CHAPTER 3: CURRENT RESEARCH METHODS
3.1 Surveys and Questionnaires
El origen del título del epígrafe es la cita ya clásica de Umberto Eco, que se refería así al proceso vivido en toda Europa de desregulación del mercado que acabó con los viejos sistemas monopolísticos en la televisión del continente. Más allá del Reino Unido, donde como ya hemos comentado la primera televisión privada ITV apareció en el temprano 1954, en el resto de Europa se produjo de manera escalonada desde finales de los años setenta y durante toda la década de los ochenta. En España, el final del monopolio se hará por dos caminos paralelos: la entrada en el dominio
audiovisual de las televisiones privadas, con tres nuevas cadenas, una de ellas de pago, y la aparición sucesiva y gradual de las televisiones autonómicas.37
Enseguida entraremos a repasar en detalle estos dos trayectos audiovisuales que coincidieron en sus inicios, y que obligaron a competir a todas las nuevas cadenas casi de golpe por el mismo pastel publicitario. Pero antes hagamos un repaso general de las circunstancias en las que se produjo esta desregulación.
La corriente en la que se incluye este final del monopolio, que viene de Estados Unidos, se enmarca en una desregulación masiva de lo público. Áreas antes protegidas por su especial interés, quedan ahora a merced de la ley de mercado: la banca, el transporte interurbano, el agua o las telecomunicaciones (Bustamante, 1999: 46-47). Esa entrada de nuevos competidores en el sistema televisivo, con un aumento claro en la cantidad, pero no en la calidad, desembocará bastantes años más tarde en la mayor crisis de la historia del sistema audiovisual, después de la digitalización de la televisión terrestre.
Se trataba, en los primeros compases del sistema televisivo mixto, de legitimar, en tantos casos, programaciones generalistas comerciales que tenían que utilizar, la mayoría de las veces, un bien público limitado, el espectro radioeléctrico. La ganancia en cantidad apelaba así al pluralismo, a las virtudes de una democracia levantada sobre una opinión pública que contaría con una benéfica heterogeneidad de puntos de vista, en un momento en que lo privado era investido de toda la legitimidad que supuestamente le aseguraba su condición de no ser público. (Gavaldà Roca, 2011:74)
A partir de los años 70, esta desregulación alcanza la televisión europea, en sucesivas oleadas. En Francia, el extremo llega al paroxismo: la primera cadena pública,
37 Desde la primera, la vasca EITB (1982), hasta la privatización total de la gestión en la televisión
la que más audiencia tenía, es privatizada, produciendo una brusca desestabilización del equilibrio público-privado. Nunca se ha vuelto a producir una situación idéntica en Europa, aunque visto lo que está pasando con TVE y su crisis de presupuesto endémica en los últimos meses, nada es descartable en el futuro. A partir del 16 de abril de 1987, la iniciativa pública de lo que el general De Gaulle denominó “La voz de Francia”, se quedará restringida a las relativamente minoritarias segunda cadena France 2, y la tercera cadena, la autonómica France 3 (Contreras & Palacio, 2001: 71) .
Un efecto claro de los efectos de la desregulación lo encontramos en el Reino Unido, donde en los años del neoliberalismo conservador de Margaret Thatcher38 los destinos del país se encaminaron hacia una progresiva privatización de las instituciones públicas. La gestión del sacrosanto y siempre eterno ejemplo de independencia informativa, la BBC, se vio amenazada durante la gestión de la “Dama de Hierro”. Aparte del acoso a sus informativos, la desregulación hizo mella en el mercado audiovisual, y acabó afectando a la pública. El cambio de dirección de la principal cadena privada británica, la ITV, hacia el entretenimiento, dejando de lado el periodismo de marcado interés público, hizo que la BBC quedara más expuesta a la presión de los índices de audiencia (Curran, Salovaara-Moring, Cohen, & Iyengar, 2012: 42-43) . Las noticias se volvieron más suaves, aumentando el seguimiento de las relacionadas con sucesos, mientras disminuía el interés por las de tipo político.
Frente a esta tendencia desreguladora, se encuentra la oposición que dentro del seno de la UNESCO recibió este movimiento, conocido como Free flow. En 1980 se publicó “Un solo mundo, voces múltiples” (UNESCO, 1980) El conocido como
38 Primera ministra británica desde 1979 a 1990. Su filosofía política se basó en la desregulación,
especialmente del sector financiero, la flexibilización del mercado laboral, y la privatización de las empresas publicas. Su alianza personal y política con el presidente estadounidense Ronald Reagan, revitalizó el movimiento conservador a nivel mundial, en lo que dio en llamarse el neoliberalismo.
“Informe Mc Bride” por el nombre del presidente de la comisión que lo redactó,39 se ha convertido en un texto insustituible para conocer mejor la idiosincrasia de la comunicación mundial en los últimos decenios, que autores como el profesor Josep Gavaldà han calificado como documento capital en la historia de la comunicación moderna (2014: 81-82). Frente a los que abogaban por no intervenir y dejar en manos del mercado la regulación de los medios, como el sociólogo norteamericano I. de Sola Pool,40 se alzó la voz de los que como Armand Mattelart, querían “introducir en la salvaje lógica mercantil un correctivo inspirado en la filosofía de servicio público” (1993: 231) . Numerosos investigadores se implicaron en este reto de las políticas de democratización de la comunicación. Más adelante volveremos a citar este informe, pionero en la que seguiría siendo laxa regulación internacional.
