Chapter 3 The Research framework and Methods
3.4. Summary
Como complemento a la conceptualización de sexo y género resulta necesario hacer alusión a una de sus características primordiales como lo es el poder. La diferencia de género
14 Clyde Soto. “Marcas culturales para las mujeres en la sociedad paraguaya” Recuperado de http:/www.uninet.com.py(acción/188/mujeres.html
43 gestada en los procesos históricos sociales ha derivado en múltiples diferencias y, por ende, en el establecimiento de desigualdades, jerarquías y hegemonías15 de un sistema de poder. El poder regularmente se observa en relaciones de desigualdad y se puede dar en diferentes contextos con la finalidad de mantener privilegios. El orden fundado sobre la sexualidad es desde luego un orden de poder que se concreta en maneras de vivir, en oportunidades y restricciones diferenciales.
La perspectiva de la dominación y el género tuvo como base la propuesta de teóricos que expusieron sobre el poder y la sexualidad como es el caso del filósofo francés postestructuralista Michel Foucault, quien planteó que en lugar de preguntarse qué es el poder, habría que preguntarse cómo se ejerce éste, así como las consecuencias y efectos derivados del mismo, por ello con respecto al conjunto de estrategias a través de las cuales se ejerce el poder, afirma lo siguiente en su obra la Microfísica del poder (1978:82)16
Hay que admitir en suma que este poder se ejerce más que se posee, que no es el “privilegio” adquirido o conservado de la clase dominante, sino el efecto conjunto de sus posiciones estratégicas, efecto que manifiesta y a veces acompaña la posición de aquellos que son dominados. (p.82).
Las afirmaciones de Foucault trascendieron las explicaciones marxistas que ligaban al poder a la jerarquía de los aparatos ideológicos del Estado, éstas se dieron en torno a situaciones marginales como las que existen entre hombres y mujeres, lo cual produjo una inclinación sugestiva a las propuestas del psicoanálisis.
Desde esta perspectiva parte el convencimiento que afirma una estrecha correspondencia entre las relaciones sociales y las representaciones del poder, las cuales presentan cambios en varias direcciones: de representación cultural, simbólicas o de conformación social y sexual, canalizadas a través de normas, tradiciones, prácticas, valores, que se producen y reproducen en los discursos públicos que circulan en las instituciones sociales y que
15 Para explicar el concepto de hegemonía se hace mención de Marc Angenot (2012) quien la define como el conjunto complejo de diversas normas e imposiciones que operan contra lo aleatorio, lo centrífugo y lo marginal, indican los temas aceptables, las maneras tolerables de tratarlos, e instituyen la jerarquía de la legitimidad (de valor, distinción y prestigio) sobre un fondo de relativa homogeneidad. La hegemonía debe describirse formalmente como un “canon de reglas” y de imposiciones legitimadoras y, socialmente, como un instrumento de control social, como una vasta sinergia de poderes, restricciones y medios de exclusión ligados a arbitrariedades formales y temáticas. (p.32).
44 habilitan, limitan y/o restringen las prácticas, esquemas de percepción y conductas de los/las individuos/as como seres sexuados. En palabras de Foucault (1978):
En una sociedad como la nuestra, pero en el fondo en cualquier sociedad, relaciones de poder múltiples atraviesan, caracterizan constituyen el cuerpo social; y estas relaciones de poder no pueden disociarse, ni establecerse, ni funcionar sin una producción, una acumulación, una circulación, un funcionamiento del discurso. No hay ejercicio del poder posible sin una cierta economía de los discursos de verdad que funcionen en, y a partir de esta pareja. Estamos sometidos a la producción de la verdad desde el poder y no podemos ejercitar el poder más que a través de la producción de la verdad. (p.139).
Conforme lo explica July Cháneton (2009) para Foucault, las relaciones de poder no se definen por ser confrontativas sino de incitación permanente. De modo tal, que las resistencias forman parte necesaria del poder y si existen relaciones de poder a través de todo el campo social, es porque existen posibilidades de libertad en todas partes.17 De esta
manera, Foucault distingue entre relaciones de poder y relaciones que llama de “dominación”, caracterizadas por ser fijas y perpetuamente asimétricas, en cuyo caso es muy limitada la posibilidad de emergencia de un punto de reversibilidad del poder que habilite la resistencia y la modificación de la situación.
Siguiendo a Cháneton es en este punto donde interviene la política emancipatoria propuesta por Foucault “Centradas en las prácticas de sí y en una crítica (por su genealogía y en su analítica) de las tecnologías de la gubernamentalidad que en lo referido a los sujetos constituyen formas de subjetivación (en el doble sentido de “hacerse sujeto” y estar “sujetado a”) relativas a un conjunto relativamente finito de identidades compartimentadas y relativamente fijas (en nuestro universo de análisis las significaciones identitarias dominantes de género/clase/generación) que son las que responden a la lógica hegemónica al tender a reforzar la estabilidad y reproducción del orden cultural instituido”.(p.75).
