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Las importaciones de la Unión Europea, al igual que las de los Estados Unidos, estaban todavía aproximadamente un 10% por debajo de su nivel anterior a la crisis en abril de 2010, producto de la lenta recuperación de la demanda interna. Las exportaciones tampoco han recuperado su nivel previo a la crisis, debido en gran parte a la falta de dinamismo de su propio mercado interno y la débil demanda de los

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Ene 2007 Jul 2007 Ene 2008 Jul 2008 Ene 2009 Jul 2009 Ene 2010 Jul 2010 Ene 2007 Jul 2007 Ene 2008 Jul 2008 Ene 2009 Jul 2009 Ene 2010 Jul 2010

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América Latina y el Caribe (33 países) Mexico Unión Europea (27 países)

China Canadá Resto del mundo

Estados Unidos11. En 2009 el valor del comercio exterior de la Unión Europea (excluido el comercio intrarregional) cayó un 20% comparado con 2008. En valor, las exportaciones cayeron un 23% y las importaciones un 25%, en tanto que en volumen, las caídas respectivas fueron del 14,8% y el 14,5%. El déficit comercial se redujo del 1,6% al 0,7% del PIB. Los países más afectados en la región fueron Bulgaria, Finlandia, Grecia, Lituania y Rumania, que sufrieron contracciones superiores al 30% en sus exportaciones (EUROSTAT, 2010).

En 2009 las exportaciones hacia el destino principal de la región cayeron más que el promedio. Las ventas externas al principal mercado de destino extrarregional, los Estados Unidos, cayeron más que las dirigidas al resto de los destinos importantes (China y la Federación de Rusia). Las importaciones desde China, su principal origen extrarregional, bajaron un 13%, lo que fue menor que el promedio total del 23%. Las compras a los otros importantes socios comerciales (el Brasil, la Federación de Rusia, el Japón y Noruega) se redujeron más de un 25% (Gambini, 2010; Pappalardo y Nowak, 2010).

Las medidas gubernamentales para reforzar la recuperación han sido restringidas por la compleja situación fiscal y la alta deuda pública de los países de la región. Las dificultades de algunos miembros de la Unión Europea, principalmente Grecia, hicieron imposible un nuevo plan de estímulo para fomentar la demanda interna. De hecho, países como España, Inglaterra, Irlanda y Portugal han asumido una postura fiscal conservadora, lo que reduce aún más la demanda interna. En todo caso, las dificultades económicas de la Unión Europea han resultado en una depreciación del euro frente al dólar, que beneficia a las exportaciones extrarregionales, hecho que debería reflejarse con más claridad en el segundo semestre de 2010.

Las exportaciones de América Latina y el Caribe dirigidas a la Unión Europea se van recuperando en 2010, sin alcanzar aún los niveles anteriores a la crisis. Por ejemplo, mientras en el primer semestre de 2009 estas exportaciones caían un 35% respecto del mismo período de 2008, en el primer semestre de 2010 estarían creciendo en torno al 19%.

3. Asia

En Asia, las economías con un mayor mercado interno, como China, la India e Indonesia, resistieron mejor la crisis, comparadas con los países más dependientes del comercio exterior (FMI, 2010c). Las exportaciones y las importaciones de Asia sobrepasaron sus niveles previos a la crisis al inicio de 2010, gracias a la recuperación de la demanda interna, los ajustes de inventario dentro y fuera de la región y la fuerte demanda china de productos básicos. La demanda interna en Asia mantiene su tendencia de recuperación y el Fondo Monetario Internacional (FMI) espera un crecimiento para la región del 7,5% en 2010. Para 2011, se proyecta una desaceleración con una tasa de crecimiento económico inferior al 7%, debido al retiro de los estímulos fiscales y una reducción en los ajustes de inventario en el resto del mundo. Dado que los vínculos financieros de Asia con la zona del euro son menos significativos que con los Estados Unidos, las dificultades económicas y financieras en algunos países europeos deberían tener un efecto limitado en esta región. Sin embargo, para las exportaciones asiáticas seguramente habrá consecuencias directas, por la menor demanda europea, e indirectas, por el impacto en otras economías, como la de los Estados Unidos (FMI, 2010b).

