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Chapter 3 Reliability Modeling for Dependent Systems

3.2 Main Results

3.2.1 System Reliability with Dependence

Tras el fallecimiento del P. Diego Laínez, segundo General de la Compañía, la Congregación General eligió al P. Francisco Borja por sucesor, quien, de acuerdo con la Congregación decidió que la Compañía tuviese por lo menos una casa profesa en cada provincia, creando cuatro en España: la casa de Toledo, en la provincia del mismo nombre; la de Sevilla, en la provincia de Andalucía; la de Valencia en la provincia de Aragón y la de Valladolid en Castilla.

113 GIL FERNÁNDEZ, Luis. [et al.]. La cultura española en la Edad Moderna. Madrid: Itsmo, 2004, pp. ; y MARAVALL, José Antonio. La cultura del Barroco. Barcelona: Ariel, 1986, pp. 276-277.

114 BARTOLOMÉ, B. “La educación institucional: las escuelas de gramática”. Historia de la Educación en España y América / coord. por Buenaventura Delgado Criado, Vol. 2, 1993 (La educación en la España Moderna (siglos XVI-XVIII)), pp. 504-514, pp. 194-217, y pp. 812-821, conf. 504-510.

115 REY CASTELAO, Ofelia. “Universidad de Santiago de Compostela. Fuentes documentales y líneas de investigación, en: ”RODRÍGUEZ-SAN PEDRO BEZARES, Luis E; POLO RODRÍGUEZ, Juan Luis (eds.). Universidades clásicas de la Europa mediterránea: Bolonia, Coimbra y Alcalá. Miscelánea Alfonso IV, 2005. Salamanca: Ed. Universidad de Salamanca, 2006, pp.15-63, p. 42-43

El Padre Juan Bonifacio marcaría la orientación de la Compañía con la solución al dilema entre conocimiento y santidad: “ya que la Compañía quiere que seamos santos y sabios, seámoslo de veras y, si no podemos ser las dos cosas, seamos por lo menos virtuosos”. Una versión a lo divino del humanismo literario en su fase personalista

procul negotiis, sucesora de la fase activista del humanismo cívico, con el que el clero recuperó la función educadora que le habían disputado los humanistas seglares. El crecimiento de la Compañía, gracias también a métodos pedagógicos más humanos, fue prodigioso. En 1546 fundaba en Gandía su primer estudio, y en 1585 ya contaba con cuarenta y cinco colegios en toda España, y en 1608 llegaban a sesenta y dos.116

En Alcalá, donde había estudiado el P. Loyola, el impulso de la Compañía se debió al P. Villanueva, que encontró grandes dificultades para encontrar casa de alquiler, por presiones del arzobispo Silíceo.

Lükacs, que ha manejado la información de las cartas annuas, de los epistolarios y visitas de los provinciales, da una estadística impresionante. En 1600, y para toda España, hay unos 20.000 alumnos de gramática, y adjudica a Aragón 32 colegios y 320 jesuitas, a la Bética 34 colegios y 452 jesuitas, a la de Castilla 37 colegios con 521 jesuitas, y a la de Toledo 23 colegios con 320 jesuitas. Su programa de estudios, reflejado en la Ratio Studiorum, se fundamentaba en el conocimiento de los rudimentos gramaticales, tanto griegos como latinos, y en el tratamiento de los autores y literatura clásicos.117 Gracián118 hará una reflexión con su Criticón, sobre la naturaleza humana,

presentando la antinomia naturaleza y sociedad un siglo antes del Emilio de Rousseau, replanteando la controvertida ratio studiorum de acuerdo con las exigencias de la segunda mita de siglo, y alabando la virtud, fruto de una educación esmerada, lo único que no es apariencia ni engaño en el gran teatro del mundo.

Los jesuitas no restringían sus enseñanzas a las aulas, sino que daban gran importancia a los ejercicios al aire libre y a la preparación para la vida en la sociedad distinguida, con aprendizaje de música, danza, representaciones teatrales, lenguaje correcto y urbanidad. Este planteamiento innovador, les proporcionó un gran prestigio social y un elevado número de alumnos. Sus aulas estaban abiertas a los pobres, pero se segregaba a los religiosos de los seglares y a los ricos de los pobres, lo que no debía extrañar en una sociedad caracterizada por la desigualdad jurídica. La estrategia de los jesuitas irá desde ganarse al pueblo llano, acercarse a la nobleza local, pobres en dinero, pero que gozan de autoridad y otros medios, para llegar posteriormente a la aristocracia, y captar patronazgos con que ampliar sus fundaciones. El acercamiento a los nobles les granjeará influencia social y capacidad de intervención política, e información muchas veces confidencial que conocen a través del confesionario; como contrapartida, sufrirán una cierta injerencia en sus casas y colegios por parte de los nobles.119

116 GIL FERNÁNDEZ, Luis. [et al.]. La cultura española en la Edad Moderna. Madrid: Itsmo, 2004, 57- 58.

117 LUKACS, L. “De origine collegiorum externorum…”. Archivum Historicum Societatis Jesu, XXIX

(1960) y XXX (1961), citado por BARTOLOMÉ, B. “La educación institucional: las escuelas de gramática”. Historia de la Educación en España y América / coord. por Buenaventura Delgado Criado, Vol. 2, 1993 (La educación en la España Moderna. Siglos XVI-XVIII), pp. 504-514, pp. 194-217, y pp. 812-821, conf. p. 207-208. V.t. LABRADOR, C. et. al. La “Ratio Studiorum” de los jesuitas. Madrid: UPCM, 1986.

