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En la obra de Leopoldo Zea se encuentran importantes consideraciones acerca de José Martí que asientan de manera indiscutible la significación de la asunción de las tesis básicas contenidas en las obras martianas. Zea hace suyas las palabras de Fidel cuando se le pregunta por la influencia de Martí en la Revolución, de aquí que lo cite a través del líder de la revolución: ―Martí en su época cumplió con la tarea que le correspondía y fue exponente del pensamiento más revolucionario de aquella época‖.195

Tal afirmación conduce a Zea a la siguiente conclusión: ―Martí significó el pensamiento del pueblo cubano por la liberación nacional.‖196 Puede decirse que el Apóstol, en tanto constante referencia en las obras de Zea, fue considerado por este como uno de los más revolucionarios de su tiempo entre los defensores de la identidad en los últimos decenios del siglo XIX y parte fundamental de los cimientos de su concepción de la identidad cultural, al perfilar su dimensión humanista, su adhesión a la lucha por la liberación e identificación con los pueblos oprimidos y solidificar las bases teóricas de su reflexión filosófica respecto a la diversidad latinoamericana y el anhelo de su unidad. De ahí que reconoce y usa citas de Martí para ilustrar la idea de la identidad cultural coimplicada con la integración: ―José Martí, que en su ensayo Nuestra América ha descrito una América de múltiples expresiones raciales y culturales, dice también: (Todo nuestro anhelo está en poner alma a alma y mano a mano los pueblos de nuestra América)‖.197

Zea en la revisión del pasado histórico, de la realidad propia de sus circunstancias y su utilización como instrumentos, retoma los conceptos martianos de unidad, emancipación y libertad para servirse de ellos como herramientas ideológicas en favor de la lucha contra la injerencia foránea y el desdeño de los valores latinoamericanistas en la visión euro-centrista.198

Al establecer sus coincidencias se debe destacar que Zea, como Martí, inscribió el problema como parte de nuestra América y lo trasciende hacia la humanidad, es decir, se identifica con la aspiración martiana de la unidad latinoamericana desde el sur del río Bravo hasta la Patagonia. Pero su visión le imputa una perspectiva particular a la unidad, que no difiere de Martí, sino que denota su recepción profunda. Descubre primero al hombre que le es más inmediato, el mexicano, que está y forma parte de sus circunstancias más próximas (México) y queda marcado por ellas:

Mi obra se ha enfocado en este sentido, sintiéndome mexicano, pero como un modo de ser y actuar del hombre de esta América de la que es parte México. Para pasar –como lo he intentado en mis libros: América como conciencia, América en la historia y Dialéctica de la conciencia

44 es la relación con otros hombres, con mis semejantes en otras regiones del mundo? ¿Qué soy especialmente frente a esta otra América […]a la que siento, como modelo y verdugo. […] Y así me encuentro como mexicano, latinoamericano y americano, […] A partir de esta conciencia es imposible que deje de dolerle esas partes de la humanidad, sucede como partes mía, prolongaciones.199

Así reconoce su identidad peculiar y en la abstracción conceptual de lo mexicano y la esencia del hombre, descubre al hombre en su contexto concreto y lo antepone a la visión euro centrista. Habla de los hombres concretos en el sentido de la diversidad anatómica y cultural, que le es propia, y ha poblado y puebla a su realidad local (México), la América Latina y a la humanidad, pero que al mismo tiempo tal peculiaridad es igualadora de la condición esencial que los une. En su opinión, ―todos los hombres son iguales por ser distintos‖200

expresa Zea, en un intento de corregir la discriminación a partir de enunciar la diferencia como unidad y en el mismo sentido que en Martí, patria se asocia a la humanidad, pues como el expresó: ―todos son idénticos y todos hacen la gran identidad‖201

, lo que evidencia la correspondencia de lo específico con lo universal.

El respeto a la identidad en la diferencia fijó las metas martianas en Zea, es decir, siendo distintos los hombres existe una comunidad de aspectos que los determina como tal, su condición humana y creadora en medio de sus relaciones con otros semejantes. Lo que explica su planteo de que: ―todo hombre, o pueblo, se asemeja a otro por poseer un identidad, individualidad y personalidad‖,202 como expresión de la identidad en la diferencia, en todas las instancias resolutivas de la sociedad, desde el micro nivel (individuo) hasta el macro (social) como prolongación del derecho de las naciones a la autonomía sin negar por ello la posibilidad de integración, que asimiló en su aprehensión de lo mejor de la tradición del pensamiento del siglo XIX el reclamo de la necesaria y posible integración, que serviría de referente a otros afanosos en alcanzar metas similares, de la misma forma que Martí le había guiado.

De este modo destacará ―una filosofía que trata de abarcar la pluralidad de lo humano‖,203

y por tanto ―una filosofía que proclama la igualdad entre los hombres y entre los pueblos a partir de esta misma e ineludible diversidad y concreción‖,204

aspectos que se insertan en la lógica de la humanidad peculiar de cada individuo para reafirmar la identidad inclusiva como expresión de identidad en la diferencia. El tema de la raza es un aspecto que puede entenderse en la prolongación del carácter humanista de la concepción de identidad cultural, y muestran las coincidencias de las reflexiones de Martí y Zea, al revelar un humanismo abierto, sin discriminación, que disminuya la identidad de los hombres. Al

45 respecto, se aprecia asimilación martiana en Zea del axioma ―no hay odios de razas, porque no hay razas‖,205

en la comparación del tema racial en África y América Latina, cuando declara: ―Por ello en Latinoamérica no se ha hablado de reivindicar los valores de una determinada raza‖.206

En el orden teórico se aprecia la concordancia de las implicaciones conceptuales de la identidad cultural e integración como sustenta Miguel Rojas Gómez, al exponer que ―la integración auténtica, es inclusiva y en el campo de la resematización de los significados es creadora de unidad o identidad.‖207 En Martí ambos términos se ven como uno mismo. Asentó que ―lo común es la síntesis de lo vario, y a uno han de ir las síntesis de todo lo común‖208

porque ―todo va a la unidad, todo a la síntesis, las esencias a un ser; los existentes a lo existente: […] de lo uno sale en todo lo múltiple y lo múltiple se refunde y se simplifica en lo uno‖209

al inspirarse en la cultura y unidad de América Latina.