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Mientras el mundo enfrentaba su peor crisis económica en ocho décadas en 2009, la economía china continuaba creciendo a una tasa del 9,1%, consolidando de esta forma su posición como uno de los actores centrales de la economía mundial y el centro de la posterior recuperación mundial. El mantenimiento del alto crecimiento de China se debe, en parte, a un enorme conjunto de medidas de estímulo económico acompañado de una formidable expansión crediticia. Asimismo, y en el contexto de una abrupta y generalizada reducción de los flujos del comercio mundial en 2009 (12,2% en volumen), China desplazó a Alemania como el principal exportador mundial de mercancías y se encuentra entre los primeros socios comerciales de América Latina y el Caribe (CEPAL, 2010c). Con una tasa de crecimiento cercano al 10% para 2010 (un 11,9% en el primer trimestre y un 10,3% en el segundo, por ajustes en el mercado inmobiliario y en los créditos), China continuará siendo el principal impulsor del crecimiento mundial y el mercado externo más dinámico para las exportaciones de América Latina y el Caribe.

En 2009 las exportaciones chinas se desplomaron un 16% y las importaciones lo hicieron un 11%, lo que resultó en un superávit comercial de 196.000 millones de dólares. El comercio de procesamiento, como parte de las cadenas globales de valor, representó el 49% del comercio total del país, mientras que las exportaciones e importaciones de este rubro se redujeron un 13% y un 15%, respectivamente, en 2009 (Hong Kong Trade Development Council, 2010a).

La reactivación del comercio chino ha sido impresionante. En los primeros cuatro meses de 2010, su comercio internacional creció un 43%, comparado con el mismo período de 2009 y llegó a 856.000 millones de dólares. Las exportaciones crecieron un 29% y las importaciones un 60%. En consecuencia, el superávit comercial bajó un 79% en este período, comparado con los primeros cuatro meses de 2009. El comercio, excluido el de procesamiento, creció un 46% en los primeros cuatro meses de 2010, comparado con el mismo período de 2009, mientras que el comercio de procesamiento, que representa un 39% del total del comercio chino en este período, creció un 38%. La balanza comercial global pasó de un superávit de 12.000 millones de dólares a un déficit de 39.000 millones de dólares en este período. A su vez, la balanza del comercio de procesamiento registró un superávit de 85.000 millones de dólares en los primeros cuatro meses de 2010, un alza del 6,5% respecto del mismo período del año anterior (Hong Kong Trade Development Council, 2010b).

La economía japonesa muestra señales de recuperación de la crisis, a pesar de que no se logró reducir la tasa de desempleo, que se estacionó en torno al 5%, cifra elevada para el caso japonés. La producción industrial se está recuperando, las expectativas y las ganancias de los empresarios están mejorando y el consumo privado y las exportaciones volvieron a crecer, particularmente beneficiados por la demanda china. Sin embargo, la economía del país pasa por una nueva fase de deflación (Oficina del Gabinete del Gobierno del Japón, 2010).

Las condiciones externas continúan siendo un desafío para la economía japonesa. Las medidas económicas de emergencia y la recuperación parcial de los Estados Unidos y la Unión Europea, aunque esta última más débil, han apoyado el crecimiento de las exportaciones. Estas deberían ayudar a alcanzar un crecimiento económico del 2,4% en 2010 (FMI, 2010b). No obstante, preocupa que la presente deflación y la persistentemente elevada tasa de desempleo puedan afectar el consumo privado y debilitar la recuperación económica, junto con un menor dinamismo de las exportaciones, debido a una demanda más débil de Europa.

