LOGRO.
Ya Duda (1989a), argumentaba que una orientación a la tarea se relaciona con valores tales como la honestidad, ser buenos ciudadanos, mientras que la orientación al ego se relaciona con incrementar el status social y con la competencia entre personas.
Posteriormente, Duda, Olson y Templin (1991) analizan la relación entre las metas de logro y la realización de actos ilícitos y agresivos en el deporte por jugadores de baloncesto, obteniendo que la orientación a la tarea se asocia con actitudes relativas al juego limpio y al respeto de las reglas a diferencia de la orientación al ego que se relaciona con conductas antideportivas (juego a base de trampas y engaños) y la aceptación como legal de actos que provoquen lesiones a los oponentes (intimidación física o la provocación del abandono del juego). La disminución de la deportividad y del razonamiento moral en los sujetos orientados al ego también ha sido hallada en otros estudios (Duda y Huston, 1995; Huston y Duda, 1992; Stephens, 1993; Stephens y Bredemeier, 1996).
Respecto a las diferencias en función del género, Duda et al. (1991) obtienen que las chicas muestran menos conductas antideportivas que los chicos. Diferencias también halladas por Bredemier (1985) y Bredemier y Shields (1986).
Según Shields y Bredemier (1995) una persona con una alta orientación al ego mide los logros tomando como referencia a los otros provocando una falta de juicios morales y de aspectos relativos al juego limpio. Sin embargo una persona con una alta orientación a la tarea define el éxito con un criterio autorreferencial, enfatizando el juego limpio y la cooperación.
Del mismo modo, Boixados y Cruz (1999) analizan como la percepción del clima motivacional se relaciona con la satisfacción, la percepción de habilidad y actitudes de juego limpio en 176 futbolistas de 9 a 14 años. Los resultados muestran que la percepción del clima motivacional que implica a la tarea está relacionado con una mayor satisfacción en los entrenamientos, con una percepción de habilidad más autorreferenciada que normativa y con una actitud favorable a la diversión; en cambio, la percepción de un clima implicante al ego se relaciona con la percepción de habilidad basada en criterios normativos, con actitudes favorables a la dureza y a la victoria en
un partido de fútbol, con una baja satisfacción en los entrenamientos y una actitud desfavorable hacia la diversión.
Otro estudio que analiza la deportividad y la agresión relacionándolo con las orientaciones de meta en jugadores de hockey-hielo de élite, es el de Dunn y Dunn (1999). El análisis de regresión revela que los jugadores con alta orientación al ego muestran más comportamientos agresivos que aquellos con baja orientación al ego. Además, los jugadores con niveles altos de orientación a la tarea muestran mayores niveles de deportividad.
En otro estudio Kavussanu y Roberts (2001), con 56 jugadoras y 143 jugadores de baloncesto, obtienen que la orientación al ego se relaciona con la utilización de bajos niveles de juicios morales y la aprobación de comportamientos antideportivos, relación más baja en chicas que en chicos. No hallando relación ni positiva ni negativa entre la orientación a la tarea y la utilización de juicios morales (legitimidad de las acciones), no coincidente con los resultados obtenidos en otros estudios como los de Duda et al. (1991) y Dunn y Dunn (1999). Sin embargo, también obtiene diferencias en función del género a favor de mayores niveles de funcionamiento moral en chicas.
Otra de las investigaciones en el terreno deportivo (Kavussanu y Ntoumanis, 2003), analiza si la participación en deportes de contacto predice el funcionamiento moral y si estos efectos están mediados por las orientaciones disposicionales. El modelo de ecuaciones estructurales indica que la participación en deportes de contacto mediada por la orientación al ego predice bajos niveles de funcionamiento moral. Por el contrario, cuando la variable mediadora es la orientación a la tarea, dicha práctica predice altos niveles de moralidad.
Existen estudios que analizan la influencia de diversas variables en la agresión en actos deportivos mostrando los siguientes resultados:
Duda y Huston (1995) en su estudio con jugadores de fútbol encuentran que será la orientación disposicional del sujeto mayor predictor de la agresión, que otras variables, como el nivel competitivo o la experiencia deportiva.
Stornes (2001), con jugadores de balonmano confirma en su estudio cualitativo la influencia del entrenador y del entorno social sobre la deportividad que reportan los jugadores de equipo, especialmente los jóvenes
y los menos experimentados. Además, tal y como muestran los estudios anteriormente citados, la orientación al ego reduce la deportividad.
Otro estudio con jugadoras de baloncesto en un campo de verano por Stephens (2001) obtiene que altos niveles de habilidad y de competición son predictores de la agresividad. El orden de predicción de las variables contextuales en la realización de actos agresivos es el siguiente: en primer lugar la percepción de los compañeros del equipo acerca de los actos agresivos, seguido de la influencia del entrenador y las normas del equipo
El papel del entrenador (su orientación disposicional y el clima motivacional que transmite) y las normas del equipo, como moduladores de la agresividad, también habían sido hallados en el estudio realizado por Stephens y Bredemeier (1996).
Resumiendo, los estudios analizados en este apartado indican que el profesor ha de promover un clima motivacional implicante a la tarea, ya que este favorece que los estudiantes interioricen los valores de la disciplina, respeten y comprendan las normas, se comporten adecuadamente y se conviertan en buenos estudiantes, favoreciendo así este ambiente el aprendizaje en las clases de E.F. (Cervelló, Jiménez, Fenoll, Ramos, Del Villar y Santos-Rosa, 2002; Papaioannou, 1998b) y además una orientación a la tarea promueve conductas deportivas de juego limpio, respeto a las reglas y la cooperación (Duda, Olson y Templin, 1991; Shields y Bredemier, 1995).