El concepto de “intertextualidad” esbozado por Julia Kristeva fue en sí mismo producto de un proceso intertextual, pues partió de conceptos bajtinianos integrando las nuevas teorías del texto que habían surgido en Francia en la década de los sesenta. Kristeva fue junto a Tzvetan Todorov una de las primeras voces que introdujeron a Bajtín en Francia. Hasta entonces la obra de este crítico ruso no había suscitado demasiado interés entre los intelectuales de Europa Occidental, a pesar de que su filosofía supuso una superación de los principios estéticos de los formalistas rusos. Kristeva vio en el
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J. Derrida, La escritura y la diferencia, Anthropos, Barcelona, 1989, p.21.
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pensamiento de Bajtín la posibilidad de abrir la lingüística a la sociedad, además de un formato teórico sólido para descifrar el comportamiento humano a través del lenguaje.25
Bajtín parte de la aceptación del presupuesto kantiano de que existe un abismo insalvable entre la mente humana y el mundo. El individuo intenta franquear esa distancia entre su propio yo y el mundo exterior, entre el “ser” y lo “otro.” Define el “yo” como un fenómeno múltiple y cambiante, compuesto de tres elementos esenciales: un centro, que él denomina como el “yo en sí mismo”, un no-centro, llamado el “no-yo en sí mismo”, y la relación entre ambos limitada en el espacio y el tiempo. Si llevamos estas ideas al campo de la literatura, si el yo es el autor y el otro, el lector, se constata entonces la muerte del autor, dado que éste sólo es definible a través del juego intertextual con el lector.
Bajtín no comparte con Saussure que el lenguaje deba ser analizado únicamente como un sistema abstracto. En contrapartida propone un enfoque dialógico: en vez de centrarse en el signo, le interesa la relación entre los signos. Bajtín opinaba que toda palabra está dirigida a una respuesta y no puede evadirse de la profunda influencia de esa respuesta a la que se anticipa. En definitiva, toda palabra es dialógica. El dialogismo plantea el análisis de la relación mutua entre lenguaje individual y lenguaje social. Aunque cada hablante tienda a hacer un uso relativamente libre del lenguaje común, la libertad del individuo nunca podrá dejar de estar condicionada por las reglas básicas del lenguaje que garantizan su comunicabilidad y por la situación espacio- temporal e histórico-social del hablante. Bajtín distingue tres polos lingüísticos: el individual, el discursivo, y el ideológico. El complejo diálogo que se establece entre estos tres polos del lenguaje en un acto de comunicación concreto se conoce como heteroglosia.26
Julia Kristeva incorporó los conceptos de dialogismo y heteroglosia a la nueva teoría transformándolos según los cánones contemporáneos de la teoría del texto. Mientras Bajtín decía que “cada palabra es una intersección de palabras donde al menos otra palabra distinta puede ser leída”, Kristeva dice que “cada texto es una intersección
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Kristeva releyó a Bajtín a partir de dos de sus estudios más representativos, Rabelais and his World
(1965) y Problems of Dostoevsky’s Poetics (1963).
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de textos donde al menos otro texto distinto puede ser leído”. La palabra literaria deja de ser un punto en el entramado textual para convertirse en un cruce de superficies textuales, un diálogo de varias escrituras, la del escritor, la del destinatario, y la del contexto cultural anterior o contemporáneo. El texto no existe fuera de una realidad social e histórica, hasta el extremo que texto y sociedad son vistos como “textos que el escritor lee y en los que se inserta reescribiéndolos.”27 El escritor se opone o se identifica con esas estructuras socio-históricas; su labor es la de dialogar con textos previos. Bajo estos parámetros, Kristeva reincorpora el concepto de dialogismo en su nueva teoría.
En su ensayo de 1966, “Le mot, le dialogue et le roman”, incluido en su obra
Semiotikè. Recherches pour une sémanalyse (1969)28, Kristeva extiende el concepto de intertextualidad a toda la textualidad, uniéndose así a las novedosas teorías del grupo Tel Quel. Kristeva se dejó influir muy especialmente por la visión derridiana de diseminación, y acabó puntualizando que esta intersección de superficies textuales en literatura no puede ser circunscrita, sino que está siempre abierta a una diseminación infinita. En este mismo ensayo, Kristeva comentó también el fin de la intersubjetividad y la desacralización de la figura del autor, como consecuencia de la admisión de que la idea de originalidad y de obra acabada y autónoma no es más que una mera ilusión.
Kristeva explica el papel generador de la intertextualidad a partir de la dicotomía fundamental en lingüística entre eje paradigmático u horizontal, allí donde la palabra pertenece a la vez al sujeto y al destinatario de la escritura, y el eje sintagmático o vertical, en el que la palabra está orientada hacia el corpus literario anterior o sincrónico. La intertextualidad resulta de las múltiples transformaciones que los signos lingüísticos sufren en el espacio de estos dos ejes, según nos lo explica la propia autora en la siguiente cita, en la que resume los axiomas centrales de este su primer ensayo sobre esta cuestión:
[...] l’axe horizontal (sujet-destinataire) et l’axe vertical (texte-contexte) coïncident pour dévoiler un fait majeur : le mot (le texte) est un croisement de mots (de textes) où on lit au moins un autre mot (texte).
27
J. Kristeva, Desire in language: A Semiotic Approach to Literature and Art. Ed. Leon S. Roudiez, Columbia UP, New York, 1980, p.65. (Traducción de Fernando Galván)
28
Julia Kristeva , “Le mot, le dialogue et le roman,”, Semiotikè. Recherches pour une sémanalyse,” o.c., págs. 143-173.