Gráfico I.8

CHINA: PARTICIPACIÓN EN EL COMERCIO MUNDIAL DE BIENES Y PARTICIPACIÓN DE PRINCIPALES SOCIOS COMERCIALES

(En porcentajes)

Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de Naciones Unidas, Base de datos

estadísticos sobre el comercio de mercaderías (COMTRADE), 2009.

a

Se incluye la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN), Australia, el Japón, Nueva Zelandia y la República de Corea.

4. Perspectivas de corto y mediano plazo

Algunos gobiernos de los países industrializados que rescataron a sus bancos y empresas nacionales en 2008 y 2009 hoy necesitan ser rescatados, mientras otros enfrentan serias restricciones en sus márgenes de política fiscal. La necesidad de consolidación fiscal es urgente en las economías industrializadas. Sin embargo, el principal de los actuales desafíos de la política económica global es sostener el crecimiento y asegurar la estabilidad fiscal de mediano plazo. Esto exige conciliar el gradual retiro de los programas de estímulo con la recuperación del gasto privado. Si los estímulos fiscales se retiran demasiado pronto en Europa, la recesión será el camino más probable y una vez que

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a) Participación en el total del comercio mundial de bienes, 1990-2009 15 19 9 0 19 9 1 19 9 2 19 9 3 19 9 4 19 9 5 19 9 6 19 9 7 19 9 8 19 9 9 20 0 0 20 0 1 20 02 20 03 20 0 4 20 0 5 20 0 6 20 0 7 20 0 8 20 0 9 Exportaciones Importaciones 0 25 50 75 100 19 9 0 19 9 1 19 9 2 19 9 3 19 9 4 19 9 5 19 9 6 19 9 7 19 9 8 1 999 2000 20 0 1 20 02 20 03 20 0 4 20 0 5 20 0 6 20 0 7 20 0 8 20 0 9

América Latina y el Caribe

b) Importaciones, 1990-2008 c) Exportaciones, 1990-2008

Asia y el Pacífico a

Estados Unidos Unión Europea Resto del mundo 0 25 50 75 100 19 9 0 19 9 1 19 9 2 19 9 3 19 9 4 19 9 5 19 9 6 19 9 7 19 9 8 1 999 2 000 20 0 1 20 02 20 03 20 0 4 20 0 5 20 0 6 20 0 7 20 0 8 20 0 9

esta se instale, los resultados fiscales empeorarán. Solo cuando la recuperación enfrente riesgos menores que los actuales tendrá sentido conceder prioridad a la consolidación fiscal. Es decir, corresponde evitar programas de austeridad fiscal demasiado tempranos, que amenacen el crecimiento, de otra forma, la consolidación fiscal difundida en las economías de la OCDE hará primar las tendencias recesivas. Por otra parte, si no se controla la deuda pública y no se entregan señales creíbles de consolidación fiscal en el mediano plazo, persistirán y se podrán agravar las tensiones financieras, que agregarían nuevas restricciones a la política económica.

Por lo tanto, deben seguirse dos caminos en materia de las fuentes de la demanda global: i) la transición de los estímulos públicos al gasto privado y ii) la transición de los impulsos provenientes de economías con déficits externos a otros originados en las que registran superávit (FMI, 2010a). Es en ese escenario donde corresponde abordar la sostenibilidad fiscal, la reestructuración del sector financiero y el estancamiento del crecimiento de la productividad.

La actual crisis fiscal europea genera incertidumbre sobre la solidez de la recuperación mundial para los próximos meses, con posibles consecuencias para la economía y el comercio latinoamericanos. Los elevados déficits fiscales y las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda pública han desencadenado una crisis de confianza en Europa meridional, con Grecia como epicentro desde el inicio de 2010. Como consecuencia, los diferenciales de los bonos públicos de algunos países se han disparado y los gobiernos de esos países introdujeron importantes recortes presupuestarios. Grecia está recibiendo también ayuda del FMI para solventar sus cuentas fiscales.