118 Publicado en diferentes partes en 1651, 1653 y 1657. Conf. DELGADO, Buenaventura. Historia de la Infancia. Barcelona: Ariel, 2000, pp. 129-133.

119 LOZANO NAVARRO, Julián José. La Compañía de Jesús y el poder en la España de los Austrias.

La Compañía era parte integrante de una jerarquía social que garantizaba una cierta “sumisión” política, y desempeñaba un papel importante en el mantenimiento del Antiguo Régimen. Pero la querella de los ilustrados con la Compañía y la acusación de haber fomentado los disturbios populares de 1766, acarrearía su expulsión de España.120

El Dictamen de Campomanes les atribuía dos faltas: estar excesivamente bien organizados, con su correspondencia, disciplina y entrenamiento, constituyendo un peligro para el estado; y sus sermones de la cuaresma de 1766, chispa que fomentó los disturbios populares. Su malestar con el gobierno era el desacuerdo sobre el destino del hombre. Los ilustrados proponían la “economía” como vía de progreso; los jesuitas eran defensores de la “economía” moral que aplicaron en sus reducciones de Paraguay.121 La

Compañía, que controlaba la Universidad, los Colegios Mayores, los internados de Secundaria, y se oponía frontalmente a los proyectos ilustrados, ejercía un dominio, según Medina, agobiante y sectario, y cuando se les expulsa de España no hay resistencia por parte de las demás órdenes religiosas, jerarquía eclesiástica ni estamentos.122

Recordemos que, en 1767, por decreto del conde Aranda, el capitán general de Castilla la Nueva cursó a todos los jueces ordinarios de los pueblos donde existían casas de la Compañía un pliego con instrucciones para que el 2 de abril las cumpliesen, consistentes en el extrañamiento de los padres y la incautación de todas sus temporalidades, aunque la fecha se adelantó de la noche del 31 al 1 de abril. Carlos III comunicó a Clemente XIII su resolución de extrañar a los jesuitas y de enviarlos a los Estados pontificios, bajo la “inmediata, prudente y santa dirección de Vuestra Santidad”, en carta de 31 de marzo de 1767, a la que respondió el papa con el breve

Interacebissima, de 16 de abril, que no hizo variar al monarca en su decisión.

La Compañía había monopolizado la enseñanza de las primeras letras, gramática y retórica, por lo que, a fin de evitar el peligro de decadencia de los estudios de latinidad, tras consulta del Consejo extraordinario, y a propuesta de Campomanes, se expidió una Real Provisión de 5 de octubre de 1767, para que los comisionados y jueces subdelegados de temporalidades procediesen a subrogar la enseñanza en los maestros y preceptores seculares, a oposición.

Tras su expulsión, el Consejo extraordinario creado para manejar el tema de los jesuitas, en consulta de 22 de abril de 1767 aprobó la instrucción de Campomanes, individualizando el método de inventario de los libros y documentos existentes en las casas y colegios de los jesuitas, con uniformidad, distinción y claridad. La

120 EGIDO LÓPEZ, Teófanes. “La expulsión de los jesuitas de España”, en Historia de la Iglesia en España. Madrid, 1979, IV, pp 745-792; EGIDO LÓPEZ, Teófanes; PINEDO, Isidoro. Las causas “gravísimas” y secretas de la expulsión de los jesuitas por Carlos III. Madrid: Fundación Universitaria Española, 1994; GIMÉNEZ LÓPEZ, Enrique (ed.) Historia de la expulsión de los jesuitas (Memorial de las cuatro provincias de España de la Compañía de Jesús desterradas del Reino a SM el Rey Don Carlos III). Alicante: Instituto de Cultura “Juan Gil-Albert”, 1999; LUENGO, Manuel; FERNÁNDEZ ARRILAGA, Inmaculada (ed.). El Retorno de un jesuita desterrado. Viaje del Padre Luengo desde Bolonia a Nava del Rey (1798). Alicante: Universidad de Alicante. Ayuntamiento de Nava del Rey, 2004.

121 RODRÍGUEZ DE CAMPOMANES, Pedro. Dictamen fiscal de expulsión de los Jesuitas de España,

1766, ed. Por Jorge Cejudo y Teófanes Egido. Madrid, 1977, pp. 56-7 y 124. Citado por CASEY, James. “Prólogo” a LOZANO NAVARRO, Julián José. La Compañía de Jesús en el Estado de los Duques de Arcos: El colegio de Marchena (Siglos XVI-XVIII). Granada: Universidad de Granada, 2002, p. 12. 122 MEDINA, E. Madrid: Akal, 1977, p. 23, citado por TABERNER GUASP, José. Teoría Sociológica y Educación. Córdoba: Universidad de Córdoba, 1997, p. 184.

correspondencia se dividiría, por medio de legajos, en literaria, privada y de intereses pecuniarios, según la antigüedad de sus datas. Y en la R.C. de 23 de abril, en que se publicó la instrucción, se sugería que donde existiese Universidad, los comisarios agregarían a sus bibliotecas los libros de las casas de la Compañía situados en los mismos pueblos.123

2.3.3. Archivos y bibliotecas de las Escuelas de Gramática, en especial las jesuíticas

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