Chez Bakhtine d’ailleurs, ces deux axes, qu’il appelle respectivement dialogue et ambivalence, ne sont pas clairement distingués. Mais ce manque de rigueur est plutôt une découverte que Bakhtine est le premier à introduire dans la théorie littéraire : tout texte se construit comme une mosaïque de citations, tout texte est absorption et transformation d’un autre texte. À la place de la notion d’intersubjectivité s’installe celle d’intertextualité [...]29
En “Le texte clos”, escrito entre 1966 y 1967 y también incluido en Semiotikè, introduce el concepto de ideologema, definido como el lugar de transformación de los enunciados.30 Con este concepto, reitera una vez más que cualquier texto opera dentro de una intertextualidad fundada sobre un contexto histórico y socio-cultural, un planteamiento con fuertes ecos marxistas, especialmente de Althusser. En este ensayo, Kristeva expande las fronteras de la intertextualidad al considerar como textos otros soportes formales ajenos a la literatura, como por ejemplo la ópera, el cine, la pintura, la informática, etc. El hecho mismo de redistribuir enunciados alrededor de sistemas de signos figurados acentúa aun más la cualidad de la heterogeneidad, el irreductible plural de los materiales de la intertextualidad.
En “Problèmes de la structuration du texte”, Kristeva parte de las principales categorías lógicas para explicar las reglas transformacionales de los enunciados dentro de la intertextualidad, para lo cual recurre a la gramática generativa chomskyana, que le ayuda a definir los conceptos de geno y fenotexto, equivalentes a competence y
performance. Mientras el primero se refiere a la capacidad lingüística de cada hablante, el segundo expresa los enunciados verbales que resultan de la puesta en operación de esa competencia. Aplicado al texto, el genotexto equivaldría al nivel en el que el texto es pensado, transformado, producido, mientras que el fenotexto sería el texto material tal y como llega a nuestras manos. Así lo explica la propia Kristeva:
Aux deux types de structures, celles de compétence et performance, correspondraient le géno-texte, c’est- à-dire, le niveau où le texte est pensé, transformé, produit, généré, et le phéno-texte, c’est-à-dire le niveau du texte accompli, du phénomène textuel, de ce résidu dans lequel bascule le processus de production et qui est toujours moins que le processus de transformation antérieur au produit.31
29
J. Kristeva, “Le mot, le dialogue et le roman,” o.c., págs. 145-6.
30
J. Kristeva, “Le texte clos,” Semiotikè. Recherches pour une sémanalyse, o.c., págs. 113-142.
31
J. Kristeva, “Problèmes de la structuration du texte,” La Nouvelle Critique, nº spécial d’avril 1968, p.60.
En La Révolution du langage poétique (1974) Kristeva reemplaza el término intertextualidad por el de transposición, creyendo en ese momento que expresaba mejor su propósito.32 Le preocupaba el hecho de que el concepto que ella había diseñado unos años antes estaba siendo malinterpretado como un estudio tradicional de fuentes literarias. Pero aunque sea cierto que la noción de intertextualidad dependa del concepto de influencia, en realidad la teoría planteada por Kristeva suponía un nuevo concepto para expandir o sustituir del todo esa noción tan arraigada en los estudios literarios tradicionales. Así, Kristeva quiso conferir a su teoría una orientación psicoanalítica para salvaguardarla del mero análisis de fuentes.
Para los críticos literarios, la contribución de Kristeva presentaba algunas lagunas respecto a los planteamientos de Bajtín. La primera, implicaba una cierta vaguedad en torno a la relación de lo social con el texto literario. Kristeva no analiza lo que le sucede a un fragmento del texto social cuando éste es absorbido y transformado por la literatura, ni tampoco especifica la forma bajo la cual ciertos textos sociales son seleccionados para dicha absorción. También se la criticaba por no llegar a elaborar una historia literaria convincente. Su concepción de la intertextualidad no permitía distinguir entre la novela moderna y otras novelas polifónicas anteriores. Asimismo, la adopción del presupuesto lacaniano de que toda palabra es inherentemente dialógica iría en contra de una historia literaria basada en grados progresivos de dialogismo, que es lo que precisamente hace cuando ensalza las novelas de Joyce, Proust y Kafka como exponentes de un dialogismo innovador con respecto a otros modelos de novelas igualmente dialógicas del pasado.33
A pesar de estas objeciones, nadie pone en duda hoy por hoy que Julia Kristeva fue quien estableció los presupuestos teóricos de la intertextualidad. Su trabajo desencadenó la aparición de múltiples aportaciones que fueron bifurcándose en direcciones nítidamente distinguidas: algunas tomaron el camino deconstructivo de aporía o juego del lector, como en Barthes; otras tomaron un camino semiótico de certeza incrementada para el lector, como para Riffaterre. Algunos se aproximaron a la teoría con planteamientos estructuralistas, como Gérard Genette y Heinrich F. Plett,
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J. Kristeva, La Révolution du langage poétique, coll. Tel Quel ,éd. du Seuil, 1974, págs. 59-60.
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Críticas planteadas por Jay Clayton and Eric Rothstein (eds.), Influence and Intertextuality in Literary History, The University of Wisconsin Press, Madison, Wisconsin, 1991, p.20.
mientras que hubo quien tomó el camino social o político del materialismo cultural o del Neohistoricismo como Foucault. De todos ellos hablaremos a continuación en los apartados de este capítulo.