La lenta recuperación de las economías de la Unión Europea y los altos riesgos que enfrentan varias de ellas rompen una regularidad observada históricamente: que las crisis profundas son seguidas por recuperaciones rápidas. Esta regularidad se conoce como la regla de Zarmowitz (Mussa, 2010). En esta ocasión, varias circunstancias están retardando su vigencia: i) el mayor valor de los estabilizadores automáticos en la Unión Europea retarda la recuperación cíclica respecto de los Estados Unidos; ii) los progresos en la recapitalización y reestructuración de la banca europea han sido más lentos que en los Estados Unidos, y iii) la crisis griega ha impulsado una ronda de ajustes fiscales en la Unión Europea que inhiben la recuperación. Históricamente, el ciclo europeo ha seguido al norteamericano con dos a tres trimestres de rezago. De este modo, en el momento en que podría empezar a operar dicha respuesta, la ronda de ajustes fiscales coloca nuevos frenos al crecimiento y retarda la recuperación.

El mayor riesgo soberano de algunos países europeos está afectando la estabilidad financiera europea, porque varios bancos —particularmente de Alemania y Francia— tienen una exposición importante a la deuda soberana de estos países. A su vez, la incertidumbre sobre la vulnerabilidad y los desafíos en materia de política económica han aumentado las tensiones de financiamiento interbancario. Otro factor que complica la situación bancaria es la presión de financiamiento relacionada con el vencimiento de bonos en los próximos años. Frente a esta situación, la Unión Europea adoptó en junio de 2010 un mecanismo de estabilización financiera que emite deuda garantizada por los países accionistas de la zona del euro para ofrecer préstamos a los países que no puedan financiarse de forma normal, como Grecia. Con esta medida se logró, por lo menos temporalmente, reducir las inquietudes financieras en el viejo continente.

Una posible —aunque poco probable— crisis de la deuda fiscal en ciertos países podría complicar la economía y las finanzas mundiales y las perspectivas para América Latina y el Caribe. Una crisis financiera europea aumentaría el costo del financiamiento para la inversión y el comercio. La demanda se podría deprimir y el euro se debilitaría, lo que podría favorecer las exportaciones europeas extracomunitarias, pero frenaría las ventas externas de los Estados Unidos. El menor crecimiento de

dichos países industrializados afectaría, a su vez, las exportaciones de los países emergentes, que con un menor ingreso importarían menos bienes de consumo y capital, como también menos bienes intermedios para reexportar. Parte de dichos efectos negativos podrían mitigarse mediante nuevos estímulos fiscales modestos en los países emergentes. Sin embargo, la demanda y las importaciones de los países emergentes no serían suficientes para compensar la menor demanda de la Unión Europea y los Estados Unidos y el efecto global sería un crecimiento mundial menor que el de 2010. Es indudable que las economías emergentes han salido al rescate de la economía mundial y que su importancia se acrecienta. Sin embargo, aún no están en condiciones de sustituir plenamente el peso relativo de los Estados Unidos,

Europa y el Japón12.

El impacto directo de la crisis fiscal europea para América Latina y el Caribe parece limitado. La región exporta una proporción reducida a los países europeos más afectados. No obstante, si las primas de riesgo se descontrolan por una cesación de pagos de la deuda soberana, podría reducirse el acceso al financiamiento de las zonas emergentes, incluida América Latina y el Caribe. Además, es posible que las empresas europeas, particularmente las españolas, inviertan menos en la región.

