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Chapter 1: Background, Rationale, Aims, Conceptual Framework for PhD

4. Chapter 4: Methods

4.3 Surveillance Data Used in DON

Entre los animales hay diversos grados de división entre el ser que actúa y sus acciones. Con el nacimiento de la mente consciente en el hombre, sin embargo, el ser que actúa necesitaba una forma de juzgar sus acciones. De nuevo, llegamos a la importancia de ese período de reflexión en el que el ser, con el uso de la memoria, vislumbra su propia experiencia pasada en el presente y proyecta sus resultados hacia el futuro.

El estado de gracia es una condición en la cual todo el crecimiento se produce sin esfuerzo, una conformidad transparente y feliz, requisito básico de toda existencia. Vuestro propio cuerpo crece natural y fácilmente desde el momento de su nacimiento, y no espera resistencia sino que da por sentada su milagrosa evolución, y emplea todos sus recursos con gran libertad y agresividad creativa.

Así pues, nacéis en un estado de gracia, y os es imposible abandonarlo. Moriréis en un estado de gracia tanto si se pronuncian palabras especiales en vuestra memoria como si no, tanto si os vierten agua o aceite sobre la cabeza como si no. Compartís esta bendición con los animales y el resto de los seres vivos. No podéis «desprenderos» de la gracia, ni os la pueden arrebatar.

Pero sí podéis desconocerla. Podéis tener creencias que os ciegan a su existencia. Seguiréis estando en gracia pero seréis incapaces de percibir vuestra propia unicidad e integridad, y tampoco veréis los otros atributos con que estáis dotados.

El amor percibe la gracia en otros. Al igual que la culpa natural, el estado de gracia es inconsciente en los animales. Está protegido. Lo dan por supuesto, sin saber lo que es ni lo que ellos hacen, pero se expresa a través de todos sus movimientos y ellos viven según la ancestral sabiduría de sus costumbres. No poseen memoria consciente, repito, pero los sustenta la memoria instintiva de las células y los órganos. Todo esto se aplica en distinta medida según la especie, y cuando hablo de memoria consciente estoy empleando palabras que os resultan familiares (con ello quiero decir una memoria que en cualquier momento puede mirar hacia atrás por sí sola).

En algunos animales, por ejemplo, se advierte el nacimiento de esta memoria consciente, aunque aún muy limitada y especializada. Un perro quizá recuerde dónde vio a su dueño por última vez, pero no es capaz de evocar un recuerdo, y funciona sin la clase de asociaciones mentales que vosotros utilizáis. Sus asociaciones son de una naturaleza más biológica y no le brindan el margen de libertad que os permiten vuestras condiciones mentales.

El perro no recuerda una apreciación feliz de un estado de gracia del pasado, ni prevé su repetición en el futuro. El hombre, en cambio, con la gran libertad que le proporciona la mente consciente, puede alejarse de esa gran dicha interior de ser, olvidarla, no creer en ella, o utilizar su libre albedrío para negar su existencia.

La maravillosa aceptación biológica de la vida no se podía imponer a la naciente conciencia del hombre, así que, para que la gracia fuera eficiente y aflorara en el nuevo foco de conciencia, tuvo que expandirse desde la vida de los tejidos a la de los sentimientos, pensamientos y procesos mentales. Así pues, la gracia se convirtió en colaboradora de la culpa natural.

El hombre era consciente de su estado de gracia cuando vivía dentro de las dimensiones de su conciencia, a medida que ésta se volvía hacia su nuevo mundo de libertad. Cuando el hombre no cometía violación, era consciente de su propia gracia. Cuando violaba, la gracia retrocedía a la conciencia celular, como en los animales, pero él se sentía conscientemente aislado de ella y rechazado.

La simplicidad de la culpa natural no conduce a lo que vosotros consideráis como conciencia, aunque ésta también depende de ese momento de reflexión que en gran medida os separa de los animales. La conciencia, tal como la entendéis, está provocada por un dilema y una comprensión errónea de las condiciones impuestas en vuestra existencia física. La conciencia surgió con el nacimiento de la culpa artificial.

A su modo la culpa artificial es muy creativa, un vástago hecho a la imagen del hombre a medida que su mente consciente pensaba en la culpa inocente natural que originalmente no implicaba castigo.

La mente consciente siempre establece distinciones. Hace aflorar a la superficie de la conciencia patrones de material anteriormente inconsciente, que luego reúne y organiza en una forma en constante cambio. Con una concentración intencionada se puede clasificar inconscientemente una cantidad literalmente infinita de dicha información; entonces sólo surgen los elementos deseados. La mente consciente es infinitamente creativa, y esto se aplica a todas las áreas del pensamiento mental consciente. También se ocupa de organizar los datos físicos, así que la culpa natural se convirtió en la base de toda clase de variaciones que obedecían a las agrupaciones religiosas y sociales del hombre, que a su vez son el resultado de la capacidad de la mente consciente de disponer, mezclar, unir y reordenar las percepciones y la experiencia.

