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SUMMARY, RECOMMENDATIONS AND CONCLUSION

6.1 SUMMARY OF THE STUDY

La expansión del modelo agribusiness en nuestro país, no sólo implicó cambios en las modalidades de organización de la producción agropecuaria sino que también ocasionó una diferenciación en los estratos productivos, fenómeno que alcanzó a la agricultura familiar pero también a las distintas facciones del capital agrario. Dentro de la agricultura empresarial, en las últimas décadas emerge un reducido grupo de megaempresas dedicadas a la producción de commodities agrícolas, que operan superficies realmente importantes (superiores a las 200 mil hectáreas) y representan los sectores más dinámicos del agro en la actualidad.

Gras y Sosa Varrotti (2013) señalan que la apropiación del nuevo modelo de producción en el caso argentino produjo una reconfiguración de la antigua cúpula del sector agropecuario, que implicó la emergencia de nuevos actores así como también la reconfiguración de los preexistentes. En este sentido, las autoras sostienen que los herederos de las grandes familias terratenientes de fines de siglo XIX que aún continúan en la actividad, manejan explotaciones significativamente más pequeñas que sus antecesores, lo cual implica que no integran los sectores más dinámicos de la producción y han perdido el liderazgo productivo que detentaron en otros períodos históricos.

Estos cambios sumados a la notable expansión del fenómeno de la contratación de tierras reavivaron el debate sobre el grado de vigencia o no de la gran propiedad en el agro argentino. En este sentido, la preeminencia a la organización de la producción sobre tierras de terceros por parte de algunas de las megaempresas parece poner en duda las modalidades más clásicas de expansión a partir del control de la propiedad de dicho factor productivo. Sin embargo, a partir del análisis del tipo de vinculación con la tierra establecida por parte de algunos de los grandes grupos de siembra del país, Azcuy Ameghino (2007) pone en cuestión el “aparente desinterés” de estos agentes en la inmovilización de capital en el recurso suelo. El autor sostiene que en dos de los casos más emblemáticos de estos modernos sujetos “sin tierra” (Los Grobo Agropecuaria y El Tejar), se trataba de grupos en los cuales sus titulares cuentan con

importantes porciones de tierra en propiedad11, “más allá de que (en algunas

ocasiones) ésta aparezca representada mediante otras empresas diferentes a las que realizan la explotación capitalista del suelo” (Azcuy Ameghino, 2007: 138).

El trabajo de Gras y Sosa Varrotti (2013) indica que en algunas de las megaempresas, la superficie en propiedad representa un porcentaje netamente inferior del total de la tierra operada, en cambio en otros casos la relación es totalmente inversa (firmas que poseen prácticamente la totalidad de tierras que trabajan). Sin embargo las autoras remarcan que en este tipo de agentes “la gran propiedad constituye un rasgo no siempre presente, a la vez que cuando son propietarias es la contratación de tierras la que explica básicamente los grandes volúmenes de superficie controlados” (Gras y Sosa Varrotti, 2013: 235).

Murmis y Murmis (2012) destacan que el estrato de grandes empresas no está integrado en su totalidad por pools. Los autores señalan la existencia de empresas familiares12, comercializadores y empresas proveedoras de insumos que también se

han consolidado entre los mayores productores del mercado, y no necesariamente funcionan mediante la organización de los pools de siembra. No obstante, reconocen que “la gran mayoría funciona con arreglos que parcialmente se asemejan a las combinaciones de los “pools” (Murmis y Murmis, 2012: 25).

Un aspecto a considerar sobre la cúpula de las grandes empresas agropecuarias es la amplia variedad de conexiones que han establecido durante los últimos años. Este tipo de articulaciones incluyen empresas conectadas entre sí, conformando parte de unidades mayores o conglomerados. Entre las empresas que no participan de conglomerados se pueden encontrar relaciones de integración vertical, propias de complejos agroindustriales, relaciones de integración horizontal que conectan empresas del mismo sector pero de distintas cadenas agropecuarias, empresas vinculadas mediante arreglos de financiamiento, asociaciones con fines específicos transitorios o arreglos contractuales para actividades complementarias. También es frecuente encontrar empresas insertas en múltiples sectores, con intereses tanto dentro como fuera del sector agropecuario (actividades inmobiliarias y financieras) (Murmis y Murmis, 2012).

En referencia a algunas de las megaempresas más relevantes del agro argentino Gras y Sosa Varrotti (2013) indican que si bien todas comparten el mismo tipo de

actividad, cada situación se caracteriza por una manera particular de articulación entre las diferentes actividades económicas que desarrollan. No obstante, cada firma por lo general focaliza en una de las actividades que representa el núcleo de sus negocios.

Más allá de la diversidad de conexiones entre empresas, recientemente descriptas, Murmis y Murmis (2012) afirman la existencia de una tendencia a la conformación de asociaciones entre empresas agropecuarias y diversos tipos de financiamiento internacional, que incluye la capitalización con fondos extranjeros, situación que se enmarca en un proceso más amplio de transnacionalización de empresas locales, que involucra al conjunto de la economía argentina.

Al respecto, el trabajo sostiene que a medida que las empresas se expanden, los arreglos iniciales basados en los sistemas de redes integradas por productores, son sustituidos por integraciones financieras y comerciales a nivel nacional e internacional, acompañadas por la adquisición de tierras en países limítrofes. Los autores afirman que a través de este doble camino (financiamiento y capitalización con fondos extranjeros y la compra de tierras en países vecinos), “el pool de siembra como camino evolutivo parece alcanzar una etapa en la que se transforma y empiezan a predominar otros caminos de expansión empresarial” (Murmis y Murmis, 2012: 31). En las empresas más grandes, las conexiones mencionadas más arriba desencadenan una transformación de su esquema organizativo y de propiedad, “tanto en términos de la incorporación de tierras en propiedad en empresas anteriormente netamente arrendatarias, como en la incorporación de intereses extranjeros, y, en muchos casos una coincidencia de estos fenómenos” (Murmis y Murmis, 2012: 31).

Mas allá de los agentes socioeconómicos que parecen beneficiarse del modelo

agribusiness, queremos remarcar que no todos los sujetos sociales agrarios parecen correr la misma suerte. En este trabajo trataremos de indagar sobre la situación de las diferentes fracciones de la producción agrícola, así como también del estrato de la producción familiar tambera en los partidos de Chascomús y Lezama, en particular el impacto que sobre ella tiene el avance de dicho esquema productivo expresado centralmente en la producción de granos. Para ello se investigó el grado de expansión de esta forma de producir en el territorio.

2.1.5. Complejos agroindustriales: profundización de los procesos de concentración y

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