De acuerdo a lo mencionado hasta el momento se comprende que el poder no es una institución determinada, sino las condiciones en las que se articulan relaciones estructurales que tienden a crear dependencia y control en los individuos a partir del temor y el castigo. En lo que respecta al género y la lógica del poder se pueden establecer a través conceptos
17 Nancy Piedra Guillen (2004) señala que la resistencia tiene como ejemplo claros discursos y prácticas de mujeres que se resisten al poder, y de varones, que se resisten al cambio. “El poder no es unitario, razón por la cual las estrategias de resistencia tampoco pueden serlo. Cuando hablamos de resistencia no necesariamente nos referimos a prácticas antagónicas. La resistencia no se refiere a frentes opuestos. Con la resistencia el sujeto gana libertad” (p.138).
45 normativos, códigos de conducta y todo tipo de apreciaciones y valoraciones religiosas, educativas e institucionales que distinguen significados específicos para lo masculino y lo femenino, desde una concepción heteronormativa, androcéntrica y patriarcales.18
Esta concepción permea el discurso social conformando el esquema a partir del cual se generan nuevas subjetividades y mentalidades que en ocasiones avalan y legitiman la violencia contra las mujeres, en el marco de la sutileza, nada mejor explicado en palabras de van Dijk (2000) “El poder no suele ejercerse de forma coactiva, sino de una manera sutil y rutinaria. El uso más eficaz del poder se da cuando quienes lo tienen logran hacer que quienes no lo tienen interpreten el mundo desde su punto de vista. El poder, en ese caso, se ejerce a través del consentimiento, y no de la coacción. Esto es lo que los analistas críticos del discurso denominan hegemonía” (p.267).
La violencia y en su expresión extrema, el feminicidio, constituyen un ejercicio de control, poder y dominación, cuya finalidad es asegurar la reproducción de la ideología patriarcal. El poder se ejerce sobre el cuerpo de las mujeres, considerados como propiedad de los hombres. Se ejerce, como lo diría Rita Segato (2003) para sancionar el no cumplimiento de los mandatos o las exigencias del patriarcado, es decir, de lo que socialmente se le ha encomendado y se espera de las mujeres. Es ante esta situación que encuentra fundamento el hecho de que los feminicidas no solo se conformen con asesinar a las mujeres, sino que encima las responsabilicen de su propia muerte, por trangredir las reglas.19
Al respecto, Segato (2003) hace mención a la violencia instauradora ligada al ejercicio del poder:
Entiendo los procesos de violencia, a pesar de su variedad, como estrategias de reproducción del sistema, mediante su refundación permanente, renovación de los votos de subordinación
18 Las instituciones educativas son fundamentales en la transmisión de la cultura dominante, a través del intercambio social, el currículum, el lenguaje y las relaciones de poder que se dan en el aula y en la institución. Desde el jardín las niñas y niños van asimilando los contenidos del currículum y van configurando las representaciones subjetivas de acuerdo a los intereses de los grupos hegemónicos. Desde esta perspectiva resulta necesario examinar las relaciones de poder que los/as educadores generan en las aulas y que, por lo general, llevan a actuar como reproductoras de prácticas sociales discriminatorias.
19 La posmodernidad trajo la pérdida de un área significativa de poder entre los sexos. Como lo señala Carole Pateman (1995) en su obra el Contrato Social, la puesta en crisis del rol de género masculino como proveedor económico se produjo por una parte por el nivel alcanzado con los modos de empleo y trabajo tradicionales y, por otro, por las transformaciones en la clásica familia nuclear. Con este ejemplo se evidencia que las identidades masculinas y femeninas no son estáticas, su sentido de existencia se relaciona con la temporalidad, con los momentos históricos, sociales y culturales.
46 de los minorizados en el orden de status, y permanente ocultamiento del acto instaurador. Es solamente así que estamos en una historia, la profundísima historia de la erección del orden de género y de su conservación por medio de una mecánica que rehace y revive su mito fundador todos los días. (p.6).
Bajo estas condiciones, la relación de la mujer asesinada con su victimario, el status social de ambos y los motivos del feminicidio son claves para identificar la dinámicas de poder que subyacen en la relación. Los hombres asumen que son los dueños de las mujeres, lo que conlleva desde obligarlas a vestir de una determinada manera, hasta el modo en que tienen que comportarse en público. Su posesión y dominación supone tanto la destrucción de la libertad de las mujeres, como la instauración de un sentimiento enfermizo que los llevan a acabar con la vida de las mismas.