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1.- Profundizar en la aproximación del adolescente a la vivencia artística para que la redescubra como experiencia intrínsecamente motivante, capaz de contribuir a satisfacer necesidades características del adolescente como la autoafirmación, la definición de la propia identidad personal y social, la adopción de referentes generacionales o culturales y la maduración de la red social.

2.- Rentabilizar las posibilidades de los lenguajes artísticos para un sector de edad afectado por especiales necesidades de expresión simbólica compleja y, al mismo tiempo, por la urgencia de descargar energía insuficientemente diferenciada.

3.- Generar un ámbito de trabajo flexible y adaptado a la diversidad individual, cultural y étnica, en la medida en que potencia la manifestación de señas de identidad específicas en un ambiente de acogida y vocación de enriquecimiento colectivo a partir de la heterogeneidad.

4.- Provocar tomas de contacto intergeneracional e intercultural, exponiendo la obra de los adolescentes en espacios públicos, creando ocasiones de debate y confrontación crítica, constructiva, productiva

Un muro de sueños

Estuvimos construyéndolo durante aproximadamente un mes. Las piezas, las piedras, eran pinturas sobre papel realizadas con una técnica sencilla y de resultado poco previsible (pintura sintética sobre agua). Sobre aquellas manchas, cada cual proyectaba sus sueños de futuro (“¿qué quiero ser de mayor?”), y forzábamos el acercamiento de la obra del azar al dibujo deliberado con trazos de rotulador. Las piezas resultaron variadas: “yo quiero ser azafata, para volar, ir lejos, conocer sitios

nuevos y hacer amigos”, “yo quiero ser veterinaria, me da mucha pena de los animales”, “yo quiero...”. Acoplamos todos los fragmentos como partes encajables

de un puzzle y finalmente se izó, sobre un tablero de 125 x 280 cmts, un muro de sueños.

Y empezó el coloquio: “me gustaría ser azafata, pero ya sé que no lo seré

nunca”, “anda, ni yo veterinaria, para eso hay que estudiar mucho”. El resumen del

coloquio es una frase: “Si, me hubiese gustado ser …, pero sé que eso no es para mí,

Como ustedes ahora, yo también me rebelé contra ese convencimiento unánime de la propia incapacidad para hacer realidad deseos tan accesibles, tan aparentemente accesibles. Les hablé de la universidad. Les traje a la universidad (Universidad de Huelva), aprovechando las jornadas de “Puertas Abiertas”. Sí, vieron las puertas físicamente abiertas, pero una pared infranqueable parece impedirles el paso. Y es más que una pared subjetiva e imaginaria.

Para quien se sienta más convencido por los números, aquí hay unos cuantos: Ciudad de los Niños tiene 25 años de trayectoria como colegio, y unos cuantos más como residencia de acogida. Si en el curso 2004-05 había 240 matriculados, podemos hacer un cálculo aproximado –teniendo en cuenta las amplias fluctuaciones, al ser un centro de matrícula abierta todo el año-, y admitir que por esas aulas han pasado en torno a los 5.000 niños/as. Y ahora la pregunta: ¿cuántos de esos 5.000 alumnos/as han terminado una carrera universitaria? Hagamos un ejercicio de imaginación: ¿100? ¿50? ¿menos aún?: Sólo uno. Y un par de ellos más, entre esos miles, lo intentaron dejándolo en 1º o 2º de carrera. Al final, la sombría profecía acaba cumpliéndose: la baja expectativa no es sólo una imagen anticipatoria negativa.

Y… ¿qué hacen esos/as niños/as al terminar el periodo de escolarización obligatoria? Los que siguen la vía “legal”, consiguen con suerte empleos por lo general en niveles bajos del escalafón sociolaboral; los que optan por la otra vía, reproducen estándares que en nada les acercan al horizonte de integración y responsabilidad cívica que deseamos… El círculo se cierra sobre sí mismo, y en el centro han sido acogidos ya hijos de ex alumnas que con 16 años quedaron embarazadas.

Aquel trabajo colectivo, “el muro de sueños”, puso efectivamente en evidencia que, entre los sueños y la realidad se levanta una barrera. Culminó el trabajo con una especie de canto a la esperanza: laberintos de escaleras curvas, anudadas a veces, conducen a una palabra escrita con trazo titubeante: “Llegaremos”.

Podemos detenernos un instante a analizar la naturaleza y origen de esa barrera invisible que se interpone eficazmente entre sueños de futuro y realidad. Ese convencimiento de que sueños tan “disparatados” como hacerse azafata o veterinario no son accesibles para ellos/as, acaba tristemente cumpliéndose. Hay un muro entre el mundo de los que acceden a sus sueños por lisas rampas con ascensor y zonas de descanso, y el mundo de estos/as niños/as, donde una maraña de escaleras anudadas conduce –más bien separa- la realidad de los deseos profundos. Para evitar dolor, las expectativas se adaptan dócilmente a las precogniciones. Y todo queda en un resignado conformismo: “eso no es, no será nunca para mí”.

Esta obra “Choque de mundos” también ha sido realizada en Ciudad de los Niños. Fuerzas contrapuestas se enfrentan, grandes franjas separan dos universos distintos.

Entendemos que lo importante es dar el primer paso por esas escaleras (sabemos que escarpadas, sabemos que laberínticas) que conduce a ese horizonte sociolaboral ideal. Antes que nada, las legítimas aspiraciones respecto al propio futuro deben ser identificadas; luego, hay que reforzar una evaluación positiva de las propias capacidades para alcanzar ese horizonte, no tan lejano. Es necesario valorar con realismo los obstáculos (interiores y exteriores), y el modo de salvarlos. Con todo ello, se planifican las acciones a poner en marcha. Paso a paso.

La cuestión que queremos poner en evidencia ahora es la siguiente: demasiadas trabas interiores tienen ya estos/as adolescentes (autopercepciones negativas, presiones familiares y culturales, etc); que, al menos, trabajemos por reducir las trabas exteriores. Algunas sugerencias: educación compensatoria también en la universidad, pisos tutelados para que, alcanzados los 18 años, los internados en la residencia no sean devueltos al hogar de origen, y, de bruces, chocar de nuevo con toda la problemática de la que fueron protegidos/as. Y un largo etcétera.

Podemos hacer algo para que ese “Choque de mundos” se resuelva en una renivelación equilibrada y pacífica. Podemos contribuir a enderezar y acortar esas intrincadas escaleras. Estos/as adolescentes asumen, como un destino inexorable, que algo les ha robado el futuro.

Con medidas múltiples e integradas, activadas desde distintos frentes (la inserción laboral, la capacitación profesional especializada, la intervención psicosocial, el fortalecimiento global de las capacidades de afrontamiento, etc ) ese futuro soñado podrá ser, finalmente, su futuro.

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