El hombre es innatamente bueno. Su mente consciente debe ser libre, con su propia voluntad. Sin embargo, él puede considerarse a sí mismo malo. Es él quien establece estos haremos de su propia imagen.

La mente está también capacitada para observar sus propias creencias, reflexionar sobre ellas y evaluar sus resultados; así pues, si el hombre utilizara esta herramienta tal como se concibió, automáticamente distinguiría tanto sus creencias como sus efectos. Parte de esta gran permisividad tiene que ver con el hecho de que el hombre debe darse cuenta de que él crea su propia realidad. El libre albedrío es una necesidad. Ese margen de libertad le permite materializar sus ideas, encontrárselas en la experiencia física, y evaluar por sí mismo su clase especial de validez.

El animal no tiene esa necesidad. Se acomoda plácidamente dentro de los confines de sus instintos mientras explora otros aspectos de la conciencia con los cuales el hombre no está tan íntimamente familiarizado. Pero vosotros contáis con la gracia natural y la culpa natural, y éstas se desarrollarán de una forma más completa gracias a la conciencia. Si os sentáis con tranquilidad y observáis cómo las partes de vuestro cuerpo se reemplazan constantemente, si vuestra mente consciente se concentra en esa actividad, os

daréis cuenta de vuestro estado de gracia. Si podéis percibir cómo vuestros pensamientos se sustituyen con regularidad, podréis sentir vuestro estado de gracia.

En cambio, no podéis sentiros culpables y disfrutar de este reconocimiento; no a un nivel consciente. Si advertís que os recrimináis por algo que hicisteis ayer, o hace diez años, no estáis siendo virtuosos. Lo más probable es que ello se deba a una culpa artificial. Aun cuando haya habido una violación, la culpa natural no implica penitencia. Es simplemente una medida de precaución, un recordatorio antes de un suceso.

«No lo hagas otra vez», es el único mensaje que deja. Expreso estos conceptos dentro de vuestro marco temporal porque, para vosotros, se originaron a partir del tiempo. Pero la verdad es que todo el «tiempo» es simultáneo.

En un tiempo simultáneo, el castigo no tiene ningún sentido. El castigo como suceso y el suceso por el cual se os castiga existen a la vez; y, puesto que no existe el pasado, el presente ni el futuro, también se podría decir que el castigo ocurrió primero.

Apenas hemos hablado de la reencarnación (véase la sesión 631, en el capítulo 7), pero quiero señalar aquí que la teoría es una interpretación lineal de la mente consciente. Por un lado, está muy distorsionada. Por otro, es una interpretación creativa, ya que la mente consciente juega con la realidad tal como la entiende. Pero, recurriendo a su terminología, no hay ningún karma que pagar como castigo, a menos que creáis que hay crímenes por los cuales debéis pagar (tal como se indica en la sesión 614, en el capítulo 2). En un sentido general, tampoco hay causa ni efecto, a pesar de que éstas son suposiciones básicas en vuestra realidad.*

* Véase el capítulo 3 de Habla Seth.

Utilizo estos conceptos porque estáis familiarizados con ellos. En el mundo del tiempo parecen reales. Regresemos una vez más a ese momento de reflexión, porque es entonces cuando tanto las causas como los efectos aparecen por vez primera. Es posible rastrear su origen observando a los animales que ahora vagan por la tierra, pues cada uno a su manera -distinta de la vuestra- muestra esa reflexión. En algunos casos, y a todos los efectos, no existe en absoluto. Pero está ahí, latente.

Cuanto más largo sea vuestro «período» de reflexión, mayor será el tiempo que parece transcurrir entre sucesos.

Soléis creer que hay una extensión de tiempo entre las existencias reencarnadas, que una sigue a la otra al igual que un momento parece seguir a otro. Como percibís una realidad de causa y efecto, presuponéis una realidad en la cual una vida afecta a la siguiente. Vuestras teorías de culpa y castigo os llevan a creer que los obstáculos de esta existencia responden a las culpas acumuladas en la vida anterior, o peor aún, a lo largo de los siglos.

Estas múltiples existencias, no obstante, son simultáneas y con un final abierto. Expresado con vuestras palabras, la mente consciente adquiere cada vez más comprensión del papel que tiene que desempeñar en esta realidad multidimensional. Es suficiente con que comprendáis vuestra parte en esta existencia. Cuando comprendáis que sois vosotros quienes conformáis lo que concebís como vuestra realidad actual, todo lo demás se colocará en su lugar.

