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5.2.3 Supervised approaches
Berque (2009) en su obra “El pensamiento paisajero” reflexiona sobre el porqué generaciones anteriores a la nuestra nos legaron paisajes de gran valor sin poseer en principio una cultura del paisaje y en cambio nuestra generación que no deja de reflexionar y creer que posee esa cultura no deja de destruir paisajes a gran escala por todo el territorio.
Berque (2009) ancla la raíz del problema en el ppaarraaddiiggmmaa oocccciiddeennttaall mmooddeerrnnoo que establece un dualismo entre un universo objetual, que existe por sí mismo, sin vínculo con la existencia de la Humanidad y la subjetividad humana ajena a las leyes de la materia. El análisis de esta relación ha dado lugar a lo largo de la historia de occidente a dos concepciones distintas:
El ddeetteerrmmiinniissmmo:o La cultura (subjetividad humana) es dirigida por la naturaleza (universo objetual)
El mmeettaabbaassiissmmoo:: La cultura (subjetividad humana) es una realidad independiente que se proyecta en la naturaleza (universo objetual)
El marco mental que impone el dualismo ha provocado tanto una polarización territorial basada en dos extremos: el proteccionismo y la economía (Berque, 2009) como grandes contradicciones en la población: por una parte la ecología que insiste en nuestro fundamento terrestre y por otra el consumismo que individualiza al ser humano del medio, por lo que cada individuo vive en una constante contradicción: Quiere volver a la naturaleza viviendo en un chalet fuera de la ciudad pero recorre diariamente kilómetros hasta su lugar de trabajo en un coche todoterreno.
Frente al dualismo establecido por el ppaarraaddiiggmmaa oocccciiddeennttaall mmooddeerrnno,o Berque (2009) propone un marco epistemológico distinto basado en la mmeessoollooggííaa: la experiencia humana (ecúmene) se encuentra anclada en los niveles ontológicos inferiores, biosfera (formada por el medio ambiente de cada especie) y planeta.
Existe una continuidad material y una sucesión cronológica entre los tres niveles: La eeccúúmmeennee presupone la bbiioossffeerra,a que presupone el ppllaanneettaa (Figura 13). El sentido inverso no es cierto ya que depende de cómo el ser vivo interpreta el planeta, y a partir de ahí, de la manera de cómo lo humano interpreta la biosfera. La realidad se va haciendo cada vez más específica a medida que atraviesa los distintos niveles ontológicos identificados.
Figura 13.Paradigma occidental moderno y mesología Fuente: Elaboración propia
El sentimiento profundo del paisaje se gesta en la relación dinámica que se establece entre la ecúmene y la biosfera, así como entre la biosfera y el planeta. Su dinamismo es de carácter espacio – temporal ya que se encarna en un determinado lugar y en una determinada época. Por tanto el pensamiento paisajero es la forma en que cada ser humano, con su carne y sus acciones, traduce esta relación.
La solución no es volver a una visión del mundo preindustrial, si no reconocer de nuevo en nosotros la mmeeddiiaannzzaa (Medietas raíz latina que comparten mmiittaadd y mmeeddiiaannzzaa) entendida como dos vertientes o mitades complementarias que nos constituyen como seres humanos, una vertiente individual y una medial, que es colectiva, transindividual e intersubjetiva de carácter eco – técnica – simbólica, pero sustentada en los niveles ontológicos inferiores: bbiioossffeerraa y ppllaanneetta.a
Es desde esta doble vertiente que todo ser humano percibe el paisaje, no es un objeto reducido al estudio de las ciencias naturales, es en la vivencia del mismo cuando desaparece la dualidad objeto – sujeto ya que estamos en el paisaje, “salimos hacia fuera”, “ex – sistimos”(Watsuji, 2006).
No podemos abstraer el paisaje desconectándolo de la vida humana, no es sólo el entorno, una realidad objetiva que nos rodea. El paisaje es una forma de autocomprensión humana ya que nos permite explorar un universo de utensilios – bienes endosomáticos y exosomáticos – que la Humanidad ha elaborado para adaptarse a lo largo de la historia a los condicionamientos paisajísticos.
Es en los utensilios donde nos vemos reflejados a nosotros mismos como individuos y como sociedad, ya que somos depositarios de toda una tradición de soluciones, tanto materiales (satisfacción de las necesidades básicas: convivencia, energía y superación de la distancia) como inmateriales (arte, religión y literatura) constituyendo el paisaje el porqué de la elaboración de todos ellos (Watsuji, 2006).
Si volvemos a la dinámica paisajística, con la desaparición acelerada de los ppaaiissaajjeess nnaattuurraalleess yy t
trraaddiicciioonnaallees,s estamos avocados a perder la dimensión histórica y cultural que posee el paisaje y con ello nuestra capacidad para reconocernos en aquellos que nos precedieron.
El futuro que nos aguarda es la generación de ppaaiissaajjeess hhiibbrriiddaaddooss,, aammnnééssiiccooss,, ddeesslliiggaaddooss ddee llaa b
biioossffeerraa y y e ell ppllaanneettaa..
¿Qué tipo de reconocimiento como humanos podremos esperar de ellos?
1.4 ANTECEDENTES METODOLÓGICOS
1.4.1 Introducción
El a annáálliissiiss d dee l laa d diinnáámmiiccaa p paaiissaajjííssttiiccaa e enn s suu ddiimmeennssiióónn c cuuaannttiittaattiivvaa se ha centrado fundamentalmente en el estudio de los cambios de uso del suelo y más concretamente en los cambios provocados por los procesos de urbanización.
Este análisis desde un punto de vista espacial se ha realizado desde dos enfoques claramente diferenciados:
El propositivo, de la mano del urbanismo y de la arquitectura del paisaje, en el que los espacios no – urbanos, denominados “open‐space” o “espacios – negativos” proponen religarlos a los espacios urbanos desarrollando sobre ellos usos de carácter lúdico, productivo ‐ urbanita o como mero telón de fondo visual de los espacios urbanos (Benson & Roe, 2007; De Geyter, 2002).
El analítico, bien de la mano de la geografía humana que se centran en el estudio de la evolución de los procesos de urbanización desde un punto de vista histórico (Frondoni et al., 2011; Catalán et al., 2008; Antrop, 2004; Van Eetvelde & Antrop, 2004; Bontje, 2004; Camagni et al., 2002; Antrop, 1997) bien de la mano de la ecología del paisaje, que analizan cómo los procesos de urbanización provocan cambios tanto en las características espaciales como en los procesos ecológicos de los paisajes que modifican.
1.4.2 Metodologías de análisis desarrolladas por la ecología del paisaje
El enfoque que presenta un desarrollo metodológico más sólido hasta la fecha, es en nuestra opinión, la ecología del paisaje ya que como se indicó en el epígrafe anterior, en la raíz de su nacimiento como ciencia se encuentra la necesidad de dar una respuesta científica a la comprensión de la dinámica paisajística contemporánea.
Partiendo del paradigma del g grraaddiieennttee uurrbbaannoo – – rruurraall (GGUURR), los tipos de análisis desarrollados por la ecología del paisaje, son de carácter ffuunncciioonnaall o de carácter eessttrruuccttuurraall..
1
1..44..22..11 AAnnáálliissiiss ffuunncciioonnaalleess
Los aannáálliissiiss f fuunncciioonnaalleess se centran en el estudio de cómo la variación de las condiciones espaciales a lo largo del GGUUR,R afectan a los procesos ecológicos, bien en términos de flujos de energía, distribución de recursos o especies vegetales o animales (Renetzeder et al., 2010; Pauleit, et al., 2005).