6 Discussion
6.4 Characteristics of partial wheat resistance against root rot
6.4.1 Systematic examination of pathogen growth patterns and observational studies of
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SI HAY ALGO QUE desconcierta profun- damente a la opinión pública es escu- char de vez en cuando noticias relacio- nadas con abuso de menores por parte del clero, pastores o ancianos en distin- tas iglesias. Y no es de extrañar, porque sólo la idea de que un niño tenga que soportar la maldad de alguien mucho más fuerte que él enerva por completo la sangre.
Pero el caso es que en los últimos años y hasta hoy siguen apareciendo noticias relacionadas con abusos de menores no sólo dentro de la iglesia católica sino en otras iglesias. Incluso ha trascendido el hecho de que durante años muchos de esos abusos eran ya conocidos por parte de las autoridades religiosas pero que nunca hicieron nada por solucionarlo. Y que los abusos no sólo han sido por par- te de hombres célibes, sino también por parte de hombres casados.
El abuso es también delito
Lo primero que hay que decir es que abusar de un menor no es sólo un peca- do contra Dios sino que también es un delito, y que éste debe notificarse a las autoridades para que tome cartas en el asunto. Es verdad que la reputación de la organización religiosa envuelta sufre y que algo así es siempre un escándalo, pero eso no es ni mucho menos tan im- portante como el dolor psicólogico cau- sado al menor inocen-te, tal y como muestran infinidad de testimonios. Hechos así son sin duda causa de preo- cupación para muchos cristianos así como una piedra de tropiezo para mu-
chas personas ajenas a la fe. Cristo Je- sús fue muy claro cuando trató el asun- to de hacer tropezar a otros, sobre todo a los más débiles cuando dijo:
“Los tropiezos son inevitables, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino atada al cue- llo, que servir de tropiezo a uno solo de estos pequeños. Así que, ¡cuídense!”- Lucas 17:1-3, Nueva versión Internacional.
Ha habido casos en que el sufrimiento de la víctima ha sido triple. Primero porque en ocasiones no se la cree. Los hombres acusados son tan respetados en la iglesia que una acusación así parece increíble. Si la noticia de la acusación trasciende al resto de la congregación, ésta también suele despreciar a quien supuestamente acusa falsamente, lo que es también causa de ignominia para la víctima. Y si por otro lado además se forma un comité judicial como es el caso de los testigos de Jehová, si quien acusa no puede probar su acusación se le puede llegar a expulsar, lo que signi- fica que toda su familia y amigos, así como el resto de los miembros de la congregación cortan de por vida todo trato con ella. Al final para la víctima no sólo se ha tratado de abuso físico si no también espiritual.
La llamada autoridad espiritual de los hombres que están nombrados en pues- tos de responsabilidad no debería ser pretexto para bloquear la búsqueda de la verdad relacionado con el caso que
Cuando una persona cifra su total confianza en Dios y en la esperanza que ofrece a través de Jesucristo, ha entregado completamente su cora- zón, lo mejor de ella. Es de imagi- nar que una persona así debe ser muy querida por Dios y por tanto nadie tiene el derecho de hacerle daño o hacerle tropezar en algún sentido. De ahí el extremo cuidado que deberían tener quienes dirigen espiritualmente a otros.
En la fotografía de al lado (Premio Pulitzer 1963) puede verse a un sa- cerdote auxiliando a un soldado he- rido por un francotirador en las re- vueltas de Venezuela en 1962. Ilus- tra muy bien cómo quienes han ele- gido servir a los demás deben tener las cualidades espirituales necesa- rias para dar soporte y apoyo a quienes sufren o a los más débiles. El actor británico Alec Guinness (1914-2000) relata que cierto día descansaba en uno de sus rodajes en una película en la que él vestía de sacerdote. Mientras daba un pa- seo notó que un niño pequeño lo cogía de la mano con plena confian- za porque se había perdido. Alec Guinnes confiesa que aquella con- fianza plena por parte del niño cam- bió su perspectiva de la vida para siempre y que eso lo motivó a ha- cerse creyente. Y es que necesita- mos referentes éticos y morales que no decepcionen y que sean verda- deros baluartes en amor, fe y ejem- plaridad.