Otras tendencias también apuntan a un menor dinamismo de la economía y el comercio mundial en la segunda mitad de 2010 y durante 2011, aunque parece poco probable que el mundo caiga nuevamente en una recesión. Primero, se ha completado en gran parte el nuevo ciclo de existencias para satisfacer la demanda en la etapa de recuperación. Segundo, el efecto de las medidas de estímulo fiscales y monetarias se está desvaneciendo. Tercero, a causa de los masivos gastos asociados a las medidas fiscales, la deuda pública está alcanzando niveles muy elevados, como en el caso de los países del Grupo de los Siete, cuya deuda relativa alcanzaría un 113% del PIB en 2010 (Banco Mundial, 2010). Por ese motivo, la reducción de los gastos públicos es urgente. Sin embargo, el retiro de los estímulos fiscales podría poner en peligro el dinamismo económico de los próximos meses. De este modo, armonizar el retiro gradual de los estímulos con la recuperación también gradual del gasto privado es el principal desafío en materia de política económica de la OCDE.

En el contexto actual, existe también cierta incertidumbre respecto del futuro del comercio mundial de las materias primas. Por el lado positivo, la posible postergación del retiro de las medidas de estímulo en muchos países —sobre todo las bajas tasas de interés—, la liquidez internacional y la persistente demanda de China y otros mercados emergentes mantendrían un cierto dinamismo en estos mercados. Por el lado negativo, la débil demanda final en los países industrializados y un posible contagio económico-financiero de la zona del euro podrían afectar negativamente los precios y la demanda de productos básicos y a los exportadores de estos productos en América Latina y el Caribe y otras regiones emergentes. En cualquier caso, un escenario de caída de estos precios hoy asoma como poco probable dado que seguirían primando las tendencias de elevada demanda que impulsan China y otras economías emergentes.

Respecto de las economías emergentes, existen dudas sobre la sostenibilidad de su recuperación, en un contexto de actividad económica limitada en la OCDE (Mussa, 2010). Si las economías industrializadas no caen nuevamente en recesión y mantienen al menos los bajos niveles actuales de expansión, las economías emergentes podrán mantener su crecimiento en torno al 6% anual en los próximos dos a cuatro años y ello asegura un piso de crecimiento del 3% en la economía mundial. Esto es

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Por ejemplo, el PIB de China representa cerca de un tercio del PIB de los Estados Unidos y el consumo privado representa solo un 36% del PIB de China. Por ende, si el crecimiento de las exportaciones se reduce un 10%, el consumo privado debería crecer al menos cinco puntos más, para mantener estabilizado el rimo de crecimiento. De allí la importancia de que la economía china transite hacia una modalidad de crecimiento más apoyada en el consumo privado (Akyuz, 2010).

posible gracias al acrecentado vínculo entre las propias economías emergentes, destacándose el elevado comercio intraasiático (que vincula a China con el Japón, la República de Corea y las 10 economías de la ASEAN), así como los crecientes vínculos comerciales de China con África y América Latina. Por supuesto, si las economías industrializadas volviesen a la recesión en 2011, sería difícil de mantener el elevado crecimiento actual de varias economías emergentes.

En particular, hay inquietudes sobre el futuro del ritmo de crecimiento de China. Esta es la variable que más interesa al comercio exterior de América del Sur, así como el de los Estados Unidos es el que más interesa a México, Centroamérica y el Caribe. China puede seguir creciendo a tasas cercanas al 9%, apoyándose en su demanda interna de consumo e inversión. De hecho, en 2009 creció un 9,1%, con un incremento en el consumo privado que por primera vez en muchos años superó al del producto y

en circunstancias en que las exportaciones netas le restaron cuatro puntos al crecimiento del PIB13. En

este sentido, una reevaluación gradual del yuan ayudaría a reducir el superávit externo y crear demanda de productos del resto del mundo. Por el contrario, una revaluación brusca sería riesgosa, pues podría acentuar los peligros de sobrecalentamiento en la economía china, acelerando el ingreso de capitales y sobreestimulando los mercados de activos. En tal caso, la política monetaria y fiscal debería contrarrestar esas presiones sobre el gasto, limitando la expansión del producto. Este escenario no parece adecuado para una recuperación más sólida de la economía mundial.