ECONOMIC LIFE (d860-d879)
CHAPTER 3 SUPPORT AND RELATIONSHIPS
Los amerindios saben que el orden del cosmos es crítico, de allí que su preocupación fundamental sea la preservación de tal orden a través de la ritualidad. El concepto ecológico de “orden crítico” se refleja en las nociones de “armonía y equilibrio” que no tienen ninguna connotación romántica, como a veces se cree.
La necesidad de mantener esa armonía y equilibrio se basa en el principio esencial de que todo aquello que es parte del mundo vivo debe reciclarse, así como en el principio de reciprocidad que rige las relaciones económicas dentro de las comunidades.
Otra manera de mantener el orden crítico del mundo vivo es la preservación del equilibrio entre dos principios opuestos pero complementarios. Una pedagogía para conseguir este fin, son principios como el Yin y el Yan taoista o el Chachawarmi andino.
Desafortunadamente para todos, el progreso económico que produce el industrialismo no puede acontecer sin alterar el orden crítico del mundo natural. Por tanto,
a medida que la revolución industrial y su paradigma científico se desarrollaban, el concepto de equilibrio o armonía iba siendo desacreditado por los científicos y, luego, negligido por el proceso de industrialización. Cuando la ecología comenzó a reaccionar ante el paradigma científico mecanicista, buscó recuperar el concepto de “equilibrio natural”. S. A. Forbes, On some interactions of organisms, consideraba que “el equilibrio ideal de la naturaleza es aquel que promueve el mayor bien para todas las especies”. W.C. Alle y otros miembros de la Escuela de ecología de Chicago,
Principios de ecología animal, en los
cuarenta, también aceptaron el Principio de equilibrio de la naturaleza, según el cual “la comunidad mantiene una determinada correspondencia, establece un órden biótico y crea una cierta unidad entre el equilibrio dinámico y la organización de otros sistemas vivos”.
Los procesos y sistema vivos, en todos los niveles de la jerarquía gaiana, tienen una estructura crítica. Los rasgos básicos de una sociedad humana también son críticos. Así, la supresión de costumbres e instituciones vernáculas, como la jilakatura, los rituales agrícolas y ganaderos, el uso de la coca, por poner unos ejemplos, debido a que son incompatibles con el cristianismo, el desarrollo o el progreso, pueden tener consecuencias fatales para dichas sociedades, de la misma manera que la extracción de un órgano vital puede provocar la muerte de un organismo.
Tomemos un ejemplo lejano: las costumbres maritales de los Comores, en el océano índico. Practican la poligamia y tienen una alta tasa de divorcios. Desde la perspectiva occidental, tenderíamos a asociar “divorcio” con un alto nivel de inestabilidad emocional, drogadicción y delincuencia juvenil. Sin embargo, las cosas no son así.
Los Comores están adaptados a la “inestabilidad marital”; lo que no sucede en occidente. Hay dos tipos de razones. Primero, la sociedad es matrilineal y matrilocal; eso quiere decir, que los niños son responsabilidad del clan materno y las “funciones paternales” nuestras son allí asumidas por el hermano mayor de la madre. La segunda razón es que el padrastro corre con los costos de todos los hijos de su compañera. Por estas razones, el divorcio en las Comores no tiene los efectos desestabilizadores que en nuestras sociedades.
Ahora bien, imaginemos que un misionero o un tecnócrata colonial quiere abolir la matrilinealidad o matrilocalidad, por bárbara, no cristiana y premoderna. El resultado sería desastroso; aparecerían inmediatamente altos índices de delincuencia, crimen y alienación, como los provocados, en occidente, por la destrucción de la familia nuclear de la era industrial. Es lo que ha sucedido, en los Andes, con la destrucción del control vertical de un máximo de pisos ecológicos, la desestructuración del sistema de redistribución reciprocitaria, la sustitución de las autoridades étnicas por las sindicales, la extirpación de idolatrías, la fragmentación de su espacio, la reducción de su Territorio “vivo” a 30 cm de tierra arable... que han producido la actual situación de pobreza. Si se quiere hablar de causas de la pobreza, he aquí las causas de la pobreza amerindia actual. Todo lo demás son paños calientes
Así, pues, como las sociedades tienen su orden crítico, también los ecosistemas. Veamos un ecosistema constituido por plantas, capaces por la fotosíntesis de movilizar energía solar; por herbívoros que se alimentan de esas plantas; por predadores que se comen a los herbívoros; por entes descomponedores que reducen la biomasa a sus partes constituyentes, para que sirvan de materia prima y perpetúen así el ciclo vital completo.
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Lo mismo sucede con la ecosfera que tiene su propio orden crítico. Lovelock, Gaia.
Una nueva visión de la vida sobre la Tierra, ha documentado el caso de la
atmósfera terráquea. Entre otras cosas, su contenido de dióxido de carbono es crítico; si fuese demasiado bajo, el planeta sería extremadamente frió y si fuese alto, la temperatura superaría los niveles máximos de tolerancia de muchas formas de vida. Su contenido de oxígeno es también crítico; si fuese un poco menor, ciertas formas de vida no serían capaces de respirar; mientras que si fuese muy elevado la atmósfera se volvería tan inflamable que una simple chispa podría desencadenar incendios incontrolables.
Todo esto nos lleva a concluir que los cambios adaptativos que se dan en cualquier sistema natural son aquellos que sirven para mantener su orden crítico y su estabilidad, dentro del contexto integral de la jerarquía gaiana. En este sentido, pues, las comunidades amerindias, por su diseño cosmológico, privilegian el equilibrio y la armonía que ha sido codificado en una ética cósmica manejada ritualmente. Este saber de yatiris y chamakanis fue totalmente ignorado, por ejemplo, por filósofos como Platón, Hobbes y Rousseau, cuya ideas tanto influyeron en la Revolución francesa; es decir, en el diseño de las sociedades modernas, y por sociólogos contemporáneos que justifican la atomización social y una destrucción ecológica cada vez mayores, con tal de favorecer un mayor desarrollo económico.