Vuestras creencias, pensamientos y sentimientos se materializan instantáneamente. Su realidad terrenal tiene lugar simultáneamente con su comienzo; pero, en el mundo del tiempo, parece que se suceden lapsos temporales entre ellos. Por eso digo que una causa sigue a la otra -para que lo comprendáis más fácilmente-, pero todo ocurre a la vez. De igual modo, vuestras múltiples vidas ocurren como la realización inmediata de vuestro ser en la extensión natural de sus capacidades polifacéticas.

«A la vez» no implica un estado acabado de perfección ni una situación cósmica en la que todo se ha hecho, ya que todas las cosas siguen ocurriendo. Vosotros -vuestro y presente y futuro- estáis aún ocurriendo, y vuestro yo pasado todavía está experimentando lo que creéis que está acabado. Y no sólo eso, sino que está experimentando sucesos que no recordáis, que vuestra conciencia, sintonizada lineal-mente, no puede percibir.

El cuerpo posee en su interior la milagrosa fortaleza y energía creativa con la cual -según vuestra

concepción- nació. Es probable que interpretéis que esto implica la posibilidad de un estado de juventud sin fin. Si bien es cierto que la juventud puede «prolongarse» físicamente mucho más de su duración actual, no es a esto a lo que me refiero.

Físicamente, el cuerpo debe obedecer a la naturaleza en la que nacéis, y en ese contexto el ciclo de la juventud y la vejez es de máxima importancia. En cierta manera, el ritmo del nacimiento y la muerte es como un soplo de aire que se inspira y se espira. Observad cómo entra y sale el aire en la respiración. No sois ese aire, pero aun así entra y sale de vosotros, y sin su flujo continuo no podríais existir físicamente. Así es como vuestras vidas entran y salen de vosotros, sin ser vosotros. Y una parte vuestra las recuerda cuando se marchan y conoce su trayecto.

Imaginad adónde va vuestro aliento cuando abandona vuestro cuerpo, cómo se escapa quizá por una ventana abierta y se convierte en parte del espacio exterior, donde nunca lo distinguiríais. Y una vez que os ha dejado, ya no forma parte de lo que sois porque ya sois distintos.

Cerrad los ojos y pensad en vuestro aliento como si fueran vidas, y en vosotros como la entidad a través de la que han pasado y están pasando. Sentiréis vuestro estado de gracia, y comprenderéis que las culpas artificiales carecen de sentido. Esto no niega la suprema y absoluta integridad de vuestra individualidad, ya que también sois la entidad individual por la que fluyen las vidas, y las vidas únicas que se expresan a través de vosotros.

Ningún átomo de aire es como otro. Cada uno a su manera es consciente y capaz de formar parte de grandes transformaciones y organizaciones, y está colmado de un infinito potencial. Así como el aliento os abandona y se convierte en parte del mundo, libre, vuestras vidas os abandonan y continúan existiendo, según vuestro significado del término. No podéis confinar una personalidad que «fuisteis» a un siglo que concluyó y negarle otros logros, porque incluso ahora existe y posee una nueva experiencia. Así como vuestro momento de reflexión originó la conciencia tal como la concebís -ya que en realidad ambos coincidieron-, también pueden otro fenómeno y una especie de reflexión originar al menos una leve conciencia de las vastas dimensiones de vuestra propia realidad.

Los animales se mueven, digamos, por un bosque. Vosotros os movéis de la misma manera por las zonas psíquicas, psicológicas y mentales. A través de sus sentidos el animal capta mensajes de áreas lejanas que no logra percibir directamente, y de las cuales es en gran medida inconsciente. Otro tanto ocurre con vosotros.

SESIÓN 637, 31 DE ENERO DE I973 2I.O5 MIÉRCOLES

El ser que sois nunca se aniquila. Vuestra conciencia no se apaga ni queda engullida en un nirvana,* dichosamente inconsciente de sí misma. Ni sois parte de un nirvana ni nunca lo seréis.

Hasta cierto punto, hemos hablado del cuerpo y de su composición en células. Todas las células que ahora componen vuestra forma física evidentemente existen al mismo tiempo. Imaginad que tenéis muchas vidas y que todas coexisten de la misma manera, de modo que en vez de células tenéis «yoes». Os dije que cada célula posee su propia memoria. La memoria del ser es, naturalmente, de mayores dimensiones.

