A la sabiduría le compete el conocimiento de los principios
del ser14
o la causa primera, lo cual implica que conoce el ente en general y, por lo tanto, el sabio conoce las nociones generales del ente, no de modo vago, sino de manera certísima. Compete a la sabiduría entonces que no sólo conozca los principios de de- mostración (lo cual es propio del intelecto), sino que, por su conocimiento sobre el ente en general, también conozca lo que de verdad hay en ellos: “como la sabiduría es certísima y los principios de las demostraciones son más ciertos que las conclu- siones, es preciso que el sabio no sólo sepa lo que se concluye a partir de los principios, sino también que diga la verdad con
relación a los principios mismos”15
.
A la virtud del intellectus, por su parte, le corresponde el
conocimiento de los primeros principios16
. A este respecto hay
14 “Sed et primam philosophiam philosophus determinat esse scientiam
veritatis; non cuiuslibet, sed eius veritatis quae est origo omnis veritatis, scilicet quae pertinet ad primum principium essendi ómnibus”. S.Contra
Gentes. L. 1, c. 1, n. 5.
15 “Et dicit quod quia sapientia est certissima, principia autem
demonstrationum sunt certiora conclusionibus, oportet quod sapiens non solum sciat ea quae ex principiis demonstrationum concluduntur circa ea de quibus considerat; sed etiam quod verum dicat circa ipsa principia”. S. L.
Ethic. L. 6, l. 5, n. 8
16 Los principios lógicos e indemostrables son, por ejemplo, el principio de
identidad y el de no contradicción. El primero alude a que lo que es, es. Este principio está implicado en cada uno de nuestros juicios, el cual establece como condición necesaria que la cosa sea y permanezca idéntica a sí misma, aunque sea por lo menos respecto del atributo que afirmamos le conviene. De lo contrario, sería imposible afirmar nada de aquello como verdadero (GUÉNON, R., Los principios lógicos, cap.II del apartado “Lógica”, Revista Science Sacrée número 7, Septiembre 2005, Francia). Por su parte, el principio de no contradicción expresa, según ARISTÓTELES lo declaró
II. 3. Hábito de la razón teórica: sabiduría 159
que distinguir entre los primeros principios lógicos y los reales17
. El intelectus conoce los primeros principios de un modo diverso al de la sabiduría, pues aquél, si bien conoce los principios por un juicio, no juzga acerca de ellos, sino solamente posee un
conocimiento penetrativo en los mismos18
.
Por ello, a la sabiduría le compete defender los primeros prin- cipios contra los que los niegan. El sabio no los demuestra, sino que manifiesta su significado, profundizando en los conceptos fundamentales del ente: “los primeros principios de la demostra- ción son indemostrables, de otra manera se procedería al infi-
nito”19
. En efecto, es necesario que la sabiduría conozca lo que
magistralmente, que “Es imposible que a lo mismo y bajo un mismo respecto lo mismo le pertenezca y a la vez no le pertenezca” (Metafísica L. III), y desde el punto de vista exclusivamente lógico, se puede aceptar también la afirmación de KANT: “un predicado que está en contradicción con un sujeto no le conviene” (Crítica a la Razón Pura, cap. II). Es decir, este principio va en dirección absolutamente opuesta al de identidad, pues se presenta de modo negativo al anterior principio, pero como una consecuencia del mismo. Por ejemplo, no es posible asegurar que un lápiz es entero de plástico y a la vez entero de aluminio, como tampoco se puede decir que un animal es a la vez vegetal. Esto se plantea en términos matemáticos como: A no puede ser no-A.
17 Esto lo ha desarrollado GONZÁLEZ A., C., en su obra La verdad como bien
según Tomás de Aquino, capítulo VI, cuando distingue los principios de la
demostración con los principios del ser (siendo los primeros objeto del intelecto y los segundos de hábito de sabiduría), indicando identificación entre los principios de demostración y los primeros principios indemostrables, así como los primeros principios del ser con las primeras causas del ser. Pues, señalará que el concepto principio, se utiliza para el caso del objeto del intelecto en cuanto que son lo primero en el orden cognoscitivo humano; mientras que los otros principios que son objeto de la sabiduría, lo son en el orden ontológico, pero, al contrario, son lo último en el orden cognoscitivo del hombre.