Zea por su parte, al abrir sus reflexiones hacia el pasado histórico como delineador de la peculiar identidad latinoamericana, expone la posibilidad de unión desde una de sus aristas, el pasado histórico que une a los hombres de América Latina: ―Unidad que les viene de la conciencia de una situación común a todos ellos, la del colonialismo sufrido, la de la explotación de que han venido siendo víctimas, la de las discriminaciones‖.210

Asimismo percibe Zea al igual que Martí en ―Nuestra América‖, que el hombre iberoamericano o latinoamericano vive a espaldas de su realidad en un intento de constante auto negación que le hace percibir que ―[e]l mal está en que queremos adaptar la circunstancia americana a una concepción del mundo que heredamos de Europa, y no adaptar esta concepción del mundo a la circunstancia americana‖.211

De esta forma enfatiza en que se ha de partir de la realidad, de sus condiciones propias, pues ello es garantía de evitar males mayores en intentos ciegos de copiar y ajustarla a modelos, que aunque emergidos en otros contextos, pueden ser reveladores y aportativos en la comprensión y la posibilidad de transformación de dicha realidad pues la realidad termina imponiendo su fisonomía. A partir de esas convicciones y tras analizar el ámbito latinoamericano y mundial en su época, Zea vuelve al autor del ensayo ―Nuestra América‖ para aprovechar su visión de unidad colocada ―como plata en las raíces de los Andes‖,212

y su antiimperialismo. Zea, impregnado de sus enseñanzas, sustenta sus opiniones sobre la conformación de las naciones latinoamericanas en unidad alejadas de cualquier relación que implique subordinación y con ello deterioro de la soberanía y la diversidad de la identidad latinoamericana. De ahí que no se identifique con la declarada doctrina Monroe en el Congreso del 2 de diciembre de 1823 y sí a favor de ―la seguridad que permita mantener la pluralidad

46 que debe caracterizar a una auténtica Nación de naciones‖,213

esa de la Martí proyectó la necesidad de construir ―juntos al cabo […] en una nación colosal espiritual‖.214

Zea, en el repaso del pasado histórico en la búsqueda de la identidad latinoamericana sigue el ejemplo de Martí: ―José Martí reclamará la vuelta a los orígenes de esta identidad […]‖215

y la utilización de este como instrumento le permite retomar los conceptos martianos de unidad, emancipación y libertad para servirse de ellos como herramientas ideológicas en favor de la lucha contra la injerencia foránea y el desmérito de los valores de la cultura latinoamericana en la visión eurocentrista y ante la «expansiva América Sajona».216

Al expresar: ―La cultura es por esencia libertadora de los obstáculos que impiden a los pueblos y hombres realizar sus proyectos‖,217

vuelve a ser explícita la influencia del apóstol en él, rememorando que ―Ser culto es el único modo de ser libres‖218

Refiriéndose a la carencia de libertad en el orden de la autodeterminación de los pueblos planteó: ―Latinoamérica reclama, […], el derecho a la autodeterminación de los pueblos, al pluralismo; un derecho que implica el respeto al propio derecho‖.219

Aspecto que en la actualidad ha derivado en nefastas consecuencias para los pueblos que ante el supuesto ideal libertario que ha sido y es preconizado por las potencias mundiales al ―imponer sus intereses sobre los pueblos que carecen de elementos para hacer respetar el derecho de la autodeterminación‖,220

ven sacrificadas sus expresiones culturales peculiares en función de una aparente calidad de vida en lo económico, que lejos de concretarse, tiende a revelar que ―es la desigualdad entre unos y otros la que impide o entorpece la libertad‖221 limitada por las condiciones de dependencia de la región.

Sus indagaciones históricas devienen instrumento práctico que ubica al hombre y su existencia como el fin superior de la humanidad. Se nutre de la savia martiana al proyectar la necesidad de la defensa de la cultura latinoamericana y sus valores como condición de la propia existencia, por lo que debe estar en el centro de interés de las naciones.

De esta forma, en Zea no hay una visión cerrada de Martí sino una recreación de sus concepciones relativas a la unidad, la libertad, el hombre, la cultura, la identidad y América Latina, que acentúa en cada uno de sus acercamientos impregnados de la esencia misma del carácter humanista que recibe, en tanto deudor y continuador de las aspiraciones martianas de integración en libertad que enriquecen su concepción de la identidad cultural. De la asimilación del pasado también aprende Zea de Martí222 y germina tanto en la filiación político-filosófica en busca de la unidad latinoamericana como en los elementos teórico-metodológicos que orientan y afinan el quehacer intelectual de Zea en función de la

47 comprensión de la identidad en la diferencia como recurso de autodefensa de la integridad de Nuestra

América. Más allá del reconocimiento manifiesto del mérito teórico de Martí, el mexicano incorpora al

itinerario de su meditación filosófica la vocación hacia América Latina y sus esfuerzos por transformarla, contenidos en su cosmovisión de la cultura y su filosofía de liberación,223que establece los anhelos futuros para la transformación del destino de la región.

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