitán, pues posee una ciencia más alta respecto del arte del navío; así también un científico debe someterse al impe- rio del sabio que le dice que la persona humana tiene dignidad por sí misma y que, por lo mismo, no debe verse ésta sometida a estudios donde se la manipule como si fuera únicamente un bien útil. Esto es así, ya que, como todos los conocimientos humanos están en orden al bien del hombre, aquella ciencia que tenga por objeto el bien supremo, será la suprema regidora de las demás.

Por eso forma parte del oficio del sabio37

juzgar y ordenar38

.

35 Cfr. S. Theol. I-II q. 66, a. 5, c. 36 Ibid.

37 Este tema será tratado más adelante luego de profundizar en la eminencia

II. 3. Hábito de la razón teórica: sabiduría 165

Baste concluir entonces que la sabiduría es tanto ciencia como intelecto, por lo que comporta acertadamente, en expre-

sión de Cruz González39

, un carácter de anfibio. Existiría, enton-

ces, una cierta circularidad entre los tres hábitos especulativos40

, sobre todo para el caso de la sabiduría con relación a los otros dos, ya que si se considera su vínculo con los primeros princi- pios de demostración, lo que añade la sabiduría al intelecto es profundizarlos y defenderlos contra quienes los niegan, mientras que con respecto a los principios del ser, la sabiduría procede al modo de la ciencia, y la diferencia es de eminencia, ya que las

causas altísimas son el objeto de la ciencia máxima41

.

La ciencia (aunque también la sabiduría en cuanto ciencia), por tanto, depende del intelecto, y ambas dependen de la sabidu- ría. Así lo constata santo Tomás cuando sentencia que “la cien- cia depende del intelecto como de algo más principal, y ambos dependen de la sabiduría como de algo principalísimo, que con- tiene bajo sí al intelecto y a la ciencia, en cuanto juzga de las

conclusiones de las ciencias y de sus principios”42

. Por eso, es acertado definir a la sabiduría como ciencia y entendimiento de

38 “Sapientia, qua virtus intellectualis, facit ut homo ex primis principiis, quae

naturaliter per habitum principiorum innotescunt, de aliis iudicet et ordinet per modum discursivum”. KADOWAKI, J. K. (S.J.), Cognitio secundum

connaturalitatem iuxta s. Thomam, ed. cit., p.48.

39 GONZÁLEZ A., C., La verdad como bien según Tomás de Aquino, ed. cit., p.

303.

40 Los hábitos intelectuales “no se distinguen contraponiéndose totalmente

sino según un cierto orden inclusivo, al modo de partes potenciales: la ciencia considera los principios no en sí mismos sino e unión a las conclusiones, el intellectus tiene por objeto los principios inmediatamente evidentes; la sabiduría juzga tanto de las conclusiones como de los principios”. Ibid., p. 314.

41 Ibid. p. 317.

lo que por naturaleza es más perfecto, constituyéndose, por lo mismo, en la ciencia más alta de todas y en la que consiste la operación más perfecta humana por la plenitud de su objeto.

Related documents