18 Cfr. MOYA, P., El principio del conocimiento en Tomás de Aquino, Eunsa,
1994, Navarra, España, p. 207; S.Theol. II-II q. 8, a. 6, c.
19 “demonstrationum principia non sunt demonstrabilia, alioquin procederetur
de verdad hay con relación a éstos, a través del conocimiento de los primeros principios del ser, de modo de juzgar sobre los principios de demostración para, así, combatir contra los que los
niegan20
.
Además, atendiendo al modo en que la sabiduría y el inte- lecto adquieren sus objetos, vemos que la primera lo alcanza tras
largo proceso21
, pues es lo último para el conocimiento del hom- bre, ya que la sabiduría alcanza la verdad suprema por medio de otras verdades. Para el intelecto, sin embargo, los principios de la demostración son captados inmediatamente tras la primera operación de la inteligencia.
Al respecto, Tomás de Aquino distingue entre la ciencia (y, por tanto, también a la sabiduría) y el intelecto en cuanto al modo de obtener sus objetos, ya que la sabiduría, al igual que toda ciencia, “se hace discurriendo desde los principios a las conclusiones; el intelecto, empero, es la captación absoluta y simple del principio conocido por sí. De ahí que el intelecto res- ponda a la proposición inmediata, pero la ciencia a la conclu-
sión, que es proposición mediata”22
. Por este motivo, a este
20 “ad huiusmodi sapientem pertinet disputare contra negantes principia, ut
patet in quarto metaphysicae”. Ibid., n.8
21 Si bien es una verdad por sí misma evidente y perfectamente inteligible y,
por lo mismo, lo más cognoscible en sí y lo primero en el orden de las causas del ser, es lo último al entendimiento humano por estar éste orientado por naturaleza primero a las cosas sensibles, luego a las más sublimes, como la causa primera que es objeto de la sabiduría.
22 “Comparatur autem intellectus ad scientiam sicut unum et indivisibile ad
multa. Nam scientia est per decursum a principiis ad conclusiones; intellectus autem est absoluta et simplex acceptio principii per se noti. Unde intellectus respondet immediatae propositioni; scientia autem conclusioni, quae est propositio mediata”. In L. Post. Anal. L.1, l. 36, n. 11.
II. 3. Hábito de la razón teórica: sabiduría 161
hábito se le denomina con el mismo nombre de aquella facultad
que los capta de modo directo23
, a saber, el intellectus.
La sabiduría, por tanto, es intelecto en cuanto conoce y profundiza los primeros principios. Pero, además, penetra y conoce lo que hay de verdad en ellos, cosa que no ocurre con el hábito de la virtud del intelecto de los primeros principios. En este sentido, “la evidencia de los principios, que permite su conocimiento directo, no agota el conocimiento de éstos, sino que lleva a situarlos como fin de una nueva investigación, preci- samente la que tiene por objeto el principio mismo. Desde esta perspectiva, el principio es objeto de un conocimiento cada vez más profundo, el propio de la sabiduría que, a su vez, redunda
en un mayor conocimiento de las conclusiones”24
. Pues, como dice el Aquinate: “sólo desde el final se puede justificar el
principio de los saberes”25
.
En consecuencia, la sabiduría es intelecto porque conoce los principios y las primeras nociones supuestas en los principios que son objeto del intellectus. Pero el modo de considerarlos varía, pues la consideración de éste es mediante un conoci- miento actual y explícito, tras el primer acto de abstracción, mientras que para el caso de la sabiduría, se da de manera
consectaria o habitual26
.
23 ST I-II q.57, a.2, c.
24 MOYA, P., El principio del conocimiento en Tomás de Aquino, ed. cit., p.
141.
25 In I Sent., d. 17, q. 1, a. 4, c.
26 Cfr. MOYA, P., El principio del conocimiento en Tomás de Aquino, ed. cit.,