En contraposición con la teoría neoclásica surge la teoría del mercado dual que de acuerdo con De la Garza (citado por Flores, 2001) considera que el mercado da origen a instituciones y reglas, y que los postulados neoclásicos se alteran por una serie de normas, costumbres y procedimientos administrativos.
De acuerdo con su principal teórico, Piore (1971, citado por Barrón, 1993), el mercado laboral se divide en dos segmentos: el primario y el secundario. En el sector primario se reagrupan los empleos mejor pagados, más estables, más interesantes, y los trabajadores más privilegiados. El sector secundario, que se caracteriza por los elementos opuestos, comprende a todos los grupos en desventaja o “marginados”: las mujeres, jóvenes e inmigrantes. En este sector se ubican los empleos peor pagados y más inestables, de manera tal que se conforma por los sectores más débiles políticamente.
La dicotomía del mercado se explica por factores institucionales e históricos como la tecnología, la estructura ocupacional, las costumbres y la composición de la fuerza laboral. Además de que la movilidad de las y los trabajadores dentro de los mercados es muy limitada, y son sobre todo, las personas del segmento secundario las que se encuentran atrapadas en él a través de mecanismos de control en donde intervienen las empresas y el Estado.
A la perspectiva de la segmentación de los mercados de trabajo, Piore incluye los mercados duales con base en los cuales en un mercado de trabajo determinado es posible identificar una división entre empleo estable e inestable, así como una precariedad específica.
Aunque la aproximación del enfoque dual se acerca a la polaridad encontrada en las unidades de producción agrícola de México, el espectro productivo y organizacional
de las mismas es más complejo, ya que varía en función de todo un abanico de posibilidades y combinaciones de características de la mano de obra.
Barrón (1993) retoma los postulados de la teoría dual para estudiar la agricultura mexicana considerando la existencia de dos tipos de mercados. Los mercados secundarios de bajos volúmenes de producción con una incipiente división social del trabajo y los mercados primarios con grandes volúmenes de producción dirigida a la exportación y una marcada división social del trabajo, por tanto una mayor demanda de fuerza de trabajo especializada. Ella analiza el vínculo existente entre el grado de concentración de capital en una unidad de producción determinada y la división social de trabajo en la misma.
Caracteriza los mercados de trabajo agrícola al realizar una tipología de productores(as) según el destino de la producción (para el mercado nacional o para exportación), la superficie que explotan, la tecnología usada, los volúmenes de producción, el número de ocupaciones que generan y los requerimientos de fuerza de trabajo. La segmentación laboral al interior de las unidades de producción diferenciadas por su tecnología, tamaño y el tipo de mano de obra del que requieren visibiliza la relación entre oferta y demanda que se establece en el mercado de trabajo.
Barrón (1993) parte de la teoría de segmentación de los mercados de trabajo de las hortalizas para, con base en los conceptos de mercados primarios y secundarios, hacer una caracterización de la división social del trabajo. En los mercados primarios se encuentran los puestos con salarios relativamente elevados, buenas condiciones de trabajo, posibilidades de ascenso, así como estabilidad. En este tipo de mercados se ubica principalmente fuerza de trabajo calificada y escolarizada. Los mercados secundarios se caracterizan por estar peor pagados, tener malas condiciones de trabajo y pocas posibilidades de avance, elevada rotación de la población trabajadora e inestabilidad en el empleo. Para la autora, lo que determina la composición de la fuerza de trabajo es la estructura de los productores y el destino de la producción. En los mercados de trabajo con producción dirigida a la exportación, los requerimientos de selección y empaque requieren de una fuerza de trabajo abundante que con el
tiempo se haya especializado en dichas tareas a diferencia de los secundarios en donde la división del trabajo es incipiente.
Además, habla de que la fuerza de trabajo ocupada se distingue en local y migrante, en donde la oferta de mano de obra local está en función de su composición por edad y sexo en el seno de la familia y de necesidades de ingresos monetarios. Si la familia cuenta con adolescentes e infantes éstos se integrarán a los mercados de trabajo en calidad de jornaleros(as). En ocasiones las madres y padres condicionan su contratación a la de sus hijos e hijas menores.
En cuanto a la tecnología y medios de trabajo empleados por la fuerza de trabajo, la autora encontró que cuando la o el productor se ve obligada(o) a contratar mujeres e infantes, para el caso del jitomate la recolección se hace en cubetas para que puedan cargarlas las niñas y niños, a diferencia de aquellas unidades productivas en donde únicamente se emplean adultos varones y la recolección se hace en cajas de 25 kilos que se arrastran a través de los surcos. Ello demuestra que en ciertas labores los medios de trabajo han buscado adaptarse al tipo de mano de obra empleada, sin embargo, en su gran mayoría se omite la fisonomía y necesidades ergonómicas diferenciadas que pudiesen requerir mujeres e infantes aumentando el riesgo de accidentes y problemas de salud derivados.
Barrón (1993) pudo observar que para los mercados de San Quintín en Baja California, así como en Villa de Arista en San Luis Potosí, la escasez de mano de obra adulta explicaba la contratación de infantes en todos los mercados de trabajo primarios y secundarios. Ignorando la Ley Federal de Trabajo que establece en su artículo 22 la prohibición de menores de 14 años por no más de 6 horas al día, en la práctica se contrataba a todo infante menor de 14 años sí cubría con la cuota mínima de recolección diaria, de 30 a 40 cubetas por jornada completa; es decir, de la misma forma que la fuerza de trabajo adulta, el salario infantil se da en función de las tareas o trabajo a destajo, y no en relación al tiempo de trabajo invertido, lo cual ayuda a la reducción de costos a través de flexibilidad laboral. Además, por los tiempos de cosecha y la relación entre las distintas regiones se produce una reducción en el
periodo de desempleo gracias a la extrema movilidad geográfica de la fuerza de trabajo rural.
Todos los mercados de trabajo estudiados por Barrón presentaron una marcada segmentación y diferenciación social y genérica del trabajo expresada no sólo en las ocupaciones sino también por salarios y condiciones de vida. En las regiones del noroeste del país, a diferencia de lo que ocurre en las regiones agrícolas del centro en donde el empacado lo realizan sólo los hombres, el empacado lo realizan principalmente las mujeres. La composición de la fuerza de trabajo para estas regiones es la contratación de mujeres de la localidad para la selección y el empaque, y la de población migrante indígena (hombres y mujeres) para la cosecha.