Se adjunta tráiler del film de Tho- mas McCarthy. En el año 2002, un
reducido equipo de reporteros de investigación del Boston Globe des- tapó los escándalos de pederastia cometidos durante décadas por cu- ras del estado de Massachussets. La publicación de estos hechos, que la archidiócesis de Boston intentó ocultar, sacudió a la Iglesia Católi- ca como institución. Radio Vati- cano, el servicio de radio oficial de la Santa Sede, la calificó como “ho- nesta” y “convincente” y dijo que ayudó a la Iglesia católica en Esta- dos Unidos a “aceptar plenamente el pecado, admitirlo públicamente, y pagar todas las consecuencias“.
Y es que como dijo Jesús de Naza- ret, “nada que esté oculto dejará de salir a la luz“. R
https://www.youtube.com/watch?time_continue=1&v=3G2EgJBkNaQ
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haya sido denunciado. Si hay sufi- cientes indicios que indiquen que ha habido algún abuso, éste se de- bería investigar sin dilación para no alargar el sufrimiento de la víctima y denunciarlo con prontitud a las autoridades. Ocultar lo que ha su- cedido en aras de evitar un escán- dalo no es ético ni moral desde el punto de vista de Dios ni el de los hombres, porque está envuelta la vida y la dignidad de un ser hu- mano sufriente. Los pastores del re- baño deben cuidar del bienestar fí- sico y espiritual de las ovejas, no causarles indebida opresión. Pero lamentablemente, en ocasiones se ha usado rematadamente mal esa autoridad causando un gran sufri- miento. Como escribió el obispo Benjamin Hoadly (1676 -1761), obispo de Salisbury:
“La autoridad es el enemigo más grande e irreconciliable con la verdad y la razón que el mundo jamás haya dado. Todo sofisma, todo artificio y astucia pueden ser desenmascarados, pero con- tra esa autoridad no hay defensa“.
Un contraste refrescante
En contraste, en las Escrituras se muestra cómo deberían ser los hombres en posiciones de servicio a otros (la verdadera autoridad) cuando leemos:
“Cada uno será como un refugio contra el viento, como un res- guardo contra la tormenta; como arroyos de agua en tierra seca, como la sombra de un peñasco en el desierto”. – Isaías 32:2, NVI. En uno de sus viajes, Pablo de Tar- so se reunió con todos los ancianos de Éfeso exhortándoles a que pu- dieran tratar a los fieles con verda- dera consideración cuando les dijo: “Por lo tanto, estén atentos y cui- den de toda la congregación, en la cual el Espíritu Santo los ha puesto como pastores para que cuiden de la iglesia de Dios, que él compró con su propia sangre“.- Hechos 20:28, DHH.
Sociología y Cristianismo Sociología y Cristianismo
Esteban López
González
estebanlopezgonzalez.comSI HAY ALGO QUE desconcierta profun- damente a la opinión pública es escu- char de vez en cuando noticias relacio- nadas con abuso de menores por parte del clero, pastores o ancianos en distin- tas iglesias. Y no es de extrañar, porque sólo la idea de que un niño tenga que soportar la maldad de alguien mucho más fuerte que él enerva por completo la sangre.
Pero el caso es que en los últimos años y hasta hoy siguen apareciendo noticias relacionadas con abusos de menores no sólo dentro de la iglesia católica sino en otras iglesias. Incluso ha trascendido el hecho de que durante años muchos de esos abusos eran ya conocidos por parte de las autoridades religiosas pero que nunca hicieron nada por solucionarlo. Y que los abusos no sólo han sido por par- te de hombres célibes, sino también por parte de hombres casados.
El abuso es también delito
Lo primero que hay que decir es que abusar de un menor no es sólo un peca- do contra Dios sino que también es un delito, y que éste debe notificarse a las autoridades para que tome cartas en el asunto. Es verdad que la reputación de la organización religiosa envuelta sufre y que algo así es siempre un escándalo, pero eso no es ni mucho menos tan im- portante como el dolor psicólogico cau- sado al menor inocen-te, tal y como muestran infinidad de testimonios. Hechos así son sin duda causa de preo- cupación para muchos cristianos así como una piedra de tropiezo para mu-
chas personas ajenas a la fe. Cristo Je- sús fue muy claro cuando trató el asun- to de hacer tropezar a otros, sobre todo a los más débiles cuando dijo:
“Los tropiezos son inevitables, pero ¡ay de aquel que los ocasiona! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino atada al cue- llo, que servir de tropiezo a uno solo de estos pequeños. Así que, ¡cuídense!”- Lucas 17:1-3, Nueva versión Internacional.