El efecto nivelador de la nueva situación de competencia no tardaría en apreciarse en España, sobre un mercado recién creado en una situación muy complicada:
Se ha observado una innegable convergencia entre la oferta programática de las emisoras públicas y privadas: si las públicas han abrazado la tipología de los programas considerados más populares y de entretenimiento, también se ha comprobado como las estaciones privadas no han dejado de trabajar con propiedad los programas informativos o la producción de programas de ficción. (Contreras & Palacio, 2001)
José Manuel Contreras y Manuel Palacio proporcionan ejemplos claros de cómo, al entrar la competencia por las privadas en España, la programación de TVE
39 En la comisión también hubo periodistas de la talla del colombiano Gabriel García Márquez.
40 Este discípulo de Lasswell y Lazarsfeld del Instituto Tecnológico de Massachusetts, formó parte de una
generación de sociólogos comprometidos con la acción del Gobierno, y la mayoría de proyectos de investigación en los que participó fueron financiados por la Administración norteamericana (Gavaldà Roca, 2014: 81-82)
cambió de manera inmediata para poder adaptarse al mercado. Era en cualquier caso un cambio lógico y esperado y que como vemos se dio en otras partes de Europa.
En países del sur del continente, como España, Grecia y Portugal, existe una contradicción entre la voluntad de interés general, expresada en las diversas leyes audiovisuales y estatutos de la televisión, y factores como la financiación, que marcan el camino de la programación, claramente opuesta a esta idea de servicio público (Magnan, 2001:122).
Las tendencias de programación son evidentemente alteradas en toda Europa por la desregulación. Veamos la clasificación de los diferentes efectos, según Miquel de Moragas y Emilio Prado (2000: 184-192):
1) Ficción por información. En una primera etapa hay un incremento extraordinario de la ficción, en detrimento de la información. Una tendencia que inicia la oferta privada, y que es seguida por las públicas de inmediato. Pero apenas un año después, se invierte la tendencia.
2) Cambios cualitativos. Los cambios en la información no son sólo por la disminución de minutos en la rejilla, también por su calidad. Se produce una espectacularización de la información, pierde peso la información sociopolítica, se cambia el ritmo de realización, la enfatización del directo, etcétera. Vuelve también el gran reportaje, de la mano de las cadenas privadas, especialmente, con un destacado tono sensacionalista.
3) Inversión de signo. Las privadas recuperan el interés por la información, y las públicas recuperan las posiciones perdidas respecto a este macrogénero. Se incrementa el magazine, y los news-magazines y mini-magazines triunfan. Esto no significaba que llegaran fórmulas de tratamiento en profundidad de la información de actualidad, sino más bien maneras espectaculares de contarla.
Los contenidos de sucesos y corazón, son los nuevos protagonistas de los contenidos informativos.
4) Todo se vuelve espectáculo. El info-show, mezcla de muchos otros géneros, triunfa. El maridaje entre información y espectáculo se consolida, considerándose uno de los rasgos característicos del efecto de la desregulación televisiva europea.
Para Giuseppe Richeri (1983), la multiplicación de canales por los avances técnicos está detrás del final del monopolio natural de la televisión, aunque otros muchos otros factores, como la reivindicación política del libre mercado ejercida por los denominados neocon también pueden estar en su origen. Este autor alertaba también de la disolución entre las fronteras de las televisiones privadas y públicas.
La desregulación en España tiene sus peculiaridades, como que TVE en realidad nunca asumió el papel de sus homólogas europeas de servicio público reconocido por todos, una actitud refrendada por un modelo de financiación basado en un canon que aquí apenas existió. Además, justo en el momento anterior a la entrada de la competencia, tanto de las privadas como de las autonómicas, se produce una situación dulce para la televisión del monopolio: a pesar de la crisis económica, hay una expansión del mercado publicitario que llega al 20% anual (Bustamante & Zallo, 1988) En 1986, alcanza los 417.000 millones de pesetas. Todos los medios saldrán beneficiados, también la prensa, pero la televisión será la verdadera estrella del momento. Acompañando esa circunstancia, aunque el Estatuto de RTV habla de modelo mixto de financiación, el primer Gobierno socialista de Felipe González decide retirar la subvención estatal a RTVE a partir de 1983, totalmente a contracorriente del resto de Europa (Álvarez Monzoncillo & Menor, 2013: 23) Fue el recientemente fallecido ministro Miguel Boyer el encargado de eliminar los siete mil millones de pesetas
destinados a la explotación de la radiotelevisión pública en los Presupuestos Generales del Estado, haciendo recaer su financiación en las inversiones publicitarias. El objetivo era intentar reducir el agujero que esa televisión estaba generando en la hacienda pública (Rueda Laffond & Chicharro Merayo, 2006: 284-285) La medida hizo que TVE ahondara en el cariz comercial a ultranza que ya tenía, pasando a competir de forma descarada –aprovechándose además de la tradición monopolística– con los nuevos agentes del mercado.