Imaginad que vuestro ser superior -podéis llamarlo entidad- tiene una estructura psíquica tan real como vuestra estructura física, pero compuesta de muchos «yoes». Así como cada célula del cuerpo tiene su posición dentro del espacio y fronteras corporales, también cada yo o ser dentro de la entidad es consciente de su propio «tiempo» y dimensión de actividad. El cuerpo es una estructura temporal. No obstante, aunque las células son parte de este cuerpo, no son conscientes de toda la dimensión en la que mora vuestra conciencia. No perciben todos los elementos de los que disponen en la experiencia tridimensional, pero vuestra conciencia presente -aparentemente mucho más sofisticada- depende físicamente de la conciencia celular.

* En el budismo, el nirvana es un estado de perfección celestial que se alcanza mediante la extinción de la vida individual y la absorción del alma en el espíritu supremo.

En una sesión reciente de la clase de percepción extrasensorial, no obstante, Seth dijo: «No hay nada más terrible que el nirvana. Al menos vuestros conceptos cristianos os proporcionan la esperanza de un paraíso sofocante y aburrido, donde vuestra individualidad puede al menos expresarse. El nirvana no ofrece este consuelo sino la aniquilación de vuestra personalidad, en una dicha que destruye la integridad del ser. ¡Huid de semejante dicha!».

De igual modo, la entidad o estructura psíquica «superior» de la cual formáis parte es consciente de dimensiones de actividad más amplias que las vuestras, pero su compleja conciencia depende de la vuestra, y una necesita a la otra.

En la vida física hay un lapso temporal mientras los mensajes recorren las terminaciones nerviosas. En otro orden de cosas, esto equivale a ese «momento de reflexión» que tuvo lugar cuando la conciencia del hombre surgió de la de los animales (observad que no he dicho que el hombre surgiera de los animales).

Aún en otro orden distinto de cosas, este lapso de tiempo tiene lugar -este momento de reflexión se prolonga- cuando el ser abandona a la forma física (así como la célula abandona en cierto momento el cuerpo).

Siguiendo con nuestra analogía, imaginad la vida del ser como un mensaje que recorre las células nerviosas de una estructura multi-dimensional -como ya dijimos, tan real como el cuerpo-, y consideradla también como un gran «momento de reflexión» por parte de dicha personalidad polifacética.

Hago estas analogías porque son pertinentes, pero soy consciente de que pueden haceros sentir humillados o haceros temer por vuestra identidad. Sois más que un mensaje que atraviesa los vastos confines de un superser. No estáis perdidos en el universo. En un libro debemos emplear palabras; pero, si dejáis que estas analogías trabajen en vuestra imaginación, podéis llegar a tener una cierta sensación de vuestra relación íntima con el resto de la creación. Hasta cierto punto, el sentimiento de gracia es el reconocimiento emocional, la apreciación innata, de la necesidad, propósito y libertad de vuestra apropiada posición en la existencia.

Recordad también el gran abismo que os separa como ser de esas células que os componen físicamente. Vuestra identidad actual contiene el conocimiento y el «recuerdo» de todas esas existencias simultáneas, así como las células a su modo retienen la memoria de todas las estructuras físicas que han formado. Debido a vuestra concepción del tiempo, interpretáis esas vidas simultáneas como reencarnaciones, como una vida antes de la otra.

Pues bien, vuestras ideas conscientes, expectativas y creencias dirigen la salud y la actividad de las células.

Las células no poseen libre albedrío tal como vosotros lo entendéis. Poseen la capacidad innata de formar otras organizaciones, pero no mientras formen parte vuestra. Para abandonaros deben cambiar su forma. En

cierta medida, vosotros determináis su «buena salud» dentro del marco de su naturaleza, y ellas os ayudan a su vez a mantener la vuestra. Por lo que se refiere a la conciencia, la diferencia entre lo que sabe la entidad o ser superior y lo que vosotros sabéis es semejante a la que existe entre lo que vosotros sabéis y lo que saben vuestras células.

No obstante, vosotros tenéis libre albedrío pues, aunque la estructura psíquica de la entidad puede compararse al cuerpo, ésta forma parte de dimensiones mucho más amplias, en las que mora. Tal vez os parezca que todo esto tiene poco que ver con vuestra realidad personal. Pero vuestra experiencia diaria está tan relacionada con vuestro ser o entidad como lo está con las células de vuestra forma física.

Entre las células hay una relación íntima. Dentro de la milagrosa estructura corpórea del cuerpo hay un constante toma y daca y una unión de conciencia. Vuestra idea de la realidad y de su experiencia es muy distinta de la de una célula, pero ambas están interconectadas.

Un grupo de células forma un órgano. Un grupo de seres forma un alma. No estoy diciendo que no tengáis un alma que podáis considerar propia. Sois una parte de vuestra alma. Ella os pertenece, y vosotros a ella. Moráis en su realidad como la célula mora en la realidad de un órgano. El órgano es temporal, según vuestra