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Y EL CRISTIANO GENEROSO

Se cuenta de uno de ellos —Dios le haya perdonado— que dijo: Había en tiempos del califato de Mu’awiya ibn Abu Sufi án —Dios esté satisfecho de ambos— una mujer de la familia de Alí que tenía tres hijas. Su situación era estrecha y su pobreza intensa, y cierto día que lloraban las hijas de dolor y de hambre les dijo su madre: Tened paciencia, que voy a pedir al cadí algo para vosotras del tesoro público de los musulmanes. Siguió contando: Y al oír eso de ella sus hijas tuvieron paciencia hasta la mañana. Entonces fue

su madre a casa del cadí, y cuando llegó pidió permiso para entrar, entró y saludó al cadí, devolviéndole éste el saludo. Luego dijo: ¿Qué necesitas, noble señora? Respondió: Ya mi señor, tengo tres hijas a las que he dejado hambrientas, y he llegado a ti esperando que nos des algo de limosna del tesoro público de los musulmanes. Y cuando oyó el cadí sus palabras le dijo: Mañana te daré algo. Y salió de casa del cadí y volvió con sus hijas que estaban llorando del hambre intenso. Y les dijo: Hijas mías, calmad vuestros corazones, pues el cadí me ha prometido que mañana nos dará limosna; y si Dios —ensalzado sea— quiere, mañana volveré a él como dijo y os traeré algo de su casa. Contó: Y pasaron esa noche regocijándose, y cuando llegó la mañana fue la madre a casa del cadí; lo encontró sentado a la puerta de su casa, lo saludó y él la devolvió el saludo. Le dijo la mujer: Mi señor, me habíais prometido darme algo, y vengo a ti anhelante a pedirlo. Mas cuando el juez oyó sus palabras la insultó y la rechazó, diciendo: ¡Aléjate de mí! La mujer regresó entristecida y llorando y llegó a una ruina que había al lado de su casa, entró allí y lloró intensamente, diciendo: Dios mío, con qué cara volveré a mis hijas y con qué ojos las miraré, y con qué lengua las responderé. Y se prolongó su llanto y aumentaron su súplica y sus sollozos. Continuó el narrador: Y había en el pueblo un cris- tiano llamado Sayduk que tenía mucho dinero y criados, y era su corazón amigo del islam; y pasó una vez junto a esas ruinas y oyó el llanto y las quejas de la mujer; se aturdió su juicio y dijo a algunos de los mozos: Traedme a esa mujer. Y fueron los criados a ella y la llevaron ante él. La miró y las lágrimas la corrían sobre las mejillas, y le dijo: ¿Cuál es la causa de tu llanto, noble señora? Y respondió ella: Tengo tres hijas y las he dejado hambrientas. Y le contó su his- toria. Y dijo Sayduk a sus criados: Dadle mil dinares y un vestido de seda. Contó: Y le dieron eso y lo tomó la mujer, e hizo votos para que se convirtiera al islam. Se fue con sus hijas y les compró

con un dinar varias clases de alimentos; entró con ellas, comieron y se saciaron, luego dijo: Dios mío, provéele de tus beneficios en el Paraíso. Luego cortó para sus hijas varias clases de vestidos.

Siguió relatando: Y cuando llegó la noche vio el cadí en su sueño como si el juicio final ya se hubiera celebrado. Luego fue cogido el cadí y llevado al Paraíso, ante un palacio exento de oro rojo, con las almenas de perla blanca; entre cada dos almenas lucía una muchacha de ojos rasgados más brillante que el sol y más bella que la luna. Y cuando lo vieron le gritaron a la cara: ¡Desgraciado, éramos para ti todas, y este palacio era para ti, y este Paraíso con lo que contiene de delicias permanentes, y ahora somos para Sayduk el cristiano! Luego echaron al cadí, le sacaron del Paraíso y le mos- traron su sitio en el infierno. Relató: Y se despertó el cadí temeroso y asustado, diciendo: ¡Qué desgracia, lo que he perdido! Enseguida salió apresurado hacia casa de Sayduk el cristiano. Llamó a su puerta y acudió uno de los criados de Sayduk, que dijo: ¿Quién está a la puerta? Respondió: El cadí. Y volvió el muchacho e informó a su señor que el cadí estaba a la puerta, y su señor le dio permiso para entrar. Entró, y cuando Sayduk lo vio, le dio la bienvenida y le hizo sentarse, y le preguntó: ¿Qué necesitas esta noche? Y le preguntó el cadí: ¿Has hecho algún bien esta noche? Y dijo Sayduk: He pasado la noche borracho, ¿qué bien podría haber hecho? Pero el cadí no le creyó y dijo: El que has hecho esta noche con exactamente mil dinares. Y dijo Sayduk, deseoso de conocer la historia: Infórmame para que te sirva. Relató: Y el cadí le informó de lo que había visto en su sueño y lo que le había sucedido. Y cuando oyó Sayduk el cristiano esa visión, se puso de pie de un salto sobre sus dos pies, se vistió un traje nuevo y se sentó delante del cadí, y dijo: Extiende tu mano, pues yo atestiguo que no hay más dios que Dios, Uno, sin asociado, y que Muhammad es su Enviado, que envió para traer el camino de la salvación y la verdadera religión. Relató: Y salió

el cadí de su casa llorando y triste. Pues mira, —oh hermano— lo que es la avaricia, cómo fue colocado el cadí entre la gente del infi erno por su avaricia y el cristiano fue colocado entre la gente del Paraíso por su generosidad, y terminó en el bien y el islam. ¡Qué asombroso y qué hermosa cosa es!

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