Ha habido casos en que el sufrimiento de la víctima ha sido triple. Primero porque en ocasiones no se la cree. Los hombres acusados son tan respetados en la iglesia que una acusación así parece increíble. Si la noticia de la acusación trasciende al resto de la congregación, ésta también suele despreciar a quien supuestamente acusa falsamente, lo que es también causa de ignominia para la víctima. Y si por otro lado además se forma un comité judicial como es el caso de los testigos de Jehová, si quien acusa no puede probar su acusación se le puede llegar a expulsar, lo que signi- fica que toda su familia y amigos, así como el resto de los miembros de la congregación cortan de por vida todo trato con ella. Al final para la víctima no sólo se ha tratado de abuso físico si no también espiritual.
La llamada autoridad espiritual de los hombres que están nombrados en pues- tos de responsabilidad no debería ser pretexto para bloquear la búsqueda de la verdad relacionado con el caso que
Cuando una persona cifra su total confianza en Dios y en la esperanza que ofrece a través de Jesucristo, ha entregado completamente su cora- zón, lo mejor de ella. Es de imagi- nar que una persona así debe ser muy querida por Dios y por tanto nadie tiene el derecho de hacerle daño o hacerle tropezar en algún sentido. De ahí el extremo cuidado que deberían tener quienes dirigen espiritualmente a otros.
En la fotografía de al lado (Premio Pulitzer 1963) puede verse a un sa- cerdote auxiliando a un soldado he- rido por un francotirador en las re- vueltas de Venezuela en 1962. Ilus- tra muy bien cómo quienes han ele- gido servir a los demás deben tener las cualidades espirituales necesa- rias para dar soporte y apoyo a quienes sufren o a los más débiles. El actor británico Alec Guinness (1914-2000) relata que cierto día descansaba en uno de sus rodajes en una película en la que él vestía de sacerdote. Mientras daba un pa- seo notó que un niño pequeño lo cogía de la mano con plena confian- za porque se había perdido. Alec Guinnes confiesa que aquella con- fianza plena por parte del niño cam- bió su perspectiva de la vida para siempre y que eso lo motivó a ha- cerse creyente. Y es que necesita- mos referentes éticos y morales que no decepcionen y que sean verda- deros baluartes en amor, fe y ejem- plaridad.
Se adjunta tráiler del film de Tho- mas McCarthy. En el año 2002, un
reducido equipo de reporteros de investigación del Boston Globe des- tapó los escándalos de pederastia cometidos durante décadas por cu- ras del estado de Massachussets. La publicación de estos hechos, que la archidiócesis de Boston intentó ocultar, sacudió a la Iglesia Católi- ca como institución. Radio Vati- cano, el servicio de radio oficial de la Santa Sede, la calificó como “ho- nesta” y “convincente” y dijo que ayudó a la Iglesia católica en Esta- dos Unidos a “aceptar plenamente el pecado, admitirlo públicamente, y pagar todas las consecuencias“.
Y es que como dijo Jesús de Naza- ret, “nada que esté oculto dejará de salir a la luz“. R
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introducción
En los textos de la Biblia, Dios se manifiesta para hacernos partícipes, como humanidad, de su plan salví- fico. Como obra textual, la Biblia es un documento que se escribió hace miles de años, en un contexto social, cultural y geográfico muy diferente al que compartimos hoy, y, que por la naturaleza histórica del texto bíblico, es necesario que su mensaje sea releído y reinterpre-
tado para ser, entonces, revivido bajo códigos contextuales contem- poráneos. A partir de una relectura de los textos bíblicos, sus discursos nos enfrentan a una reflexión sobre conceptos tales como género y fe a partir de contextos socio-culturales y económicos actuales, que respon- den a las inquietudes de una diná- mica social moderna.
Es el tema de la figura de la mujer el que llama particularmente mi